LAURA Y JOSE (TERMINADA)

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Notapor Meiko Akizuki » 31 Ago 2006, 09:05

Bueno, aqui os dejo el capitulo 6, enterito. Que lo disfruteis. :wink:

Capitulo 6 : La semana de vacaciones en la nieve

Esos tres días, se le estaban haciendo eternos a Jose. A pesar de que parecía ya haber conquistado a Laura, casi por completo.
Aquella mañana, Jose se encontró con John en la puerta del instituto, y se puso a hablar con él. Llevaban ya unos cinco minutos hablando cuando, Laura se estaba acercando a ellos.

- ¿Te la has ligado ya a Laura?
- Pues casi, pero me esta costando bastante (Laura lo estaba oyendo todo a un metro escaso de ellos, ellos no la habían visto).
- Te creo. Pero, ésta es distinta a las demás. ¿No?
- Sí, pero creo que si le doy un empujoncito más ya querrá salir conmigo. Porque esta mujer me vuelve loco, llegaría a no sé, a dar mi vida por ella y por su corazón. (Laura se estaba poniendo como un tomate)
- Pues te creo, sin embargo no te entiendo.
- Porque tú nunca te has enamorado.
- Bueno, ¿Qué tal estáis chicos?
- Ah! ¿Cuánto tiempo llevas ahí? (Se pone como un tomate)
- El suficiente como para decirte algo.
- ¿El qué? (Dijo Jose sin darle mucha importancia)
- Que me voy a tomar en serio tu declaración del otro día y pronto te daré una respuesta. Adiós. (Y Jose se quedo rojo como un tomate y atontado sin poder apartar de ella la vista).
- Adiós… (Le dijo con tono romántico y como pudo, ya que no le salían las palabras)
- Jose… (Y le paso varias veces la palma de la mano por delante de los ojos como se suele hacer a alguien para saber si ve o no). Jolín, mi mejor amigo realmente se me ha enamorado… Y encima le ha dado fuerte
Y diciendo esto se fueron hacía su clase, Jose no podía apartar ni un segundo a Laura de su mente. No podía concentrarse en hacer nada, porque estaba deseando oír una respuesta de la boca de Laura. Una vez, acabaron las clases, Laura le estaba esperando en la entrada.
- Hola.
- Hola. (Dijo Jose un poco cortado)
- Esto, una cosa ¿Tu ibas a ir al viaje a la nieve?
- Sí, ¿Por?
Porque he hablado con Blaine y me ha dicho que el viaje se ha suspendido, ya que hay nevadas muy fuertes en Andorra y no cree posible que podamos esquiar con tanto frío y nevada que se avecina.
- ¿El frío polar?
- Sí, parece increíble, pero nos ha fastidiado los planes.
- Ya lo he oído por la televisión, eso del frío polar. Esta afectando a toda Europa. No sé si lo aguantaré con lo friolero que soy...
- Sí, claro que lo aguantarás. Solo te hace falta un polo, una nevera y un aparato de aire acondicionado. De esa forma estarás bien calentito... (Y se ríe.)
- Eres muy graciosa. Y por cierto, ¿Ya te lo has pensado en serio lo de hace unos días? (Ya estaba algo más tranquilo)
- Bueno...la verdad, es que no lo sé todavía. Todavía no te conozco bien, ya que sólo te conozco desde hace un mes.
- Pues seguiré esperando. Y cambiando de tema hoy ha sido el último día de clase. ¿Qué harás?
- Tu, no lo sé. Pero yo me voy a esquiar con mis amigos.
- Pues vaya. ¿Así que te vas a Nueva York a esquiar?
- No, yo me quedo aquí. Iré a Teruel, Valdelinares.
- Laura, ¿A qué el viaje que teníamos pendiente no se ha suspendido?
- Sí, se suspendió, pero no se dijo nada de que no se fuera a buscar otro sitio...
- Te mato.
- Es que me encanta hacerte rabiar. Es mi hobby. (Y se ríe)
- Pero, ¿Me habéis contado?
- Pues claro, que sería de nosotros sin mamarrachí – esquiador.
- ¿Mamarrachí – esquiador?
- Sí, ¿Qué no te gusta tu nuevo nombre?
- Ah! Vaya, de mamarracho paso a ser mamarrachí, pues no sé que decirte...cambias la “o” por la “i”...
- Que inteligente y estudioso que eres...hay que verte a ti para ver a una persona aplicada.
- Gracias por el cumplido, Lauri.
- ¡No me llames Lauri! Que lo odio, cuando sale de tu boca, solo me gusta que me lo diga mi hermano, tu nunca.
- Claro, tu hermanito del alma.
- No es lo que tú te piensas.
- ¿Salimos mañana en autobús?
- Sí, a las siete y media de la mañana. Y estaremos allí una semana.
- Pero...
- Tranquilo, si te sientes solo avisaremos a tu madre para que te haga compañía.
- Eres una bruja sin escrúpulos.
- Gracias, esto...si quieres venir habrá que reservar una plaza menos.
- Laura... (Con tono de enfadado)
- Vale, tu trae el dinero que reservaremos una de más.
- Vale, ahora voy a por el dinero.
- Por cierto, hemos puesto la reserva a nombre de Jose, el mamarrachí.
- Laura, no he oído nada. Espero que eso sea una broma, porque ya me parece excesivo.
- Nadie quería dar el nombre así que dimos el tuyo.
- Muy graciosa. ¿Y qué tontearás con Blaine todo el viaje?
- Claro, para hacerte la puñeta. Aunque esta vez pensaba tontear con mi hermano.
- Vaya, esto es increíble. ¡Qué cruz!
- ¡Qué cruz!
- ¿Por qué?
- La cruz eres tú, tengo que aguantar tus tonterías y tus caprichos. Y todo por no haber elegido novia, que asco...
- Lo mismo digo. Pero no la elegí porque quería salir contigo. Pero yo iré con John en el autobús.
- ¡Ojala! Fuera así, pero Belinda nos obliga a sentarnos juntos. Y sí no lo hacemos, cantará toda la noche para nosotros.
- Eso faltaría, que se pusiera a llover o a nevar por su culpa.
- Bueno pues, prepárate la maleta con el dinero, y después me la das y por último te largas de aquí.
- Vale ahora haré la maleta y luego... (Recapacita) ¡Laura!

Ella se echa a la risa sin miedo y Jose se queda mirándola sonriéndole. Ya era la vez por lo menos veintiocho que Laura le tomaba el pelo. Pero él se alegraba porque cuando se reía, ella estaba preciosa. Y además, él no la quería ver triste. Y tomándole ella el pelo de esa manera, él podía ser natural con ella y no estar tan cortado.
Cuando dejo de reír, se fue con Jose hasta el edificio del internado para preparar la maleta, Jose hizo lo mismo que ella.
Y al fin llego el día de la salida. Una vez llegó el autobús, todos se subieron a él. Cogieron la ruta más corta (Rubielos de Mora). Laura se sentó con Ana en el autobús, Pero Belinda hizo levantar a Ana para que en su lugar se sentara Jose. Eran unos cuarenta en el autobús, entre el grupito de Laura y Jose y el resto de amigos y compañeros.
Cuando llegaron bajaron su equipaje y los esquís los dejaron delante del hostal junto con Elías que ya llevaba el mono puesto y al cual le iban a subir el equipaje.
John fue a hablar con una de las chicas que atendía y una vez consiguió las llaves para las habitaciones, fue y las repartió entre sus compañeros y amigos. Eran unos veinte.
Laura iba a estar en la habitación con Esmeralda. Jose iba a estar con John, a pesar de las exigencias de Belinda para que él y Laura durmieran juntos.
Eran las once de la mañana, porque a pesar de que habían salido a las siete, les había costado bastante llegar.
Jose ya se había puesto el mono. Cuando se dispuso a abrir la puerta, John le paro los pies.

- ¡Jose! ¡Que no quiero que me vean en calzoncillos!
- Ah! Perdona, ahora la cierro. (Pero alguien había metido el pie y no se podía cerrar la puerta.)
- Hola, ¿Qué hacéis que queréis cerrar la puerta?
- Nada que a ti te importe.
- John, si ya te ha visto, te estás vistiendo. No es para tanto.
- Eso es muy sospechoso, ¿qué viniendo se ha meado encima?
- Solo faltabas tú, para completar este drama.
- Gracias. Y por cierto, ¿Vas a salir con John?
- Claro, una vez se halla vestido.
- ¿Sois pareja?
- ¿A qué te refieres con eso?
- A sí estáis saliendo juntos.
- Laura, a mi los hombres no me interesan.
- Eso ya lo sé, solo te tomaba el pelo ¿Por que lo has dicho tan tranquilo?
- Porque no es verdad.
- Pues a mí me gustas más cuando te alteras... (Jose se sonroja)
- Gracias.
- No me las des. ¿Nos vamos Esmeralda?
- Vale.
- Esperad, yo también voy.
- Jose, ¿por qué no me esperas?
- John, porque eres una tortuga.
- Vamos mamarrachí.
- Sí, ya voy Lauri.
- ¡No me llames así! (Y Jose se sonríe irónicamente)

Dicho esto Jose se fue con Laura y Esmeralda a la salida, mientras Laura y Jose seguían discutiendo. Solo faltaba John y fue Felipe quién se quedo a esperarle. Se acercaron a la estación de esquí con los esquís y los palos. Entraron a donde se alquilaba el remolque y pagaron un monitor para quién no supiera esquiar, a parte de pagar para poder utilizar las pistas.
Ellos fueron directos a la pista verde para empezar a practicar un poco para pasar después a la pista azul.
Jose esquiaba y al mismo tiempo miraba a Laura. Miraba como esquiaba ella de bien, parecía una profesional del esquí.
Cuando llegaron John y Elías, lo que se rieron todos, les había tocado un monitor que parecía ser homosexual y que se había fijado en Elías. Y no paraba de guiñarle el ojo y a John le daba calabazas.
El monitor se llamaba Pablo y por eso en la comida no tardaron en entonar una canción, en el autoservicio de la estación de esquí. Así que todos menos Elías, John y algunas chicas entre las cuales Laura no estaba, empezaron a cantar:

- Ella y él van de luna de miel. Ella se llama Elías, él se llama Pablo. Son tal para cual, la pareja ideal. A John le dieron calabazas. Sonaron las campanas, dieron el sí quiero, hicieron un crucero, y aquí tenemos a la pareja ideal.

En fin que mientras John y Elías se morían de vergüenza, los demás comían y cantaban muy alegremente.
Ya por la tarde, volvieron a las pistas y a las 17:00 o así cuando cerraron, pararon de esquiar.
Estaban bastante cansados y fueron a merendar a un bar del pueblo, y después dieron una por la zona hasta allá las nueve que decidieron irse a la cama.
Una vez, allí en el hostal, primero se ducharon y después se acostaron. Bueno, y algunos jugaron a cartas, otros hablaban acostados, otros vieron la tele,... en fin que había variedad de actividades. Una vez cenaron, se fue cada uno a su habitación.
John decidió hablar con Jose, pero este ya se había dormido. Claro al ducharse él primero...
De pronto alguien toco a la puerta del dormitorio de Jose y John. John se levanto a abrir. Decir que había algunos que preferían ir por las habitaciones a cotillear antes que irse a la cama a dormir.

- Ya voy, ¿Quién es?
- Somos nosotros.
- (Abre la puerta) Esto, David no estoy para bromas. ¿Qué haces aquí con tu hermana?
- ¿Qué molesto?
- Veníamos a ver si Jose estaba durmiendo.
- Ah! Vale, pero yo pensaba que la pregunta sería al revés, que veníais a ver si estaba despierto.
- ¿Dónde tienes el pintalabios, hermano?
- Aquí. (Y Laura se puso a pintarse los labios).
- ¿Por qué te pintas los labios de fucsia?
- Déjala y vamos al baño un momento.
- ¿Por qué al baño?
- Corre.

Y dejaron a Laura, a solas con Jose. Ella se acercó a él, que estaba profundamente dormido, y le miro fijamente a la cara. Realmente estaba durmiendo. Ella se acerco más a él y empezó a pintarle la cara. Minutos después ya le había pintado toda la cara con corazoncitos y también le había pintado uno más grande alrededor del ombligo. Y finalmente le beso en la boca.
Empezó a reírse por lo bajo y John cuando salió con David, fue directo a la cama.
David pregunto a su hermana que le había hecho a Jose, y ella se lo contó todo. Su hermano se meaba de risa solo de pensar la cara que pondría Jose al mirarse en el espejo.
Al día siguiente, cuando Jose fue al baño para lavarse la cara, casi le da un ataque. Pero al ver que también tenía restos de pintalabios en los labios pensó que o se los habían pintado o que alguien le había besado.
Jose pensó por un momento que John podría ser homosexual, pero pronto se le fue de la cabeza cuando se le acerco John y le dijo:

- Vaya, así que es eso lo que quería hacer Laura con el pintalabios cuando vino ayer por la noche. Que tía tan ocurrente.
- ¿Se los pinto antes de hacerlo?
- Creo que sí.

A Jose casi le da un ataque, la chica que tanto le hacía la puñeta y que tanto le hacía sufrir le había besado. Jose ahora más que nunca no comprendía en absoluto los sentimientos de Laura hacia él.
Se lavó la cara, John se fue del baño. Jose se duchó y luego entró John. Eran las once cuando Jose terminó de ducharse y de hacerlo todo. Mientras esperaba a que John lo tuviera todo listo, Jose se tumbó en la cama y se puso a pensar.
Laura era la dueña de su pensamiento, era el tema principal de todo lo que pensaba.
Su mente empezó a recorrer todo lo que llevaba vivido con ella, con su compañía. Y al poco tiempo se dio cuenta de que él no sabía realmente como era ella, ni ella le conocía del todo bien a él, así que tenía que hacer algo para solucionarlo.
Pasaron los días y se olvidó de lo que había decidido porque al ver a Laura se olvidaba de todo y se quedaba embobado mirándola.
Y por fin llegó el día en que tenían que irse de Valdelinares a Madrid, para celebrar con sus familias la nochebuena y la Navidad.
El día antes de la Nochebuena, David, Laura y Bianca se fueron a Nueva York para celebrar la Nochebuena y la Navidad con sus padres. Y de paso les contarían con más detalle como les iban las cosas.
Todos se iban a sus casas para celebrar esas fiestas en familia. Menos la nochevieja, que cada uno la haría con sus amigos.
Pasó el viaje, pasaron las fiestas y Jose cada día que pasaba estaba más melancólico, porque entre otras cosas, Laura no le había hecho ni puñetero caso desde el viaje de esquí.
Un día durante el recreo, decidió acercarse a Blaine para preguntarle por Laura.

- Blaine, ¿Qué le pasa últimamente a Laura?
- El problema es Toni, ha vuelto con él. Ha vuelto a salir con él.
- ¿Ha roto contigo?
- Sí, pero...lo que me preocupa no es eso, sino que está locamente enamorada de una de las personas que más atraca a los turistas en el Harlem. No se que ha visto en ese chico, al cual la policía nunca consigue pillar. Y lo malo es que es mi mejor amigo y que él no le obliga a salir con él. Mas bien él también está loco por ella. Lo que tuvo que hacer para conseguirla...
- Te entiendo, Blaine. Pero que mierda…

Jose se había quedado sin palabras, todo lo que estaba pasando por su cabeza y por su corazón, solo por haberse enamorado y fijado en Laura. Pensaba que ya casi la tenía y ahora va y se le escapa.
De pronto Laura, pasó cerca de ellos y Jose la paró.

- Quiero hablar contigo.
- ¿De qué?
- Vamos ven conmigo. (Y se fueron delante de un bar de la zona.)
- ¿Qué quieres?
- ¿A qué viene ese tono tan tristón?
- Pues que Blaine me ha dicho que acabas de romper con Blaine para salir con ese tal Toni.
- Yo rompí con Blaine hace tiempo, antes de ir a Nueva York. Precisamente justo después de que tú me besaras.
- ¿Y que pasa con Toni?
- Pues con respecto a Toni...no sé que decir, porque solo me gusta porque me defiende en el Harlem de todo el mundo a cambio de que yo sea su novia, ese fue nuestro trato y eso solo se lo conté a mi hermano y ahora a ti. Bueno. Eso es todo, ¿Algo más?
- ¿Por qué te dejas sobornar por ese tío?
- Para que no me apedreen que mi casa está cerca del Harlem, yo vivo en Manhatan. Uno de los barrios más peligrosos de Nueva York.
- Vale está bien, y otra pregunta. ¿Por qué me haces la puñeta?
- Porque me encanta hacértela.
- ¿Pararás de hacérmela algún día?
- Ya sabía yo que me lo preguntarías. No voy a parar nunca, porque es mi hobby favorito. Hacer sufrir al chico que me gusta.

Jose se quedó de piedra al oír esas palabras, pensaba que era un sueño. No podía ser verdad. Laura había dicho que le gustaba por segunda vez.

- Oye, cada día estás más abobado. Cada día te quedas más tiempo emparrado mirándome. ¿Por qué lo haces?
- ¿No te lo había dicho? Es porque me gustas mucho, eres en la que más pienso. La persona que ocupa mi pensamiento.
- Bien, yo ahora quería preguntarte una cosa. A ver si no es demasiado tarde.
- A ver, pues pregunta. (A Jose le iba el corazón a cien por hora)
- Jose, ¿Aún quieres salir conmigo?
- Pues claro, que quiero.
- Pues yo también. ¿Te apetece si probamos?
- ¿Qué te ha hecho decidirte?
- Es que – Ella se sonroja – no puedo dejar de pensar en ti. (Y se miran fijamente)
Y en eso se acerca Belinda que los ve emparrados mirándose como dos tortolitos. Se siente incómoda, como que sobra y se va.
Entonces dejaron de mirarse y los dos empezaron a reírse de la cara que había puesto Belinda al verles. Pero también lo hacían porque estaban muy contentos de ser pareja, y empezar a ser novios. Sin embargo la felicidad iba a durar poco, porque los exámenes parciales de la segunda evolución estaban al caer. Y casi no habían estudiado en los últimos días. Entre otras cosas que tenían pendientes. Así que, a la vuelta al colegio para reanudar las clases, los dos iban cogidos de la mano. Uno al lado del otro, disfrutando del momento que habían estado esperando.
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 21 Sep 2006, 23:14

Capitulo 7 : Laura, las películas románticas y la música clásica

Después de haber hablado con Laura sobre Toni, Jose se sentía más tranquilo. Sus notas de la primera evaluación habían sido para Jose un poco más bajas de lo normal, ya que había estado mucho tiempo pensando en Laura. A partir de la evolución siguiente no debía bajar la guardia, pero no podía evitarlo, se pasaba el día contento y pensando en Laura y en todas las cosas románticas que podrían hacer los dos juntos, aunque a él nunca le hubieran gustado.
De pronto en su cuarto en cuanto acababa los deberes, se ponía a escribirle poemas de amor a Laura, mientras escuchaba música clásica o romántica.
David tenía que aguantarlo todo, y por otra parte se sorprendía de lo raro que estaba Jose. Por mucho que le preguntara que era lo que le hacía tan feliz, él no le contestaba.
Hacia ya dos semanas que no había podido hablar con Laura, y ya se estaba preocupando. La veía por los pasillos hablando con sus compañeras o con algún profesor, pero nunca podía hablar con ella.
Y también hacia ya dos semanas que Laura no se metía con él, que no le dirigía la palabra, y la razón era simple, no habían tenido oportunidad de hacerlo.
Ella decía que no se conocían lo suficiente como para salir juntos, y aún así iban a intentarlo aunque todavía no habían quedado ningún día. Había que pensar lo que podía hacer para conocerla mejor, pero no sabía que hacer.
Estaba acostado en su cama cuando de pronto vio a John sentado junto con Elías y David en la cama de éste último. Los tres estaban sentados en la cama de David.

- Jose, ¿Qué te pasa?
- A mí, nada.
- Últimamente estás muy raro, solo piensas en cosas románticas, en escuchar música clásica y en ir a ver películas románticas, en fin...en cosas en las que tu nunca habías pensado antes.
- Quizás tienes razón, Elías.
- ¿Estás enamorado? – Le pregunto David
- Creo que sí.
- Yo creo que nadie diría que no, porque haces toda la pinta de estarlo.
- Oye, dinos quién es la afortunada. – Dijo Elías
- No puedo, es un secreto. Además, está muy rara y me da miedo acercarme a ella de lo guapa, perfecta e inteligente que es.
- Verdaderamente estás enamorado de alguien. ¿Puedes decirnos quién es ella?
- Eso es un secreto, primero porque solo vamos a intentarlo y segundo no sé si ella me quiere de verdad.
- ¿Te lo ha dicho alguna vez?
-No, David. Solo yo se lo he dicho, ella solo me ha dicho cosas como: “Me gustas mucho” o “Me encanta verte alterado”.
- ¿En qué estará pensando esa chica para no decirte que te quiere? Claro, te ha visto con Laura o ha oido decir cosas raras a Belinda y por eso no te lo dice.
- No creo que sea eso. Yo creo que es, lo que me dijo ella la primera vez que me declare que no nos conocemos lo suficiente como para salir juntos.


Mientras Jose estaba con sus compañeros, Laura estaba en el cuarto de su hermana, con Ana, Esmeralda y por supuesto, con su hermana Bianca.
Estaban sentadas, dos en cada cama. Al poco tiempo, empezaron una conversación que sería muy interesante para Jose.

- ¿Qué pensáis del mamarracho? – Les pregunto Laura
- ¿Te refieres a Jose?
- Sí, hermanita y tú lo sabes de sobras.
- Que está como un tren, es un tío perfecto.
- Esmeralda, él es casi perfecto, porque de defectos tiene para construir la gran muralla china.
- Mi hermana es tan amable...
- ¿Qué defectos ves a Jose? – Pregunto Esmeralda extrañada
- Pues.. que es un golfo muy impaciente, que es un engreído, que se cree el mejor del mundo, que se cree que es irresistible, que se piensa que es el rey de las chicas, que es un sinvergüenza, que es tonto, que está loco, que es feo, y creo que aún me dejo algo…
- No te pases, hermana... Que no tiene tantos...
- Si lo llegó a saber no se lo pregunto...
- Laura, tienes que conocerle mejor porque no es nada de eso...
- Ana tú aún estás muerta por sus huesos, no me extraña que pienses así.
- ¡Laura! Lo digo en serio, es un tío de lo más cariñoso, amable, simpático, bromista y guay del mundo.
- Gracias por contradecirme. Y yo que te creía mi mejor amiga...
- Y lo soy, pero... no te dejo que insultes a un chico que no te ha hecho nada.
- No, que va. Solo me dio un beso sin mi consentimiento.
- Laura, Jose está enamorado de ti. Y tú lo sabes.
- ¿Qué dices? Eso es mentira, ¿el mamarracho? (Se hace la sueca)
- Lo que dice Ana es verdad, se queda emparrado mirándote y tu solo le das calabazas y disgustos.
- A lo mejor, puede que tú tengas algo de razón.
- ¿Sientes algo por él o no? – Le pregunto Ana
- Puede que sí y puede que no.
- John va diciendo por ahí que te pintaste los labios de fucsia y que cuando él dormía, que le besaste. Y después le llenaste de corazones por todo el cuerpo. – Dijo Esmeralda.
- ¡Guau! ¿Eso hiciste? Eres genialmente única, hermanita.
- No, solo se los pinté, pero lo hice para que pensara que le había besado. Y para fastidiarle.
- Nunca reconocerás que te gusta. ¿Verdad?
- Está bueno pero no es para tanto.
- Al fin lo reconoces. ¡Mi hermana es normal!
- Se podría hacer al ajillo o a la cebolleta. ¿Cómo lo queréis?
- No tiene remedio...
- Tienes razón, Esmeralda...
- ¿Cuándo opinarás como las demás? – Pregunto Ana
- Cuando él me demuestre lo contrario a lo que yo pienso.
- ¿Qué no crees todo lo que te he dicho?
- Un poco, pero muy poco, casi nada...
- ¿Qué te lo estabas imaginando o que?
- Sí, me lo estaba imaginando.
- Ya decía yo, porque hacías una cara... – Dijo Esmeralda
- Soy genial y única en el mundo.
- Te creo. Pero algún día tendrás que ser como las demás, ¿No hermana?
- Y yo también, tú eres única, única, no tienes rival.
- Ya lo creo. Ana tiene razón
- Chicas, llevamos como una hora hablando de mamarrachí, ¿Os importaría cambiar de tema?
Todas estaban sorprendidas, porque por alguna razón Laura aborrecía a Jose, el tío más guapo y más perfecto de todo el colegio. Tenían que abrirle los ojos.

- Vas a salir con él. Esa es la única solución para que cambies de opinión.
- Ana, tu estas loca. Pero si ahora está tan enamorado de no sé quién, yo no pinto nada. (Dijo haciéndose la despistada)
- Que raro que no quieras estropearle esa relación...
- Es verdad, lo normal en ti es querer hacerle la vida imposible.
- Eso es verdad, Esmeralda. Lo único es que ya me aburre siempre el mismo, quiero cambiar de persona...
- Me alegro por tu decisión de no molestar tanto a alguien que no se lo merece en absoluto. – Dijo Ana.
- Solo lo dejo porque me aburre...
- Esta hermana mía es increíble...
- ¿Por qué repites tanto lo de hermana?
- Para que se lo crean, sino pensarían que es una broma o que es mentira. Porque tú y yo no nos parecemos en nada.
- Gracias por tus palabras.

Al cabo del rato decidieron irse las cuatro al cuarto de Jose, para comprobar algunas cosas. Cuando llegaron, se pusieron las cuatro a escuchar a través de la puerta en vez de tocar y que les abrieran para poder entrar dentro.
Los chicos estaban hablando como antes, de temas muy variados.

- Oye, deja estar a Belinda. Y sal con la que te gusta. Que esa tía no manda de tu vida.
- Eso ya lo sé, John. Lo que pasa es que me favorece hacerle caso en ciertas cosas, y en pasar de otras olímpicamente. Aunque sé que al final decido yo.
- Lo que pasa es que a ti la que te gusta debe de ser tu enemiga. – Dijo John
- ¿Mi enemiga?
- Sí, a ti te gusta Laura. ¿No?
- Bueno, Elías ¿Y que tal si lo dejamos? (Se levanta, y se dirige a la puerta)
- No quieres admitirlo. – Dijo John
- Cuidado a ver si se te cae encima la enamorada... (Jose abrió la puerta)

Bianca se cayo al suelo, Ana y Esmeralda se separaron de la pared y Laura (que estaba con la oreja en la puerta y se había apoyado de lado) se cayo encima de Jose, tal y como lo había dicho Elías.

- Como caída del cielo. (Se acercaron los otros tres que se quedaron de piedra, Elías había acertado)
- Me voy a hacer profeta.
- Ya lo eres, una vez leí tu nombre en la Biblia. Salías como profeta.
- John, no la leíste, te lo dijo tu madre. Que eso ya nos lo contaste una vez.
- Jo, me ha pillado. Bueno, ¿Y tu que piensas quedarte así mucho tiempo?
- Cuando recupere el equilibrio me dejaré de apoyar.
- Vaya, Lauri si sigues así, no me extrañaría que quizá dentro de unos años hayas recuperado el equilibrio.
- Muy gracioso, pues debes saber que tu eres más viejo que yo. Mi querido Mamarrachí.
- Los mayores mandamos sobre las enanas...
- Eres un completo idiota. Chicas, el periodo de entreguerras se acabo. Yo vuelvo a la guerra con este tío.
- Pero si solo ha habido dos minutos de paz... (Dijo Esmeralda con ironía)
- Me da igual, este tío es insufrible.
- Muchas gracias, pero tú me ganas en número. Si sigues así nunca conseguirás novio.
- Eso mismo le digo yo un montón de veces...
- Soy tan popular que hasta mi hermano quiere salir conmigo.
- Por pena.
- ¡Cállate contigo no estoy hablando!
- Eso ya lo sé. Esto hay algo de ti que me atrae, y eso supongo que para ti es todo un problema. (Ella se mira durante dos segundos las tetas, cubiertas por la camiseta).
- ¡Cerdo!
- Yo me refería al carácter y a los sentimientos, no a las tetas...
- (Se pone colorada) ¿Cómo sabes que...?
- Porque te las has mirado antes de llamarme cerdo.
- En eso tienes algo de razón.
- No sé como te lo arreglas, pero cada día que pasa me pareces más maravillosa. (Todos se quedan de piedra al oírle)
- Que directo... – Dijo John sorprendido.
- Oye, Jose. Que nosotros estamos aquí...
- ¿Qué? ¡Ostras! ¿Pero no os ibais a ir?
- Vaya, eso si que es estar enamorado y no ser correspondido.
- Ana tienes razón. Y vamonos, que aquí sobramos. – Dijo Bianca
- Chicos, eso va también para vosotros. – Les advirtió Esmeralda.
- Vamos hermana, espavilate y dile lo que le tengas que decir.
- Sigue así, Romeo.
- A ver si conquistas a Julieta.
- Yo más bien les llamaría Calisto y Melibea. (Todos se rieron, todos menos Jose y su hermana).
- Bueno, os dejamos solitos. Adiós Calisto, por cierto ¿cuando contratarás a la Celestina?
- Ja, ja. Muy gracioso, Elías. (Y se fueron los tres chicos hacia la habitación de Blaine, y las tres chicas hacia la de Belinda).
- No había pasado más vergüenza en toda mi vida.
- ¿Qué tienes vergüenza? Pues ya me dirás donde te la guardas.
- Estúpido. Eres un insoportable.
- Ya es la hora de cenar, vamos a dejarlo.
- Son solo las ocho.


CONTINUARA...
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 27 Sep 2006, 16:07

- Vale, hablaremos un rato si no quieres cenar. (Le dijo Jose mientras ella escudriñaba la habitación)
- ¡Ostras! ¡Tenéis vino en la habitación!
- No se lo digas a nadie.
- No se lo diré a nadie si me lo dejas probar.
- Anda pues, pruébalo. (Y fue directa hacia la botella, que estaba encima de la mesita de noche de su hermano).
- ¿Dónde hay un vaso?
- Nosotros bebemos a morro.
- ¡Fantástico! Igual que en mi barrio. ¡A beber! (Y tocando minimamente el borde, se puso a beber).
- Ahora, me dejas beber a mí. Que ese tinto tiene buena pinta. (Y dejo ella de beber)
- Toma, no está mal.
- Este vino no lo había probado. Claro que es de John y se lo estaba guardando. (Y se puso a beber él, y se la volvió a pasar a ella y así hasta que la dejaron por menos de la mitad).
- Que mareo, tengo sueño. Este vino tiene grados de alcohol altos…
- Pues acuéstate en mi cama, que tu hermano es muy suyo. No te acuestes en la de él. (Fue a la puerta de la habitación y la cerro con llave, medio borracho como estaba se olvido de que David no tenía la llave).
- Se está bastante cómodo en tu cama. Ven a probarla.
- Sí, claro. (Y se acostó él también en su cama).

Y en ese momento de miraron fijamente y empezaron a excitarse. Con palabras propicias para ello.
- Jose, estas realmente buenísimo. No sé como no me había dado cuenta antes.
- Gracias, y tus tetas parecen dos sandias enormes y por lo que noto, son bastante blanditas…
- Tu hermoso pecho tampoco esta mal. ¿Por qué no te quitas la camiseta para que pueda verlo mejor?
- Vale, lo haré en tu honor pero tú quítate también la tuya, que yo también tengo curiosidad.
- ¿Estás loco? Pero si no estoy en condiciones de eso. Aún no he podido tomar el sol…
- Me da igual, porque serán preciosas de todas formas…
- Si me lo pones así (Y empezó a quitarse la camiseta de tirantes que llevaba)

Una vez estuvieron los dos con el pecho al aire, empezaron a hacerse tocamientos, Jose se quitó los pantalones y Laura los suyos (que era un pantalón pirata), y por último se quitaron el resto (la ropa interior y los calcetines). Aquella noche paso algo que no tendría que haber pasado si miramos el sentido común pero si miramos el del corazón...
Al cabo de unas horas, cuando todos ya habían cenado y era cerca de medianoche, David intentó abrir la puerta de su cuarto pero no pudo. Ya que Jose, la había cerrado con llave. Y no tuvo más remedio que irse a dormir al cuarto de Blaine.
Al día siguiente, cuando Jose despertó se vio desnudo y acostado sólo en su cama, no había nadie más. Era muy raro, además le dolía mucho la cabeza. Aquel día era sábado y no tenían clase.
En fin, sin darle importancia al tema se levanto, se vistió y fue a desayunar. Eran las once, el comedor estaba medio vacío. Vio a Laura desayunando con Ana, Belinda y con Bianca. Después vio a John, Elías, Blaine y David en otra mesa.
Jose no tenía hambre y no sabía porque había ido al comedor. Al darse la vuelta vio a varias chicas que querían entrar. El se fue a su cuarto a reflexionar sobre lo que podía haber pasado.
Al cabo de una hora, fue David a la habitación. Y esta vez si que pudo entrar.

- Jose, ¿Qué hiciste anoche?
- Yo, nada.
- A ti te pasa algo. Has venido a desayunar y al momento te has ido. ¿Por qué? Si sabes que te hubiéramos hecho sitio.
- Eso ya lo sé. Lo reconozco, David. Yo soy Calisto y ella Melibea.
- ¿Tan enamorado estás de mi hermana Laura?
- Demasiado y todo. Y ella solo me da calabazas.
- Ya entiendo, has cogido una depresión. Pero ella no tiene la culpa de ser así, tan madura, pero tan inmadura.
- La describes muy bien, David.
- Vamos, Jose anímate.
- Vale, pero déjame dormir un poco.
Dav.- Vale, entiendo que hayas pasado una mala noche y cerraras la puerta con llave para yo no molestarte.
- ¿Qué yo cerré la puerta? Lo siento David, pero no me acuerdo de nada. (David ve la botella medio vacía que les había llevado John la pasada tarde)
- ¿Te has bebido todo el vino? Pero si la botella apenas estaba abierta.
- Me parece que me ayudo alguien, pero no lo recuerdo bien.
-¿Tanto quieres a mi hermana que encima la tapas y la encubres?
- Sí.
- Tengo que hablar con ella.
- No hace falta, esto es mi problema. No la impliques.

Pero David no le hizo caso, salió de la habitación y fue directo al comedor para ver si pillaba a su hermana. Al llegar vio que ya se había ido.
Y David salió fuera del internado, y se dirigió a la salida, pero antes de llegar vio a su hermana hablando tan contenta con sus amigas y con su hermana, que daba pena interrumpirlas.
David se sentó en el césped esperando el momento para hablar con su hermana. Al cabo de cinco minutos, Laura se separó del grupo y fue hacia su hermano.

- Oye, tengo que hablar contigo.
- Vale, Hermano he decidido que voy a dejar tranquilo a Jose y a intentar continuar lo mejor que pueda con los estudios. ¿Te parece bien?
- Sí, pero ¿Tú has bebido algo?
- No, solo que ahora voy a por una aspirina que me duele mucho la cabeza.
- Vale, ahora te acompaño y le subiré yo una a Jose.
- ¿Qué también le duele la cabeza?
- Sí, pero no como a ti que es por causas normales. Sino por haber bebido demasiado.
- Te entiendo. ¿Vamos?
- Sí.

Al cabo de dos meses, Jose ya estaba un poco más animado. Ya no pensaba tanto en Laura. En parte porque ella había dejado de hacerle tanto caso como antes, pero cuando la veía, no podía evitar ponerse nervioso.
Desde aquella tarde que ninguno de los dos había vuelto a beber vino ni nada con alcohol. Los dos seguían sacando buenas notas y todo les iba de maravilla.

- Que bien vives, hermana.
- Pues sí.
- Si sigues comiendo de esa forma, te pondrás como una vaca.
- Va Esmeralda no digas tonterías. Que no es culpa de eso, es solo que últimamente tengo mucha hambre.
- Al fin ha descubierto el monstruo que hay en ella.
- ¡Jose! ¡Yo como porque me da la gana!
- Vale, vale, tranquila.
- Será depresión, porque lo que más come es chocolate.
- ¡Bianca tu también! No me lo puedo creer.
- ¿No será que te gusta alguien y no eres capaz de declararte?
- (Laura escupe la comida) ¡Cómo se te pueden pasar esas ideas por la cabeza!
- Vaya, así que no soy el único deprimido por no ser correspondido… - Dijo Jose todo tranquilo.

De repente Laura, sintió una punzada en el corazón. Y se dio cuenta de que era cierto, Jose le gustaba, pero ella aún no le había contestado como es debido. Ella se sintió mal por ello.

- Bueno, cambiando de tema. ¿Os habéis planteado alguna vez como debe de ser acostarse con alguien? – Pregunto John muy inocentemente, pero sabiendo lo que decía.
- John, no preguntes esas tonterías. Eso no es gran cosa, no es tan bonito como lo pintan.
- Jose, si que debe de serlo. ¿No me irás a decir que lo has hecho?
- Pues no, aquello no fue hacerlo… - Le dijo a John restando importancia al tema.

Mientras oía esa conversación, Laura sintió ganas de llorar, de pegarle a Jose una bofetada, de salir corriendo, de gritarle a la cara lo que pensaba de él… En un momento se habían acumulado en ella un conjunto de sentimientos que hasta el momento no había sentido. Y entonces dijo:

- Jose… - él seguía bromeando con John porque la voz no le había salido muy fuerte, y no la había oído - ¡Jose! (El se callo y la miro)
- ¿Qué pasa?
- ¡Te odio! – Y después de decir esto, se levanto y salió corriendo.

Jose, se quedo muy sorprendido y con el corazón destrozado. No entendía porque le había dicho eso. Y levantándose, se fue a dar una vuelta. Sin embargo no podía quitarse las palabras de ella de la cabeza. ¿Por qué le había dicho eso?
De repente noto que conforme iba caminando, se le iba invadiendo el corazón de una inmensa tristeza, y sintió ganas de llorar. Se apoyo en una pared, mirando hacía ésta, y soltó unas lágrimas y al ver a John a su lado, le dijo:

- No lo entiendo, le digo que la amo, que es la mujer más maravillosa del mundo, le digo todos los halagos que puedo y ella me dice: Te odio…
- Jose…

FIN CAPITULO 7.
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 27 Sep 2006, 16:12

Capitulo 8.- Los sentimientos de Laura

Ya faltaba poco para los exámenes finales, Jose estaba muy deprimido pero aún así estudiaba. Laura por su parte, no tenía ganas de nada, solo de comer dulces. Como cada mes le había bajado la regla, pero tenía el corazón roto y confuso, ¿Cuáles eran los sentimientos actuales de Jose hacia ella? Estaba sentada en la silla con el libro de filosofía delante, y todavía seguía en la primera página del primer tema que se tenía que estudiar. Ana que estaba sentada en la mesa de enfrente a la de ella, se levanto y miro lo que estaba haciendo. Laura miraba las musarañas y al mismo tiempo, jugaba con el bolígrafo.

- Laura, ¿Qué haces?
- Ah! – Casi se cae de la silla - ¿Yo? Nada…
- Eso ya lo veo, pero me puede decir qué te pasa.
- A mí no me pasa nada…
- Sí, claro. Estás en la luna, ¿Me puedes decir que te pasa? (Ana coge su silla y se sienta a su lado)
- Ya te he dicho que no me pasa nada, de verdad…
- ¿Es por Jose? - Laura se entristece – Ya veo que sí, bueno pues deberías saber que él también está deprimido por lo que le dijiste, al contrario que tú, él ha perdido el apetito. Y se pasa el día estudiando, sin apenas salir de la habitación.
- Pues así seguro que saca matricula…
- Laura, tienes que ir a hablar con él, aclarar las cosas y arreglarlo todo.
- Vale, tienes razón. Pero, ¿Y si él no quiere hablarme?
- Claro que querrá, os dejamos encerrados en la habitación y seguro que tarde o temprano hablaréis. Ya lo verás.
- ¿Y qué le digo?
- Mira en tu corazón.
- En mi corazón solo hay caos.
- Pues vete a dar una vuelta y despéjate. Te sentará bien, además te has pasado todo el curso estudiando diariamente, no tendrás problema por dejar de estudiar una tarde.
- Gracias Ana. Ahora voy a salir y a dar una vuelta.

Laura, se levantó de la silla se vistió con unos vaqueros azul oscuro de cadera baja, una camiseta de tirantes verde que dejaba ver un poco su ombligo. Una vez estuvo peinada y con las deportivas puestas, se dispuso a salir. Abrió la puerta y se encuentra de morros con Jose. Ella le mira muy sorprendida a él, él se aparta para dejarla pasar.
Ella se siente rechazada, se queda quieta por unos segundos y piensa: “¿Por qué me hace esto? ¿Qué ya no le gusto? ¿Qué ya no me quiere? Pero, porque demonios me duele el corazón de esta manera… Yo no quiero perderle porque yo… yo… le amo y quiero que sea sólo mío. Quiero que sus labios toquen los míos, quiero estar a su lado, quiero estar con él pero tengo miedo de ser rechazada… Pero, ¿Y sí ya no me quiere? ¿Tendrá otra novia?”

- Laura, quiero entrar en esa habitación para pedirle a Ana unos apuntes. ¿Me dejas pasar?
- Ah! Si claro, perdona.

Ella salió corriendo, ante la mirada de Jose y de Ana. Aún no estaba preparada para contestarle. No sabía por qué, pero no estaba segura de sus sentimientos hacia él. Sin saber porque pero aún estaba pensando en Toni – fue su primer amor y su anterior novio formal – y no sabía porque.
Se sentó a la sombra de uno de los árboles que había en el recinto del centro, y se puso a pensar. Realmente no sabía que hacer. Jose le gustaba, le atraía, pero no estaba segura de que le quisiera, ya que su corazón aún pertenecía a Toni.
Estaba hecha un lío, no sabía que hacer. De repente, Blaine se acercó a ella y se sentó a su lado.

- Bueno, ¿en qué piensas?
- ¿Yo? Pues en nada en especial.
- Laura, esa frase ya me la conozco, ¿Quieres decirme qué te pasa?
- A ti no se te puede engañar, así que te lo contaré.
- Yo te escucho, tómate tú tiempo.
- Pues, verás… Jose se me declaró hace unos meses y desde entonces no dejo de pensar en él. Pero por otra parte, yo quiero a Toni y si salgo con Jose siento como si le traicionase porque yo veo que Jose me ama de todo corazón y yo no quiero hacerle daño. Sin embargo, pienso que yo no quiero a Jose, sólo me gusta y no sé que hacer.
- Me encanta como te expresas.
- Gracias.
- Oye, Laura ¿Y por qué no pruebas a salir con él y qué los sentimientos decidan?
- ¿Qué quieres decir?
- Le dices que sales con él pero que necesitas tiempo para aprender a quererle.
- ¿Qué dices? Pero si él sólo saldrá conmigo si le digo que le quiero…
- ¿Y por qué piensas así?
- Pues porque lleva esperando oír eso demasiado tiempo…
- ¿Y en todo ese tiempo no te has planteado si le quieres o no?
- Pues no, no le había tomado en serio.
- ¿Y por qué?
- Creo que porque él me hacía caso, es decir, se molestaba con mis bromas y eso. Sin embargo en los últimos días ha empezado a pasar de mí. Y eso me molesta, tiene que hacerme caso. Eso no es justo porque yo… - Y en ese momento se da cuenta de una cosa.
- ¿Por qué tú?
- … yo le quiero… - Dijo Laura sorprendida y sonrojada.
- Eso yo ya me lo imaginaba, no hacías más que hablarme de él, de decirme lo tonto y estúpido que era, entre otras cosas. Bien, ahora que te has dado cuenta de tus verdaderos sentimientos, tendrás que decírselo.
- Pero, ¿Y sí ahora no me quiere?
- Pues sufrirás tu primer desengaño amoroso. Sin embargo, yo pienso que le sigues gustando y que está deprimido por tu culpa.
- ¿De verdad? Qué guay…
- Bueno, ¿Y cómo llevas los exámenes?
- Aún no he repasado nada…
- ¡Qué! ¿Y qué haces aquí?
- Ana me ha dicho que diera una vuelta…
- Bien, pues ahora vete a estudiar. Y si te encuentras con Jose, ya sabes… - Blaine le guiña un ojo.
- ¡Qué vergüenza!
- Adelante – Y dicho esto le ayudo a levantarse.
- ¿Nos vamos?
- Por supuesto.

Ella, en cuanto él se dio la vuelta, le abrazó y empezó a darle las gracias y a decirle que para ella era su mejor amigo. También le dijo que era el más genial y el mejor de entre todos los amigos que había tenido en su vida.
Y en eso pasó Jose por allí cerca paseando con John, y le chocó verlos abrazados como estaban y de tan buen humor, como novios.


CONTINUARA....

[wave]
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Notapor Meiko Akizuki » 07 Oct 2006, 14:28

Continuación:

- John… esto no es posible… le he dicho que la amo, que la quiero de mil formas y ahora veo que no sólo no me ha tomado en serio sino que continua saliendo con Blaine…
- Jose, yo no creo que sea tan frívola como para eso…
- Pues yo sí lo creo. No sé como pero voy a conseguir que me tome en serio. Estoy decidido, si es tan complicado conquistarla tendré que consultar a Blaine a ver cómo lo hizo…
- No te lo tomes así hombre, pienso que sólo es tu imaginación. Vamos acercarnos a ellos un poco más y verás como no tienes razón en lo que dices, porque si la tuvieras me parecería muy fuerte, ya que Blaine te dijo que ella había cortado con él hace tiempo…
- Ahora que lo mencionas, es verdad que me dijo eso. Bueno de todas formas vamos a ver que pasa con esos dos…

Una vez dicho esto, se acercaron a Blaine y a Laura para espiarles y saber lo que se decían.

- Oye, Blaine. – Se adelanto y se puso cara a él - ¿Te apetece ir a algún sitio?
- ¿Por?
- Es que te invito, a lo que sea.
- Pues vamos a tomar algo, si es eso lo que quieres.
- Me haces muy feliz, eres el mejor amigo del mundo entero. – Y ella le sonreía con ganas, muy feliz de haber descubierto sus verdaderos sentimientos, gracias a su amigo.
- Gracias, que sepas que tú a mi también me haces muy feliz. Eres la tía más guay y simpática que haya conocido nunca.
- Gracias por tus halagos.

Y cogida Laura del brazo de Blaine se fueron a tomar algo ante la atenta mirada de Jose y John. Jose estaba cada vez más confundido, ya no sabía que pensar. Y de un arrebato se fue a su habitación a seguir estudiando para no pensar en ella y en Blaine.
John pensó en detenerle, pero al final no lo hizo porque creyó necesario que Jose meditará un poco la situación, que madurará un poco para alcanzar el corazón de Laura.
Una vez Jose dentro de su habitación, se tiro todo lo largo que era en su cama y se puso a llorar, porque estaba harto de esperar una respuesta de ella y que ésta le saliera por donde menos se esperara él. El sentía que amar a Laura le estaba haciendo daño y le hacía sufrir mucho, no era como cuando estaba con Ana que intentaba ser el novio y el chico perfecto sin casi ningún problema psicológico, porque aunque eso también le molestaba no le dolía tanto como el no saber los sentimientos de su amada Laura.
Laura y Blaine por su parte estaban tomándose un refresco en el bar que había cerca del instituto. Ella una fanta de naranja y él una coca cola. Hablaban alegremente y sin secretos, muy contentos los dos, cuando se les acercó John. Se planto al lado de su mesa y ellos le miraron extrañados.

- Hola, John. ¿Quieres tomar algo? – Le pregunta Laura muy animada y convincente.
- No gracias, yo sólo quería decirte Laura, que ya estoy harto…
- ¿De qué?
- De ver a Jose de esa manera, tan triste, tan amargado…
- Pero, ¿Por qué me dices eso a mí? – Y se dio cuenta de que había metido la pata – ¡Ay! Perdona, ya sé porque…
- Pues si lo sabes vete a hablar con él y yo me termino tu fanta.
- No hace falta, ya me la termino yo.

Cuando se la terminó se levanto de la mesa, y se fue hacía el internado para hablar con Jose. Y dejando a Blaine atrás, Laura buscaba a Jose por todas partes. Por la biblioteca, por el comedor, por el recinto pero no lo encontraba. Entonces pensó en ir a su habitación, fue al interior del internado, subió al segundo piso y fue hacia la habitación de Jose.
Toco a la puerta y se le aparece Jose en calzoncillos, ella se sobresalta, Jose al verla se sonroja y se tapa con la toalla que llevaba en la mano.

- Bueno, ¿Qué quieres?
- Yo…
- Vamos, dime lo que has venido a hacer.
- ¿Cómo quieres que te lo diga después de haberte visto en calzoncillos? Eso es algo imposible para mí…
- Vaya, pues vuelve en otro momento, que ahora voy a ducharme.
- ¡Espera! Que tengo que decírtelo, sino puedo cambiar de idea y eso no sería muy bueno…
- ¿Qué no sería muy bueno? Pues, bien. Puedes pasar y sentarte en mi cama, en mi silla o donde tú quieras. Que yo voy a ducharme.
- Vale.

Jose cerró la puerta, en cuanto Laura estuvo dentro y se sentó en la cama de él, mientras éste se duchaba. Jose se había entrado la ropa al baño y se había vestido allí. Pero el pelo se lo había dejado mojado, sólo se lo había secado con la toalla.
Ella miraba pensativamente hacia la ventana, y él se sentó en su silla de estudio de cara a ella.

- Bien, ya estoy limpio. ¿Qué tenías que decirme que era tan urgente?
- ¿Yo? Pues, en fin una cosa que es importante para mí. Sin embargo no sé si para ti lo será, así que…
- Laura, corta el rollo y dímelo ya, que no tengo toda la tarde y tengo que estudiar.
- De este modo no sé si te lo tomarás en serio, pensé que estarías más normal después de la ducha…
- Laura, no me cambies de tema y dime lo que me tengas que decir pronto.
- Bien, como quieras. Pero tómatelo en serio, por favor.
- Está bien, pero arranca de una vez.
- Jose, he estado hablando con Blaine y he descubierto que… - El se levanta bruscamente de la silla y la tumba en la cama.
- ¡No pienso dejar que me digas que no sientes nada por mí! ¡Llevo demasiado tiempo esperando una respuesta y ya estoy cansado! ¡Pero no quiero saber que mis esfuerzos por conquistarte no han servido de nada! ¡Por qué yo te amo con toda mi alma y con todo mi corazón! – Laura estaba asustada y sudando ante esa situación, Jose sujetándole las manos, encima de ella para que no se moviera y chillándole casi en toda la cara. – Y no pienso aguantar un no por respuesta.
- Yo te entiendo, pero… ¿Por qué no me has dejado terminar? Eres muy impulsivo y temperamental, ¿Lo sabías?
- Bueno vale, me he precipitado – Se incorpora y se sienta a su lado, ella también se sienta - lo reconozco, pero me sacas de mis casillas…
- Ya lo sé, por todo eso me gustas mucho. Además por tu forma de ser, tus gustos y todo tu ser, yo… te quiero.
- ¿He oído bien? ¿Me lo puedes repetir?
- Claro, Jose te quiero. Salgamos juntos, ¿Te parece bien?
- Pues claro que sí, esta es la mayor alegría que haya podido tener yo en toda mi vida. Me siento tan feliz…
- Yo también…

Primero se miraron sonrientes durante unos segundos, después se miraron tiernamente cogiéndose las manos, acercaron sus caras. Y se dieron un largo beso, mientras Jose pasaba a tirarla encima de la cama, y a acariciarle la cara, además de besarse apasionadamente sin límite de tiempo, durante un buen rato. Los dos se sentían felices porque eran correspondidos, pero los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y Jose además de jugarse la media, tendría que hacer la selectividad.
Y no era un buen momento para iniciar un romance o una relación, sin embargo cuando se está enamorado, todo vale. En cualquier momento y situación.

PROXIMANTE EL 9 :wink:
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Notapor Meiko Akizuki » 11 Oct 2006, 15:22

Capitulo 9: Enamorados

Hacia ya una semana que Laura había confesado a Jose sus sentimientos y decir que estaba muy contenta de haberlo hecho. Jose desde que Laura le había dicho: “Te quiero”, no podía quitársela de la cabeza y deseaba estar con ella con todas sus fuerzas, aparte de querer terminar de estudiar pronto, ya que le parecía un aburrimiento desde aquel día, algo sin sentido.
A Laura también le sucedía algo parecido, quería estar con él pero también quería esforzarse en los estudios más que nunca para que él se sintiera orgulloso de las notas de su novia. Ana la miraba extrañada como se mataba a estudiar y encima con la sonrisa en la cara. También le sorprendió que de vez en cuando tarareara canciones románticas o canciones de música clásica que le parecieran románticas, sobretodo el vals del Lago de los cisnes o el vals de la bella durmiente. Y cuando no le apetecía tararear se las ponía en el reproductor para escucharlas.
Los exámenes estaban en marcha y aunque a los dos les estaba costando trabajo no pensar en el otro, estudiaban lo más concentrados que podían e intentaron hacer todo lo que estaba en su mano.
Decir que en uno de los exámenes, en concreto el de lengua, fue especial para Jose. Ya estaban todos sentados con las mesas separadas y únicamente con un bolígrafo en la mano, cuando el profesor se dispuso a repartir los exámenes.
Jose empezó a leer el texto, trataba de un tema actual como podía ser el agua. Un bien escaso para el mundo (o para algunas zonas en concreto). No le parecía del todo aburrido, así que una vez lo leyó comenzó a escribir, primero el resumen del texto.
Y una vez terminó de escribirlo, empezó a pensar en el tema, pero sólo se le ocurría poner: “El agua” e intento esforzarse en pensar algo más original, sin embargo no se le ocurría nada. De pronto en ese momento Laura le saludo desde la puerta, él miro y se sonrojo, además de sentirse muy contento. Y a partir de ahí, ya no daba acierto en nada, se le empezaron a olvidar apartados, hizo bastantes tachones en su examen… En fin, para él ese examen fue un verdadero desastre. Por suerte, a pesar de todo consiguió terminarlo a tiempo, e hizo las dos últimas preguntas con bastante acierto.
Laura por su parte tuvo mala suerte en su examen de física y química, no se lo podía creer, tanto que había estudiado y no se acordaba de ninguna fórmula, se había quedado en blanco. Leía los problemas y como si leyera en alemán o en un idioma que ella no comprendiese. Y es que no podía quitarse a Jose de la cabeza, no podía evitar pensar en él. Hacía ya una semana que no lo veía, llevaban cuatro días de exámenes y quedaban 2 días, después ya podrían salir pero por poco tiempo ya que Jose tenía que presentarse a la selectividad y debía ponerse a estudiar de nuevo.
Ella deseaba volver a salir con él, volver a hablar durante más de cinco minutos con él, en fin, deseaba y quería estar con su novio. Ya solo quedaban dos exámenes, y sabían que una vez los hubieran pasado ya podrían salir.

- ¡Estoy harta de estos asquerosos exámenes!
- Hermanita, tranquilízate que a ti ya te queda menos…
- David, es que ese es el problema… ¡A mí solo me quedan dos y a Jose le queda uno y la selectividad! Y es un fastidio, de verdad.
- Hola, Jose. ¿Cómo te ha ido?
- Pues bien, o eso creo. – No había terminado de hablar cuando Laura se abalanzó sobre él, y se le colgó del cuello.
- Que morro tienes, yo también quiero una novia que me mime…
- Pronto la tendrás, hermano. Sólo es cuestión de tiempo.
- Sí, David. Y entonces te destrozará el cuello cada vez que te vea.
- Jose, eres muy gracioso. ¿A qué no lo hago más?
- Pues no estaría del todo mal, porque sólo con un abrazo me conformo.
- También tienes razón, debes de tener el cuello hecho polvo, cariño.
- Y tu también, amor mío. Tienes que cuidarte más. ¿Quieres que te haga un masaje?
- Vale, por mí estaré encantada.
- Pero después hazme uno tú a mí.
- Que poco caballero eres…
- ¿A qué no te lo hago?
- Yo lo que quiero es estar contigo, los masajes me dan igual.
- Vale, pues para celebrar que por una vez pensamos igual, vamos a tomar algo y a dar una vuelta.
- ¡Genial!
- Jose, mañana tenemos examen de historia, no deberías estar mucho rato fuera.
- Ya lo sé, David. Pero quiero pasar un rato a solas con mi amor.
- ¿Y tú hermana de qué lo tienes?
- De matemáticas, pero da igual. He estado sacando muy buenas notas en todo, así que puedo salir. Ya haré la recuperación si la suspendo y la suficiencia si me parece bajita. Adiós.
- Adiós, David.

Dicho esto se fueron cogidos de la mano a tomar algo, David les miraba preocupado y a la vez muerto de envidia
Jose estaba feliz porque por fin podía salir a dar una vuelta con Laura, su amor. Y ella estaba contenta de poder estar con él.
Iban caminando por la ciudad, hablando muy alegremente, intentando liberarse de la tensión de los exámenes por un momento. Pero no podían evitar hablar de éstos o de algún profesor. Estaban continuamente cambiando de tema, y en eso empiezan a hablar de sus amigos.

- Oye, ¿Cómo le van a mi hermana los exámenes?
- Yo creo que bien, aunque es tan fría e inexpresiva, a veces que no sé que pensar…
- Es verdad, ¿Y a John?
- A ése le van fatal, se pasa la tarde con David y conmigo, en la habitación haciendo el ganso. Y no hace nada, sólo se pone a leer revistas y de vez en cuando habla de lo que se le ocurre.
- Vaya, pues no lo parece…

De repente se dan cuenta de que están un poco lejos del internado, deciden dar media vuelta, pero Laura insiste en entrar en una tienda de discos. Y entran, justo cuando estaba sonando una canción de la Oreja de Van Gogh, de su disco: “Guapa”. Era la canción: Mi vida sin ti.

“(…) Vamos a querernos toda la vida como se quieren la noche y el día cuando hablan de ti vamos a querernos en cualquier vida por que prefiero dejarme morir que estar sin ti.

Nada es igual cuando no estas cuando no vuelves de pasear oigo reír a mi equilibrio y pienso en ti pienso en ti, vuelves a mi vuelve la paz que un día perdí choque frontal nadie con vida y yo sin ti.

Vamos a querernos toda la vida como se quieren la noche y el día cuando hablan de ti vamos a querernos en cualquier vida por que prefiero dejarme morir que estar sin ti te necesito aquí, cerca de mi muy cerca de mi muy cerca te necesito aquí verte feliz que vuelvas por mi que vuelvas para quererme, cuidarme, acostarme, hablarme y darme la mano o un beso o un regalo
verte conmigo sentirte conmigo y decir que te espero que te echo de menos.
Quiero entender mi vida sin ti no quiero escuchar consuelos de nadie, quiero gritar correr hacia ti no quiero entender, que al morir me mataste quiero vivir pensando en ti.”

Laura no pudo evitar sentirse identificada con la canción, no con toda, sino con ciertas frases o estrofas en concreto, era como si penetrase en el fondo de su ser y le sacara a la luz sus sentimientos, verdaderamente notaba que el amor que le procesaba a Jose, empezaba a ser especial. Diferente al que tuvo con Toni hace tiempo.
Se acercó a Jose que estaba mirando el último disco de Bon Jovi, y cogiéndole de la mano, con cara sonriente le dijo de irse ya. A él pareció bien, pues empezaba a tener algo de hambre y quería tomar algo. Una vez fuera de la tienda, fueron caminando uno al lado del otro buscando un bar, y en cuanto lo encontraron, se sentaron en las mesas de fuera y pidieron al camarero un helado de frutas del bosque para ella y un zumo de naranja para él. Ella chupaba el polo, él bebía el zumo, pero no podían evitar mirarse de reojo sin que el otro se diera cuenta.
De pronto sin saber por qué se sintieron incómodos, desde que salieron de la tienda, no se habían vuelto a dirigir la palabra. Jose se bebía el zumo tranquilamente, cuando Laura se levantó de repente de la silla. A él se le cayó el zumo del susto porque no se lo esperaba, ella se sonrojó. Se sentían como dos tontos que se querían, pero que no se conocían lo suficiente.

- Lo siento, no debería de haber tirado así el zumo…
- No, soy yo la que lo siente, porque no tengo porque levantarme de golpe y sin avisar.
- De todas formas habrá que limpiar esto… ¿no?
- Pues sí, pero no me digas nada.
- De acuerdo.

Sin saber cómo, se acercaron los dos para limpiar el zumo, sus miradas coincidieron, se sonrojaron, y sin llegar a apartar la mirada de los ojos del otro y arrodillados como estaban se besaron. Sin embargo no lo hicieron largo porque todavía se sentían algo incómodos, sin saber aún el por qué de esa situación.
A pesar de todo, se volvieron a sentar en sus sillas y vieron como el camarero limpiaba el desastre que habían montado. Ella sabía qué era lo que provocaba esa situación, y él no. Y es que Laura, no dejaba de imaginarse a Jose (cada vez que lo miraba), con el pecho al aire. Eso se debía a que recordaba el día en que se había despertado desnuda en la cama de Jose y se lo había visto.
No sabía cómo, pero tenía que sacar el tema para quedarse bien y no tener ningún secreto con él, ya que al haberse despertado antes que él, se había vestido antes y se había ido sin hacer ruido para no despertarle.

Pensamientos de Laura y Jose

“Tengo que decírselo, pero es que su mirada me deja fuera de combate, parece que vaya a leer a mi pensamiento y eso me asusta. No sé que hacer, no sé cómo se lo va a tomar, creo que debería decírselo en otro sitio más apropiado y tranquilo…”

“¿Qué le debe de pasar a esta mujer? No deja de mirarme de reojo y de evitar mi mirada, no lo entiendo. ¿Qué debe de pasarle? Es tan rara, pero eso también me gusta de ella. Qué tonto estoy, realmente estoy coladito por ella, y ella no se entera…”

“¿Por qué demonios me mirará así? Es que no puede mirar hacia otra parte…”

Final de los pensamientos

CONTINUARA...
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Notapor Meiko Akizuki » 17 Oct 2006, 14:23

Continuación:

- Laura, ¿Nos vamos?
- Piensa: “Genial, me empezaba a sentir nerviosa e incomoda, menos mal que lo ha dicho él”. Y le dice: Vale, me parece bien.
- Pues, vamos a pagar y nos vamos.
- Claro.

Se levantaron de las sillas y se fueron a pagar la cuenta. Una vez la pagaron, se dispusieron a volver al instituto. Ya eran las seis de la tarde, pero aún tendrían tiempo de irse paseando tranquilamente hasta allí. Los dos iban caminando uno al lado del otro, Jose miraba al frente con la cabeza en otra parte, seguramente en los exámenes y Laura no dejaba de mirar hacia todas partes, pensando en cuando podría decirle eso.
Ya casi habían llegado al instituto, cuando ella se adelanto y se puso delante de él.

- ¿Qué haces?
- Esto…
- ¿Qué pasa?
- … - Se pone roja como un tomate y mira hacía otro lado – Nada…
- Ahora, dímelo. Sé que todo este rato quieres decirme no sé que y qué no sabes cómo hacerlo…
- Pero, ¿Cómo…?
- Laura, yo no estoy en tu cabeza, sin embargo puedo intuir que quieres decirme algo.
- Bueno, pues es que hace algunos meses…
- ¿Qué?
- Bebimos, demasiado vino y…
- ¿Y tienes un problema con los riñones?
- ¡No! ¡Pues que nos acostamos juntos!
- Espera un momento – Dice al verla como un tomate - ¿Tú y yo hemos hecho eso?
- Sí.
- Pues no me acuerdo, ¿No será que te lo estás inventando?
- No me lo invento, lo que ocurre es que al despertarme yo primero, tú no te enteraste de nada… pero yo sí…
- Espera, aquel día que dormí desnudo… - Se sonroja - ¿Ese día me acosté contigo?
- Sí…
- ¡No puede ser! ¡Es una…! – Recapacita y se calla.
- ¿Es una…?
- Una pasada. Es maravilloso, increíble. Ya no somos puros…
- Qué hombre… Hay que ver…
- ¿Me lo dices por qué quieres repetirlo?
- ¡Quéee! ¡¿Pero qué insinúas?! ¡Eres un cerdo! – Dijo Laura indignada y sonrojada.
- Bueno, está bien. Ya lo haremos después de los exámenes, total será nuestra segunda vez y no pasa nada.
- ¿Qué no pasa nada? ¿Estás loco?
- No, todavía no he llegado a tanto. Además, era una broma.
- ¿Era una broma? – Dijo algo desilusionada.
- ¿Qué te pasa ahora? ¿Qué querías repetirlo?
- No me malinterpretes…
- Claro que no, sólo me has demostrado que te sabe mal que sea una broma…
- Jose… es que fue fantástico. Nunca antes me había sentido así con nadie.
- Hombre, pues si era tu primera vez no me extraña…
- Sí que lo era, pero no tenía pensado que fueras tú el que me quitara la virginidad. Sin embargo, me gusto.
- A mí también, creo que estuviste fantástica.
- Pues volvamos ahora al insti.
- OK, como desee princesa.
- ¿Y eso?
- Me he acordado de “La vida es bella”.
- Entiendo…
- Así que, ¡Vamonos princesa!
- (Se ríe) ¡Como deseéis mi príncipe! (Se ríen, después se cogen de la mano y caminan hacia el instituto.)
- Laura, te quiero.
- Yo también te quiero.

Cuando llegaron, se encontraron con que sus amigos estaban a punto de salir, para irse a cenar.

- Hola, Jose. Si que has terminado pronto. ¿Te vienes a cenar?
- No, John que no me apetece.
- ¿Por qué?
- Elías, no empieces tu también.
- Vamos, Jose… - Y se fija en que están cogidos de la mano - Si tu novia viene, ¿Vendrás?
- Ya te he dicho que no. Así que no insistas John. Olvídalo, que tengo que estudiar.
- Claro, por ella dejas de estudiar y por nosotros, no. Que egoísta eres…- Dijo Elías con tono tristón.
- ¡Elías! ¡Ya os he dicho que no y es que no! ¡Esta tarde he hecho una excepción! ¡Así que iros a cenar solos sin mí!
- Bueno, te entiendo. ¿Y tú vendrás Laura?
- No lo sé, ¿Quiénes vais?
- Yo, Elías, Esmeralda, Ana, tus hermanos, Blaine, Elisa, Mara, Felipe, entre otros. ¿Te apetece? – Le respondió John.
- Creo que otro día será, chicos. Es que mañana tengo examen de matemáticas y todavía no he mirado nada…
- Te entiendo, pues suerte. Y si tienes dudas, al volver te lo podemos explicar. – Dijo John con franqueza.
- Vale, pues que cenéis bien.
- Adiós.

Jose, una vez se fueron no pudo evitar sentirse mal. Laura, le había dado una lección. Pues para decir que no a algo, no hacía falta ponerse a gritar, bastaba con ser diplomático/a.
Jose miraba avergonzado y serio al frente, Laura le miraba de reojo sonriéndole y apretándole la mano. De repente, se pararon y Laura cogiéndole fuerte lo estiro para que corriera con ella hasta la puerta del internado. Allí, les esperaba Belinda con un grupo de unas siete chicas. Ellos se pararon delante de ellas. No parecían muy contentas.

- Bueno, ya habéis vuelto. – Dijo Belinda muy irónicamente.
- ¿Qué pasa?
- Jose, tranquilo. Tú cállate y ya hablo yo.
- Pero, ¿Qué dices?
- Belinda, ¿Qué quieres?
- Sólo una cosa, ¿Estáis saliendo en serio?
- Sí, o al menos eso creo. – Dijo Laura muy decidida a no mentir.
- Te veo decidida. Pues, adelante. ¿Y tú estás de acuerdo Jose?
- Claro, ella es mi novia.
- Vale, pues nos vamos. Adiós, parejita.
- Adiós Belinda. – Dijo Laura alegremente.

Una vez se fueron las chicas, ellos empezaron a subir las escaleras sin pensar en que no habían cenado todavía. Cuando llegaron al primer piso (el de Laura), ella se paro y mirando a Jose, dijo:

- Cariño, ahora que recuerdo…
- ¿Qué pasa?
- Pues que todavía no hemos cenado. (Y les suenan las tripas.)
- Es verdad, te invito a cenar.
- Que malo que eres. Es increíble.

Jose empezó a reírse y Laura se contagió. Bajaron las escaleras y se fueron a cenar al primer sitio barato y no muy lleno que encontraran. Una vez lo encontraron, resultó ser el sitio donde John y compañía estaban cenando y acabaron uniéndose a ellos. Cenaron un menú Big Burger de queso cada uno. Cuando acabaron de cenar fueron a una discoteca a beber cubatas y a bailar.
Todos bailaban con todos, todos haciendo tonterías y disfrutando de la noche, a pesar de que aún tenían exámenes. Les apetecía hacer locuras. Los de segundo de bachiller lo tendrían por la tarde, pero los de primero lo tenían por la mañana. Laura y Esmeralda lo llevaban claro para levantarse. Todos borrachos iban saliendo en tríos del local.
Al día siguiente, nadie estaba en su habitación. Todos estaban en el cuarto de otra persona. Laura y Jose en el cuarto de Blaine, Elías y Bianca en el cuarto de David, y en fin, así sucesivamente.
Laura se vio de nuevo desnuda en la cama, en este caso de Blaine. Y de nuevo, con Jose a su lado. Elías por su parte, se vio desnudo, al lado de Bianca, que también lo estaba. Por supuesto que Laura llegó tarde al examen (después de pegar un grito huracanado, vestirse corriendo y salir a toda leche), al igual que Esmeralda que se encontraba en la habitación de Ana con John, éstos vestidos con ropa y cada uno en una cama.

FIN. CAP.9. PROXIMAMENTE EL 10. ^^

[wave]
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 21 Oct 2006, 19:04

Capitulo 10: El apartamento de Jose

Una vez acabados los exámenes, todos supieron a medida que iban pasando los días las notas parciales y las notas globales. Mientras los de primero descansaban, los de segundo se preparaban para la selectividad. Una vez terminada, y con todos los exámenes terminados, empezaron para Jose las mejores vacaciones de verano que habría tenido nunca.
Y por fin llegó, el mes de julio, mes en el que Jose tendría que matricularse de la carrera que había elegido. Su media era de 8,78 y pensaba que seguro que podría hacer la primera licenciatura que se había puesto. Ahora estaba tirado en su cama, pensando en sus cosas y en Laura.
No había ido al viaje de fin de curso porque Laura no estaba apuntada, debido a que ella había hecho primero y tampoco tenía él previsto, formalizar su relación con ella. John y sus otros amigos si que se habían ido a Ibiza a pasar cinco días en aquella isla, del archipiélago Balear.
De repente oyó que el móvil, lo cogió, vio que era su padre y lo descuelga.
- ¿Diga?
- Hola, hijo.
- ¿Qué quieres papá?
- Pues, quería preguntarte cuando pensabas llamarme para venir al apartamento con nosotros. Hijo que tus amigos ya van preguntando por ti.
- No lo sé, porque quiero estar con mi novia.
- Pero hijo… ya os veréis en la universidad o podéis quedar de vez en cuando. ¿No?
- Pues no, porque va a un curso menos que yo y encima es estadounidense.
- Vaya, hombre. Pues que se venga ella también que tenemos una habitación para invitados muy cómoda.
- Pero no sé si le parecerá bien…
- Claro que sí, ¿qué mujer diría que no a estar una semana en un apartamento de lujo con su novio?
- Gracias, papá. Voy a preguntárselo. Y si ella va, yo también.
- Vale, y dile que llame a su padre antes de venir.
- De acuerdo papá, y gracias.
- No me las des a mí hijo, eso díselo a tu madre.
- Os doy las gracias a los dos, porque sé que si tu no estás de acuerdo en algo, eso no se hace.
- Vale como quieras. Bueno hijo, esperaré tu llamada con la respuesta de tu novia.
- Está bien, adiós. (Y le colgó)

Se puso el móvil en el bolsillo, se miró al espejo para peinarse un poco. De pronto oyó abrirse la puerta de su habitación, era David que volvía de dar un paseo. Este último había estado muy raro los últimos días, evitaba hablar a Jose y eso creaba mal rollo entre ellos. Se tumba en la cama, con los brazos en la cabeza y empieza a pensar.
Entonces sale Jose del baño, y viendo a David tumbado, (El no había ido al viaje. Sólo lo había hecho Bianca) piensa que es un buen momento para irse a hablar con Laura. Así que abrió la puerta de la habitación y salió de allí, hacia la habitación de Laura para contarle lo de pasar con él una semana en su apartamento.
Bajo al primer piso, y al llegar a la habitación 27 (que era la de Laura) se paró. Toco a la puerta, y nadie le contestó. Laura no estaba. Así que pensó en esperar a que volviera.

Jose extrañado, apoyo su oreja en la puerta y puso atención al más mínimo ruido que pudiera producirse para saber si realmente, ella estaba o no. No se oía nada. En eso se le acerca Laura que llegaba por el pasillo.

- Jose, ¿Qué estás haciendo?
- Espiar, porque creo que Laura no quiere abrirme.
- ¿Y por qué no iba a querer?
- Porque no tengo ni idea.
- Bueno, ¿Vas a dejarme entrar? (Ella le sonríe.)
- ¡Laura! ¿Eres tú?
- Sí, Jose. Y no entiendo como te puedes montar esas historias tu solito.
- Esto ¿Y qué hacías?
- Pues, estaba en la habitación de Esmeralda hablando con ella. Vengo de allí.
- Ah! Vale, entiendo.
- Y por cierto, ¿Qué querías?
- Pues quería decirte, bueno más bien preguntarte si querías venir conmigo una semana a mi apartamento en Benicasim. Conmigo y con mis padres.
- ¡Claro que quiero! ¿Hay playa?
- Sí, y una piscina también.
- ¡Genial!
- Además mi apartamento tiene pista de tenis, de squash, campo de fútbol y baloncesto, y unas instalaciones muy bien equipadas.
- Pues voy. Me apunto.
- Esto, pero primero llama a tu padre. Que el mío me ha dicho que debes de llamarle.
- Está bien, pero le llamaré mañana que hoy ya he hablado con él y no quiero gastarme más saldo.
- Pues utiliza mi móvil. Yo te lo dejo.
- Pues gracias.

Ella llamó en ese momento a su padre, quién no se opuso a que fuera siempre y cuando estuviera acompañada y fuera responsable. Jose no podía estar más contento. Iba a pasar una semana de vacaciones en la playa con su novia, con su Laura. Era como un sueño para él. Y encima sus padres estaban de acuerdo. Todo era perfecto.

Pasaron los días y al fin llegó el día que ellos dos tenían que irse al apartamento de Jose. Un día que habían estado esperando con anhelo e ilusión desde que ella le dijo a Jose que sí que quería ir.
El padre de Jose fue a buscarles en coche, a la puerta del instituto, ellos ya tenían el equipaje preparado y todo. Cuando llegó, el padre de Jose bajo del coche, les ayudó a meter el equipaje en el maletero y luego les invito a subir. El padre de Jose miró a Laura de arriba abajo.

-Vamos chicos, subid al coche. (Dijo dándole otro repaso a Laura y pensando: “Que curvas tiene… Es muy guapa, hay que ver los gustos más selectos que tiene mi hijo… en eso se parece a mí.”)

Ellos subieron los dos detrás para estar juntos. El padre de Jose era rubio, alto, robusto, tenía los ojos marrones y era muy guapo y carismático. Vestía con unos pantalones gris perla de lino y fresquitos para el calor que hacía y una camisa blanca con a cuadros de líneas gris tenue. Los zapatos eran azul marino.
Y en esta ocasión llevaba en la muñeca un rolex auténtico, que funcionaba sin pilas. Solo con mover mínimamente la muñeca se ponía en marcha el mecanismo y funcionaba.
Jose estaba un poco más tranquilo, pero aún así no cesaba de mirar a Laura. Y pensaba en lo maravillosos que serán esos siete días para ellos. Laura por su parte, estaba mirando el paisaje manchego por la ventana. Ya habían pasado la comunidad de Madrid después de casi una hora de viaje. Pues habían llegado ya a Castilla, la mancha. Ya les quedaba menos para Valencia. Solo tres horas de viaje hasta valencia y luego una hora y algo más para llegar a Benicasim. Y eso sin pillar atasco.
Una vez llegaron a Valencia, cogieron la autopista que les llevaría a Castellón. Pasada una hora más o menos ya habían llegado a Castellón y tomaron rumbo a Tarragona para ir a Benicassim que estaba en la misma dirección.
Cuando llegaron a Benicassim, el padre de Jose cogió la carretera que iba por el lado del parking de un parque acuático llamado: Acuarama. Y enseguida giraron a la derecha. Después fueron todo recto y giraron a la izquierda.
Cuando llegaron, al apartamento el padre de Jose giro a la izquierda para ir al parking, después les dejo cerca de la puerta del bloque para que no tuvieran que caminar tanto con las maletas. Bajaron del coche, y fueron haciendo viajes para llevar las maletas al ascensor, ante la atenta mirada de un grupo de niños y adolescentes que estaban sentados en unos bancos que había delante de la puerta. Ellos habían dejado de hablar para observar a esa chica tan guapa que acompañaba a su vecino. Una vez terminaron de llevar las maletas, llamaron el ascensor, metieron dentro las maletas y subieron arriba. Era el quinto piso, la puerta Q. Con muy buenas vistas. Mientras tanto el padre de Jose se iba a aparcar el coche. Y una vez sacadas las maletas del ascensor y todo, Jose se dispuso a buscar la llave para abrir la puerta.

- Jose, ¿Iremos primero a la playa o a la piscina?
- A la piscina porque hoy no nos da tiempo de ir a la playa.
- Oye, ¿Y porqué no tocas el timbre? Seguro que tu madre nos abre.
- No lo había pensado. (Y toco el timbre)
- Vaya, hijo. No esta mal, llegáis a la hora de comer. Hola, tu, debes de ser Laura.
- Hola señora, gracias por invitarme.
- De nada, pero ir pasando. Y tú Laura espero que te sientes como en tu casa.
- Gracias. (Dicho esto, entraron las maletas y ellos después.)

La madre de Jose (La mujer que les había abierto la puerta), era rubia de pelo rizado, ojos azul claro y normalita, no era una belleza. Vestía unas bermudas que eran de color verde pistacho oscuro que llevaba atadas con un cinturón marrón, también llevaba una camiseta blanca de tirantes anchos y sandalias blancas de tacón.

CONTINUARA....
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 25 Oct 2006, 17:32

CONTINUACION:

Al entrar, se podía ver un armario blanco ropero y empotrado de dos puertas corredizas. Estaba cerrado, pero allí guardaban las toallas y en los cajones las camisetas de playa de Jose. Era el armario de la ropa de Jose, donde se guardaba los pantalones y las camisas para ocasiones especiales.

- Laura, ven por aquí. Tu habitación esta al fondo, a la izquierda.
- Vale. - Y entro en ella. – Me gusta, aunque sea por poco tiempo…
- Sí. Pero ahora estamos juntos. (Estando ella de espaldas a él, aprovecho la ocasión y la abrazo entrelazando sus brazos. Y sonriendo muy feliz.)
- Tienes razón.

La habitación tenía la cama nada más entrar a la izquierda, tenía unos estantes encima de ésta, colgados en la pared que eran de madera de pino, a la izquierda había un armario también de pino para que el invitado pudiera guardar la ropa. Y al final de la cama empotrada a la pared había una cajonera de cuatro cajones, para guardar las demás cosas. Decir que la cama tenía una colcha fina de pequeñas flores rojas que colgaba por los lados. Con las cenefas rojas.
Una vez vista la habitación y dejadas las tres maletas de Laura en ella (Se lo había llevado todo porque su padre iría a recogerla allí, pasada esa semana) Jose, le enseñó a Laura todo lo demás.
Fueron primero a la sala de estar, que estaba saliendo de la habitación de Laura al fondo a la derecha. Nada más entrar a la izquierda tenía un aparador con dos compartimentos y varios cajones en el medio. El mueble era marrón oscuro con la parte de enfrente pintada de blanco. Allí encima dejaban los móviles, las llaves, y el correo. En el extremo derecho del mueble, había encima una lámpara, con cuerpo de porcelana y cubridor color carne.
A la derecha de la sala había un mueble de madera de pino (color marrón claro), con compartimentos y cajones en un lado, y en el otro lado dos compartimentos y un conjunto de estantes entre ellos dos. En el medio, había una televisión de plasma y de pantalla extra plana de veintiuna pulgadas. Les ocupaba toda la pared.
En los estantes había libros, en los compartimentos comida y en los cajones manteles, entre otras cosas. Les ocupaba toda la pared. También tenían cuadros de paisajes, colgados delante del mueble. Uno era de un bello paisaje de los pirineos y el otro debía de ser de un bonito paisaje japonés, ya que aparecía firmado con caracteres japoneses.
Delante del mueble había un sofá-cama de funda de tonos cálidos, todo el fondo era amarillo pastel, con flores rosas y de otros colores repartiéndose la decoración de la funda. Este sofá presentaba en sus dos esquinas, dos cojines de la misma anchura que el asiento del sofá que presentaban exactamente la misma composición que el sofá donde estaban colocados.
Al entrar en la gran terraza, Laura vio una mesa marrón de color nogal con las patas cilíndricas grises, que tenía una cesta de cerámica con frutas de plástico encima.
Se dio cuenta de que la tenían toda encristalada (los marcos de las ventanas eran dorados) y también, de que tenían cuatro sillas colocadas en la mesa. Todas tenían el asiento tapizado de flores blancas y rojas con fondo rosa muy claro, y que las dos sillas del medio, a diferencia de las del lado, no tenían brazos.
Entraron más hacia dentro y había dos butacas de plástico blanco, cubiertas por un cojín de esos que se ponen a esa clase de butacas para hacer bonito y para que no resulten tan duras. Era un cojín blanco, y todo ello quedaba muy elegante y refinado.
Si girabas la cabeza hacia la izquierda, al llegar a las butacas, podías ver una cortina blanca (iba desde lo más alto que se podía colocar hasta el suelo) que tapaba el fregadero pequeño de ropa, la lavadora y el termo (colocado encima de la lavadora a tres palmos de altura de ésta).
Volvieron por donde habían ido y Jose le enseñó la cocina que era mediana y las demás habitaciones. En la cocina tenían lo típico: una nevera, un horno, vitrocerámica y un microondas; a parte de los estantes y pequeños armarios empotrados en la pared para dejar los platos y los compartimentos para dejar la sal, el aceite.... Todo lo que era de madera era gris claro.
La habitación de Jose, se componía de una estantería, una cajonera y una cama. La habitación de matrimonio que tenía un armario blanco empotrado de puertas corredizas donde los padres de Jose guardaban su ropa, una cama de matrimonio con colcha blanca de puntilla de lino, dos mesitas de noche y una mesa de pino con tres cajones justo delante de la ventana. Cerca de la ventana había también una percha (de madera) blanca, donde colgaban chaquetas.
Y faltaba el baño, compuesto de una bañera (al fondo), de un vater (al lado de la bañera), de un bidet (al lado del vater) y de un lavabo. También tenían, al igual que en la cocina un taburete blanco para dejar cosas o sentarse encima.
Cuando terminó de enseñarle su apartamento, ella entró en su habitación y se puso el bañador, y Jose entró en la suya a ponerse el suyo. Cuando ella salió, Jose ya estaba preparado. Cogieron dos toallas, salieron por la puerta, pidieron el ascensor y se bajaron.
Fueron directos a la piscina, que tenía cinco banquitos en la parte que no cubría, y seis en la parte que no cubría. Todos eran igual de altos.
La piscina era muy honda, y tenía un trampolín azul en la parte honda. Dejaron las toallas en un banquito, se ducharon en una de las cuatro duchas de la piscina y se fueron los dos corriendo hasta el trampolín. Estaban ellos dos solos. El agua estaba muy buena, temperatura ideal, ni muy fría ni muy caliente.
Se tiró primero Laura y luego Jose. Y empezaron a hablar, cogiéndose cada uno de una barandilla diferente de la escalera.

- Me ha gustado tu apartamento.
- Pues, me alegro.
- Está todo bastante bien.
- Bueno que sepas que yo pasó más tiempo en la playa y en la piscina que dentro de mi apartamento.
- Pues a mí me gusta tomar el sol en mi chalet después de haberme dado un baño en mi piscina.
- ¿Tienes un chalet?
- Sí, y al lado de la playa. Cerca de Nueva York.
- Que suerte.
- Oye, yo quería preguntarte una cosa.
- Que.
- ¿Tu me quieres?

Jose se quedo sin palabras, no sabía que decirle. Aquella pregunta y la respuesta que él le diera parecía como si fueran a marcarle su futuro. Laura le miraba seria y con la mirada atenta y tranquila esperando su respuesta. Era la primera vez que ella se lo preguntaba.

- Me gustas mucho, pero no sé exactamente que es para ti, querer a alguien.
- Pues querer a alguien es preocuparse por esa persona, pensar en ella, tener ganas de estar con ella, querer que tenga lo mejor, y hacerla feliz.
- Pues entonces te quiero, porque eso es lo que me pasa a mí contigo. Me preocupa tu felicidad, me siento feliz a tu lado, pienso en ti a todas horas, cuando te miró no puedo apartar la mirada de ti y solo deseo que tengas lo mejor y que seas feliz.
- ¿Y hasta cuando durará tu enamoramiento?
- Hasta que tu me rechaces o te mueras. Y tú, ¿Me quieres?
- Y aún me lo preguntas, tú sabes que te quiero. Tonto, hay que ver…

De pronto ella le tiro agua a la cara y salió nadando rápido con ganas de jugar.

- Esta Laura, ahora verá lo que es bueno…

Se acercó nadando a ella, y empezaron a jugar al pilla-pilla pero dentro de la piscina. Salía ella de la piscina y él también lo hacía, se tiraba ella y él también. Y así estuvieron un buen rato. Jose disfrutaba oyendo las risas de Laura para él solo. Solo él disfrutaba de la mujer que en esos momentos - para él - era la más maravillosa del mundo. Una vez se cansaron de nadar, correr y jugar se sentaron cubiertos con la toalla en uno de los bancos.
Una vez estuvieron secos subieron arriba al piso, se fueron cada uno a su habitación, se cambiaron y fueron a comer. Isabel había hecho espaguetis boloñesa para comer.
La mesa ya la había puesto Isabel, por que desde el día en que a Jose se le cayeron dos platos al suelo ya no le había dejado ponerla más.
Laura se sentó en la silla del lado derecho de la mesa, mientras que Jose se sentó en la del lado izquierdo. Estaban cara a cara, en las otras dos se sentaron, una vez estuvo servida la comida, los padres de Jose. Y después de encender la tele para ver el telediario, empezaron a comer.
Laura llevaba un provocador vestido de tirantes, que le llegaba de largo por las rodillas y era suelto. Jose, llevaba unos pantalones verde pistacho cortos y una camiseta verde claro. Ropa de sport. Una vez acabaron de comer, Jose y Laura ayudaron a recoger la mesa y cuando terminaron tenían intención de irse a la habitación de Jose cuando el padre de éste les llamo para que volvieran a la mesa. Tenía que hablar con ellos.
- Tengo que dejaros claro que si Laura está aquí es porque su padre y yo somos amigos, nos conocemos y confío en qué si pasara algo, él vendría.
- Sí, él ya me dijo por teléfono que le conocía.
- Bien, ahora ya os podéis ir, sólo quería dejar eso muy claro. Ah! Y tú Laura si necesitas algo sólo tienes que decírnoslo.
- Vale.
- Eso es todo.

Y Jose se fue con Laura a su habitación, para jugar una partida a las damas. Mientras ellos jugaban, los padres de Jose tomaban un café.

FIN CAP.10. PROXIMANTE EL 11
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 29 Oct 2006, 21:12

Capitulo 11: Sentimientos tambaleantes

Ese día estaban un poco cansados, aún así por la tarde Laura quiso bajar a la playa, con Jose, claro y aprovecharon las últimas horas de sol en la playa.
Se habían bajado dos esterillas y dos toallas, Laura se tumbo a tomar el sol. Los dos estaban alegres, y cuando llevaban un rato en la playa, Jose le tiro un poco de agua que llevaba entre las manos, encima del pecho, ella se sobresalto. Y salió corriendo detrás de él, de ese modo entraron en él agua y le tumbó acabando encima de él.
Eran felices, nada podía estropear esa felicidad ni esa semana de vacaciones. Estuvieron jugando un buen rato en el mar, tirándose agua y empujándose. Entre risas y sonrisas. Después cuando se cansaron, fueron a la ducha que había al pie de las escaleras de bajada a la playa. Primero se ducho Jose y después Laura.
Subieron las escaleras, y al llegar al final, se pusieron a luchar con las esterillas como dos niños, la gente que pasaba les miraba riéndose, ellos se sonrojaron y lo dejaron estar. Fueron a bañarse a la piscina, se ducharon los dos antes de entrar y se tiraron “en bomba”, en la parte más honda de la piscina.
Una vez se cansaron, subieron a cenar y cenaron junto con los padres de Jose, mientras veían la tele. Cuando terminaron de cenar, en vez de bajar se pusieron a ver una película muy buena que hacían por la tele. Terminó a las doce, entre propagandas y uno y otro.
Cada uno se fue a su habitación, se dieron las buenas noches y se acostaron. Jose se sentía el chico más feliz del mundo. Lo tenía todo para ser feliz, pero sobretodo, tenía a Laura a su lado que le correspondía y eso le hacía muy feliz.
Sin embargo, Laura parecía preocupada por algo, era feliz pero había algo que tenía que disimular delante de Jose, era ese sentimiento de duda, de culpabilidad por algo. Ya que ella, a pesar de todo, aún estaba enamorada del chico que le había hecho tanto daño en el pasado…
Todo empezó, un viernes cuando Laura volvía sola a su casa por primera vez, estaba un poco asustada, pero iba decidida a llegar bien a su casa. De repente, sintió que la seguían y empezó a correr sin saber por donde iba, y se choco con alguien que iba caminando tranquilamente que no miraba tampoco por donde iba, ella levantó la mirada y vio a un chico castaño, más alto que ella y que llevaba gafas de sol.

- Perdona, no miraba por donde iba. – Le dijo Laura, algo avergonzada.
- Vaya - dijo el chico mientras se quitaba las gafas – nunca había visto a una chica tan guapa. Eres preciosa. ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Laura. ¿Y tú?
- Yo me llamo Toni. Encantado, de conocerte.
- Gracias, yo también estoy encantada.
- No me las des, esto… es la primera vez que vienes sola por aquí, ¿verdad?
- Sí, porque hoy mis hermanos no podían acompañarme hasta casa.
- ¿Cuántos años tienes?
- Tengo quince.
- Yo tengo diecisiete. Y estoy contento de haberte conocido por fin, después de haberte observado desde una esquina, desde el día en que te conocí. Y hoy, al hablar contigo me has hecho el hombre más feliz de la tierra.
- ¿En serio? – Y él la miró seductoramente con sus ojos verdes, y su sonrisa tan bonita. – Pues yo no me lo acabo de creer…
- Es que soy muy buen actor, no sabrías nunca decir cuando lo que digo es cierto o no lo es. Una cosa, ¿Tienes novio?
- No, no tengo y nunca he tenido…
- No hace falta que te avergüences de ello, aún eres joven. – Y le guiña un ojo. Ella se sonroja.
- Gracias.
- Chica, sí que eres educada. ¿Vives bien tu vida o no?
- Sí mi vida está bien, aunque mi madre no me quiere…
- Vaya, ¿Y por qué?
- Porque hace más caso a mis hermanos que a mí.
- Pobrecita, tranquila que pronto se le pasará. Y una cosa, ¿Querrías salir conmigo?
- ¿Salir contigo?
- Sí, ser mi novia. ¿Quieres?
- Me lo tendría que pensar, nos acabamos de conocer…
- Pues mira, ya te digo que eres mi media naranja, mi Julieta.
- ¿Y tú mi Romeo?
- Claro.
- Vete al cuerno, eres un ligón estúpido como los demás. – Y diciendo esto paso por su lado indignada para irse a su casa.
- ¡Espera! ¡Aún no me has contestado!
- Mi respuesta es no. – Y ella se alejo mientras él la miraba fijamente.

Esa era la primera vez que se encontraron, a partir de aquel día todo cambió. Toni, le salía al encuentro todos los días para intentar conquistarla, sin llegar a ser moscón pero casi. Laura ya no sabía que hacer para mandarle a la mierda.
Y un día…

- Oye, ya estoy harta de ti, ¿Cuándo me dejarás en paz?
- Pues, el día que me digas: “Toni, acepto salir contigo”
- Eso no lo oirás en mil años.
- Pues vaya, así que mi esfuerzo es inútil. Genial, he estado perdiendo el tiempo, sí que eres difícil, pues así nunca conseguirás novio… si eres tan exigente. Bueno, hasta nunca bomboncito. Perdón, Laura.
- ¿Por qué me pides perdón, Toni?
- Por llamarte así, bueno yo me voy.
- Esto… yo quiero salir contigo…
- ¿Al fin quieres llenar mi corazón de felicidad?
- Si lo ves de ese modo…
- ¡Genial! ¡Soy el hombre más feliz del mundo!
- ¿Por qué gritas?
- Para que todos se enteren. – Ella se rió después de oírle decir eso – La verdad es que cuando sonríes aún estás más guapa.
- Gracias. – Y le dedico una bonita sonrisa.
- De nada. – Y acercándose a ella le besó, muy tiernamente en la boca.

Ella se aparto enseguida de él, le miro a los ojos y sin saber el por qué descubrió que se había puesto una soga al cuello al aceptar salir con él, aunque, en ese momento todavía no fue del todo consciente de la gravedad de lo que había hecho.
Se volvió a su casa, corriendo y Toni la siguió. Y mientras ella buscaba la llave para abrir la puerta, él la abrazo por detrás. Y con gran maestría le quito la llave que ella estaba buscando. Ella no se dio cuenta, le pegó a él un empujón para quitárselo de encima y éste se fue satisfecho con lo que había conseguido.
Al momento llegó David, quién le abrió la puerta desde dentro.

- Hola hermana. ¿Por qué no entras?
- Es que había un imbécil que me estaba molestando como todos los días.
- Vaya, si que tienes pretendientes. Bueno, entra que yo tengo prisa.
- Bien, adiós hermano.
- Adiós hermanita.

Pasaron los días y ella por una cosa u otra no se dio cuenta de que le faltaba la llave de la entrada de su casa.
Ya había pasado una semana desde la última vez que vio a Toni, y ese día iba a estar sola en su casa. Porque sus padres se habían ido al chalet a despejarse un poco, su hermana había quedado con sus amigas y David había ido a la biblioteca a estudiar.
Y ella se había quedado en casa a ver la tele porque no le apetecía hacer otra cosa. De repente, oyó abrirse la puerta de su piso. Y pensó que debían ser David o Bianca que habían vuelto. Pero se llevó la sorpresa de su vida cuando se giro, después de sentarse en el sofá y ver a Toni de pie junto al marco de la puerta.

- ¿Cómo has entrado? ¿Por qué tienes la llave? ¿Qué quieres? – Ella le hacía estás preguntas muy asustada y muy deprisa.
- …

Hubo silencio, él no le contestaba. Simplemente la miraba con mirada firme y muy seguro de sí mismo con una mano en el bolsillo y la otra en la cintura con la llave.
Ella seguía asustada, así que él se acerco a ella, le puso las manos en los hombros y le dio el beso más apasionado que pudo darle en ese momento. Laura no entendía nada, solo aguanto el beso hasta el final.

- Laura, te amo. – Le dijo Toni al fin.
- Que…
- Pues eso, que no puedo dejar de pensar en ti. Te amo, con toda mi alma.
- Yo… también te amo. No he podido dejar de pensar en ti y siento habértelo hecho pasar tan mal. – Dijo ella sin saber muy bien lo que decía.
- No pasa nada, la culpa también es mía.

Se abrazaron fuertemente, muy enamorados los dos. Y ahí empezó su relación a lo grande. Laura empezó a salir con él casi todas las tardes en vez de estudiar y descuido los estudios. Y eso se notó mucho en sus notas, que pasaron de ser notables y sobresalientes a ser bienes y suficientes. Ni los padres de ella ni los profesores se podían explicar ese cambio, esa bajada de notas. Nadie sabía que la causa era Toni.
Después de estar tres meses saliendo con Toni, Laura fuera de su casa parecía otra persona, hacía gamberradas con su novio, fumaba cigarros y porros, y sobretodo estaba coladita por Toni y muy metida en el mundo de éste.
Pero no todo eran cosas malas, había hecho nuevos amigos, de la pandilla de Toni. Sobretodo se había hecho amiga de Blaine, un chico estupendo que se preocupaba por todos. Era el mejor amigo de Toni, y tenía novia, que se llamaba Kate.

CONTINUARA...
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 09 Nov 2006, 21:36

Continuación:

Un día, Arturo y Begoña expresaron a su hija su deseo de que sino mejoraba en los estudios que la cambiarían de instituto. Sin embargo, ella no se los tomaba en serio, así que continuaba sin estudiar.
Pasaban los días, y cada día que pasaba estaba más tiempo en el local de Toni que en su casa, a la vez que cada día estaba más enamorada de Toni. David y Bianca por su parte al ver a sus padres tan preocupados se enteraron de lo que pasaba con su hermana menor y decidieron ayudarles a averiguar lo que le pasaba.
Un día que David no tenía que ir al instituto, siguió a su hermana desde la puerta del instituto hasta el local de Toni. David se quedó de piedra, y se asomó a ver que veía. Y vio a su querida hermanita hablando con un chico alegremente, era Blaine quién parecía estar muy a gusto hablando con ella.
Espero unos diez minutos a ver si pasaba algo, y a parte de ver a su hermana beber vino y fumar como hacían todos, casi le da algo. De repente apareció Toni, Laura se levantó de donde estaba sentada y se abalanzó sobre él abrazándole y dándole un beso de lengua en la boca, acto que dejo a David de piedra, fuera de combate, ahora ya no sabía que hacer, su hermana era la novia del jefe de gamberros del Harlem...
David se escondió apoyándose en la pared que seguía al marco de la puerta desde donde estaba espiando. No se lo podía creer, pero tenía que hacer algo, su hermana iba a echar a perder su futuro por hacer eso. En eso que una chica sale del local y se acerca a David. Era Mara, una morena de ojos marrones que iba a hacer perder la cabeza a David, en cuanto éste la viera.
David se giro en cuanto ella le pregunto: ¿Qué haces aquí fuera? Entra dentro, guapetón.
El se enamoro de su voz, de su mirada, de su cuerpazo, en fin que acabo loquito por ella, y pensó en dejar a un lado el asunto de su hermana y en salir con ella.

- ¿Quieres salir conmigo? – Le preguntó a la chica de forma tan directa que ella se quedo muy sorprendida.
- No sabes nada de mí, ni siquiera mi nombre ni si tengo novio y me preguntas eso. Realmente debe de haber sido un flechazo, ¿no?
- Pues sí, si por dentro eres tan bella como por dentro, eres el amor de mi vida.
- Gracias, pues sabes, como no tengo novio saldré contigo. Pero antes dime como te llamas.
- Yo me llamo David.
- Yo Mara.
- Es precioso, realmente esto parece un sueño…
- No, esto es el destino…

Y con el paso de los días, David terminó igual que Laura. Bajada de notas, fumando, bebiendo, llegando tardísimo a su casa, faltando muchos días a clase…
Y Arturo y Begoña ya no sabían que hacer, dos de sus hijos estaban rarísimos, muy cambiados y no sabían el motivo. Bianca no quería saber nada del tema, aunque no tenía novio, ahora estaba feliz porque sus notas eran más altas que las de Laura y David.
Un buen día, Laura y Blaine que volvían juntos del instituto (iban al mismo y desde que eran amigos se esperaban a que el otro saliera para volver juntos), entraron al local como de costumbre y vieron como Toni y Kate se estaban morreando muy apasionadamente. Los dos quedaron con el corazón roto en cuestión de segundos.
Se fueron corriendo de allí, sin saber de que hablar, que decirse y por un momento confundieron la amistad con el amor. Y pensaron que tal vez ellos dos habían sentido celos de ellos de verlos tan juntos, pero pensaron que era imposible. Y lo descartaron, no podían volver al local, no querían verlos así. Y se sentaron en el bordillo de un seto alto que les tapaba.
Por casualidad, David y Mara se sentaron en un banco que había detrás del seto para hablar. Blaine y Laura escucharon toda la conversación, y llego un momento en que Mara dijo algo muy interesante.

- ¡Ay! David que fácil es hablar contigo. Me encanta charlar contigo. Me relaja.
- Pues me alegro.
- Sabes una cosa.
- Que.
- Pues que Toni y Kate al fin han hecho las paces así que esa chica nueva tendrá que despedirse del hombre más guapo e inteligente del mundo. Sólo siento lástima por Blaine, realmente la quería, aunque ella nunca le quiso a él lo más mínimo. Le parecía muy inmaduro y demasiado bueno. Pero supongo que es por eso por lo que le eligió a él para vengarse de Toni, por su inocencia.
- Que interesante, pues que sepas que esa chica, es mi hermana.
- Vaya, pues ahora me entero. Entonces también me da pena, si que es cierto que debía ser muy inocente para caer en las garras de Toni.

Laura y Blaine no daban crédito a lo que habían oído, parecía algo increíble. En ese momento decidieron olvidarles, cambiar de aires. De ciudad, de instituto, de todo. Y Laura después de hablar con sus padres contándoles media verdad, se decidió enviarles a los tres a España, a un instituto privado madrileño que estaba muy bien. Con edificio para dormir los estudiantes y toda clase de cosas imprescindibles para el estudiante.
Hicieron los trámites y después de terminar el curso, y pasar el verano. Se fueron allí a estudiar.

Laura acababa de recordar todo lo que había pasado por culpa de Toni y allí en la cama se echo a llorar. Porque, no podía dejar de pensar en que haría daño a Jose porque en el fondo, no podía olvidar a Toni, pues su corazón estaba dividido y no sabía qué hacer. Ella aún lo amaba, porque a pesar de todo el daño que le había hecho, él seguía siendo su primer amor.
Al día siguiente, cuando se levantaron, desayunaron, almorzaron y se pusieron el bañador para bajar a la playa. Jose se dio cuenta de que Laura no estaba muy alegre, estaba más bien triste. Aunque cuando se daba cuenta de que la miraba, ella intentaba sonreír.
Se tumbo en la esterilla, después de haberse puesto crema solar por el cuerpo, la toalla de cojín y una gorra en la cabeza. Jose también se puso crema solar, pero en lugar de tomar el sol se sentó doblando las piernas y empezó a pensar que era lo que podía hacer sentirse a su novia de esa manera.
Pasado un rato se le ocurrió que podían jugar a las palas (dos raquetas medianas con las que se juega con una pelota pequeña de goma), así que se puso a buscarlas entre todas las cosas que llevaba su madre en el bolso de playa azul que se había bajado. Una vez las encontró fue a preguntarle a Laura si quería jugar, pero ya no estaba tumbada en la esterilla, estaba de pie en la orilla refrescándose un poco.
Al verla se levanto y se acercó a ella, ella se giro al oír pasos por detrás de ella.

- ¡Ah! Hola, Jose. ¿Qué haces?
- Nada. Sólo iba a observar contigo el mar y las olas.
- Pues yo voy a bañarme. ¿Quieres entrar?
- Bien, parece que está bien de temperatura, calidad, etc.
- Que gracioso eres…
- Pues vaya, ¿Y por qué estamos hablando así?
- No lo sé, entremos y dejemos de hablar.

Y ella se echo a correr hacía la parte honda del mar hasta que no tuvo más remedio que ponerse a nadar. Jose no le había seguido, simplemente se había quedado allí de pie preguntándose que le estaría ocultando y que le preocuparía de esa manera.

La veía nadar, muy rápido y con mucha técnica, sin embargo le preocupaba lo que podría pasarle. Ella no había sido del todo sincera con él. Mientras, Isabel la madre de Jose se acercaba a su hijo y se paró a su lado.

- ¿Qué te pasa hijo?
- Nada.
- Pues bien, sino me lo quieres decir no me lo digas, pero te veo pensativo.

Jose no le dijo nada, simplemente espero, a que su madre se fuera a dar un paseo, para él acercarse a Laura, quién había parado de nadar y se estaba relajando en el agua.
Jose se acercó nadando hasta ella y le toco el hombro, ella se giro, le dedico una sonrisa pero no pudo evitar hacerla corta, no tenía ganas de reír ni de sonreír. Jose la cogió del brazo y la invito a salir del agua, ella salía a regañadientes.
Una vez fuera se sentaron en la esterilla uno al lado del otro sin decirse nada, antes la atenta mirada de Isabel, una mujer muy celosa de su intimidad y de llevar las cosas muy controladas.
Ella respetaba las decisiones de su hijo pero siempre bajo su autoridad, supervisión y sin pasarse. Laura por el momento le parecía una chica agradable, educada y de buena familia, cosa que a ella le interesaba. No iba a permitir que su hijo, su único hijo saliera con una cualquiera. Sin embargo, a pesar de ser buena mujer y llevarse bien con todo el mundo, apenas se hablaba o mostraba afecto por la familia de su marido, con la cuál creía que si se relacionaba demasiado acabaría peleándose con todos.
Ella quería mucho a su marido, al igual que a su hijo y por ello, había actuado así durante todo ese tiempo. También le gustaba el orden. Explico todo esto porque lo que quiero decir es que evitaba cualquier relación profunda con nadie, tenía miedo de que los demás descubrieran como era ella en realidad o la herida profunda que guardara en su interior.
Y al conocer a alguien como Laura, iba a notar cambios en sí misma. Muy pequeños pero los iba a notar. Sin embargo, su marido, a pesar de su apariencia seria y elegante, era un hombre generoso, amable, nervioso e inteligente.
También era bromista y bastante abierto, aunque cuando tenía que ser serio y cerrado lo era, en su totalidad, como cualquier hombre. Decir que uno de sus principales defectos era que fumaba.
Más adelante, se podrá ver como las personalidades de los padres de él, serán determinantes para entender porque hacen así las cosas o por qué dicen una cosa u otra.

FIN CAPITULO 11. PROXIMAMENTE EL 12.
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 18 Nov 2006, 13:49

Capitulo 12: Vacaciones en el mar

Laura se negaba a contarle nada a Jose, no quería que supiera la verdad y que entonces dejara de quererla. Sin embargo, ya sólo le quedaban 6 días para contarle cualquier cosa y aunque parecía mucho tiempo, era poco. Así que tendría que hacer lo imposible para decidir más en serio a cuál de los dos ama de verdad, si a Jose o a Toni.
De repente, un grupo de chicos se les acercó. Eran cinco amigos de Jose, todos de la edad de éste. Jose se levantó de la esterilla y se puso a hablar con ellos, les presento a Laura y después quedaron con él para ir a la bolera. Una vez despidió a sus amigos, se le acercó una chica. El se sintió feliz de verla, y se puso a hablar con ella un buen rato.
Reían juntos, se contaban cosas pasadas, entre otras cosas. Ella era rubia, de ojos azules, más bajita que Jose, tenía su misma edad, era inteligente, divertida, en fin era una chica guay. Se llamaba Belén. De defectos también tenía, era codiciosa, avariciosa e indiscreta pero en general era buena persona.
Laura llevaba ya media hora calentándose la cabeza, con lo de a ver a quién elijo y cuando vio que Jose estaba hablando con Belén tan alegremente, casi le da algo. Sin pensárselo dos veces se levanta y se acerca a la parejita.

- ¡Jose!
- Que. – Le mira él con normalidad y sin sorprenderse.
- ¿Qué haces?
- Hablar con mi amiga.
- ¿Y cómo se llama?
- Belén. Pero si querías preguntarme eso no tenías porque salirme por ahí.
- Bueno, y esta chica ¿Quién es? – Le pregunta la otra.
- Es Laura.
- Encantada. – Dijo Laura con una sonrisa irónica en la cara.
- Lo mismo digo.
- Oye, ¿Vamos a tomar algo? – Dijo Jose muy alegremente.
- Vale – Dijeron las dos a la vez. Sin conocerse ya eran rivales.
- Bueno, pues vayamos al chiringuito.- Mira a Laura que sigue mirando mal a la otra – Laura, muévete.

Cada una se puso a un lado de Jose, mientras paseaban se miraban mal de vez en cuando. De pronto cuando estaban a mitad de camino, Jose se paro en seco. Y les dijo a ellas que le esperaran un momento porque tenía que volver a por el dinero que se había dejado. Ellas fueron hasta el chiringuito bien separadas, tanto que cada una se sentó en una mesa.
Cuando llego Jose, no sabía que hacer porque veía a las dos chicas bien separadas y cada una en una mesa. Pago los helados de ellas y después el suyo. Y les dijo:

- ¿Qué hacéis si mi idea era tomárnoslo por el camino hasta la escollera?

Ellas se levantaron rápidamente al oír eso, y se pusieron de la misma manera que habían ido, cada una a un lado de Jose.
Una vez llegaron a la escollera, fueron atravesando una a una las rocas. Laura sin ayuda, pero Belén preciso la ayuda de Jose para ir pasando, más por fingir que lo hacía mal, que por otra cosa. Laura se había situado en una de las rocas del final, estaba sentada en la parte más plana.
Jose, cuando terminó de ayudar a Belén, fue hasta donde estaba Laura. Y se sentó a su lado, poniéndole la mano en el hombro.
Ella se sonrojo y se sintió muy feliz. Felicidad que duro poco, porque Belén se cayó aposta para volver a atraer la atención de Jose. Y éste no tuvo más remedio que levantarse a ayudarla y llevarla hasta donde estaba con Laura.
La sentó a su lado, esto enojo a Laura, quién se levanto y se fue de allí corriendo. Jose, confuso, se levanto y le siguió dejando a la otra tirada. Belén le gritaba para que volviera, pero él ni se giró.
Cuando al fin logró alcanzar a Laura, agarrándola del brazo, ya estaban delante de sus cosas, con su madre ya recogiendo las cosas para subir a la piscina. Isabel les miro extrañada. Jose, soltó a Laura y se puso a recoger lo suyo.
Laura no sabía que pensar, sólo se sentía confundida y rabiosa. Una cosa tenía clara, no iba a dejar que ninguna petarda le quitara a Jose durante el tiempo que le costara aclarar sus sentimientos.
Una vez recogido todo, subieron a la piscina. Al llegar allí, se ducharon y se dieron un chapuzón rápido en la piscina porque ya era tarde. Después cuando estuvieron secos subieron al apartamento a cambiarse de ropa y a comer. Isabel había dejado la comida hecha.
Se sentaron a comer, Jose no había dicho nada desde que la había cogido del brazo, y ella tampoco le había dado oportunidad de hacerlo, mas bien se había mostrado esquiva con él. Se sentía mal e inquieta, le miraba de vez en cuando, intentando que él no se diera cuenta. Estaba nerviosa, no sabía que hacer o que decir.
Por una parte se sentía orgullosa y feliz de estar en el apartamento de su novio, pero por otra se sentía mal porque no tenía claros sus sentimientos y pensaba que no se merecía estar allí con él. De repente, Isabel la miro extrañada.

- Laura, ¿Qué no tienes hambre o es que no te gusta? – Le dijo a Laura, quien tenía el plato lleno y estaba jugando con el tenedor dando vueltas a los espaguetis.
- Claro que me gustan, lo que pasa es que no tengo hambre.
- Pues vaya, así no tendrás fuerzas para nada. Tienes que comer si después quieres ir a algún sitio.
- Mi madre tiene razón, tienes que comer algo si quieres venir a la bolera. – Jose, le sonríe y le guiña un ojo.
- Pues comeré mucho. – Y empieza a devorar la comida, contenta de oírle decir eso.
- El monstruo de los espaguetis.
- ¡Cayae! Onfo (Traducción: ¡Cállate! Tonto)
- Con la boca llena no se habla. – Ella se traga la comida.
- Mira quien habla. – Le dice Laura irónicamente.
- Voy a sacar el postre. – Dijo Isabel para cortar la discusión, antes de que su hijo le replicara.

Se levanto y se fue a la cocina, mientras ellos dos se terminaban los espaguetis. Sin darse cuenta, al estar uno delante del otro, empezaron a correr para ver quien se los terminaba antes. Al llegar Isabel y verles comer así, dejo caer de un golpe el plato de la fruta encima de la mesa, y ellos casi se atragantan. Laura se trago lo que tenía en la boca, mientras Jose seguía masticando.

- ¡He ganado! – Dijo con alegría ante la indiferencia de la madre de Jose y la sorpresa de Jose, que casi se atraganta.
- (Tose) Pero, ¿Cómo?
- Ja, ja. Has perdido.
- Que bruja estás hecha, seguro que has hecho invisible la comida o la has tirado por la ventana.
- Pues no, porque me la he comido toda. Y por cierto, estaba muy buena, señora cocina muy bien.
- Gracias.
- Mamá, es el mejor plato que he comido nunca.
- Señora, su comida es de cinco tenedores.
- Me alegro.
- Mamá, esta bruja exagera.
- No me llames bruja.
- Hijo, ¿No será que intentabas competir con ella para ganar una apuesta?
- No, sólo es que me gusta…
- Discutir con ella, a ver quien puede más.
- Tu madre es inteligente, sin embargo tú eres tonto.
- Tus palabras me halagan enormemente. – Dijo Jose de broma.
- Me alegro.

Una vez terminaron de comer, ayudaron a recoger la mesa y se fueron a hacer un rato la siesta. Aunque Laura, como se aburría fue al cuarto de Jose sin que la madre de éste se diera cuenta. Entró en su habitación, y lo vio acostado en su cama. Estaba tumbado escuchando música y no se había enterado de que Laura había entrado, porque además miraba al techo sin enterarse de nada.
Laura, aprovechándose de la situación, abrió el armario y empezó a toquetearlo todo, había pantalones, camisetas en los estantes y en los cajones… Para ella eso no era nada interesante, así que fue a mirar la cajonera que había delante del armario y al lado de la estantería. Abrió los cajones y allí encontró los pijamas, los calcetines y la ropa interior de Jose, incluyendo los calzoncillos.
Llevaba ya un buen rato escudriñándolo todo, cuando Jose pensó que era su madre y que ya se estaba pasando tanto toquetear las cosas, así que se sentó en la cama en un lateral y…se quedó de piedra. Era Laura quien estaba tocándolo todo, ella al ver que él le había descubierto, dejo los calzoncillos que tenía en la mano en el cajón y lo cerró todo.
Jose se quito los auriculares, se dejo el mp3 encima de la cama y se levanto. Fue hacía ella y se puso justo enfrente sin dejarla pasar. Ella no sabía que hacer. El la miraba serio y como pensando: “Esta tía no piensa”. Ella le miraba como esperando una reacción por parte de él.
El, le hizo sentarse en su cama, y una vez juntos, uno al lado del otro, le dijo:

- Es que no tienes remedio, eres así y ya está
- Es que no me prestas atención…
- ¿Ah no?, pues ahora verás tú lo que es bueno…

Y la empezó a besar apasionadamente, la tumbó en su cama (cara a la almohada) y ella se relajo. El la empezó a besar por el cuello, ella empezó a sentir calor. El corazón le iba a mil por hora, a él también. Sin saber por qué, ella deseaba que el tiempo se parara, justo en el momento en que los labios de Jose volvieron a rozar los de ella.
Empezaron a acariciarse todas las partes del cuerpo que podían, el muslo, la espalda, las manos, los pies, las piernas, todo lo que para ellos parecía legal tocarse sin llegar a excitarse. A pesar de eso, Laura empezó estirar la camiseta de él hacia la cabeza de éste para quitársela, y terminó quitándosela; Jose por su parte empezó a hacer lo mismo con la camiseta de tirantes que llevaba Laura, se la estiro hacia arriba y se la quitó. Ella quedó en sujetador blanco.
Se miraron fijamente mientras Jose le acariciaba a ella la cara con la mano izquierda, ella estaba debajo de él, y Jose estaba encima de ella. Jose le dijo: Laura, te amo; y ella le dijo: “Yo también te amo” Después de esto se dieron un beso apasionado que duro bastante tiempo.
Pronto se separaron y se dieron cuenta de que estaban sudados, Jose se fue a buscar una toalla para Laura, quien iba a entrar a la ducha para ducharse. Sin embargo, ella cometió el error de quedarse en sujetador y bragas en el cuarto de él. Cuando Jose le entró la toalla, ella se sonrojo y sobresalto. Cómo se le había ocurrido desvestirse completamente en el cuarto de él.
Jose observo el cuerpo esbelto y perfecto de ella, de los pies a la cabeza. Ella le cogió la toalla de entre las manos y se la enrollo en el cuerpo. De repente, Jose al oír los pasos de su madre puso el pestillo. Laura se asustó. Por lo visto la madre de Jose no dio importancia a lo que estuvieran haciendo ellos.
Laura aparto a Jose, quito el pestillo, cogió su ropa y con la toalla encima se fue a darse una ducha. Jose hizo lo mismo que ella, sólo que espero a que ella terminara.
Una vez se ducho ella, entró él. Cuando hubieron terminado los dos y estaban vestidos salieron a la terraza tomar el aire. Al momento llegó el padre de Jose que volvía de trabajar. Isabel no entendía porque se sentían así tan nerviosos y vergonzosos entre sí. Pasaron el resto de tarde sin hacer nada y sin ganas de nada, pensaban y nada más.

CONTINUARA...
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Notapor Meiko Akizuki » 01 Dic 2006, 17:37

Continuación:

Jose, antes de cenar encendió su móvil y vio varias llamadas perdidas de sus amigos. Después de esa pequeña experiencia, Laura se dio cuenta de que ahora amaba a Jose, ya no quería a Toni. Le daba igual lo que hiciera el otro, ella quería a Jose. Cenaron en silencio sin decirse nada, a pesar de eso, el padre de Jose miraba a su hijo veía que en él había habido un cambio, pero no sabía si era bueno, malo o simplemente se lo estaba imaginando.
Isabel miraba a Laura y notaba lo mismo. Pero no sabían que podría haber pasado, los veían diferentes y no sabían por qué. Al terminar de cenar, ayudaron a recogerlo todo, y Laura y Jose bajaron la basura. Una vez la tiraron en los contenedores, decidieron irse un momento a la playa, ver el mar y a la luna reflejada en él.
Cruzaron la calle, y cogidos de la mano bajaron las escaleras hasta la playa. Estaba desierta, no había nadie. Se quedaron de pie frente al mar, mirando la luna y viendo llegar las olas que les bañaban los pies (Se habían quitado las sandalias de playa).
Miraban fijamente al mar, y se dieron cuenta de que desde la tarde no se habían hablado. Uno de los dos debía romper el hielo. Jose se armó de valor y dijo:

- Que luna más bonita, ¿verdad?
- Sí, la luna creciente es la más bonita de todas.
- Laura, ¿Te arrepientes de lo que hemos hecho?
- En absoluto, me ha encantado. Aunque otra vez podríamos haberlo hecho más seguido y sin estar tu madre en casa.
- Tienes razón.

Ella apoyo su cabeza en el hombro de él, y él le puso el brazo por detrás y la mano en el hombro Y de esa forma continuaron observando la inmensidad del mar, mientras la brisa marina les daba en la cara y las olas les acariciaban los pies.
Se sentían felices y querían que esa felicidad les durara siempre. Aquella noche dieron un largo paseo por la playa hasta el chiringuito más próximo que encontraron, había música y gente joven para más ambiente. También estaban los amigos de Jose, que habían ido allí al recibir el sms de este último.
Jose les presento a Laura, a todos y ella enseguida hizo migas con ellos y con unas chicas que les acompañaban. Sin embargo, cuando la presentaba Jose cometía el error de no decir que era su novia dando por hecho que los demás tenían dotes adivinadoras y lo sabían.

- Bueno, ¿Quieres un cubata preciosa? – Dijo a Laura, un chico que se llamaba Alex.
- Vale, pero que no sea muy grande.
- ¿Cuántos años tienes?
- Mañana hago diecisiete.
- Vaya, entonces eres un año menor que yo. Bueno…
- ¿Qué pasa? Si sólo nos llevamos un año... No entiendo la manía de algunos hombres por la edad…
- Si no pasa nada, en serio, sólo que me ha sorprendido. Claro que a estas alturas ya bebe todo el mundo.
- Sí, tienes razón.
- Por cierto, ¿Tienes novio?
- Sí, que tengo.
- Vaya que pena. ¿Y cómo se llama?
- Jose.
- ¿Jose es tu novio? – Dijo mientras señalaba a Jose, el cuál ya andaba un poco bebido.
- Sí, porque sino fuera así yo ya estaría veraneado con mis padres en Nueva York.
- ¿Eres de Nueva York?
- Sí, yo soy norteamericana.
- Pues hablas muy bien el español, ¿Cuántos años hace que vives aquí?
- No llega a un año, sólo este curso.
- Entonces se te dan bien los idiomas.
- Sí, hasta yo misma me sorprendo, sin embargo estuve desde los doce años estudiando español en una academia de idiomas. Y por otra parte, mi barrio es latino, así que no tengo problema.
- Genial, me encanta.
- Y también sé francés tanto hablarlo como escribirlo.
- Eres increíble.
- Gracias – Y ella le sonríe, en ese momento Jose les mira de reojo y siente algo de celos. Deja la copa en la barra y va hacia ellos.
- ¿Qué estáis haciendo?
- Estamos hablando – Dijo Alex todo contento.
- Pues a mí no me parece bien.
- Jose, cálmate que llevas unas cuantas copas de más y no sabes lo que dices – Dijo Laura algo bebida también, como todos los de allí, pues ya eran las dos de la mañana.
- Déjame, yo voy a matar a este tío. – Dijo Jose mirando violentamente al otro chico, mientras los demás formaban un corro alrededor de ellos.
- Jose, amigo ¿No irás a…? – Y Jose se abalanzó sobre él, y empezó a arrearle patadas y puñetazos. El otro por su parte se defendía y se los devolvía.
- ¡Jose! Tranquilo hombre, que es de noche, es ya muy tarde y no es momento para peleas… - Dijo Laura sin saber muy bien lo que decía.
- Vamos a separarles, chicos. – Dijo Juan, otro de los amigos de Jose. Pero nadie parecía hacerle caso, ya que unos animaban a Jose y otros a Alex.
- ¡Jose vamos a por él!
- ¡Alex sigue así!

La pelea se incrementaba por momentos, y ninguno de los dos parecía tener ganas de parar. Laura, borracha como estaba y siendo más o menos consciente de la situación dijo gritando con voz potente:

- ¡SI NO LOS SEPARAIS OS JURO QUE LLAMARE A LA POLICIA! ¡Y OS ACORDAREIS DE MI TODA VUESTRA pu** VIDA!

Sin saber cómo, todos se callaron; y Jose y Alex dejaron de pegarse. Todos la miraban a ella, que tenía en móvil en la mano derecha que además tenía ese brazo alzado, y la mano izquierda en la cintura (formando el brazo izquierdo un triángulo con el cuerpo). Ella se sonrojo más de lo que estaba, pero aún así se acerco a Jose, lo cogió del brazo y se lo llevo de allí arrastras.
A mitad camino cuando él se incorporo minimamente, empezó a caminar un poco mejor por su propio pie. Laura estaba enfadada por lo ocurrido, pero al estar bebida apenas se le notaba. Jose tenía moratones en la cara y en otras partes del cuerpo como en la pierna y en el brazo.
Una vez llegaron a la puerta de entrada al bloque (Ya habían entrado por la del recinto), Laura le cogió a Jose la llave del bolsillo para abrirla. Jose parecía no saber donde estaba, y Laura que parecía medio cuerda, medio borracha, sí lo sabía.
Abrió la puerta, recorrieron el pasillo hasta el ascensor, se subieron en él y al llegar al piso, ella no sabía que letra era, pues no se acordaba. Así que decidió preguntárselo a Jose, antes de ir probando puerta por puerta.

- Oye, Jose. ¿Qué portal es el tuyo?
- El de en medio, creo…
- Perdón, quiero de decir, ¿de todas esas cuál es la tuya? – Dijo señalando las puertas.
- Pues… ninguna, si yo no sé que hago aquí…
- Estás en tu apartamento, en tu piso y delante del ascensor.
- ¿Y?
- ¿Qué letra es la tuya?
- La O positivo.
- No te he preguntado tu grupo de sangre, sino tu puerta.
- Ah! Pues creo que es la Q. ¿No?
- Pues, me suena, puede que tengas razón…
- Tú nunca me darás la razón, ¿Verdad?
- Pues no, pero vamos a buscarla. ¿Por dónde estaba?
- Por la derecha.
- Lo dices muy seguro, vamos a probar.
- ¡Mira es esta! – Dijo Jose mientras señalaba la una puerta.
- No, te has equivocado. Esa es la letra C.
- No es la letra Q.
- Perdón, es la O. – Dijo Laura mirando la letra, que en realidad era la U.

Y dejaron esa puerta y fueron a la siguiente. Y así sucesivamente, y cuando ya se habían dado por vencido vieron que les faltaba una puerta. Fueron hasta ella y como siempre no se pusieron de acuerdo, pero ella probó la llave y encajaba. Era la Q, finalmente la habían encontrado.
Abrieron la puerta, entraron en el piso. Laura llevo a Jose a su habitación (a la habitación de ella sin darse cuenta) y se acostaron los dos en la cama de ella. Cayeron en redondo, se durmieron enseguida.

FIN CAP.12 PROX EL 13 [king]

YA SÓLO ME QUEDAN 8 CAPITULOS POR PUBLICAR. :plas:


[wave]
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Notapor Meiko Akizuki » 11 Dic 2006, 16:15

Capitulo 13: Planes de cumpleaños

Aquel 17 de julio, el padre de Jose se levanto como todos los días para irse a trabajar, pero al pasar por delante de la habitación de su hijo, vio la puerta abierta de par en par, persiana levantada, la cama hecha y se sorprendió porque su hijo no estaba. Sintió curiosidad y dándose media vuelta fue a la habitación de invitados, en la que dormía Laura.
Entro y vio a la chica profundamente durmiendo y a su hijo en el suelo de la habitación, con un cojín de almohada. El señor Matsura no entendía nada, sólo sabía que la habitación apestaba a alcohol, que los dos estaban durmiendo, una en la cama y el otro en el suelo.
Salió de la habitación y se fue a desayunar. Cuando se fue volvió a asomarse a la habitación, y los vio tal cual los había visto antes, sin ningún cambio. Y se fue a trabajar, pensando en cómo podrían haber acabado de esa forma.
Horas más tarde, cuando se levantó Isabel, se asomó a la habitación de invitados y vio la misma escena que había visto su marido, casi le da algo. Pensó que eran demasiado jóvenes para dormir en la misma habitación y que eso no debía volver a ocurrir en los cuatro días de estancia que le quedaban a Laura. Además no quería que su hijo echara a perder su futuro…
Aquel día salían los aceptados en la universidad, y tenían que comprar el periódico. Así que Isabel cuando a las doce se disponía a bajar a la playa cogió dinero para comprarlo. Se asomó de nuevo a la habitación y observó como su hijo y Laura seguían durmiendo.
Cuando volvió, eran las dos y media, y ellos aún dormían. Ella pensó que eso ya era demasiado y decidió despertarles. Empezó por su hijo, que se despertó veinte minutos después de que su madre empezará a intentar despertarle. Le dolía la cabeza, y era normal después de haber bebido tanto y de haberse caído de la cama…

- ¿Qué haces mamá? Aún es temprano…
- Hijo, son las tres del mediodía.
- ¿En serio? Vamos, estás de broma…
- No estoy de broma, y por cierto estás en la habitación de tu novia.
- ¡Ah! Pues no sé cómo he terminado aquí…
- Deja ya de bostezar, vete a lavarte la cara y despierta a Laura.
- De acuerdo, ya lo hago.
- Y una vez lo hayas hecho todo, incluido darte una ducha y cambiarte de ropa, quiero que salgas a comer.
- Bien, ya lo hago. (Isabel se va de la habitación y Jose empieza a intentar despertar a Laura)
- (Se pone de rodillas, en paralelo a la cama y empieza a despertarla) Laura, despierta que ya es de día. Vamos que a la noche no dormirás…
- Jose, déjame dormir. – Le dijo Laura medio dormida.
- Cariño, son las tres del mediodía.
- ¡Ah! – Ella se levanta de un salto, coge una toalla, se encierra en el baño, se lava la cara y se ducha.
- Es increíble para ella la higiene es lo primero.

Una vez terminó de hacerlo todo, se fue a su habitación a vestirse. Y era el turno de Jose, Laura por orden de Isabel dejo sus sabanas para lavar y puso otras nuevas que le dio esta última.
Cuando Jose finalizó todo lo que tenía que hacer se sentó a la mesa a comer algo, tanto él como Laura, les dolía la cabeza y no recordaban como habían dejado el chiringuito y volver sanos y salvos al apartamento. Una vez terminaron de comer, Jose revisó la lista de admitidos en la universidad.
Vio que había sido aceptado en Administración y dirección de empresas que era lo que él quería, así que se sentía satisfecho. Se tomaron los dos una aspirina, y se sentaron en los sillones de la terraza aún medio zombis.
De repente Laura recordó que era su cumpleaños y que Jose no le había felicitado. Así que se lo hizo saber.

- Jose.
- Que.
- Hoy es diecisiete de julio.
- ¿Y?
- Pues que hoy hago diecisiete.
- Laura, aún estás borracha. No hagas trabalenguas.
- Hoy es mi cumpleaños, imbécil.
- ¡Ah! Vale, ya entiendo. Pues felicidades cariño.
- Gracias. – Y se dieron un besito.
- El mío es el día veinte de julio.
- Vaya, los dos somos cancer.
- Pues sí.

Y después de esto, se echaron un poco la siesta en los dos sillones para ver si se les pasaba el dolor de cabeza. Se habían acostado a las tres y media de la mañana borrachos y se habían levantado casi doce horas después. Ellos no sabían que pensar. Eran ya las cuatro de la tarde, cuando se oyó abrirse la puerta de la entrada, el padre de Jose había llegado.
Isabel salió a recibirle, él dejo las cosas como de costumbre, se puso ropa cómoda y salió a la terraza con su mujer. Los chicos seguían tranquilos en los sillones, despiertos y mirándoles con indiferencia. El señor Matsura se había puesto serio, y les miraba con firmeza.

- Hijo, ¿Qué hicisteis anoche?
- Anoche, a ver, pues fuimos al chiringuito, bebimos, reímos y volvimos.
- Jose, ¿Qué parte de la pregunta no entiendes?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Qué estabas haciendo en la habitación de tu novia?
- No lo sé, yo me he sorprendido tanto como tu.
- Bueno, ¿Y tú Laura me lo sabrías explicar?
- No me acuerdo de nada, lo siento.
- Otra cosa, hijo ¿Cómo explicas esos moratones que tienes en la cara?
- Creo que me estuve peleando con alguien, pero no recuerdo muy bien con quién ni por qué…
- Pues vaya, de momento sólo os digo que lo que queda de semana os prohíbo salir los dos solos por la noche, y por la tarde podéis salir pero acompañándoos alguien, vosotros solos no.
- Pero, papá…
- Nada de peros. Esto no quiero que vuelva a pasar. ¿Está claro?
- Sí, señor. Esto… lo que Jose quiere decir es que hoy precisamente es mi cumpleaños.
- Vaya, pues felicidades. – Y se retiró, sin decir nada más.


Los dos se quedaron con cara de tontos, la madre de Jose se quedo seria mirando a su marido, que de espaldas a ellos se iba hacia a ver la tele. Se sentó en el sofá y empezó a pensar.

Pensamientos del padre de Jose

“Si le prohíbo a esta chica salir el día de su cumpleaños se lo dirá a su padre, quedaré como un tirano y mi hijo no me hablará en una semana. No sé que pensar, puede que Arturo me lo agradezca si les perdono el día del cumpleaños de su hija… Pero no sé, por otra parte lo que han hecho está mal…bueno voy a perdonarles, están enamorados, es por un día y si rompen algún día no quiero que la chica me recuerde como el padre más tirano y dictador del mundo…Y mi hijo quiero que se sienta orgulloso de mí, así que les perdonaré este día y… ostras…el domingo es el cumpleaños de Jose… pues ese día también, bah, se lo perdono todo y ya está”

Fin de los pensamientos

Sin decir nada, el padre de Jose se levantó del sofá y se dispuso a salir a la terraza para hablar con ellos dos. Les dijo que les perdonaba y que quedaban libres de hacer lo que quisieran por las tardes pero que por la noche sólo podían salir hasta la una.
Tanto Laura como Jose mostraron su alegría pero también algo de decepción al oír esas palabras. De pronto Jose se levantó del sillón de donde estaba sentado, cogió del brazo a su madre y los dos se metieron en la habitación de matrimonio para hablar.
Laura se sorprendió, pues ella esperaba salir con Jose a dar una vuelta. Mientras ella estaba sentada en el sillón esperando a Jose más aburrida que una ostra, éste mantenía con su madre una interesante conversación.

- A ver si lo he entendido, quieres avisar a todos vuestros amigos comunes, a los hermanos de ella, y a no se cuántas personas más para celebrar tu cumpleaños y el de ella conjuntamente. ¿No es así?
- Sí, y ya que para mí no será una sorpresa espero que lo sea para ella.
- Entonces lo haremos el domingo veinte de julio por la tarde…
- Sí, y vamos a empezar a llamar a todos. Así que ayúdame, mamá.
- Vale, como quieras hijo.

Dicho esto, cogieron sus respectivos móviles y mientras Jose le iba apuntando números a su madre, ésta llamaba y daba la explicación. John le dio a Jose un par de móviles que él no tenía por diversos motivos, y Esmeralda les dio algunos de amigas de Laura.
Habían decidido hacerlo en la villa que había entre el segundo y primer bloque de pisos de los apartamentos de Jose. Allí no vivía nadie y se utilizaba para cumpleaños, aunque en su parte trasera vivía el portero con su familia, en la parte de delante no molestaban.

CONTINUARA...
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 16 Dic 2006, 14:38

Continuación:

La noticia gracias a los móviles se fue corriendo como la pólvora, sólo faltaban algunas confirmaciones de asistencia a los cumpleaños. Entre los invitados estaban los hermanos de Laura, John, Blaine, Belinda y Esmeralda. Aunque había muchos más como los amigos de Jose del apartamento y alrededores de allí…
Esa tarde, cuando terminaron de enviar mensajes y con las confirmaciones de los asistentes, Jose fue a buscar a Laura, quien estaba en su habitación y acababa de hablar con su padre por teléfono.
Le pregunto si le apetecía darse un baño en la piscina, a lo que ella contesto que sí. Se pusieron el bañador y bajaron juntos a bañarse. Se ducho, en una de las duchas auxiliares y se tiro de cabeza a la piscina para nadar, mientras Jose la observaba desde el banco de piedra blanca.
Ella nadaba rápida y veloz, con bastante agilidad entre algunas personas que también se estaban bañando. Jose la miraba y pensaba en sus cosas, cuando ella salió del agua y toda mojada se acerco a él. Ella le dijo que entrara que el agua estaba muy buena, que no estaba ni fría ni caliente, era una temperatura ideal.
El clavo su mirada en ella, se levanto del asiento y con una sonrisa se fue a la ducha para entrar en la piscina. Primero se puso de cuclillas y después dio un salto y entro en el agua. Mientras tanto, ella le esperaba.
Fueron a la parte más honda y empezaron a jugar, a ahogarse y esas cosas. Cuando se cansaron, se pusieron a competir para ver quien nadaba más rápido y ganaba.

- Laura, haces trampas.
- No, eres tu el que las haces.
- Cariño… perdona pero eres tú, la que se pega a mí y me entorpece el nado para que no pueda nadar bien.
- Bueno, quizás tengas razón.

Y empezaron a tirarse agua a la cara, a ver quien podía más. Como dos niños. Cuando por fin se cansaron, salieron del agua, se ducharon para quitarse el cloro y se secaron con la toalla, mientras permanecían sentados en el banco.
En eso, se acercaron unos amigos de Jose de allí. Ellos se quedaron en perpendicular a ellos, observando a Laura. Ella parecía relajada, mientras que Jose parecía nervioso.
Entonces se aproximaron un poco más a la pareja y se les plantaron delante y en los lados. Jose levanto la cabeza les miro, como diciendo: “Me molestáis”. Uno de ellos, que se llamaba Juan rompió el hielo.

- Bueno, Jose. No nos has presentado aún a tu novia.
- Es verdad, vamos preséntanos a este bomboncito. – Dijo Armando, otro de sus amigos.
- Gracias por el cumplido. Yo me llamo Laura. (Dijo a la vez que se ponía de pie)
- Encantado, yo me llamo Juan.
- Y yo Armando.
- Oye, y nosotros ¿qué?
- Ah! Bueno, estos son Paola, Bárbara y Borja,. – Aclaro Armando.
- Bien, encantada.
- Jose, di algo hombre. No te hagas el vergonzoso. – Le dijo Borja.
- A él lo que le pasa, es que es posesivo. – Dijo Juan.
- Sí, quiere a Laura para el solito. ¿No? – Opinó Bárbara.
- ¡Callaros! – Exclamo Jose.
- Vale, tu tranquilo. Que nos vamos y os dejamos solitos, que sólo queríamos conocerla. Ah! Por cierto, felicidades Laura. – Dijo Juan.
- Que rápido corren las noticias…- Dijo Laura sorprendida.
- Sí, es cierto. Yo también te felicito, y que cumplas muchos más. – Dijo Paola.
- Adiós hasta la próxima. – Se despidió Juan.
- Adiós, hasta otro día. – Dijo Laura, alegremente.

Y se fueron, dejándolos solos de nuevo. Se iban cada uno a su casa a cambiarse de ropa pues todos iban en bañador o bikini en ese momento, con una toalla en el hombro o debajo del brazo. Ya que se habían bañado con anterioridad. Sus toallas estaban mojadas y sus bañadores húmedos.
Bárbara era una chica de pelo rubio de rizos definidos, ojos marrones, cara alargada, nariz robusta, de tronco era ancha, pero delgada. Era alta, y con estilo propio. Bárbara era estudiosa y responsable.
Borja era su novio. Un genio de la informática y de las matemáticas, estudioso igual que ella, pero no tan responsable. Era un payaso bromista y juguetón. También cariñoso y atrevido. En fin, alto, delgado, moreno con el pelo corto en puntas, como se llevaba, y ojos marrón oscuro.
Paola, era una chica con clase. Castaña, ojos marrones, era guapa, llevaba gafas de vez en cuando debido a su miopía, delgada, decidida y una chica guay. También era estudiosa, al igual que Bárbara sacaban muy buenas notas y eran muy amigas. Era más baja que Bárbara.
Armando era rubio, llevaba gafas, ojos azules, pelo como el de Borja. Era el más bajito del grupo. También era trabajador, estudioso y simpático, aunque un poco raro y tímido.
Y por último Juan, que era el novio de Paola. Era el más alto de todos, el más extrovertido, tan guapo como Jose, con músculos, ojos verdes y moreno. Era un chico simpático, romántico pero con muy mala leche. No se podía contener ante algo que le hubiera salido mal. Lo último que había hecho era romper de un par de golpes su guitarra, con la cual deleitaba a sus amigos de vez en cuando.
Añadir que ese día no habían dicho a Jose de salir porque iban a comprarle el regalo de cumpleaños a él y quizá algo a Laura.

- Jose, tus amigos me han causado una buena impresión. Sabes elegirlos.
- Gracias, pero en el fondo son tan sinvergüenzas o más que John.
- John… ¿El que yo conozco?
- Sí, el chico que lo es todo menos amigo.
- Lo que tú digas. Pero yo creo que le aprecias mucho.
- Bueno vale.
- Lo estado pensando, y me da rabia, que te vayas justo el día de mi cumpleaños.
- ¿Naciste el veinte de julio?
- Sí, además ya te lo había dicho esta mañana.
- Tienes razón.
- Tan joven y ya padeces amnesia.
- ¡Jose! Ser despistada no significa tener amnesia, tonto perdido.
- Vale, perdona…
- Jose, ¿Nos subimos ya?
- Por mí bien, yo ya estoy seco.
- No lo decía por eso, lo decía porque me apetecía que fuéramos a dar una vuelta o un paseo por ahí.
- Vale, entonces vamonos.
- ¿Eso significa que te parece bien?
- Sí.

Se levantaron del banco y se fueron a toda prisa a cambiarse, pues Jose ya estaba deseando dar su particular paseo romántico, mientras Laura tenía otra idea bien distinta a la de Jose sobre el paseo.
Subieron al ascensor, llegaron al piso, entraron en el apartamento después de abrir la puerta. Laura entro en su habitación, Jose en la suya. Laura se puso una falda en tonos azules que le llegaba por las rodillas, era de esas de varios pliegues y volantines que se llevaban. En la parte de arriba se había puesto una camiseta escotada de tirantes, azul celeste estampada, toda ella del mismo color.
En los pies llevaba, unas zapatillas azules de playa, en las que hay un palito entre el dedo gordo del pie y el dedo índice del mismo.
Y Jose llevaba unos pantalones pirata beige, una camiseta verde claro, y zapatillas de playa de las que sujetan el pie por detrás con una tira y encima del pie hay dos igual que ésta. Jose se había peinado y puesto colonia y ella también, pero esta vez se lo había dejado suelto para que se le secara.
Dijeron adiós a los padres de él, y se fueron. Al salir del recinto, Laura dijo de ir hacia el Eurosol. Y así lo hicieron, aunque Jose más que en las tiendas, pensaba en el paseo que había luego. Fueron por la acera de la derecha, caminando juntos sin llegar a cogerse de la mano.
Y al llegar a una de las tiendas de ropa, Laura cogió a Jose de la mano y lo arrastro, mientras cruzaba la calle corriendo hacia una falda que le había gustado a simple vista. Era del mismo estilo de la que llevaba, sólo que era verde esmeralda y más larga.
Se empezó a poner faldas por encima y poder contar con la opinión de Jose, pero este no parecía convencerse por ninguna. Y siguió mirando, así estuvo por lo menos media hora y algo más.
Cuando Laura ya lo había visto todo, siguieron caminado, y volvieron a cruzar la calle. Y bajaron por unas escaleras hasta la heladería de la Jijonenca. Que hacía helados muy buenos. Laura se lo pidió de chocolate y caramelo y Jose de frambuesa y leche merengada. Los dos helados eran bastante originales.
Subieron esas escaleras y decidieron dar la vuelta una vez Laura hubo observado todas las tiendas en las que veía faldas. Al final no se compro ninguna, porque a Jose no le había parecido bonita ninguna. Y ella no estaba muy convencida.
Al volver, vieron una rampa que bajaba a la playa, y bajaron por ella. Vieron una larga tabla de madera bastante ancha que parecía llegar hasta la playa del apartamento de Jose, y fueron caminando cogidos de la mano. Se cruzaban con bastante gente, aunque nadie era conocido de ellos.
Una vez llegaron al final del recorrido, Laura se quito los zapatos y fue a la arena, dirigiéndose a la orilla del mar. Jose la siguió, aunque sin quitarse los zapatos. Los dos se quedaron mirando el mar, Laura parecía estar algo triste, porque tal y como era ella, el cumpleaños era algo muy importante para ella.

FIN CAP.13 PROX EL 14

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Meiko Akizuki
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