Lydia y los principes de los siete universos (TERMINADA)

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Notapor Meiko Akizuki » 23 Sep 2006, 14:01

En art y fanart, he puesto una web con dibujos de los personajes. De momento sólo hay tres, pero iré añadiendo. Visitadla si quereis ver los diseños que he hecho.

Este es el topic:

http://www.mangaes.net/viewtopic.php?t=36414


Que las disfruteis.
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 27 Sep 2006, 15:58

Continuación:

- Samar, lo siento. Tampoco, lo sé. Yo solo recuerdo que...oímos de pronto una voz...y alguien me pegó un golpe a la cabeza y yo me desmayé...no sé lo que pudieron hacer esos dos...pero ellos dos no fueron...
- A ver si les ha pasado algo... – Dijo Lara alarmada.
- Claro que les ha pasado algo...
- ¿Samar cómo lo puedes decir tan segura?- Le preguntó Orus.
- Porque están allí, los dos atados a dos palos de unos tres metros de alto y dormidos.
- ¿Quién les debe de haber hecho eso?- Dijo alarmado Marte.
- Vamos, a salvarles. – Dijo Lara.

Y fueron los cuatro con Set que tenía la cara llena de quemaduras, hasta donde estaban Lydia y Diamante. Cuando llegaron, vieron que estaban los dos llenos de quemaduras por todo el cuerpo y las ropas las tenían algo desgarradas y rotas.

- ¡Qué horror! – Exclamó Samar.
- ¿Quién puede ser tan cruel como para hacer esto? – Se extraño Lara, alarmada.
- Yo, yo no aguanto que mi novia me sea infiel con otro y mucho menos que vayan los dos cogidos de la mano.- Dijo Sagitario.
- Estás loco, ellos dos me parece que deben de haber cortado, porque sino fuera así Lydia no habría aceptado ser tu prometida. ¿No crees? – Dijo Samar.
- A lo mejor tienes razón, pero deben pagar por lo que han hecho. Atentar contra mi autoridad y mi orgullo, ¡A ver quiénes se han creído que son!

A Lara esa frase le llamó mucho la atención, porque ella meses atrás habría opinado exactamente igual que él, pero no lo había hecho aún. Algo parecido les pasaba a Set, Orus, Samar y Marte. Los cinco estaban sorprendidos de lo injustos que eran antes, pero antes de qué esa era la cuestión. Ahora ya no pensaban igual que antes de qué ocurriera algo, ¿Pero el qué?

- ¡Ellos tienen la misma dignidad y el mismo derecho que tu a la vida y a defenderse! ¡No tienes porque ponerles así de esa forma!
- Yo estoy de acuerdo con Samar. ¡Todos tenemos los mismos derechos! ¡O sea que Diamante tiene tanto derecho como tú a salir con Lydia!- Gritó Lara
- ¡Abre los ojos, Sagitario! ¡Un príncipe o un rey pueden tener una clase social alta, pero son igual de personas que un chico normal y corriente!- Le gritó Orus.
- ¡No digáis tonterías! ¡No tenéis razón en nada! ¡Esta chica os ha lavado el cerebro!
- ¡Ella nos ha abierto los ojos! – Exclamó Samar.
- Ella nos ha salvado de acabar aún más solos de lo que estábamos. Y tú no lo entenderás hasta que lo vivas. – Dijo Marte.
- Desátalos del palo. Por favor. – Dijo Marte.
- Está bien, pero solo desataré a uno de los dos.
- Pues, desata a Lidia.- Dijo Lara muy convencida.
- ¿Alguien está en contra?
- No. (Dijo después de haber mirado a sus compañeros.)
- Está bien, ahora la suelto. - Fue hacía ellos dos, y la soltó. Dejando a Diamante solo con las llamas – Aquí tenéis a la chica.
- Lydia.... – Dijo Set.
- A ver que podemos hacer...esta muy malherida...- Dijo Samar, la cuál estaba empezando a notar el cansancio que se siente después de utilizar a lo grande el cristal.
- Yo me encargo. Aún tengo las manos algo fresquitas. (Y Orus se las paso por las quemaduras que tenía en la cara, en los brazos y en las piernas).
- Parece que se recupere. – Dijo Lara
- Chicos... ¿Y Diamante?
- Sigue en el palo, pero tranquila. Pronto se librará de él. (Y vieron como Diamante se despertaba de golpe y como empezó a brillar una luz morada de su cristal, y como se salvaba de morir entre las llamas).
- ¡Bravo por Diamante! (Y Diamante se fue acercando a ellos, mientras Sagitario perdía la paciencia).
- ¡No vais a salir de aquí con vida!
- Eso no te lo crees ni tu. – Dijo Orus confiando en que alguien haría algo.
- ¡CRISTAL DEL FUEGO! ¡ACCIÓN! (Y del cristal de Marte salió una gran llamarada de fuego que fue rápida y directamente hacia Sagitario).
- ¡Nooo! ¡No lo voy a permitir! ¡Nadie se enfrenta al rey del universo negro y sale con vida!
- Pues creo que hoy va a haber una excepción.- Dijo Lara.
- ¡Allí esta la puerta! ¡Vamos chicos! (Y fueron todo lo deprisa que pudieron, hasta la puerta que les conduciría a la siguiente sala). – Dijo gritando Samar.

Llegaron hasta la puerta, con Sagitario pisándoles los talones. Vieron al hada, igual que las dos anteriores, pero esta vez tenía los ojos rojos. Y les hizo la pregunta.

- ¿Puede un habitante normal del universo del hielo sobrevivir en el universo del fuego sin ningún tipo de ayuda externa?
- No puede ni loco, los del universo del hielo no se han acercado nunca al universo del fuego.- Dijo apurado y deprisa Orus, de su propia cosecha.
- Respuesta correcta. Podéis pasar. – Y abrió la puerta.
- Como lo ha probado...
- Pues Marte, que sepas que no lo volveré a probar jamás... (Todos menos él, se rieron).
- ¿Nos vamos?
- Vale Set, yo por lo menos estaré encantada de quitarme a ese pesado de encima.
- Pues, vamonos. A la sala del viento. – Dijo orgullosa Lara.
- ¡Viva! Ahora pajaritos por aquí, pajaritos por allá....
- Hoy, Orus está muy gracioso.
- ¿Eso no era la letra de una canción?- Pregunto Samar.
- Pues sí, creo que tienes razón. – Opinó Lydia.
- Bueno, vamos a entrar. – Dijo Set.
- Que realistas son los que han hecho la sala, está todo perfecto. Solo espero que no se les haya ocurrido poner ningún huracán ni nada por el estilo...
- Transfórmanos, Lara.
- ¡CRISTAL DEL CIELO! ¡TRANSFORMACION!

Y todos quedaron transformados en hombres y mujeres pájaro. Menos Orus que había sido transformado accidentalmente en un pájaro.

- Lara... ¡Me las vas a pagar! – Dijo Orus furioso.
- Disculpa, no me había dado cuenta.
- Sí, claro. Lo has hecho a propósito.
- Pues no lo he hecho a propósito.
- ¿Serías tan amable de transformarme en hombre-pájaro?
- Por supuesto, mi príncipe.

Y cuando Orus ya fue un hombre-pájaro y no un pájaro. Todos ellos transformados en hombres y mujeres pájaro tenían las plumas del color de su pelo, los ojos de su color original, los pies eran como los de un pájaro. Decir que había diferencias entre sexos como que en la cara los hombres tenían un pico enorme y ellas lo tenían pequeño. También había otra, que los hombres tenían el pecho al descubierto y las mujeres tenían un sujetador mágico que se lo tapaba. Lara era una excepción porque tenía el uniforme de princesa de su universo, al igual que les había pasado a Samar, Orus y Marte cuando los habían transformado a todos conjuntamente.
Se pusieron en camino, no sabía que prueba debían pasar. Solo sabían que hacía mucho viento y que les costaba bastante avanzar, aunque pudieran esquivar un poco el viento. En la sala solo había tierra, no habían árboles ni plantas. Solo piedras y tierra. Todas medían lo mismo.
Ellos siete aunque no dijeran nada, ya empezaban a notarse el agotamiento en el cuerpo, unos por usar su cristal con más de una persona (Cosa que nunca habían probado), otros por correr y otros simplemente por andar sin descanso.
Al llegar a la mitad de la sala, Samar se cayó al suelo. Estaba agotada, al igual que sus otras dos compañeras (pues los hombres tienen más resistencia que las mujeres, ya que tienen los músculos son más grandes que las mujeres).

- ¿Y si hiciéramos un descanso? – Sugirió Lydia.
- Por mí bien, porque ya empiezo a estar un poco cansado. – Dijo Orus.
- Y pensar que solo llevábamos hechas tres pruebas. – Dijo Marte.
- ¿Esta es la cuarta?
- Sí, Set. Es la cuarta. Y tengo que decir que se me está haciendo eterno.
- Va pensad que cuando pasemos está solo nos quedarán cuatro. Cuando al principio teníamos ocho. – Le respondió Samar, agotada casi sin voz.
- Va, chicos. Sigamos adelante. Pensad que finalmente encontraremos a la princesa que tanto nos está costando encontrar...
- Sí, Set es verdad que hemos estado meses y años recorriendo nuestros universos y montones de planetas, sistemas y galaxias enteras para acabar en el palacio del supremo... – Dijo Orus.
- ¿Por qué le llamáis supremo? – Pregunto Lydia por curiosidad.
- Es nuestra manera de distinguirle de los demás, así no tenemos que pronunciar su nombre. Nos da escalofríos. – Explico Samar.
- Vamos, y no habléis tanto.- Dijo Lara.

Y continuaron con su camino, y justo cuando llegaron al hada. Se empezó a formar un huracán muy grande. Ellos insistieron al hada para que les dijera la pregunta. El hada no podía hacer excepciones y no dijo nada. Lara invoco al poder de su cristal y elimino al huracán, haciéndolo desaparecer. Terminó agotada casi sin poder moverse, tumbada boca abajo en el suelo. El hada al ver superada la prueba, les hizo la pregunta.

- ¿Qué puede parar al viento?
- Nada puede pararle, el viento siempre soplará. Sin embargo el poder de los cristales reales, puede calmarlo.
- Respuesta correcta, podéis pasar.
De entre ellos, no había ninguno que no estuviera hecho polvo, Lara y Samar habían utilizado sus cristales y estaban agotadas además de malheridas, Orus y Marte más de lo mismo, y los otros tres tenían cortes y heridas por todo el cuerpo, a pesar de que todavía no habían utilizado sus cristales. Y pasaron a la siguiente sala. Esta intentaba imitar al universo de la magia. El universo de Diamante.

- ¡Qué guay! ¡Es como estar en casa!
- ¿Así es tu casa?
- Sí, más o menos.
- Parece sacado de un cuento de hadas.

En la sala se veían hadas, unicornios, cascadas, ríos, lagos, hadas, árboles frutales entre otro tipo de árboles. Era todo maravilloso. Pero todo se veía como muy grande, y es que era todo como en el planeta de los gigantes. Ahí estaba la prueba, en sobrevivir en aquella selva gigante que tenían por delante.
Vieron un lago y decidieron bañarse para curarse las heridas y lavarse. Al llegar al lago se metieron todos dentro de él e hicieron lo que habían pensado. A todos les escocían pero se aguantaban para que no se les infectaran.
Ellos estaban experimentando lo que es vivir sin lujos, durante el tiempo que estuvieran en esas pruebas iban a convivir juntos y a tener que cooperar todos juntos para poder superar todas las pruebas y dificultades que se les pusieran por delante.
Al terminar de lavarse, salieron del agua y Diamante utilizó su cristal para que pudieran pasar más desapercibidos en aquel lugar tan exótico.
Lydia fue transformada en un hada, Diamante en príncipe (con su uniforme), claro está. Orus en unicornio, Lara en ninfa, Samar en amazonas, Set y Marte en dos pegasos blancos.
Y todos juntos empezaron a caminar, trotar o volar hacía delante. Nadie se había dado cuenta pero Lydia volvía a tener el pelo por los tobillos y ella era la única junto con Set que aún no se había transformado ni había utilizado su cristal para nada.
El tiempo era ideal para todos, ni frío ni calor. Y corría una brisa primaveral de vez en cuando que era para ellos muy agradable.

FIN CAPITULO 7.
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Notapor Meiko Akizuki » 27 Sep 2006, 16:20

Capitulo 8: Las ocho pruebas del palacio de Ares y Hera (2ªparte)

Ahora estaban en la quinta sala, paseando no muy deprisa por aquel paraíso natural. Habían centauros, mujeres-yegua (por delante de cintura para arriba tenían cuerpo de mujer y de cintura para debajo de caballo, y por detrás tenían un culo y un abdomen como el de las yeguas), hombres-caballo (igual que las mujeres pero con los caballos), entre otros animales que iban apareciendo a medida que avanzaban.
Lidia y Diamante sin darse casi ni cuenta se cogieron de la mano y siguieron andando tranquilamente hacia la salida. Samar que se dio cuenta no sé explicaba en que estaban pensando, aquello no era un paseo romántico. Los demás sintieron celos de que estuvieran tan tranquilos y empalagosos.
Pronto Orus, Marte, Lara y Samar perdieron la paciencia al recordar que Lydia lo único que para ellos tenía de especial era que ella era Guerrero Estrella, por lo demás no tenía nada. Y guiados por la envidia y el odio intentaron separarles.

- Diamante. – dijo Samar.
- Que. (Se para y se gira, al igual que Lydia).
- ¿Cómo podéis caminar tan tranquilamente cogidos de la mano?- Pregunto Lara.
- ¿Te molesta? Es mi prueba y soy libre de hacer lo que quiera.
- Ten cabeza, esta es una prueba para estar unidos no para crear discordias o enemistades.
- Samar tiene razón, Diamante deberíais pensar en otra cosa.
- Orus, tu también. Pero, ¿Qué os pasa a todos?
- Nada, es solo que yo por ejemplo también tengo novia y no puedo disfrutar de ella tanto como tú.
- Pues habértela traído, Marte. Yo no tengo ninguna culpa.
- Diamante, creo que tienen parte de razón. Hay que permanecer unidos, si a ellos les molesta que vayamos cogidos de la mano pues nos soltamos y ya está.
- No quiero soltarte.
- No sé como puedes ir cogido de la mano de una plebeya.
- ¡Samar! ¡Yo voy cogido de la mano de quién me da la gana! ¡Y en este caso voy cogido de la mano de la persona a la que amo!
- Diamante... – Dijo Marte.
- Nosotros no queríamos ofenderte, y además lo que piensa Samar no lo pensamos todos. Al menos yo no lo pienso. – Dijo Set.
- A mí no me tomáis el pelo, porque lo que ha dicho Samar hace un momento lo pensáis todos. Así que no me tomes el pelo.
- ¡Pues sí lo pensamos todos! ¿Qué acaso no es una plebeya?
- ¡Orus cállate! (Dijo enfadado).
- No tienes porque gritarle. – Le dijo Samar.
- Pues que no me toque las narices.
- Diamante, calmaté. Reconócelo, ellos han dicho la verdad. Y no entiendo por qué no quieres reconocerlo. Diamante, yo no soy una princesa, soy un súbdito normal.
- No te entiendo, si nos casamos dejarás de serlo.
- Calmaté, que hay que estar unidos.
- Pues yo no estoy de acuerdo.
- ¿Qué quieres que te diga?
- No lo sé pero lo de plebeya no me gusta.
- Pues...- y guiñó el ojo a los otros cinco para que le siguieran la corriente- soy una princesa. ¿Te parece bien que me llamen princesa?
- ¿Me tomas el pelo o va en serio?
- Tómatelo como quieras, a mí me da igual lo que pienses con tal de que estés contento y pacifico.
- ¿Y vosotros que decís?
- A mí me parece bien, total el nombre suelto no tiene desperdicio.
- ¿Lara qué quieres decir con eso?
- Que la llamaremos princesa, nada más. Eso era lo que Lara quería decir. (Mientras le estaba tapando la boca).

Después de eso, siguieron su camino mientras murmuraban cosas sobre Diamante. Lydia iba con él delante, pero hubo un momento que se separó un poco de él para hablar un momento con los otros cinco.

- Diamante se ha vuelto loco o algo parecido.
- Sí ya lo sé, por eso hasta que se tranquilice, lo mejor es fingir.
- ¿Y si le da en algún momento por decir que te muestres con tu traje de princesa o algo parecido?
- Eso yo no lo había pensado...
- Nosotros nos encargaremos, la transformaremos nosotros y arreglado. – Dijo Orus.
- ¿Pero cómo listo?
- Marte, pues con nuestros cristales, listo.
- Pues ya está todo arreglado. Sigamos. – Dijo Lara.

Todos siguieron caminando con la esperanza de que Diamante entrara en razón, volviera a la realidad. Tenía que entender que el mundo no es de color de rosa, que hay problemas y que a veces hay que afrontar la realidad tal como es.
Diamante cada vez andaba más deprisa y cada vez estaba más enfadado con sus compañeros y empezó a sentir la necesidad de revelarse contra ellos, de luchar contra todos ellos, de demostrarles lo que él sentía hacía Lydia.
En realidad lo que le pasaba era simplemente que para él Lydia era una persona especial e importante para su vida, si los demás no compartían ese mismo sentimiento, ¿Qué culpa tenían? En fin que Diamante estaba reflexionando hacía sus adentros cuando de pronto se dio cuenta de que se había quedado solo, completamente solo.
No le apetecía hablar, ni chillar, ya se encontrarían en la salida, era una perdida de tiempo, él se sentía confuso no sabía que estaba haciendo ni porque lo hacía.
Mientras él recorría tranquilamente la selva, sus amigos estaban llegando a la salida, y al llegar se dieron cuenta de que faltaba Diamante.

- No debimos dejarlo ir solo delante.
- Tranquila, que Diamante no necesita niñera ni es ningún niño. Aunque a veces si que lo parece. – Dijo Samar.
- Da igual lo que parezca, hay que encontrarle todos juntos sin separarnos.
- Marte, Set y yo buscaremos por el aire.
- Pues nosotros tres buscaremos por tierra y mar.
- Samar eres muy graciosa. Yo no pienso mojarme, no me gusta el agua. Ya se mojará Samar. (Al oír eso, las tres chicas se miraron y pensaron lo mismo).
- Vamos. (Todos y todas recuperaron sus apariencias anteriores)

Lydia y Lara asintieron con la cabeza, mientras los tres chicos las miraban sin entender nada. De pronto las tres aparecieron con unas hojas grandes en las manos.
Orus estaba de espaldas, Set y Marte miraban expectantes a las tres chicas. De pronto las tres rodearon a Orus. Levantaron sus hojas, las inclinaron y Orus quedo empapado de agua mientras las tres chicas se apartaban de él y empezaban a reírse. Poco después se sumaron a las risas Set y Marte.
A Orus parecía que le saliera humo por las orejas de lo enfadado que estaba.

- ¡ME LAS VAIS A PAGAR! ¡SEREIS BANDIDAS! - Y luego dijo mirando a Marte y a Set – Y vosotros, ¿Por qué no me habéis dicho nada?
- Ja, ja, ja....lo siento ja, ja, ja, Orus...pero las tres ja, jaaa, han pensado lo mismo al decir tu eso. (Y Marte siguió riéndose más agusto todavía).
- Bueno, ¿Y qué pasa con Diamante?
- ¡Ah! Sí, Diamante. Vamos a buscarle. – Dijo Lydia mientras intentaba dejar de reír.
- Pues vamos. – Dijo Lara.
- No pienso fiarme más de vosotras tres, juntas.
- Olvídalo hombre. Que sólo ha sido una broma.
- Sí, unicornio a su salsa. – Le respondió a Samar.
- Oye...pues ya eres normal. Ya no eres unicornio.
- Y yo ya no soy un hada.
- Algo le debe de haber pasado a Diamante, hace un momento. Estábamos así gracias a su cristal.
- Set, tienes razón, hay que encontrarle.
- A saber las cosas raras que nos encontraremos buscándole.
- Pero, Samar, él es nuestro amigo y compañero. Y tenemos que ayudarle.
- Quizá este deprimido.
- No lo sé, yo no le conozco bien. ¿Y tu Lydia?
- Samar pues más o menos. A él le afectan mucho las discusiones y riñas con sus amigos. Y debe de estar recapacitando. No deberíamos haberle dejado ir delante.
- A ver si está en la sala siguiente y no lo sabemos.
- Lara eso es imposible, la prueba es permanecer unidos y él estaba sólo y nosotros estamos sin él.
- Vamos a buscarle, pero los seis juntos sin separarnos.
- Buena idea Orus, pues vamos.
- ¿Y hacia dónde? ¿Hacia atrás, hacia el oeste o hacia el este? – Preguntaba Samar toda mareada.
- Sí vamos hacía el este no encontraremos nada porque solo hay piedras y una pared, es mejor ir hacía la dirección sudoeste o sudeste.
- Estoy de acuerdo contigo, Lydia. Solo espero que le encontremos. – Dijo Lara.
- Diamante, si que darás guerra...
- Orus no hables así, que a ver si Sagitario le ha hecho algo y nosotros no lo sabemos. – Le corto Marte.
- ¿Que?
- Lydia, todo es posible. Dentro del abanico de posibilidades está todo. – Le dijo Marte.
- Vamos, Lydia. Vamos a buscarle.
- Sí. Vale Samar.

De pronto vieron como si la sala estuviera desapareciendo a sus espaldas. Todo estaba desapareciendo. Todo se volvía negro como si alguien estuviera borrándolo todo y después repintándolo todo de negro.
Estaba claro que por donde hubiera pasado esa cosa que eliminaba todo lo existente y que después lo pintaba todo de negro no podían pasar, porque si lo hacían caerían al vacío.
Los seis estaban confusos, no sabían que hacer, cuando vieron una figura toda negra con los ojos rojos que se acercaba a ellos.

- ¿Qué será esa cosa que se acerca? - Dijo Orus muerto de miedo.
- No lo sé. - Dijo Lara temblando de miedo.
- Hay que mantenerse unidos. – Dijo Set mientras le ponía a Samar el brazo por detrás y la acercaba a su pecho.
- No nos vencerán. - Marte abrazó a Lara arrimándola a su pecho.
- No nos derrotará. – Orus cogió a Lydia de la mano.

De pronto la figura negra se mostró ante ellos, y se llevaron una desagradable, pero al mismo tiempo agradable sorpresa. Era Diamante que vestía de negro junto con una capa negra.
Al ver a Orus y a Lydia, les echo una mirada asesina y les dijo algo que hubieran preferido no oír.

- Orus, ¿Qué estás haciendo cogido de la mano de mi novia? ¿Qué no hay suficientes chicas en los siete universos para que justamente elijas a la mía?
- (Soltó a Lydia rápidamente y dijo) Me alegró de verte Diamante, ahora ya podemos pasar a la siguiente sala.
- Estaré encantado de abandonar este sitio.
- ¿Qué te ha pasado?
- ¿A mí? A mí nada en absoluto. ¿Vamos princesa?

Todos le miraron confusos y serios como si estuvieran esperando a que les atacará o algo por el estilo.
Y llegaron hasta el hada que era prima hermana de las anteriores, pero con los ojos azul oscuro. Y les hizo la pregunta que empezaba a ser rutina el tener que oírla y contestar a ella.

- ¿La luz y la oscuridad pueden convivir?
- ¿A qué viene eso?
- Yo creo que sí, sin luz no puede haber oscuridad y sin oscuridad no puede haber luz, por lo tanto deben convivir en armonía y con respeto. – Dijo Lara.
- Yo tengo que decir que las dos buscan dominar una sobre la otra. – Añadió Diamante.
- Respuesta correcta.



Y se abrió la puerta que conducía hacía la antepenúltima de las salas. La sala del universo de los dinosaurios. Set se sorprendió al ver que solo había cinco dinosaurios. Eran un brachiosaurus, un tyrannosaurus rex, un velociraptor, un triceratops y un pteranodon (un volador).
Era un grupo bien curioso, de momento solo tenían miedo de los carnívoros. Pero sobretodo del velociraptor. Diamante seguía con ellos, pero estaba de lo más raro, ninguno de ellos sabía exactamente que le habría podido pasar para que se comportara de esa forma tan extraña.
Iban caminando, tranquilamente cuando los dinosaurios comenzaron a atacarles. Set les dijo: “¡CORRED!!” A ellos les falto tiempo para hacerle caso, salieron disparados hacía el norte, buscando la siguiente puerta.
Iban corriendo y de repente, tropezaron con unos lagos no muy grandes ni tampoco muy profundos, podía llegar el agua por la cintura como máximo.
Habían exactamente seis lagos, que representaban: el amor, el odio, la sinceridad, la mentira, la esperanza y la desesperación. Cada uno de los lagos medía 10 metros de diámetro. Los dinosaurios nunca se acercaban a los lagos, por lo que estaban más o menos a salvo.
Si te bañabas en uno de ellos enseguida sentías los efectos del sentimiento que contenga, sea el que sea. Y solo si te secas vuelves a la normalidad. Curiosamente, los dinosaurios tenían miedo de los lagos, y se pararon, pero sin dejar de quitarles el ojo, por si alguno decidía volver atrás.
Pasaron muy cerca de uno de los lagos, y Diamante empujo a Orus que se cayó dentro del lago. Todos se giraron para ver quien se había caído.

- No sé que lago puede ser ese. Pero no entiendo como ha podido caerse, si tenía calor podría haberlo dicho y no tirarse al primer sitio con agua que viera. – Dijo Set.
- Orus, mira que eres un inútil. No tienes remedio.
- Diamante, él ha resbalado. No tienes porque decirle todo eso.
- ¿Tienes sed? – Le pregunto Diamante a Lydia.
- ¿Yo? Un poco. ¿Qué tienes agua o es que me piensas tirar ahí dentro con Orus?
- No te tiraría ahí dentro nunca. Sólo quiero clamarte la sed. (Y saco una hoja que tenía con agua).
- Parece que no está envenenada. ¿De dónde la has cogido? (Y cogió la hoja para beberse el agua).
- De la prueba anterior. – Le contestó Diamante.
- Espera, déjame ver esa agua. – Le dijo Set.
- Mírala, pero yo creo que no tiene nada raro.
- Esta agua es agua del lago del odio. No te la bebas.- Le advirtió Set.
- Tú deliras, es agua normal. Si no fuera así, Diamante no me la habría dado. ¿Verdad?
- No, yo nunca te daría algo envenenado.
- ¿Y Orus en que lago ha caído?
- En el lago de la sinceridad. Tendrá problemas si no ponemos remedio.
- Orus...sincero, no suena del todo mal.
- (Orus sale del agua y dice) Diamante, ¿Por qué me has empujado?
- Te veía muy apagado y pensaba que lo necesitabas.
- Pues vaya. Diamante, quiero que sepas que pienso que eres un idiota que se ha unido al enemigo y que quiere matarnos a todos.

CONTINUARA....
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Notapor Meiko Akizuki » 07 Oct 2006, 14:25

Continuación:

- Genial. Se nos ha vuelto filósofo.
- Estás muy gracioso, Diamante.- Le dijo Marte.
- Lo que está es alegre. ¿Verdad?- Le dijo Samar.
- Si no fuera por Orus, no estaría yo tan alegre.
- ¿Te hace feliz ver a Orus todo mojado? - Le pregunto Lydia.
- No, lo que me hace gracia es que solo quedan tres pruebas. Esta, la próxima y la última.
- Son pocas, pero yo creo que las dos últimas deben de ser las más difíciles de todas. – Opinó Set.
- ¿Por qué las hayan hecho los reyes Ares y Hera? – Pregunto Diamante.
- ¡Les has llamado por el nombre! Sí, por estar hechas por Ares y Hera. – Dijo Lydia muy sorprendida.
- No sé por qué te sorprendes, si siempre les llamo así.
- Orus ya está casi seco. – Set, mientras Marte le terminaba de secar con el calor de su cuerpo.
- Yo estoy cansada, a pesar de estar destransformada. Así que podríamos descansar un poco.
- Pues siéntate y descansa tranquila, Samar. Y nosotros también podemos hacerlo.
- Oye, Set ¿Qué prueba hay que pasar aquí?
- Tenéis que intentar que yo no os tire a los lagos.
- Diamante, no digas tonterías. La prueba es permanecer unidos y con vida. - ¿Seguimos?- Pregunto Lydia.
- Vale, pero tened cuidado con los dinosaurios. - Les aconsejo Set.
- Lo tendremos en cuenta. – Opinó Lara.
- Por aquí no hay quien pase. Todo son lagos. ¿No hay ningún puente? – Dijo Samar
- ¿Y si Lara utiliza su cristal y nos transforma a todos en pájaros?
- Orus, yo lo haría encantada, pero a parte de que estoy agotada, no se puede pasar volando por encima de los lagos.
- ¿Por qué si parece que no hay nada? – Pregunto Samar.
- Porque se levantan improvisadamente unas columnas de agua del lago que tú estás atravesando y te mojas igual. Solo podemos bordearlos y de esa manera podremos llegar al otro lado. Pero sin empujar a nadie, así que Diamante será el primero en pasar.
- Set, pues yo prefiero que sea el último por sí pone aceite o algo parecido por el camino.
- Vale, Orus. De acuerdo, ¿alguien en contra? – Nadie dice nada – Pues vale, adelante. Yo seré el penúltimo en pasar, las mujeres primero.
- Gracias, Set.
- De nada, Lydia.

Fueron pasando apoyadas a la pared, las tres chicas. Que tan pronto como estuvieron fuera de peligro vieron la puerta que comunicaba a otra sala. Y les dieron prisa. Una vez pasaron todos, fueron hacía el hada que vigilaba la puerta gris de ocho metros de altura por dos metros de ancho y diez centímetros de espesor.
Y como siempre les hizo la pregunta correspondiente, por cierto esta hada tenía los ojos morados y claros.

- ¿Qué dinosaurio es más peligroso el Tyrannosaurus rex o el velociraptor?
- ¿Actuando conjuntamente o en separado? – Le pregunto Set.
- Se entiende que por separado.
- Pues el velociraptor, porque en cuestión de segundos se comunica con sus iguales y empieza a cazar a su presa. – Le contesto Set.
- Correcto, podéis pasar.
- Oiga, una pregunta.- Dijo Lydia.
- ¿Qué quiere?
- ¿La próxima sala es la que esta creada por el rey Ares?
- No, la siguiente es la creada por la reina Hera.

Al oír eso, todos tragaron saliva, con la excepción de Diamante que parecía estar muy tranquilo. Cruzaron la puerta y al llegar al principio de la sala tenían que decidir por donde iban. Pues estaban en la entrada de un enorme laberinto que tenía las paredes de cristal (eran espejos) y medían diez metros de alto y tenían seis centímetros de espesor cada una. Así que tocaban el techo y no podían volar para pasarlas.

- ¿Nos transformamos? – Pregunto Set mirando a sus compañeros.
- Buena idea. – Respondió Lydia.
- ¡PODER DEL CRISTAL AZUL!
- ¡PODER DEL CRISTAL ARCOIRIS!
- ¡PODER DEL CRISTAL DE FUEGO!
- ¡PODER DEL CRISTAL DEL CIELO!
- ¡PODER DEL CRISTAL DEL TIEMPO!
- ¡PODER DEL CRISTAL VERDE!
- ¡PODER DEL CRISTAL ESTRELLA!
Todos.- ¡TRANSFORMACION!

Y una vez transformados, fueron haciendo camino hacía delante, todo les parecía demasiado fácil. Cuando a medida que avanzaban cada uno fue siendo tentado por su propio reflejo. Es decir, sus deseos más profundos se los decía el reflejo del espejo que los quería separar de los demás. Primero fue Samar.

- ¿Seguro que quieres seguir con los demás? Tú eres demasiado guapa como para pasearte por esta pocilga. ¿Tu sueño no era hacer de tu vida algo fácil y bonito? ¿Por qué te la has de complicar tanto pudiendo reinar como la reina del universo de las aguas? No tienes por qué complicarte tanto la vida, además seguro que todos te acaban traicionando, no puedes confiar en nadie, ni en tu querida farsante Guerrero Estrella.
- Tienes...razón. No puedo confiar en nadie... – Dijo Samar, hipnotizada y a punto de ser absorbida por el espejo maligno.

Orus se dio cuenta de que Samar no estaba, pero cuando iba a decírselo a los otros, su reflejo del espejo se lo impidió.

- No deberías llamarles, porque si de verdad les importara ya se habrían dado cuenta de que no esta, además tampoco se han dado cuenta de que tu te has parado aquí. Lejos de ellos. Hace tiempo tú soñabas con ser el mejor patinador sobre hielo de tu universo, ¿Por qué no sigues ese sueño y abandonas la estúpida idea de superar unas pruebas que no llevan a ninguna parte? Y encima te pueden costar la vida, mira que pintas llevas, estás horrible.
- Tienes razón… - Dijo Orus en la misma situación en la que estaba Samar.
- Yo te ayudaré a que cumplas tu sueño y a que no te desvíes de él nunca más. (Y Orus quedo totalmente hipnotizado por su reflejo).

El próximo iba a ser Marte, que al girarse y ver que Orus no estaba también se paro. Y descubrió, al igual que habían hecho Orus y Samar a su reflejo.

- Oye, ¿Por qué estás aquí si este no es tu clima? ¿Tú no querías ser el guerrero que mejor controlara el fuego de todos? ¿Qué ha pasado con él que en vez de practicar se dedica a obedecer las órdenes de los demás príncipes? No te da vergüenza, todos tus rivales en el tiro de arco, practicando y tú aquí. Intentando pasar por algo que no te va a servir de nada.
- Es verdad…

Y la siguiente en pararse fue Lara, la cual después de cinco minutos de estar escuchando a su reflejo, aún no había sentido debilidad ni sensación y cuando estuvo a punto de irse y pasar de él, éste le dijo algo que le toco en lo más profundo de su ser.

- Y tus padres, ¿Estás segura de que te quieren de verdad o solo fingen quererte?
- No lo sé… - Dijo quedando hipnotizada con lagrimas en los ojos.

Todos los que se iban quedando imnotizados, se quedaban mirando al espejo e iban dando pasos hacia delante para entrar en él. Ahora le tocaba el turno a Set.
Set duro poco, porque la pregunta que le hizo su reflejo fue muy acertada.

- ¿Estás seguro de que tienes amigos de verdad? ¿Seguro que no te toman el pelo cuando dicen que te hacen caso?
- No lo sé. (Nada más dijo eso, Set se quedó igual que los otros cuatro).

Ya solo quedaban Lydia y Diamante, pues ellos dos caminaban tranquilamente sin enterarse de nada. Hasta que al final se pararon los dos y se dieron cuenta de que los otros no les seguían.

- ¿Dónde estarán todos?
- Yo no lo sé. Se abran perdido.
- No puede ser eso.
- Sí que puede ser, además teníamos que quedarnos tú y yo solos para poder hablar mejor.
- ¿Hablar mejor?
- ¿Quién eres en realidad? ¿Por qué estás empeñada en derrotar el rey Ares?
- Porque quiero acabar con este reinado del odio, Diamante.
- Vaya, y una cosa ¿A qué no eres capaz de salvarles a todos?
- ¿Y eso a qué viene?
- Todos están poseídos por su reflejo, y tú no puedes hacer nada.
- Sí que puedo hacer algo, y mucho. (Y juntando las manos y cerrando los ojos, saco el cristal Estrella).
- ¿Qué pretendes?
- ¡CRISTAL ESTRELLA! ¡ACCION! ¡AYUDAME A SALVAR A MIS AMIGOS!

Lydia empezó a hablar en voz alta para todos ellos y hacerles entrar en razón, incluso ayudó a Diamante quién estaba poseído por la envida, la confusión y los celos.
- Chicos, todos los que hemos venido aquí a superar estas pruebas tenemos una misión. Acabar con el odio y la oscuridad que genera el cristal del mal, en manos de Amel, con quién tenemos que terminar para poder ser felices y hacer realidad nuestros sueños. Después de esto se nos valorará más, se nos tendrá más en cuenta, podremos tener un papel más importante en el buen funcionamiento de los siete universos. ¡NO DEBEMOS RENDIRNOS JAMAS! – Y al decir esto, su estrella brilló con fuerza e intensidad.

Los príncipes y princesas después de oír las palabras de Lydia y notar la calidez de la luz de su estrella y de su cristal, recuperaron la conciencia y rompieron los cristales con sus poderes. Una vez destruidos todos los cristales se reunieron con Lydia y con Diamante.
Y pudieron ver como aparecía ante ellos la puerta que les conduciría a la siguiente sala. Y el hada de los ojos marrones les hizo la que sería su última pregunta.

- ¿Por qué razón habéis venido a superar las pruebas de entrada a este palacio?
- Porque deseamos que el amor y la justicia vuelvan a reinar en los siete universos.- Dijo Diamante muy convencido de lo que decía.
- Buena respuesta, podéis pasar.

Abrieron la puerta, y entraron a la siguiente sala. Era ya la última sala que tendrían que pasar. Misteriosamente, se encontraron con que no había nada, solo unos cuantos agujeros negros y meteoritos que permanecían quietos en el aire. Entre otros objetos peligrosos. Pronto iban a poder comprobar si la princesa estaba o no en el castillo.


PROXIMAMENTE EL 9 ^^
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 11 Oct 2006, 15:23

Capitulo 9 : Destrucción y salvación

Solo llevaban unos metros caminando cuando los agujeros negros, fueron hacia ellos a toda velocidad. Todos ellos estaban agotados como para luchar. También Guerrero Estrella después de haber utilizado su cristal con esa magnitud parecía estar agotada. Todos venían como se les acercaban los meteoritos y los agujeros negros, pero no tenían fuerzas para nada.
Entonces Diamante extendió su brazo hacia delante y paro el tiempo. Ellos podían moverse, pero las rocas y los agujeros no podían. Y sin perder el tiempo, fueron hasta donde hasta donde estaba la puerta. La abrieron y pudieron observar la gran sala del trono del rey Ares.
Todos ellos pasaron uno a uno por la puerta y se iban quedando con la boca abierta a medida que iban admirando las pinturas del techo, el suelo resplandeciente de mármol azulado, los tronos del rey y de la reina que tenían los brazos de oro y diamantes por las aristas, tenían también el cojín que estaba incrustado en el trono y el cubrimiento de los brazos de seda de color turquesa, y por dentro tenían algodón que hacían del trono algo muy confortable.
Las patas eran de plata, aunque el final de estas era de oro incrustado. Los príncipes que nunca habían visto tan detenidamente la sala del trono, estaban boquiabiertos, las princesas no cesaban de mirar a todas partes con tal de descubrir los secretos de aquella sala.
La sala era enorme y rectangular. Los jóvenes estaban admirando tranquilamente la parte norte de la sala, cuando sin avisar apareció el rey Ares, acompañado de la reina Hera y de Amel.
Amel era un hombre de pelo blanco que le llegaba por los hombros, normalmente lo llevaba suelto, tenía los ojos grises, cara alargada, fornido, alto y ambicioso. Tenía unos cincuenta años o así. Vestía una túnica negra de manga larga que sólo dejaba ver sus zapatos negros de lo extensa que era.
En cuanto Guerrero Estrella los vio, se giro rápidamente para localizar y avisar a sus amigos que seguían atontados mirando las pinturas del techo.

- Buenos días príncipes. ¿Qué teníais miedo de entrar por la puerta?
- No, lo que pasa es que hemos entrado por la puerta que nos ha llevado a una sala rara.
- Esa sala rara la hicieron tus padres. Todos los reyes de universo han contribuido en la construcción de pruebas para este palacio.
- Entonces...estaba todo previsto... – Dijo Orus alarmado.
- Vaya, vaya os aliáis con el enemigo. Verdaderamente os gusta desafiarme.
- Deja estar ese tema, ahora hay que llevar a cabo nuestro plan. – Le dijo Amel a Ares.
- Tienes razón. Vamos a empezar. – Dijo Ares y dicho esto levantó su brazo y aumento la fuerza de la gravedad de la sala, y además empezaron a sentir una sensación extraña.
- Ares, cariño. Me encantan tus ideas.
- Hera ya verás lo bien que nos sale esto. Mira están todos tirados por el suelo. ¿No es genial ver así a tu enemigo?
- Majestad, dejaros de tonterías y pasemos a la acción.- Dijo Amel al rey.
- ¡Soldados! ¡Apresadles s todos!

Y los soldados pusieron cadenas y esposas de hierro a los príncipes y princesas que encima de no poder defenderse, no entendían nada. A Guerrero Estrella no le pusieron cadenas, pues el rey tenía otros planes para ella. Se los llevaron a las mazmorras antes la expectación y sorpresa de Lydia.
Una vez estuvieron ellos cuatro solos en la sala, Lydia que seguía de rodillas en el suelo, sin saber que hacer y pensando que todos sus planes se habían venido abajo. El rey por su parte, soltó unas risitas, y Lydia vio salir de unas puertas a clones de los príncipes y princesas. Allí estaban todos: Samar, Orus, Marte, Lara, Diamante y Set.

- ¿Qué te parecen mis clones, Guerrero Estrella?
- ¿Cómo lo has hecho? ¿Y por qué?
- Es muy sencillo, Amel utilizó su magia para ayudarme a conseguirlo. Y el por qué es muy sencillo, yo no deseaba que mis amigos los otros reyes de universo me echaran en cara que sus hijos habían desaparecido, y como ellos me estorbaban para llevar a cabo mi plan pues mira…
- ¡Eres un cabrón!
- Vaya, me halagan tus palabras. Ya veremos qué me dices cuando te diga lo que tengo pensado para ti. Verás, he pensado que puedes elegir entre dos opciones. La elección es tuya.

Y en eso, aparece Sagitario. Quien se coloca al lado de Guerrero Estrella, y espera ansioso oír las palabras del rey.

- Bien, la primera es la prisión junto con tus amiguitos y la segunda es ser mía.
- Eres un cabrón. – Le dijo mirándole con cara de odio, sin embargo cerró un momento los ojos, medito la situación y le contestó – Elijo la segunda, porque por más que me pese, no te daré la satisfacción de verme encerrada en una mazmorra.
- Está bien, como quieras. Pues ahora ven y júrame fidelidad.

Sagitario se acercó a ella y le dijo en voz baja girándola hacia él: “Estás loca” y ella le contestó: “Ya lo sé”. El rey empezaba a mostrarse impaciente ante la parejita que se miraba cariñosamente y como si fueran cómplices.
Dejo Lydia a Sagitario y fue hacia donde estaba el rey para jurarle fidelidad y lealtad, ante las miradas triunfantes de Amel, Hera, el mismo rey Ares y la mirada seria de Sagitario.
Ella una vez delante del rey, se arrodilló, con una pierna doblada tocando el suelo y la otra doblada en ángulo recto. Beso el anillo la mano que el rey le tendía y dijo: “Juro lealtad al rey Ares por toda la eternidad, pero esto sólo lo cumpliré cuando llegue el reinado de la paz, la justicia y el amor a los siete universos”.
Y el rey le dio un anillo negro que demostraba su fidelidad a él, que era el mismo que llevaban todos los reyes, además de Hera, Amel y Sagitario. Ella lo tomo y se lo puso en el dedo anular de la mano derecha. Sin embargo en ese momento sintió como una fuerza muy poderosa invadía su cuerpo, era parte de la fuerza del cristal del mal.
A pesar de estar poseída por ese cristal aún conservaba su conciencia y voluntad, que para ella era lo más importante en esos momentos. Una vez recupero un poco la compostura y se puso de pie, Sagitario se acerco a ella, la rodeo con sus brazos y le dio un beso en la frente.
Entonces el rey, dio la orden de que sacaran al último clon, que no era otro que el de su propia hija, la princesa Lydia. Guerrero Estrella, una vez destransformada. La miró muy sorprendida a la vez que asustada.
Ares estaba orgulloso, al fin todo estaba bajo su control. Todo estaba como el quería. De repente, Sagitario y Lydia se retiraron, dejando al clon con los reyes y Amel. Salieron del palacio a la plaza y sentándose en un banco se pusieron a hablar.

- ¿Por qué has hecho eso?
- Sagitario, yo necesito ser libre. No puedo estar encarcelada. Además, ¿Tú has oído bien mi juramento?
- (Lo recordó y reflexionó) Bien, eres muy inteligente, pero pienso que deberías tener más cuidado.
- Sagitario, no olvides nunca que yo confío en ti.
- Yo también en ti. Y que sepas que te quiero.
- Yo también te quiero.

Diciendo esto, se dieron un apasionado y largo beso. Durante el cuál ella no pudo evitar derramar algunas lagrimas que caían por sus mejillas. Casi al mismo tiempo, los príncipes entraban en las mazmorras, mientras sus clones ocupaban sus lugares engañando así a sus padres.
Diamante, Samar, Lara, Set, Marte y Orus cada uno en una prisión distinta y tras barrotes, permanecían sentados en el suelo de piedra. Pensaban en cómo era posible que el rey llegara a esos extremos y no se podían borrar de la mente la cara de terror y tristeza que había puesto Guerrero Estrella antes de que se fueran.
Y empezaron a hablar en voz alta, les daba igual que los guardias estuvieran allí vigilándoles, ellos empezaron a expresar sus sentimientos a sus amigos para que supieran lo que sentían, sin embargo se sorprendieron al comprobar que más o menos habían aprendido lo mismo.

- La verdad es que yo no me arrepiento de nada, superar las pruebas, pasándolas, llegando al final, aunque estemos hechos polvo. Eso me da igual, yo estoy satisfecho con todo lo que hemos hecho. Ha sido una experiencia única. – Dijo Diamante.
- Sí, tienes razón en lo que dices. Además esto y muchas otras batallitas que hemos hecho juntos nos ha permitido madurar como personas y conocernos mejor entre nosotros. – Dijo Orus
- Chicos, de verdad que no os entiendo. Lo positivo de todo esto está en que Guerrero Estrella nos ha enseñado a no rendirnos jamás, y que debemos cumplir nuestros objetivos a cualquier precio. Eso es lo que mola y no todo lo que habéis dicho. – Dijo Samar
- Bueno, está claro que Samar no ha madurado tanto como Orus creía, sigue siendo una nena infantil fanática de Guerrero Estrella. Lo que hay que ver…
- ¡Set! ¡Que sepas que eres un impresentable, impertinente, inoportuno y un idiota!
- Samar, ¿Qué no encuentras más adjetivos que empiecen por “i” que terminas tan pronto la enumeración?- Dijo Set irónicamente.
- ¿Qué quieres oír más? Pues allá voy que me quedan unos cuantos, como por ejemplo inútil, insociable e insoportable. ¿Te parece bien así?
- Samar, Set, dejadlo ya por favor. Al menos tener algo de respeto hacia los guardias que estaban hartos de oíros. – Dijo Marte muy cómicamente.
- Ja, ja, ja… - Set se ríe después de haber oído a Marte y a Samar – Bueno, chicos creo que con vosotros no se puede pasar un rato más entretenido. Ya veremos cuando se soluciona todo esto. – Dijo Set alegremente.
- Estoy contigo, creo que por primera vez estoy de acuerdo con todos vosotros. – Dijo Lara después del comentario de Set.
- Chicos, ¿Recordáis la primera vez que luchamos conjuntamente con Guerrero Estrella? – Les pregunto Diamante.
- ¿Cuándo no sabíamos quién era? – Pregunto Orus extrañado.
- Sí. Para mí fue algo genial.
- Tanto como genial, Diamante… es que tienes unos gustos…
- Lara tiene razón, fue algo extraño. Luchar con alguien que no conocíamos y que estaba ayudándonos en la batalla contra Ur y más tarde contra la amiga de Samar, nuestra amada Santara. – Dijo Set con mala leche, para provocarla.
- ¡No digas que es mi amiga! ¡Esa bruja despreciable! ¡Y no mencionéis su nombre porque no respondo de mí! – Dijo Samar enfadada.
- Vale, vale. - Dijo Set alegremente, conteniendo la risa al imaginarse la cara de Samar enfadada.
- En fin, ¿Me ayudáis a recordar esa batalla? – Les pregunto Diamante.
- Por supuesto que sí, pero empieza tu y nosotros te ayudaremos cuando no te acuerdes de algo.
- Orus eres muy gracioso. Bueno pues empezaré yo, que al fin y al cabo es mi novia. (Y empezó a recordarlo.)

Estaban ellos seis luchando contra los demonios de gelatina que estaba creando Ur para invadir el planeta Aqual (Universo de las aguas, Galaxia Fel y sistema Aquard). Ellos mediante sus poderes estaban conteniéndolos, pero de repente los asquerosos monstruos de barro rojo se iban juntando en uno sólo.
Un demonio rojo gigantesco de unos treinta y cinco metros de alto cuyo único objetivo era aplastarles. De repente, el monstruo aprovechando que ellos estaban todos juntos formando dos filas de tres personas, se dividió en siete demonios de 10 metros de altura que les rodearon.
Estos monstruos tenían sólo un ojo en la cara, de color negro. No tenían ni pestañas ni cejas, solo el ojo. Y sus uñas puntiagudas de tres metros de largo deseaban descuartizar a los príncipes. Ya se veían puré de demonio con sólo ver sus afilados colmillos y sus grandes lenguas y bocas que deseaban probar bocado.
De repente vieron como tres estrellas de cinco puntas se clavaban en los ojos de tres de los demonios y también observaron como éstos desaparecían. Ya sólo quedaban cuatro. Ellos estaban sorprendidos, empezaron a mirar por todos lados, pero no vieron a nadie.
Y entonces decidieron atacarles a los ojos y no a cualquier parte del cuerpo como habían estado haciendo hasta el momento. Una vez eliminados, rodearon a Ur, quién no tuvo más remedio que huir. Y en eso oyeron una voz: “Altezas, a ver si espabiláis en vuestra misión”.
Al oír eso y localizar de donde venía la voz, Diamante se quedó mirando la figura que había apoyada sobre una gran roca. Parecía una chica con minifalda y coleta. Ella les había salvado la vida. Los demás aún seguían mirando hacia todas partes para localizar quién les había desafiado y a la vez salvado. Pero cuando Diamante les señaló el lugar, ella ya había desaparecido.

- Vaya, así que esa fue la primera vez…
- Sí, Samar. Esa fue la primera vez que ella nos salvó.
- Todavía no le hemos podido ayudar más en serio, debido a que hasta ahora sólo le hemos traído problemas.
- Marte tiene toda la razón. – Dijo Orus, con tono de voz un poco decaído.
- Ojala no se haya cansado aún de nosotros y nos salve de nuevo.
- Vaya, Samar confía más en su querida Guerrero Estrella que en sus padres.
- Pues, sí Set. Y para ya de meterte conmigo.
- No puedo, porque me gusta hacerte rabiar.

De repente se hizo silencio en la sala, alguien bajaba por las escaleras. Era Amel que se dirigía a hablar con los príncipes y princesas. Parecía estar satisfecho, pero sin embargo no parecía estarlo del todo, era como si le hubiera fallado algo. Se puso al principio del pasillo para que los seis le oyeran.

- Bueno, mis queridos príncipes. Debo deciros que mi plan está saliendo a la perfección, sólo me falta corregir una cosa y será perfecto. Lo primero es que vuestros clones han ocupado con éxito vuestro lugar en cada uno de vuestros palacios. Lo segundo es que vuestra amada Guerrero Estrella ha jurado fidelidad al rey Ares por toda la eternidad en vez de venir aquí a haceros compañía. ¿Qué os parece?

Ellos se quedaron de piedra, parecían estar perdiendo toda esperanza de ganar. Lydia les había traicionado. No se lo podían creer, debía de ser una pesadilla, todo estaba perdido, el rey Ares y Amel se saldrían con la suya. Sin embargo, en ese momento hubieran dado cualquier cosa por saber que era lo que no encajaba en el plan de Amel. Porque todo parecía perfecto.
Este último por su parte, se fue por donde había venido al no obtener respuesta alguna de los príncipes. Los guardias seguían impasibles ante cualquier cosa, no parecía ni que respiraran. Eran como soldados de piedra.
Al llegar arriba, Amel fue a la sala de recepciones privada del rey. Pero ante su sorpresa, el guardia que vigilaba la puerta le dijo que éste estaba ocupado y no podía recibirle. Mientras, el rey estaba hablando con su mujer.

- Hera, esto ya es demasiado. Nuestra hija ya debería de haber aparecido, sin embargo no lo hace. Y lo odio. Creo que lo mejor será interrogar de nuevo a los guardias que la vieron irse.
- Pero, cariño. Si nadie la vio irse… ¿Por qué te empeñas en lo contrario?
- ¿Y qué idea se te ocurre para averiguar algo?
- Yo pienso que nuestra nueva aliada seguro que tiene una idea genial sobre todo esto. Así que preguntémosle.
- No es mala idea. ¡Guardias! – Y entra un guardia.
- ¿Qué desea majestad?
- Quiero que me traigáis a Guerrero Estrella.
- Bien majestad, como gustéis.
- Ya puedes retirarte. – Y el guardia se fue
- Ares, déjame interrogarla a mí.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Porque a ti ya te ha tomado el punto y te sabe regatear muy bien.
- Vale, puedes hablar tú con ella. – Dijo el rey sin ganas.
- No te arrepentirás.


CONTINUARA...
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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 17 Oct 2006, 14:22

Continuación:

- Bien, pero si algo sale mal. Pagarás tú las consecuencias.

En ese momento, el guardia toco a la puerta, el rey le hizo pasar y entró Lydia (sin estar transformada). Ares la hizo sentar en una de las sillas de aquella sala privada, y él y la reina se sentaron enfrente de ella. Estaban cara a cara. Sólo había una mesa rectangular que les separaba. La mesa medía unos noventa centímetros de alto. Así que les tapaba casi toda la zona de rodillas hacía abajo.
Antes de empezar la conversación, el rey trago saliva y miro de reojo a su mujer, a la vez que miraba a Lydia.

- Bueno, ¿Qué querían de mí, majestades?
- Eso, lo tendríamos que decir nosotros. ¿No te parece? – Lydia no dijo nada, y la reina continuo hablando – Bien, empecemos con unas preguntas que teníamos que hacerte. A ver, la primera es: ¿Cuáles son tus objetivos?
- No os importa lo que yo quiera, sino lo que ustedes quieren.
- Vale, y ahora dime una cosa ¿Sabes algo de nuestra hija?
- No, no sé nada y aunque lo supiera no os diría nada.
- Bien, ¿Y cuando cojones dejarás de fingir que estás de nuestra parte? – Dijo Hera enfadada a punto de perder los nervios.
- No sé de qué me estáis hablando. Yo os he jurado fidelidad, no he dicho que fuera a contestar todas vuestras preguntas como vuestras majestades desean.
- ¡Ya es suficiente! Tú y tu poca colaboración me ponéis enferma.
- Gracias majestad.
- Hera, creo que a ti también te ha cogido el punto. Tendremos que hablar con Amel. – Dijo Ares preocupado, y de repente Lydia les miro con gran cálidez y afecto. Y el cristal de Lydia brillo, de tal forma que los dos reyes quedaron iluminados y tocados por él.
A Ares le pareció en ese momento la mujer más hermosa del mundo y se sonrojo un poco. La reina se dio cuenta y le pego un pisotón. El rey miro enojado a su mujer, pero no dijo nada, se aguanto. Cuando Lydia dejo de reírse, les dijo:

- Si tan preocupados están por su hija, manifiéstenselo al mundo y no a unos pocos, llamen a los medios de comunicación y que divulguen por todos los universos la noticia.
- Realmente, tú no te enteras. Los ciudadanos deben pensar que todo va bien, que no hay ningún escándalo, ya que si lo hubiera pedirían la republica. Y eso no funcionaría, debido a que sólo los reyes de universo tenemos poder suficiente para hacer frente a los problemas que van surgiendo de lugares ocultos como el octavo universo.
- ¿El octavo universo?
- Sí, el universo negro. El universo de Amel.
- ¿Y si Amel es su amigo y más leal consejero porque piensa que su universo es malo?
- Amel, es todo menos leal. Si él está aquí es porque…

El rey no supo darle una contestación, miro a la reina y ésta añadió:

- Porque hizo una profecía que volvió loco al rey, sólo de pensar que le iban a quitar el trono, su vida, su tesoro. Y tampoco pensó en qué su hija se iba a escapar debido a que cegado por el odio la iba a hacer casar con el hombre que le salvaría el trono. Eso es todo, por esa razón está aquí Amel. Por la avaricia y lujuria del rey.
- Vaya, pues no sé qué decir…
- No hace falta que digas nada. Sólo responde a esta pregunta, ¿Por qué podemos hablar sin secretos contigo? – Le preguntó el rey a Lydia.
- No lo sé, supongo que será confianza y eso para mí es un halago. Gracias, majestad.
- Quizá tengas razón, voy a nombrarte mi nueva consejera personal.
- Ares, creo que te estás dejando llevar por el momento.
- Majestad, piénseselo mejor y mañana me dice si de verdad quiere que sea yo eso.
- Sí que quiero. ¡Soldados! ¡Traedme a Amel! – Le oyeron e hicieron entrar a Amel quien llevaba un buen rato fuera esperando.
- Buenas tardes. ¿Me llamabais majestad?
- Sí, quiero que sepas que Guerrero Estrella es mi nueva consejera.
- Pero majestad…
- Ya está decidido. Y empezará ahora mismo. ¿Qué debo hacer con este hombre?
- No lo sé, lo que vos queráis.
- Dime qué piensas tú o que harías en mi lugar.
- Le mandaría que regresará a su universo y no volviera jamás si no quiere morir.
- Fantástica decisión, me gusta.
- ¿Estáis de broma majestad?
- En absoluto. Ya puedes hacer lo que ella ha dicho.
- Pero, ¿Por qué?
- Por varios motivos, entre los cuales está que por tu culpa mi hija no está a mi lado y no sé cuando volverá.
- Yo no tengo la culpa de que vuestra hija desapareciera sin decir nada.
- Sí que la tienes, así que vete a tu universo y no vuelvas jamás.
- Vaya, veo que por fin habéis os habéis librado de la oscuridad y habéis abierto los ojos. Yo me vuelvo a mi universo, pero nos volveremos a ver majestad. – Y se fue haciéndole una reverencia.
- ¿Cómo te lo podemos agradecer, Guerrero Estrella?
- Mi reina, de momento dejando libres a los príncipes de universo y eliminando a los clones que los han sustituido.
- Eso está hecho, pero ¿No quieres nada en particular?
- No, majestad. Ahora necesito descansar y reflexionar. Adiós.

Y los reyes vieron como desaparecía y se iba del mismo modo que había hecho Amel. El rey Ares ya liberado de la maldad que le había poseído durante tanto tiempo, liberó a los príncipes de universo y destruyó a los clones. Así los reyes ya volvían a ser los que eran y los anillos de lealtad volvían a ser blancos. Y las estrellas de ocho puntas de sus frentes volvían a ser amarillas.
Habían pasado ya tres meses desde la última vez que el rey vio a Guerrero Estrella, y en todas las reuniones el rey pensaba en donde estaría ella. Ella le había salvado la vida, en cierta manera y no había querido una recompensa.
Por otra parte, Diamante y los demás la echaban de menos en el instituto, al cuál estaba faltando todos los días. Nadie sabía donde estaba ni que había sido de ella, sólo sabían que era real, una persona como ellos y que no había sido un sueño.
Mientras en el universo negro, Amel estaba tramando la batalla final, en la cuál se enfrentaría al rey Ares y conseguiría si le vencía el poder absoluto. Lydia por su parte, estaba en el palacio de la reina de las hadas entrenando contra la misma reina para hacerse más y más fuerte para vencer al cristal del mal. Al cabo, de dos semanas dejo de entrenarse con la reina y empezó a hacerlo con Sagitario, quién tenía sus razones para querer luchar contra su padre.
Y de esa forma iban pasando los días. Lydia cada vez era más fuerte y valiente. Ya hacia poco que había hecho los diecisiete, y seguía entrenando. Aunque ese día salió con Sagitario para celebrarlo.
De repente Amel empezó a atacar los siete universos, esta vez con todo su poder, con todo el poder del cristal del mal, cuyo poder se incrementaba cuando se incrementaba la maldad de su poseedor y de las personas que convivían con él.
Al enterarse el rey Ares de la situación convocó una reunión con todos los reyes de universo.
- Vamos a empezar por oír la situación en el universo de las aguas. Tritón, empieza por favor.
- Bien, en mi universo nada es como antes. Las sirenas, los peces y los tritones viven en una guerra continua, sumidos en el más profundo odio y la más profunda cólera entre ellos. Hay veces que luchan con tanto odio que se matan entre ellos y yo mientras tanto no puedo hacer nada, porque ya no me quedan soldados.
- ¿Qué no te quedan soldados?
- Siempre que intentaba eliminar algún disturbio, llegaba Amel y los convertía en piedra. Y ahora ya no me quedan soldados. Por eso estoy tan desesperado. Hasta que no destruyamos ese cristal, mis pobres soldados no podrán volver a la vida.
- Bien, ahora tu Osiris. Rey del universo del hielo.
- Vale, pues mi universo también está en guerra, todos contra todos. Y el arma principal es el fuego. Por lo que mi pueblo está muy debilitado y mis soldados están en los hospitales debido a las quemaduras y a las partes del cuerpo incompletas que tienen. Y los hospitales están llenos, ya no cabe más gente. A uno le falta una pierna, a otro un pie,...no sé que hacer.
- Llama, universo del fuego.
- Y en el mío pasa algo parecido a lo del universo del hielo, solo que el arma que usan todos es el agua. Y por lo más es todo parecido. Faltan partes del cuerpo, un dedo, una mano...en fin que todo esto es un caos. Y ya no tengo soldados para que me solucionen esos disturbios y esas guerras continuas.
- Helios, universo del cielo.
- En el mío el arma que se utiliza son las flechas de hielo, que traspasan las alas de los pájaros y hieren a los hombres y mujeres pájaro que viven en mi universo. Esas flechas salen de las rocas, del viento, de todas partes, pero no constantemente. Deberías poner remedio, porque yo ya lo he probado todo. Y yo también me he quedado sin soldados.
- Majestad, estamos desesperados. A este paso no quedará nadie vivo en los siete universos.- Dijo Heli la mujer de Helios.
- Zeus, universo de la magia.
- En el mío, se pelean por venir a su palacio a la prueba que hice hace tiempo. Tienen miedo. Hay muchas lluvias de granizo que destrozan las plantas, los árboles, y todo lo que encuentran inerte en su trayectoria. Los unicornios, los centauros, las ninfas y todos los demás están muertos de miedo. Y no son nada violentos, son seres pacíficos y por eso no saben como luchar contra lo desconocido.
- Pero...el granizo...- Dijo Ares.
- Son piedras de unos veinte centímetros de espesor que caen desde una altura indeterminada. Por favor Ares, si no me crees ven a verlo con tus propios ojos. Pero no me llames mentiroso. – Dijo Zeus.
- Haendel universo de los dinosaurios.
- En el mío no cae granizo, sino meteoritos gigantes que están provocando la desaparición de muchas especies. Y los lagos de los sentimientos se están quedando sin agua cada vez les queda menos agua y por lo tanto a los lagos normales tampoco les queda demasiada agua para que la beban, ya no hay comida ni agua en mi universo.
- No hay comida ni agua en ninguno de los universos, solo queda algo en el universo Estrella. El cual se está poblando a una velocidad increíble de toda clase de seres, sobretodo de los del universo de la magia. Y tú deberías saberlo. – Dijo Sondet, la reina del universo de los dinosaurios.
- Todos tenéis razón. Pero el problema no esta en Amel, sino en el cristal del mal. Ahora y con más urgencia que nunca tenemos que encontrar el cristal universo para poder destruir al cristal negro. Solo el cristal universo puede salvarnos del inmenso caos que se ha formado en los siete universos. Tenemos que reunirnos todos, ya es hora de abrir los ojos.
- Ares, ¿Y nuestra hija?
- Ya estoy empezando a pensar que Amel la tiene escondida o que está muerta.
- No digas eso, cariño. Ya sabes que eso es lo último que debemos pensar.
- Yo ya no sé que debemos pensar.

Mientras en la sala de reuniones de los príncipes y princesas. Se hablaba de Guerrero Estrella.

- Nosotros hemos aprendido muchas cosas durante este tiempo con Guerrero Estrella, ella nos ha enseñado muchas cosas que nosotros desconocíamos.
- Lara tiene razón, nos ha enseñado a confiar en los demás y a saber escuchar las opiniones de los demás. Y a no pensar solo en lo que es más importante para ti, porque para otro puede ser más importante otra cosa que para él significa mucho, pero que a ti no te dice nada. – Opinó Samar
- También nos ha enseñado a ser fuertes, a saber utilizar los cristales correctamente y en su justa medida.
- Orus eso es verdad, pero yo de lo que más me alegro de haber aprendido con ella es a abrirme más a los demás y a opinar más sobre cualquier tema.
- Set, pues a mí me ha enseñado que tengo una vida por delante y que no debo de tener tanta prisa en hacer las cosas, y que tener miedo no es malo.- Dijo Marte
- A mí me ha enseñado a no creerme superior a los demás, aunque a veces piense que no hay nadie mejor que yo. Y que todos tenemos los mismos derechos, aunque uno sea un príncipe tiene los mismos derechos humanos que una persona normal, aunque a veces eso no se tenga en cuenta.- Dijo Diamante.
- Bien vamos a hablar con nuestros padres. Porque no podemos hacer esto sin Guerrero Estrella. – Dijo Samar al momento.

Ellos se levantaron de sus asientos y se fueron hacia la sala donde estaban los reyes. Les explicaron lo que pensaban y llego el rey Ares a una conclusión.

- Hay que luchar contra Amel para acabar con sus planes de hacer desaparecer a todo ser viviente.
- Vamos a buscar a Guerrero estrella. – Añadió la reina Hera. (Y se levantaron todos de sus asientos)

Salieron de la sala y una vez hubieron salido del palacio, vieron como una nube negra cubría a todo el universo Estrella y empezó una tormenta de rayos y truenos negros que a cada instante se hacía más fuerte y peligrosa.

- Vamos a transformarnos. – Dijo la reina Hera mirando a las demás.
- Aquí tenemos que luchar todos.- Dijo Ares mirando a los otros reyes.
- Creo que sería imprudente dejar a Amel solo, ustedes tendrían que volver a sus respectivos palacios e intentar controlar el problema desde allí. Porque si no lo hacen, el problema se nos hará cada vez más grande, el núcleo es el universo negro y es mejor atacarlo desde siete puntos externos y uno interno para poder destruirlo. – Aconsejo Set.
- Me parece bien, además no lo habíamos pensado. Tienes razón, es una buena estrategia. ¡Todos a sus puestos! (Y cada pareja de reyes se fue a su respectivo palacio en su respectivo universo, menos Ares y Hera que estaban justo delante del suyo y no tenían tanta prisa).- Dijo Hera.
- Vosotros siete podríais ir al universo negro e intentar destruir el cristal negro. Estoy seguro de que todos os ayudarán. Incluso mi desaparecida hija, que guiada por vuestra esperanza os ayudará.- Dijo Ares.
- Tranquilo, usted váyase tranquilo que nosotros nos ocupamos de todo.- Le dijo Lara al rey.

Los jóvenes se transformaron sin miedo alguno con ayuda de sus respectivos cristales y una vez transformados decidieron ir al universo negro para cumplir con su misión: destruir al cristal del mal. Aunque antes de eso, debían encontrar a Guerrero Estrella.

FIN CAPITULO 9. PROXIMAMENTE EL 10.

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Meiko Akizuki
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Notapor Meiko Akizuki » 21 Oct 2006, 19:05

Capitulo 10: La batalla contra Amel

Los príncipes y princesas empezaron a buscar a Lydia por todas partes, pero no la encontraban. Así que decidieron irse al universo negro sin ella. Al llegar a las puertas del universo negro, Lydia les salió al encuentro, con las ropas de Guerrero Estrella desgarradas a causa del entrenamiento. Ellos se quedaron de piedra. Sagitario la acompañaba y permaneció detrás de ella.

- Lydia… - Dijo Samar asustada.
- ¿Qué te ha pasado? – Pregunto Orus.
- Nada, lo que pasa es que me estoy entrenando y no he podido cambiarme de ropa.
- Vaya, entonces…- Dijo Diamante aliviado.
- Diamante, vosotros aún no estáis preparados para la gran batalla.
- ¡Que! ¡Pero tú de qué vas! – Dijo Samar enfadada.
- Lo dudáis, pues os lo puedo demostrar. Puedo luchar con todos vosotros y venceros con los ojos cerrados.
- No seas tan creída.
- Lara, ¿Queréis hacer la prueba?
- Bueno, yo creo que si ella está tan segura lo mejor sería no hacer la prueba. Por lo menos yo no la quiero hacer.
- Como quieras Set. ¿Y los demás qué hacéis?
- Yo tampoco, la hago. – Dijo Marte, sin darle importancia al tema.
- He de suponer que los demás queréis probar. ¿No?
- Lara y yo queremos.
- Bien, como quieras Samar.
- Orus y yo también queremos. Aunque yo quiero luchar contra ese cabrón de ahí.- Dijo Diamante señalando a Sagitario.
- Vaya, quieres luchar contra mi novio. Pues bien, como desees. Pero él es más fuerte que yo.
- Lydia, no exageres. Por que creo que estás alcanzándome y además ya sabes que pienso que tienes un poder oculto que todavía no ha despertado.
- Sagitario, cariño no seas tan modesto.
- Eres tú la modesta, deberías ser algo más orgullosa. Sin embargo, a mi eso me da igual, tu me gustas tal y como eres por eso te quiero.
- Yo también te quiero.

Y ante la mirada de los seis príncipes, se dieron un apasionado beso. Diamante no entendía nada, a él le había dado a entender que le quería a él, que sólo estaba con Sagitario por conveniencia y ahora estaba morreándose con él y diciéndole que le quería. Lydia miraba a Sagitario apasionadamente y éste le devolvía la mirada.
El príncipe Diamante, enfadado y celoso de Sagitario, se fue de allí sin tan siquiera decir adiós. Nadie se dio cuenta. Después de dar Lydia una paliza a Samar, Lara y Orus, ellos se dieron cuenta de que debían entrenarse para hacerse más fuertes, antes de enfrentarse a Amel. Y se fueron de allí, hacia un lugar en el cuál pudieran entrenarse.
Mientras, Lydia y Sagitario permanecieron impasibles mirando como se alejaban de allí. Ella tenía la mirada triste y parecía preocupada por algo; él solo pensaba en hacerse más fuerte y en conseguir sus objetivos.


- Sagitario.
- ¿Qué quieres?
- Nada déjalo.
- Bien como quieras, pero que sepas que cuando quieres decir algo cuanto antes lo hagas mejor para ti.
- Sólo quiero decirte que tengo miedo.
- ¿Miedo? Vamos, mujer con lo valiente que eres tú. Anímate, no seas pesimista.
- No, es por mí. Es por ellos, aún son un poco inmaduros. Salvo Set y Lara, el resto parece que apenas haya cambiado. Bueno, quizá Samar y Orus lo hayan hecho un poco, pero Diamante y Marte, el uno impulsivo y el otro pasota total.
- Tienes razón, sabes ver bien el alma de las personas.
- Vaya, pues gracias.
- Y te envidio por ello, no sabes lo que daría por saber qué es lo que atormenta tanto a mi padre.
- A tu padre no le atormenta nada, lo único que le pasa es que es un avaro, que quiere más y más poder, sin límites.
- Sí, eso era lo que yo pensaba, sin embargo hay algo que no me encaja.
- ¿El qué?
- Verás, mi padre obedece órdenes de alguien. No creo que actué por propia voluntad.
- ¿Y qué te lleva a pensar eso?
- A veces le oigo hablar solo, con un espejo. No sé si hay alguien detrás pero debo saberlo, si destruimos el cristal del mal de mi padre quizás no destruyamos más que un pedazo de ese cristal o simplemente una sombra de lo que puede ser ese cristal.
- Sagitario, no me asustes por favor.
- Lydia, debemos encontrar el cristal universo y de esa forma podremos vencer al mal.
- ¿El cristal universo?
- Sí, el único cristal que puede hacer frente al cristal del odio y del mal. Nuestra única esperanza es ese cristal, supongo que el rey Ares ya lo debe de saber y lo estará buscando desesperadamente.

Lydia no dijo nada después de oír decir eso a Sagitario. Su nuevo objetivo iba a ser encontrar ese famoso cristal. Sin decir nada, y dejando a un Sagitario pensativo mirando al horizonte, Lydia se fue a un lugar apartado del universo negro. Y allí se puso a pasear, por la zona. Aquello parecía un cementerio, estaba ella sola, no había nadie más.
De repente vio una luz dorada, a lo lejos. Y fue caminando rápidamente hacia ella. Al llegar se encontró con un espejo. La luz venía del interior del espejo, ella sin pensárselo dos veces entro en el interior del espejo. Una vez dentro empezó a recorrer un pasillo siempre siguiendo la luz y sin prestar atención a los diamantes y piedras preciosas que adornaban la pared y las lámparas del techo.
Al llegar al final del pasillo, vio encima de una piedra cilíndrica, un cristal dorado muy bonito, era una esfera como las demás, sin embargo su luz era tan cálida…
Lydia se acercó a él, y se quedó maravillada de lo bonito que era. De pronto sintió la necesidad de cerrar los ojos, los cerró y en ese momento, el misterioso cristal se acerco a ella en línea recta y se introdujo en ella, por la zona superior y central de entre sus pechos.
Ella abrió los ojos y vio a un hada, que debía ser la guardiana del cristal ya que estaba donde había estado el cristal. Esta llevaba un vestido transparente con destellos dorados. Debía de medir unos cuarenta centímetros de alto. Era delgadita y llevaba su cabellera castaña suelta. El pelo le llegaba por el culo.
En cuanto, el hada empezó a hablarle a Lydia le apareció una estrella dorada de ocho puntas en medio de la frente. Y sus ropas se transformaron en un precioso vestido dorado de falda larga con bonitos adornos que tenía mangas cortas laterales que dejaban el hombro al descubierto de tela transparente con reflejos dorados.
Tenía también una sobrefalda amarillo tostado que terminaba en puntas que si se cortaran, formarían un triángulo. Y esa sobrefalda parecía tener pequeñas estrellas de cinco puntas pegadas en ella.
Lydia miró al hada sorprendida, quién la miro con mirada amable pero seria.

- Hola, ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Lydia.
- Tranquila no voy a hacerte nada, sólo voy a decirte un par de cosas muy importantes.
- De acuerdo. – Dijo Lydia más tranquila.
- La primera es que este cristal te ha elegido a ti y no a otra, por alguna razón que yo misma desconozco. La segunda es que tienes que tener muy en cuenta es la gravedad del uso de este cristal. Debes controlar su poder a la perfección, porque de lo contrario te podría costar la vida. Te sentirás agotada y sin fuerzas después de su uso, y es normal, debido al poder tan grande que posee. Y otra cosa, debes conservar siempre tu pureza interior, sino el cristal podría perder todo su poder sin remedio y sería imposible recuperarlo.
- Gracias, lo tendré todo en cuenta.
- Bien, solo me queda decirte que cuides bien este maravilloso cristal.
- De acuerdo, lo haré. Pero, ¿Puede decirme cómo se llama este cristal?

De repente una luz muy potente que salió del hada, hizo desaparecer todo ese lugar por completo. Lydia se tapo la cara con los brazos a causa del resplandor y quedó inconsciente con sus ropas y estado de persona normal sobre el césped del lugar por donde había estado paseando.
Despertó al cabo de una hora, se sentó sobre el césped y lo primero que pensó es que todo había sido un sueño. Pero, al tocarse la zona por donde había entrado el cristal a su cuerpo, notó una calidez especial. No había sido un sueño.
Mientras en el palacio del rey Ares estaban a punto de localizar el paradero del cristal universo, cuando algo se lo impidió.

- ¿Qué ocurre cariño? – Dijo la reina Hera mirando la cara de angustia y de sorpresa de su marido.
- Una sombra humana está cubriendo el cristal, un humano posee ya el cristal que estamos buscando. Estamos perdidos, si ese cristal es usado indebidamente podría provocar un desastre, porque aunque esa persona perdiera la vida al utilizarlo por primera vez, haría mucho daño al usarlo.
- ¿Mucho daño?
- Sí, ese cristal puede llegar a destruir galaxias enteras, hasta un universo entero puede desaparecer si su poseedor es muy poderoso.
- Ares, tranquilo. Seguro que es alguien normal y corriente, que no desea maldad alguna y lo tiene por error.
- Hera, ese cristal si lo tuviera un ciudadano normal, como mínimo podría llegar a destruir un planeta entero.
La reina se alarmó al escuchar decir eso a su marido, qué podían hacer para evitar lo inevitable… Ese mismo día, el rey convocó una reunión urgente con absolutamente todos los reyes de universo, y les ordeno que se reunieran con todos los reyes y jefes de galaxias, sistemas y planetas. Les dijo lo que tenían que decirles, y así lo hicieron todos, incluso él mismo.
Pasaron los días y el caos era cada vez mayor, entre el poder del cristal del odio y la incertidumbre de no saber quién posee el cristal de su salvación, el rey Ares se sentía muy débil y a la vez asumía toda la responsabilidad de haber fracasado en la búsqueda del famoso cristal.
Mientras Amel, en su palacio se alegraba enormente de ver la situación que estaba sufriendo su mayor enemigo.

- ¡Sagitario!
- ¿Qué deseáis padre?
- Dime, si has averiguado algo más sobre el posible humano poseedor del cristal universo.
- No, padre. Puede ser cualquier persona, no hay un prototipo como ocurrió con el cristal de oro o el cristal plateado.
- Genial, sólo espero que no se presente en la batalla final que mantendré contra Ares.
- Yo también lo espero.

Casi al mismo tiempo, los príncipes estaban a punto de terminar el entrenamiento intensivo que se habían propuesto hacer el día que Guerrero Estrella les desafió. Ya eran un poco más fuertes, sin embargo ya no podían continuarlo debido a que el caos parecía ya invadir todos los rincones de cada uno de los universos. En el único en el que se respiraba tranquilidad era en el universo negro.
Y los príncipes se reunieron a las puertas del palacio del rey Ares por última vez, antes de la gran batalla final.

- Bueno chicos, todos hemos mejorado nuestras habilidades todo lo que hemos podido y ahora tenemos que demostrarlo. – Dijo Diamante con serenidad.
- Esto… ya sé que soy aguafiestas por decir lo que voy a decir, pero lo tengo que decir. Me alegro de haberos conocido mejor a todos.
- Samar…, yo también pienso igual. – Dijo Lara, mirándola con dulzura.
- Bien, os deseo suerte a todos. Que todo salga bien y ya está.
- Set, si permanecemos unidos todo saldrá bien.
- Por una vez en mi vida, estoy de acuerdo con Orus. – Dijo Marte, confiando en que todo iba a salir bien.

Y una vez se despidieron de sus padres, fueron hacia el que sería el lugar de la batalla. Al llegar a la frontera, Lydia se unió a ellos. Y todos juntos se transformaron uno por uno. Sin embargo, por alguna razón Lydia no podía transformarse, pues cuando gritaba: “¡Poder del cristal Estrella! ¡Transformación!” No sucedía nada.
Y eso no sólo alarmó a la chica, sino también a los otros seis príncipes y princesas que le acompañaban. Ellos se preguntaban qué podría haberle pasado para no poder transformarse, a pesar de ello, Lydia intentó no darle demasiada importancia para no preocuparles más.

CONTINUARA...
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Notapor Meiko Akizuki » 25 Oct 2006, 17:31

CONTINUACION:

Diamante y Samar cogieron la delantera y le dijeron:

- Tranquila, por una vez te protegeremos nosotros a ti. – Dijo Diamante.
- Sí, así podremos pagar nuestras deudas pendientes.
- Diamante, Samar yo… no sé qué decir… - Dijo ella nerviosa e insegura.
- Pues lo dicho, nosotros te protegeremos. – Dijo muy decidido Marte.
- Venceremos a ese cretino con todas nuestras fuerzas, pero debes confiar en nosotros. – Dijo Orus.
- Es cierto, sin embargo a mí personalmente me parece muy extraño eso que te pasa. A ver si tu cristal se ha transformado y no sabes como llamarle ahora…
- Pues Lara ahora mismo no lo sé, la verdad…

Mientras tanto, Amel lo estaba viendo todo y le parecía estupendo lo que le estaba pasando a Guerrero Estrella. Fue como un rayo al lugar donde se encontraban los jóvenes y empezó a atacarles ferozmente, al mismo tiempo ellos se defendían y protegían a Lydia.
Ella por su parte, miraba alarmada como estaban todos protegiéndola a ella con su vida, sin dejar que un solo rayo negro le rozara.

- ¡Chicos! ¡No podéis continuar así! ¡Diamante! ¡Tú y Lara poneros a atacarle! ¡Y los demás poneros a la defensiva! – Les sugirió Lydia.
- ¡De acuerdo, como quieras Lydia! – Dijo Diamante.
- ¡Vamos chicos a protegerla! ¡Yo voy a proyectar una barrera, no os preocupéis! – Exclamo Set.
- ¡Bien! ¡Marte, Orus y yo nos unimos al ataque! – Dijo Samar con decisión.

Diamante, Lara, Orus, Marte y Samar atacaban a Amel con todas sus fuerzas, mientras que Set había formado un fuerte escudo que proyectaba alrededor de él y de Lydia, mientras los demás les protegían.
Lydia no cesaba de dar vueltas en su cabeza para descubrir por qué le había sucedido eso, sin embargo le inquietaba que el cristal misterioso hubiera sustituido a su antiguo cristal. Así que debía averiguar el nombre del cristal que ahora permanecía inactivo en su interior.

- ¡Cascada acuática! ¡Acción! – Gritó Samar estirando un brazo hacia delante, a la vez que daba un salto hacia atrás.
- ¡Flechas de hielo! ¡Acción! – Dijo Orus mientras creaba un arco de hielo y las disparaba.
- ¡Viento helado! ¡Acción! – Grito Samar poniendo sus brazos en cruz.
- ¡No me hacéis nada! ¡Tontos! – Dijo Amel mientras rechazaba sus ataques, los cuáles no podían ni siquiera tocarle.
- ¡Probaremos yo y Lara a ver qué sale! – Dijo Marte a sus compañeros.
- ¡Llamarada ardiente! ¡Acción! – Grito Marte, poniendo un brazo alzado y el otro hacia atrás los movía intercambiando su posición sucesivamente y de esa forma generaba las llamas.
- ¡Huracán de grado seis! ¡Acción! – Grito Lara, a la vez que levantaba sus dos brazos hacia arriba y lo generaba entre sus manos. Y se lo lanzó abriendo sus brazos rápidamente, hacia los lados.
- ¡Tampoco ha funcionado! ¡Diamante, haz algo! – Le grito Samar.
- ¡No se me ocurre nada! ¡A este hombre no hay ataque alguno que le pueda tocar! ¡Chicos, utilicemos nuestros cristales!
- ¡De acuerdo, vamos a allá! – Dijo Marte.

Pero antes de que pudieran hacerlo, Amel, harto de la resistencia y de ellos, saco su cristal y elevando los brazos dijo: ¡PODER DEL CRISTAL DEL ODIO! ¡ACCION! Los príncipes se alarmaron al oír eso, pues sus poderes al lado de los de ese cristal, eran insignificantes. Y ante la potencia y la fuerza del cristal, quedaron todos tendidos inconscientes en el suelo, con las ropas muy desgarradas y con cortes profundos por el cuerpo.
La barrera de Set se había roto, pero había salvado a Lydia del ataque de cristal. Amel fue hasta donde estaba ella y la miro con desprecio. Lydia permanecía horrorizada, asustada y sin saber qué hacer ante aquella situación. Y entonces, antes de que pudiera hacerle nada, apareció Sagitario que se interpuso entre ellos, para proteger a su novia.
Amel, no daba crédito a lo que estaba viendo. Su hijo estaba desafiándole y protegiendo al enemigo. Estaba furioso, empezó a acumular irá y maldad en su interior, contra su hijo y contra Lydia que para él era, transformada o no, Guerrero Estrella, su mayor enemiga. Sin embargo, justo cuando Amel iba a volver a utilizar el cristal negro, aparecieron Ares y los demás reyes de universo.
Ellos iban a proteger a Lydia y a sus respectivos hijos, a defender sus universos del cristal del mal y a luchar contra él hasta la muerte.
- ¡Amel vas a pagar por todo lo que has hecho a nuestros hijos! – Le dijo Sondet, reina del universo de los dinosaurios.
- ¡Voy a dejaros tal y como he dejado a vuestros hijitos!
- ¡Amel eso ni lo sueñes, porque no te lo vamos a permitir! – Grito Osiris, rey del universo del hielo.
- Bien, de todas formas voy a proceder. ¡CRISTAL DEL MAL! ¡ACCIÓN! ¡MATA A GUERRERO ESTRELLA Y AL REY ARES!

El cristal atacaba con más intensidad hacia las posiciones de los dos que había nombrado Amel, una luz negra y potente, salía del cristal, el cuál lo estaba invadiendo todo. El rey Ares, se estaba defendiendo como podía, sin embargo ninguno de ellos, ni siquiera él, se atrevía a batirse con Amel con su cristal.
Lydia seguía siendo protegida por todos los reyes que tenía delante de ella y a los lados. No entendía nada, y de repente se dio cuenta de que lo que hacían era proteger a la persona que les había salvado de la oscuridad del cristal del odio y querían pagar su deuda.
Ella se estaba esforzando más que nunca en averiguar el nombre de su cristal, pero no obtenía resultados. Intentaba comunicarse con el espíritu oculto del cristal y no podía. Veía las caras de sufrimiento de todos los reyes, sobretodo las de Ares y Hera, y no pudo más. Lydia empezó a llorar de rabia, de impotencia, de no saber cuál era su cristal, no poder ayudarles…
Y de pronto, salió de su interior el cristal misterioso que había aparecido en sus sueños, que en realidad, no había soñado. El cristal, sin decir ella palabra alguna, con una lágrima que cayo encima del cristal basto para que el misterioso cristal produjera un enorme resplandor dorado que disipo el poder del cristal del mal.
Los reyes al notar una gran calidez, se giraron. La miraron y vieron como una luz dorada la envolvía por completo y una vez se disipó, no dieron crédito a lo que veían sus ojos. Estaba de pie y se había transformado en Guerrero Estrella, pero con algunas diferencias. Su estrella era de ocho puntas, su falda se componía de tres faldas una encima de otra, la superior era dorada, la de debajo de ésta era amarilla-ocre y la última era blanca.
Y la parte de arriba se había convertido en una camiseta que tenía las mangas laterales con el hombro al descubierto. El cuello de la camiseta era escotado (le llegaba hasta donde le empezaba el pecho) y redondeado. También decir que le había crecido el pelo, de tal forma que la coleta le llegaba hasta el final de la falda.
Los reyes no salían de su asombro, la miraban igual de estupefactos que Amel. Ella muy decidida se abrió paso entre los reyes y se puso frente Amel. Este sin decir nada se puso a atacar aún más fuerte que antes.
Ella que estaba con los ojos abiertos pero inconsciente de lo que hacia, levanto sus brazos, con el cristal entre sus manos y la mirada fija en Amel, hizo desprender del cristal, una luz dorada muy potente y cálida que lo envolvió todo.
El cristal del mal había sido vencido, Amel había muerto. Al terminarse el resplandor y tras haber cumplido su misión volvió al interior de Lydia. Esta se desmayo debido al gran poder que había hecho salir del cristal y quedo tendida en el suelo con sus ropas normales.
Casi al mismo tiempo Sagitario seguía de pie mirando hacia donde estaba ella tendida en el suelo, sin poder creerse nada de lo que había ocurrido. Los reyes, por su parte, miraban a la chica con miedo y con asombro. El rey Ares, recupero la compostura y les dijo: “Esta chica, nos ha salvado a todos”.
Lydia, había destruido uno de los tres cristales malignos, o mejor dicho, una de las tres partes en las cuales se había dividido.
Nadie dijo nada, simplemente cada rey cogió a su hijo o hija y se fue hacia su palacio. El rey Ares, al no saber donde vivía la chica y al ser la salvadora de los siete universos, se la llevó en brazos a su palacio.
La aposento en una habitación con dos grandes ventanas tapadas por dos cortinas de color granate, una cama que medía dos metros de largo y era algo más ancha de lo normal. También había una elegante mesita de noche de madera de nogal, una mesa de escritorio y una silla de madera de roble. Añadir que en el lado este de la gran habitación había una mesa redonda de madera de nogal con dos sillas con brazos y asiento tapizado de terciopelo.
Al cabo de una semana, Lydia despertó y se encontró allí. Se sentó sobre la cama, y miro hacia todas partes. Las sabanas de la cama eran de color salmón y la colcha era granate. No sabía donde estaba ni qué había pasado.
Al notar el rey, el aura de ella, supo que ya se había despertado. Fue a su habitación y se la encontró sentada al borde de la cama dispuesta a levantarse. Ella se sorprendió al ver al rey y casi le da un infarto.

- Bueno, si ya quieres levantarte será porque ya estás bien. ¿No? – Dijo el rey con tono amable.
- ¿Dónde estoy?
- Estás en mi palacio, en la habitación de invitados.
- Pues gracias por traerme aquí, pero creo que debo irme.
- No, no te pienso dejar marchar hasta que no me digas de donde ha salido ese cristal que salió hace una semana de tu cuerpo.
- ¿Llevo una semana durmiendo?
- Sí. Y ahora, por favor, contéstame a la pregunta.
- Pues, estaba en una piedra cilíndrica, iba a tocarlo cuando él vino hacia mí y se introdujo en mi cuerpo. Y entonces apareció un hada que me dio algunas advertencias y consejos sobre el cristal.
- Vale, entiendo. Sin embargo, no puedo dejar que te vayas.
- ¿Por qué?
- Porque aún estás débil y porque Sagitario te está buscando para matarte.
- No puede ser… si él me dijo que…
- Verás, él tiene la otra mitad del cristal del odio. Esta ha disipado de su corazón todo sentimiento cálido y de amor que pudiera haber y lo ha llenado de odio.
- No puede ser cierto… - Dijo ella desconcertada y sin saber qué pensar.
- Bueno, te dejo que tengo una reunión muy importante.

Ella se quedó allí sentada, mientras el rey se iba. Realmente estaba confusa, no sabía qué hacer. Sagitario quería matarla…

FIN CAP.10 Proximamente el 11
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Notapor Rawi » 25 Oct 2006, 20:42

hola estoy empezando a leer tu historia, y voy a poner en este post las cosas k me gustan y las criticas conforme valla leyendo, espero que no te moleste.

la primera perdona pero no es positiva xD

en los dialogos vendria bien que pusieras quien abla, para mayor comprension del lector y podrias poner acciones mientras ablan para que no sea tan monotona la conversacion.
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Notapor Meiko Akizuki » 25 Oct 2006, 21:58

La verdad es que eso que me dices de los nombres, me lo hicieron quitar en otro foro. XD

Por eso hay capitulos con dialogos que tienen delante nombres y otros que no, yo por lo menos intento hacer que se entienda quien esta hablando en cada momento.

Y tranquilo, por lo de las criticas, que eso es lo que yo necesito para mejorar, así que te agradezco mucho la intención. :D

Y sobre eso de la acción en los dialogos, también lo miraré, pero entiende que a veces es complicado pensar qué hace el personaje.

En unos quizas es mejor que cada lector se lo imagine tal y como a él le gustaría que hiciese en algunos casos. Y en otros en cambio, es cierto lo que has dicho, así que ya lo miraré y rectificaré.

Y gracias por el comentario. :wink:
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Notapor Rawi » 26 Oct 2006, 16:19

un pregunta x curiosidad

cuantos años tienes??


bueno sigo con las criticas xD

x ejemplo cuando vallas a describir a muxas personas(x ejemplo a los principes) no los describas a todos de un tiron, x ejemplo si estan ablando dos los describes a ellos y cuando valla a intervenir otro pues lo describes a el, esk leer tantas descripciones seguidas es muy monotono.


y una cosa que me gusta muxo son tus expresiones:

como el simbolo en la frente "en pequeñito" o el agua que lanza Samar con su cascada que alcanza velocidad de " 200 km x hora x lo menos"

( se supone que eres narradora omnisciente, osea lo sabes todo, tendrias que saber exactamente la velocidad :rolf:

me gusta muxo como lo narras

:wink:
bueno que siguo leyendo xD x ahora me gusta la historia xD
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Notapor Meiko Akizuki » 26 Oct 2006, 17:07

Muchas gracias por el cumplido y por la sugerencia. Ya lo rectificaré eso que me dices de las descripciones, porque es verdad tienes razon y eso nunca antes me lo había dicho nadie. :wink:

Por otra parte, me alegro mucho de que te guste la historia, pero sobretodo de que me leas y me saques los defectos.

Con respecto a mi edad, yo tengo 18 años. Sin embargo empece esa historia cuando tenía dieciseis años y este verano, le he dado un repaso y una enorme modificación a algunos capitulos, sobretodo a los del principio.

Y otra cosa, te aconsejo que leas el capitulo 0 o prologo de esta historia, ya que va antes del capitulo 1, lo que ocurre es que se me ocurrio hacerlo luego.

[wave]


P.D.- ¿Y tu cuantos años tienes?
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Notapor Meiko Akizuki » 29 Oct 2006, 21:11

Capitulo 11: Amor y amistad

Pasaron unos días antes de que Lydia pudiera volver a pensar con claridad, porque no podía quitarse de la cabeza las palabras del rey Ares. Seguía en aquella habitación, miraba por una de las dos grandes ventanas, corriendo la cortina y veía varios planetas cercanos y otros lejanos, de los cuáles sólo podía distinguir la luz.
El palacio del rey Ares estaba en el centro del universo Estrella, más elevado que el resto de casas de ese planeta. De repente, sintió necesidad de lavarse la cara, y fue al baño que tenía adjunto la habitación, tenía bañera, lavabo, bidet y váter. Se la lavó y se miró en el espejo, estaba triste, pálida.
Y después salió del baño y se sentó en la cama, con la cabeza agachada y mirada triste, pensando en sus cosas y en Sagitario. En esos días apenas había comido y todos, reyes y príncipes, empezaron a preocuparse por su salud. Realmente debía estar enamorada de Sagitario para no haber querido ni tan siquiera salir de la habitación.
En esos momentos, se celebraba una reunión en el palacio. Así que los príncipes fueron a ver a Lydia, antes de que empezara la reunión. Diamante tocó a la puerta, Lydia no contestó. Samar al ver la indecisión del chico, abrió la puerta.
Conforme iban entrando a la habitación, se iban quedando con cara de preocupación y de no saber qué hacer. El rey Ares decía la verdad, Lydia no estaba probando bocado y cada vez estaba más débil. Lara, cogió fuerzas de donde pudo y le dijo:
- Lydia, si no comes no podrás ir a ver a Sagitario para saber si es verdad eso que se dice por ahí.
- Lara tiene razón, mujer, vamos a pedir a los cocineros que te hagan algo para comer.
- Samar, gracias. Pero estoy bien, no os preocupéis por mí, que al fin y al cabo sólo soy una plebeya.
- Tú no eres ninguna plebeya, eres nuestra salvadora, eres la invencible Guerrero Estrella.
- Gracias por el cumplido, Diamante. – Todos sonrieron, incluida ella – Bueno, tengo que pediros un favor.
- ¿Cuál? – Pregunto Samar que estaba agachada al lado de ella.
- Dejadme un momento a solas con Diamante que tenemos que hablar.
- Está bien, pero después volveremos a entrar que debemos vigilar por tu salud. – Dijo Samar cariñosamente a Lydia.

Una vez salieron todos, Diamante se sentó en la silla del la mesa rectangular de Lydia, la que no tenía brazos. Ella levantó la cabeza y le miro, mientras se incorporaba en la cama.

- Bueno, de qué quieres hablarme.
- Diamante, tengo que decirte tantas cosas que no sé por donde empezar.
- Tranquila, yo tengo todo el tiempo del mundo.
- … Verás, yo empecé a salir con Sagitario porque creía que de esa forma conseguiría impedir que su cristal del mal se activase, sin embargo todo me ha salido al revés. Sí que salía con él era para pararle los pies, ya que era más poderoso que yo, pero a pesar de eso, a parte de que no he conseguido cumplir mi objetivo, a parte de eso… Voy y… ¡Me enamoro de él! – Dijo Lydia entre lágrimas a Diamante, sin poder contenerse.
- Lydia… - Dijo Diamante intentando comprenderla.
- Y lo peor de todo, tengo un cristal del cuál no sé ni su nombre, sólo sé un montón de reglas y normas sobre cómo utilizarlo. No sé que hacer…
- Tranquila, todo eso es normal. Pero debes pensar en positivo. Lydia, has acabado con Amel y con toda la oscuridad que envolvía los siete universos tu solita, ahora por fin todo vuelve a ser normal, ya hay paz en todos los universos. Bueno, menos en el universo negro, pero eso es porque él se lo ha buscado.
- Diamante, ¡¿Cómo puedes hablar así?! ¡El universo negro es el centro de los siete universos! ¡Donde van a parar las vibraciones negativas de todos los cristales! – Le gritó Lydia enfadada.
- Lydia, lo siento. Yo no quería…
- ¡Mi padre está ciego! ¡En lugar de hacer frente a los problemas parece que les dé la bienvenida y pase de ellos! Es un cegato incompetente y sin remedio. – Dijo con rabia Lydia.
- Bueno, hablemos de otra cosa.
- Como quieras.
- Esto, ¿Qué hay de nuestra relación?
- Nuestra amistad no tiene límites, tranquilo. Sigue bien.

En aquel momento comprendió que para ella nunca habían sido novios, sino amigos. Se decepcionó, a pesar de ello entendió el por qué ella no le había besado durante el tiempo que salieron juntos. Era u amigo especial.
Estuvieron así un par de minutos, hasta que Lara y los demás le trajeron algo de comida en una bandeja para que pudiera comérselo en la cama. Ella se lo comió todo, mientras los príncipes hablaban con ella.
Ellos suspendieron su reunión para estar con ella, mientras sus padres estaban reunidos hablando del problema del cristal del mal. Al finalizar la reunión, el rey Ares fue a buscar a los jóvenes y a hablar con la chica.
Una vez, éstos se fueron, el rey y Lydia se quedaron solos. Este le explicó a ella con todo detalle la nueva situación, y por supuesto le dijo algo que ella hubiera preferido no oír.

- Lydia, si estás con nosotros, debes olvidarte de Sagitario.
- Pero…
- La situación es muy delicada, no lucharás bien si no tienes las ideas claras.
- Lo siento pero no me creo que Sagitario haya hecho todo eso…
- Pues ya puedes empezar a creértelo.
- No puede ser… - Dijo ella desesperada ante las palabras del rey.

El rey al verla llorar, se levanto de la silla y se fue, dando por hecho, que lo estaba asimilando. Ella al oír cerrarse la puerta, se limpió las pocas lágrimas que tenía en la cara, se levantó, se dio una ducha, se vistió con ropa limpia (le habían prestado un camisón blanco y le habían lavado su ropa).
Y viendo que no tenía otra salida que salir volando por la ventana, así lo hizo. Abrió la ventana, y dando un salto salió volando. De esta manera, Lydia puso rumbo al universo negro, al palacio oscuro, al palacio de Sagitario. Ella quería saber la verdad, se resistía a creer las palabras del rey.
Ella entró en el universo negro sin problemas, pues estaba transformada en Guerrero Estrella (En su nueva versión) y no tuvo dificultad para pasar la barrera. El palacio oscuro tenía formas diversas, torres de prismas rectangulares y cima puntiaguda formada por un tetraedro, también tenía torres cilíndricas que terminaban en un cono. Entre otra variedad de torres altas y bajas. Por fuera era un castillo enorme de color plateado pero sin brillo. Había soldados haciendo la ronda por el tejado central del castillo.
Ella entró en él y vio a Sagitario sentado en su trono con una copa de vino tinto en la mano. Parecía estar esperándola. Ella estaba caminando hacia él, cuando éste se levanto y fue hacia ella.
Al encontrarse por fin, cara a cara, se miraron a los ojos. Con miradas fijas, ninguno de los dos parecía querer de dejar de mirar al otro. Ella observó la estrella negra en la frente de Sagitario, y él observó la estrella dorada de ocho puntas en la de ella.
Cuando por fin se decidieron a romper el hielo, Sagitario la invito a sentarse, sin embargo ella prefirió permanecer de pie. El por su parte no se levanto.

- Bueno, ¿Para qué has venido?
- Sagitario… yo… - El corazón le iba a mil, pues ella quería abrazarlo con todas sus fuerzas, pero se resistía, ya que pensaba que sería de mala educación por su parte, abrazar a un rey.
- Que.
- …Yo quiero decirte que…quiero decirte que…
- Vamos, dímelo. No te mataré por decirme que soy un asesino irresponsable de personas, por decirme que me odias, por decirme lo que sea. ¡Pero yo te quiero decir algo también! – Sagitario, se levanto y acercándose a ella, la abrazó fuertemente, apretándola contra su pecho – Te amo, Lydia.
- ¿Qué? – Dijo ella sin salir de su asombro, sintiendo alegría y miedo a la vez.
- Te amo, estoy muy enamorado de ti. No dejo de pensar en ti y me alegra ver que estás bien y que te recuperaste de la batalla.
- Yo también te quiero, eso era lo que quería decirte. – Sagitario se sobresaltó al oír esas palabras.
- Lydia, ¿Estás segura de lo que has dicho? ¿De verdad me quieres?
- Sí, te quiero. Si que es verdad que al principio, no había amor, pero después durante el entrenamiento y conforme te iba conociendo…
- Te creo, pero puedes decirme una cosa que me atormenta desde ese día.
- ¿Cuál? – Y ella le dedicó una bonita sonrisa, que a él le cautivo y le dejo sin palabras.
- … Bueno…esto… - Cogió valor de donde pudo intentando olvidar la sonrisa cautivadora de la joven. – Bah, da igual, no importa, era una tontería. – Dijo él sin darle importancia.
- Como quieras, pero me he quedado con las ganas de saber exactamente lo que querías preguntarme. – Dijo ella decepcionada.
- Olvídalo y vamonos a mi piscina particular a darnos un baño, que hace un calor… - Dijo él mientras se secaba la frente.
- Vale, pues vamos pero tendrás que dejarme un bañador.

Y cogidos de la mano, fingieron mediante sonrisas estar felices, cuando lo que de verdad sentían era una profunda infelicidad y un poco de miedo ante el futuro. El le dejo un bañador, y cogidos de la mano se tiraron los dos a la vez a la piscina.
Sin previo aviso, Sagitario la empujo hacia el fondo y empezó a estrangularla. Parecía haberse vuelto loco, no parecía él. Lydia intentaba librarse de él, sin embargo él apretaba su cuello con todas sus fuerzas.


CONTINUARA...
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Notapor Rawi » 30 Oct 2006, 00:16

bueno ya me he leido el capitulo 0. ya se me an aclarado algunas dudas
amm x cierto todos los sistemas son iguales, tienen el mismo numero.
y todos los planetas tienen las mismas condiciones??. jejeje

esta muy interesante.
yo tengo 16 años, pero me gusta muxo leer. lo que pasa esk no puedo leer muxo tiempo en el ordenador xk me empiezan a picar los ojos, asi k ire un pokillo lento xD.

tu dond vives?
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Notapor Meiko Akizuki » 30 Oct 2006, 00:25

Yo vivo en castellón. Y tu donde?

Por cierto, tengo una fan da mis novelas, que se imprime el capitulo y lo lee tranquilamente en la cama o en el sofa. No quiero darte prisas ni nada, tu a tu ritmo, y me alegro de tener un lector que opine sobre mi historia, ya que no parece que a aqui a la gente le guste comentar. :lol:

Y eso que me dices de los sistemas, me parece que digo el numero de planetas que tiene en el mismo capitulo y con respecto a las condiciones de cada planeta, no son iguales en todos. Por ejemplo: en el universo del hielo, pues en un planeta hará más frio que en otro, y en otro hará más viento que frío, pero no voy a pararme a explicar todo, aunque es una buena pregunta.

Bueno, hasta otra y espero tu crítica y comentario.
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