Idrill Dellanil

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Idrill Dellanil

Notapor Araziel » 25 Nov 2006, 13:04

Esta historia esta basada en Reino olvidados. Espero que os guste y dejeis vuestra opinion.

Idrill Dellanil caminaba entre los árboles, se sentía frustrado, aun podía oír las burlas de su compañeros en su mente. Necesitaba estar solo, se sentó apoyándose en el tronco de un arce para después enterrar la cabeza entre sus rodillas, y las imágenes empezaron a surgir en aquella oscuridad.

El elfo empuñaba la espada temblorosa, había esperado muchos años ese momento. Se batía en duelo con otro elfo, no era ni mucho menos el más destacado de la escuela de esgrima pero Idrill era considerado como uno de lo peores. Idrill lanzo una torpe estocada frontal que su contrincante desvió con facilidad, Idrill perdió el equilibrio tras el primer invite cayendo al suelo. Un coro de risas sonó al instante, mientras Idrill se ponía en pie rápidamente, su adversario le esperaba con una sonrisa en los labios esperando que su torpe amigo se pusiera de nuevo en guardia. El elfo lanzo una finta, mientras que Idrill dio un paso hacia delante con la espada en ristre, el elfo giro sobre si mismo hacia la derecha de Idrill mientras tomaba la mano que sujetaba la espada y se colocaba a su espalda con la espada presionado el cuello de Idrill. Soltó la espada al son de las carcajadas de los demás alumnos, su sueño de convertirse en un Espada de Evereska se derrumbó al repicar la espada contra el suelo.

El trinar de un pájaro le despertó de aquel trance, su timbre le era familiar. Al alzar la cabeza pudo ver a MuchosNidos sobre la rama del arce mirándolo de forma inquisitiva, o eso pensaba él.

-¿Qué quieres?- pregunto malhumorado el elfo lunar. El pájaro empezó a revolotear nervioso mientras piaba- No ahora no…- dijo el elfo, cuando mira hacia la calzada y vio a la bella elfa se dirigía hacia él.

La elfa se colocó delante de él, sus ojos negros mostraban consternación y esbozaba una débil sonrisa, quería ayudarle. Pero elfo entiendo todos esos gestos como compasión y no lo podía soportar.

-Vete de aquí- espetó Idrill sin dirigirle la mirada a la joven elfa, pero ella se agacho y le obligo a mirarle a sus ojos.- Por favor Araniel, no tengo ganas de ver a nadie ahora.- su tono hosco había desaparecido, ahora era lastimoso y ahogada, a punto de llorar.

Araniel tomo su rostro con sus suaves manos acariciándolo. Las lágrimas del elfo resbalaban por sus mejillas. Ella las seco mientras acercaba sus labios a las del elfo y lo beso. El beso duro unos segundos, unos segundos que Idrill necesitaba en esos momentos, su sueño de ser un Espada había terminado de forma prematura pero uno nuevo empezaba, Araniel la doncella candidata a ser una de las mayores Espada del reino élfico lo había elegido él, Idrill Dellanil, como su futuro compañero para el resto de los siglos. El sonido del repicar de la espada en el marmóreo suelo desparecía de su mente.

Habían pasado unos meses desde el incidente de Idrill en la escuela de esgrima. Ahora caminaba hacia la escuela de magia. El antes no habría elegido la senda de la magia, deseaba con todo su fuerza ser un gran combatiente elfo, anhelaba la fama y el respeto que su padre y Araniel gozaban. Pero eso ahora no importaba ella estaba a su lado y podía soportar el giro que habían dado su aspiraciones, la espada dejo paso a la magia.

A Idrill nunca la había interesado dicho campo, pero por lo visto tenia un gran potencial, los profesores admiran la rapidez con la que el elfo aprendía.

El elfo recordaba el primer día en la escuela, cuando tomo el libro de hechizos básicos y comenzó a leerlo, uno de los profesores se le acerco y le dijo que dejara de ojear cosas que no pudiese leer. Idrill se quedo sorprendido para él todo tenia sentido, cada silaba cada runa que había en dicha páginas saltaban a su cabeza como algo sencillo y natural. Idrill se levanto y ando ante una estantería que tenía componentes mágicos. El profesor lo miraba intrigado, no sabia si detener al presuntuoso alumno o dejar que hiciera el ridículo. Optó por la segunda opción, pensaba que necesitaba un buen correctivo por ignorar sus consejos y que mejor castigo que las risas de sus compañeros. Pero mientras Idrill seleccionaba con cuidado cada componente en su mente comenzaron a surgir dudas, tomaba las proporciones adecuadas. Idrill colocaba todo los componentes sobre la mesa y empezó a mezclarla, un coro de alumno se arremolinaban sobre la mesa de trabajo del el elfo, el profesor se abrió paso entre ellos, le sorprendía la pericia del joven presuntuoso. Idrill terminó la mezcla. Tomó un poco del preparado, cerró los ojos y empezó a mover los brazos de forma armoniosa. En ese momento sentía como una pequeña puerta se abría en su interior, una puerta que conducía a una fuerza que estaba más allá del mejor ejercito del más importante imperio, y como una ínfima parte de ese poder atravesaba dicha puerta y recorría su cuerpo. Una voz surgió en su mente, era la voz de una mujer, calida y llena de fuerza. El mago dejó escapar las palabras por sus labios mientras continuaba con los pases mágicos. Idrill finalizo el movimiento y las últimas sílabas salieron de sus labios. Una pequeña esfera surgió de sus manos, era calida y brillante. Todos los alumnos murmuraban, mientras el profesor sonría, su presuntuoso alumno no era tan presuntuoso.

Había pasado solo unos meses desde su primer día de clase. Los profesores no le dejaban avanzar como el quisiera, los elfos con sus larga vidas nunca tenían prisa y eso a Idrill le molestaba en lo mas profundo de su ser. Él era alguien inquieto que disfrutaba de cada momento de su vida como si fuera el último. No era como los demás elfo.

Por fin pude ver la escuela de magia al final del sendero, de su mente desapareció todas las quejas de los profesores y la visión de la vida de los suyos, hoy era el día de la invocación de familiar para los jóvenes adeptos.

Todos los habitantes de Evereska estaban sentados en una plaza junta a la escuela de magia presidida por una estatua de un alto mago del tiempo de los grandes imperios elfos. Los profesores formaba un circulo alrededor de un alumno, sus canto se alzaban entre los árboles como una única voz, los demás alumno bailaban en un segundo circulo mientras esperaba su turno. Un portal se abría frente del alumno y el familiar aparecía. Se decía que el familiar elegía a su dueño, y eso era lo mas interesante de la ceremonia, la gente comentaba las bestia que llegaban, algunas bellas y frágiles, otras fuertes y combativas. El ritual del alumno termino y un mefit apreció, una bestia muy interesante. Ahora era el turno de Idrill.

Se colocó en el círculo formado por los profesores, ellos empezaron a cantar. Idrill miro a Araniel y a su padre, los dos vestían los uniforme de Espada, estaban nervioso. El elfo les sonrío y cerró los ojos. Notaba como entraba en trance, como su mente caminaba entre otros mundos que jamás había imaginado, mundos acuáticos, bosques encantados, ciénagas oscuras y sombría.

De nuevo la voz de la mujer apareció en su mente: “Este será tu compañero”. Idrill se encontraba en bosque selvático, enfrente suya había un gran árbol, donde una gran serpiente se enroscaba en él. La serpiente tenía plumas que rodeaban parte de su cuerpo con las tonalidades del arco iris. La serpiente emanaba sabiduría y poder. Idrill abrió los ojos estaba de nuevo en la plaza rodeado por los profesores cuando el portal mágico se abrió de nuevo y un pequeña serpiente, sin duda una cría de lo que había visto en aquella jungla, surgió y se enrosco en el cuello de Idrill. Todo el mundo murmuró de nuevo, en Evereska nunca antes había aparecido un Coalt.

El ritual ya había terminado los jóvenes alumno se reunían con su familias con su nuevo compañero al lado. Idrill se acerca a su padre y Araniel, abrazando primero a esta. Todo era perfecto, cuando una bola de fuego estallo contra el Mithal de la ciudad, la guerra acababa de empezar, los Phaerim llegaron a Evereska.


Ya había pasado cinco meses de guerra, las afueras de Evereska era una visión desalentadora. Donde antes había un frondoso bosque ahora había un campo yermo, árboles, elfos y monstruos eran quemados. Las escaramuzas se multiplicaban, el cerco de los Phaerim aumentaba y el Mithal era cada vez más débil.

Idrill observaba todo con impotencia, las clases de magia había sido suspendida y el solo era capaz de hacer un par de trucos. Lo único que podía hacer era vigilar como lo hacia desde la murallas de la ciudad por si sus invisibles enemigos. Una partida de elfo llegaba de las afueras, portaban con ellos los cuerpos sin vida de sus compañeros, mucho mutilados, otros chamuscado por las descargas mágicas. El joven elfo miraba la escena sin sobresaltarse, antes sus ojos derramarían lágrimas pero ya no, los cinco meses de batalla y muerte le habían hecho ver el mundo de otra forma. Una voz le devolvió la realidad.

-Lord Dellanil.- dijo la voz, mientras notaba su corazón estremecía. No soportaba ese titulo.- Lord Dellanil.- aquella voz le trajo a su mente el momento más trágico de su vida.

Idrill se encontraba tumbado sobre la cama, estaba cansado había pasado en ocho horas de vigilancia. No podía dormir su mente estaba fuera de Evereska. Su padre fue mandado como líder de los Espadas. Tenia que elegir el grupo que iría con él. Se llevo consigo a Araniel. Idrill le rogó que no lo hiciera, el padre le contestó:” Si yo no lo hago, otro lo haría y no podría protegerla”.

Ya hacía dos días de la partida del grupo de su padre. El timbre de MuchosNidos atrajo su atención, el elfo escucho con atención el canto nervioso del pájaro. Cuando terminó salio corriendo hacia la gran plaza. De los treinta espadas que salieron solo volvieron diez y solo siete de ellos estaban vivos. Busco con la mirada a Araniel y desafortunadamente la encontró. Estaba tumbada, su maltrecho cuerpo presentaba infinidad de golpes y cortes, pero la herida que lo mató era un agujero en el pecho producido por la cola de un espinardo. Pero Idrill no se fijo en nada de eso, se arrodilló ante ella para poder acariciar su rostro… Su rostro no presentaba ninguna herida, estaba tranquilo como si la guerra no existiese. El elfo comenzó a llorar mientras abrazaba el cuerpo de su amada, noto como una mano se posaba en su hombro, giró y vio a uno de los supervivientes.

-¿Dónde está mi padre?-rugió Idrill mientras se levantó y agarró por la pechera aquel elfo.- Él dijo que la protegería, el me lo prometió. ¿Dónde esta?- El elfo bajo la mirada capaz de mirar a los ojos e Idrill comprendió que estaba solo en este mundo.

- Lord Dellanil- atrevió el elfo hablar. El titulo de Lord se lo daban al cabeza de familia de las familias nobles, Idrill pensaba que el titulo le había llegado demasiado pronto.- Araniel quería que os quedará con su espada.- El elfo le tendió la ornamentada espada que la temblorosa mano de Idrill apretó contra su pecho.


- Lord Dellanil- la voz del elfo le trajo a la realidad.- Es mi turno.


Idrill miro al elfo con sus ojos vacíos de cualquier emoción, asintió y se marcho hacia su casa. Por el camino observaba a los demás elfos, en su rostros había algo que a Idrill no le gustaba. Estaban resignado, muchos de ellos pensaba que el tiempo de los elfo en Faerun había terminado, que ahora era el tiempo de los humanos. Mucho de ellos pensaba en viajar a Siempre Unidos tras la guerra, si que alguna vez terminaría. Pero Idrill no pensaba así. No creía que fuera el fin del tiempo de los elfos en este continente, tenía que ser el fin del aislamiento de los elfos. Abrir su sociedad a los nuevos tiempos y unirse a todo lo que le rodea. Idrill pensaba en todo esto cuando por delante de él caminaba Khelben, Vara Negra, un elegido de Mistra. El elfo admiraba a ese hombre, según el compartía la misma visión de la vida. Muchas noche el elfo iba con él hacia la casa donde se hospedaba Khelben para escuchar sus historias, aventuras y contar las virtudes de Mistra, la diosa de la magía. Idrill le habló sobre la voz que escuchaba en su cabeza cuando hacía magía. Khelben se sorprendió, no podía entender como un elfo criado en una ciudad como Evereska podía escuchar la voz de una diosa que no formaba parte del panteón élfico. Idrill sabía que esas noches era lo único que iba añorar de los tiempos de guerras.




La guerra había terminado, los elfos salieron victoriosos de la batalla contra los Phaerim, cada noche bailaban bajo la luz de la estrella. Necesitaban purificar sus almas después de aquello días aciagos manchados de sangre. Idrill miraba el baile desde la lejanía, desde la puerta. Llevaba un equipo de viaje, un arco colgado en su espalda y la espada de su amada en el cinto. No había nada que le atará en esta ciudad y necesitaba saber que el tiempo de los elfos no había terminado en Faerun.
Última edición por Araziel el 07 Mar 2007, 10:01, editado 2 veces en total
Vuelve el ángel de fuego
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Notapor Nienna » 25 Nov 2006, 15:29

¡Muy bueno! Tienes una narración bastante correcta, un estilo sencillo y directo que se comprende a la perfección y sabes describir bastante bien las situaciones. Apenas he visto fallos ortográficos, salvo algunos que asocio más bien al despiste (a mí me pasa mucho). Y bueno, es agradable leer un relato ambientado en Faerun (adoro los Reinos); me ha gustado especialmente la introducción de Khelben Vara Negra, le da sustancia y profundidad al universo de la historia. ^^

Saludos.

P.D. Si quieres, pásate por mi fanfic de Slayers (en este mismo foro); me gusta leer críticas de personas a las que también les gusta escribir. :wink:
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