El Guardian Del Portal

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El Guardian Del Portal

Notapor Saphira » 04 Ago 2007, 05:07

Hoolaaa :D

Este es mi primer fanfic y espero que les guste. Lo he hecho con mucho cariño y ojala me den su opinión para poder mejorarlo. Trataré de subir 1 capitulo cada cuatro días. Desde ya gracias a todos quienes lo lean!!

Resumen:
"Si los Vigilantes oscuros logran cruzar el portal hacia Materian, se producirá el caos. Solo el elegido puede abrir ese portal y ellos ya lo han encontrado"

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Capítulo I - Elbe

El castillo Ludendorf fue una vez el magnífico hogar del duque de Thorgren, dueño de prácticamente la mitad del condado de Sudri y el tercer hombre más poderoso en el reino de Aberán.
Pero eso fue una vez....hace mucho tiempo; cuando el rey Hengist se sentaba en el trono. Ahora gobierna el rey Fenrec, bisnieto de Hengist y el castillo Ludendorf presenta una penosa apariencia, con torres y habitaciones completamente en ruinas, y los miembros de la familia Thorgren deben arrimarse en el pequeño sector aún habitable del castillo; desde donde contemplan las pocas hectáreas que aún poseen. El jefe de familia es Jerrid, actual duque de Thorgren; pero quién realmente ostenta el poder es Neala, su madre, una hechicera mediocre, de dudosa moral y en extremo ambiciosa. Su único objetivo en la vida es obtener el trono de Aberán para sí y para los suyos. Una tarea nada fácil, sin embargo, debido a que el rey Fenrec es protegido y aconsejado por un poderoso mago; y Neala gasta su tiempo y energía en conseguir el poder suficiente para poder vencer a este mago y así usurpar el poder.
Neala tomó una llave dorada, desde el manojo que colgaba de su cintura y, después de girarla en el cerrojo, abrió la estrecha puerta.
.- Bien queridas mías... Este es mi estudio privado.-dijo a las dos niñas que entraron después de ella.
.- ¡Oh!.. - exclamó la niña rubia. Las pequeñas recorrieron el lugar con curiosidad. Había muchos libros apilados en estantes, y sobre el gran mesón, pipetas y posillos de distintos tamaños y formas. Había, también, frascos con líquidos de distintos colores, además de muchos otros artilugios extraños.
.- Desde hoy continuarán aquí su formación como hechiceras.- señaló la mujer con satisfacción.
.- ¡Tienes tantas cosas, abuela! Por eso eres tan buena hechicera.- comentó la niña rubia. La mujer rió halagada.
.- Eso es producto del esfuerzo y la constancia, Angroda.
.- ¿Para qué es este libro, abuela?.- preguntó la niña pelirroja. Señalando un gran libro abierto sobre un pilar y cuyas páginas estaban en blanco.
.- ¡Oh! Es mi Libro de las Sombras. En ese libro anoto fórmulas y hechizos que he experimentado, Elbe.
.- ¿Nosotras tendremos uno, también?.- preguntó Elbe, interesada.
.- Por supuesto, querida. Es importante registrar los éxitos y por cierto ¡también los fracasos! en el ámbito de la magia; permitirá comparar y corregir.- explicó Neala.- Solo así podrás mejorar y convertirte en una gran hechicera.
.- Como tú.- señaló Angroda, aduladora. Neala sonrió, dispuesta a responder con fingida modestia, pero Elbe se adelantó.
.- Pero, si eres tan buena hechicera, abuela. ¿Por qué no has reparado el castillo? Apenas si tenemos espacio para movernos, y sería algo sencillo para ti ¿No es verdad?.- preguntó con aire suspicaz. Neala disimuló rápidamente su mueca de disgusto.
.- Desgraciadamente, no puedo...- reconoció con una sonrisa tensa.
.- ¿Por qué no?.- insistió la niña pelirroja.
.- Porque sobre el castillo, pesa un hechizo de maldición.- respondió Neala con desagrado.
.- ¿Quién nos haría algo así?.- preguntó Angroda frunciendo el ceño.
.- Goldemar.- susurró Neala, con rencor.
.- ¡Goldemar! ¿El hechicero del rey?.- se sorprendió Angroda.
.- Eso significa que Goldemar te supera, abuela.- señaló Elbe. La anciana apretó los puños. El cuerpo temblando de rabia.
.- ¡SOLO PORQUE ES UN BRUJO TRAMPOSO Y RASTRERO!.- escupió con odio.- Pero yo lo venceré ¡Algún día lo venceré! Y ese día, lamentará haberse cruzado en mi camino. Las niñas se sorprendieron por el repentino arrebato de furia de su abuela. La niña pelirroja miró a su prima y se acercó a su abuela.
.- Nosotras te ayudaremos...- dijo Elbe, tocándole un brazo. Neala miró a Elbe y luego a Angroda, sus nietas de doce y trece años, respectivamente, y sonrió con orgullo. Sí, pensó, juntas conformarían el triunvirato más poderoso que hechicero alguno conocería jamás. "Aberán será mío", se dijo, "Será mi estirpe la que gobierne este reino".
.- Vengan...vengan mis niñas.- dijo en voz alta, abrazando a sus nietas, mientras una sonrisa maliciosa cruzaba su rostro.

Durante los años siguientes, Elbe y Angroda se abocaron por completo al estudio de la magia, con disímiles resultados, sin embargo. A sus dieciocho años, Angroda ya demostraba tener las mismas mezquinas inclinaciones de su abuela, pero quién tenia verdadera habilidad en las "Artes Mágicas" era su prima, un año menor; hecho que la hacía favorita a los ojos de su abuela.

Elbe se abrió paso a través de los enmarañados arbustos, que circundaban el ruinoso castillo. Era una muchacha de altura media, cuerpo armonioso pero delgado; rostro agradable pero común. Quizás lo más destacado en ella eran sus ojos verde oscuro y su frondoso cabello rojo, aunque a este, lamentablemente, no le prestaba muchos cuidados. Cuando la muchacha llegaba ya a las ruinas posteriores del castillo, escuchó unas risas burlonas, seguidas del llanto de un niño.
.- ¡BUAAAA! ¡ES MIA, ES MIA! ¡Que malos son!.- sollozó un chicuelo rubio, mientras intentaba inútilmente arrebatarle una manzana a dos muchachotes que, entre mordiscos y risotadas, se la lanzaban el uno al otro..- ¡NO SE LA COMAN! Ya verán ¡Snif! ¡Los voy a acusar al tío Jerrid y a la abuela Neala!

Elbe movió la cabeza. ¡Ahí estaban de nuevo! El patán de su primo Duffus y el inútil de su hermano Harald molestando a Unwin; y no es que su primo pequeño le agradara mucho, puesto que siempre le sacaba sus cosas sin permiso y cuando ella lo reprendía, el mocoso acostumbraba patearla en las canillas. Pero los dos muchachotes ya rozaban los veinte años, y no era posible que abusaran así de un niño de siete años.
.- ¡Harald! Debería darte vergüenza... Duffus ¿Ese es el comportamiento propio del heredero al ducado de Thorgren?- los reprendió con manos en la cintura.
.- ¡Métete en tus propios asuntos!.- rezongó Harald.
.- Sí...Vete de aquí y busca a quien convertir en sapo ¡Maldita bruja!- bufó Duffus. Elbe sonrió con malicia.
.- Es una buena idea, primo ¿Por qué no hacerlo contigo?.- Elbe levantó un brazo amenazador en dirección de Duffus.
.- ¡PAPAAA! ¡ABUELAAAA!- gritó el muchacho, encogiéndose de terror.
.- ¡Oh! Duffus. No eres mas que un gallina ¡Gallina, gallina, gallina! ¡Co, co, co, co!.- Elbe empezó a aletear y a moverse como una gallina.
.- ¡CALLATE!- Gritó Duffus furioso. Mientras sus otros dos primos se doblaban de risa.
.- ¡Coooo, co, co, co!.- seguía la jovencita.
.- ¡VOY A TORCERTE EL PEZCUEZO!.- Gritó corriendo hacia ella, seguido de Harald e, incluso, del pequeño Unwin. Elbe regresó a los arbustos y escondiéndose entre ellos, avanzó rápidamente a las ruinas del castillo.
Con cierto esfuerzo movió una mata especialmente frondosa y espinosa, que dejó a la vista un agujero en una muralla semi destruida y con cierta urgencia se introdujo en el, cuidando de tapar la entrada con el arbusto. Poco después se escuchaba la voz de sus primos y su hermano.
.- ¿Donde rayos se habrá metido? Estaba aquí solo hace un segundo.- comentó Harald.
.- ¡Esa bruja debió evaporarse o algo así!- masculló Duffus.
.- ¡Vamonos de aquí! Me da miedo de que aparezca el fantasma.- exclamó Unwin, con voz temblorosa. Los otros, que en realidad también le temían al fantasma, asintieron y se apresuraron en marcharse.

Elbe sonrió cuando se fueron, ella no temía al fantasma; y eso que lo había visto en un par de ocasiones. La muchacha volteo hacia el lado contrario de la entrada y avanzó gateando por el túnel. Lo había descubierto algún tiempo atrás, aunque desde entonces no había vuelto a recorrerlo. No le informó a nadie de su descubrimiento, porque pensó que su secreto podría serle de utilidad. No se había equivocado, se dijo satisfecha. Elbe gateo por el túnel hasta llegar a una puerta trampa, ubicada en la parte superior del túnel. Después de dudar en si seria mejor devolverse, decidió tirar de la trampilla. Subió a través de ella y accedió al frió piso de piedra de las antiguas y abandonadas mazmorras.
.- ¡Que lugar mas lúgubre! - se dijo, mientras cerraba la trampilla y se sacudía el polvo. Miró las celdas; húmedas, oscuras y se preguntó quienes y por qué, alguna vez terminaron en este miserable lugar ¿Habría muerto alguien aquí? La muchacha se estremeció y se apresuró en buscar la salida.
.- Espera...
Elbe se detuvo en seco ¿Seria posible? ¿Había oído la voz de una mujer? Permaneció muy quieta, esperando oír la voz nuevamente.
.- Elbe...
La joven se llevó una mano a la boca, sorprendida ¡La había llamado por su nombre! No podía ser el fantasma, porque este era masculino; un anciano ¿Habría otro fantasma?.
.- ¿Qu-quieén...eres? ¿Donde estás?.- preguntó reponiéndose de la impresión y mirando a uno y otro lado.
.- ¡Aquí! En la última celda de la derecha.- respondió la voz.

Elbe caminó hacia el final del pasillo y se encontró, en la celda de la derecha, con una mujer.

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Hasta la próxima ::)
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Saphira
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Notapor Saphira » 06 Ago 2007, 20:08

Hoolaaaa amigos(as)...aca va el segundo capitulo de mi fanfic, espero que lo disfruten y si quieren pueden opinar!! :D

Saludos!!

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Capítulo II – La Mujer Cisne

La mujer era alta, flaca y de cuello largo. Sus ojos y sus largos cabellos eran negros. Aunque estaba muy pálida y demacrada, la muchacha notó que era bella y de movimientos elegantes.
.- ¿Quién eres? ¿Por qué estás encerrada?.- preguntó la joven, intentando abrir la puerta de reja.
.- Mi nombre es Alpisia y soy una hada... Una mujer cisne, para ser más exacta. Tu abuela me encerró aquí.- respondió la mujer, con cansancio.
.- ¿Por qué mi abuela haría eso?.
.- Porque quería quedarse con mi capa mágica de cisne.
.- ¿Para qué querría la capa mi abuela? ¿Para aumentar su poder?.- Elbe frunció el ceño.
.- Tu abuela no obtendrá poder con mi capa y lo sabe. Lo hizo para obligarme a iniciarla en la alta magia.
.- ¿Alta magia? No comprendo ¡Mi abuela es una gran hechicera!- aseguró Elbe.
Alpisia negó con la cabeza.
.- Tu abuela nunca será más que una bruja mediocre. Lo verdaderamente peligroso de ella es su inmensa y retorcida ambición.- El hada miró a la jovencita y comprendió que estaba confundida. Dio un pesado suspiro y caminó tambaleante hacia el camastro que utilizaba para dormir.
.- Veo que tendré que partir desde el principio. Pero antes...quisiera un poco de agua...- la mujer cisne se inclinó hacia una mesita ubicada junto al camastro, y con mano temblorosa trató de coger la jarra que permanecía sobre esta.
.- ¡Te ayudaré!- se ofreció Elbe, estirando un brazo a través de los barrotes y pronunciando.- " Fluye agua, y llena el vaso que apagará la sed".- en cuanto terminó de hablar, el agua salio como un chorrito de la jarra y se dejó caer en un tazón de lata hasta llenarlo.
.- ¡Gracias!.- dijo la hada con suavidad y bebió un largo sorbo.- ¡Ah! fresca y exquisita. Me ha reconfortado. Gracias. otra vez- comentó sin abrir los ojos.
.- De nada.- respondió Elbe, con una tenue sonrisa.

Alpisia abrió los ojos y miró a la muchacha. Se había sentado en el camastro y de alguna manera, se veía mas repuesta.
.- Elbe. Haz de saber que una mujer tiene tres camino para seguir dentro de la magia. La decisión de cual camino escoger, está definido por las habilidades, sentimientos y valores de la aprendiz.
.- ¿Tres caminos? ¿Cuales son esos caminos?.
.- Una aprendiz de habilidades limitadas solo llegará a ser una bruja... Podrá ser una bruja mala, mediocre o muy buena, pero nunca será mas que eso. Una aprendiz dotada, pero con sentimientos y valores equivocados, ¡Muy probablemente! experimentará con la parte oscura
de la magia. Tarde o temprano terminará siendo gobernada por esta; y se convertirá en una hechicera...- La mujer cisne hizo una
pausa.- ¿Estás entendiendo?.- vio que la muchacha asentía con efusividad y prosiguió.- Por último, esta aquella aprendiz cuyos dones y sensibilidad armoniosa la guiaran por caminos y experiencias únicas, que la harán florecer hasta transformarla en una hada.
.- ¿Es cierto eso que dices?.- los ojos de Elbe se abrieron con interés.
La mujer cisne asintió.
.- Tu abuela es solo una bruja con mediano talento y enorme ambición. Tu prima Angroda tiene la suficiente capacidad y falta de escrúpulos para coquetear con la magia negra y convertirse en hechicera. Sin embargo tú...Estas paredes no me han impedido observarte
.- Con tus dones y bien guiada, llegarás a ser una maravillosa hada.
.- ¿Como tú?.- la expresión de Elbe demostraba entusiasmo.- Pero también me dijiste que eras una mujer cisne ¿Qué significa eso?.
.- Cuando una mujer llega a transformarse en una hada, tiene la posibilidad de...como decirlo...de concentrar su energía para fusionarla
con un ser o elemento de la naturaleza. Por ejemplo: Una díadre es una hada que fusionó su esencia con los árboles; una ondina es un hada que fusionó su energía con los ríos o lagos; una mujer cisne, es una hada que unió su esencia a las aves.
.- ¿Por qué lo hacen?
.-Para obtener más poder. Al mezclar su sustancia con el elemento o criatura escogida, la hada se vuelve más poderosa aún...Sin embargo,
implica un gran riesgo. Al concentrar tu energía vital, el resto de tu ser queda expuesto, vulnerable.
.- No entiendo...- Elbe se aferraba a los barrotes, ansiosa de comprender y saber más.
.- Muestras interés y eso me agrada. Lo que quiero decir...Te lo explicaré con ejemplos: Una díadre que sufre el daño de su árbol o bosque, queda expuesta a cualquier peligro; al igual que una ondina cuyo río se seca o contamina. Una mujer cisne que pierde su capa de plumas, queda casi por completo indefensa.
.- Es un precio muy alto a pagar por obtener poder.- murmuró la muchacha, bajando la vista con aire reflexivo. Pero pronto miró a la mujer cisne con duda.
.- Aún no comprendo. Si tu eres una hada, más aun, una mujer cisne y mi abuela solo una bruja... ¿Cómo pudo ella capturarte?.
Alpisia intento hablar, pero carraspeo.
.- Tengo la garganta seca...¿Podrías?.- preguntó levantando el tazón de lata. Elbe volvió a llenarlo a la distancia.
.- Gracias...- la hada bebió un poco. Luego suspiró. Tu abuela me capturo porque utilizó el "Ojo de Dragón". El "Ojo de Dragón" es una gema negra. Un ópalo. Cuya forma es ovalada y tiene un punto blanco en el centro. Es un objeto que otorga gran poder. Utilizarlo, sin embargo, conlleva un gran riesgo. Porque te conecta con fuerzas insondables y malignas.
.- "Ojo de Dragón"...No se nada sobre eso ¿Cómo lo habrá conseguido la abuela?.- se preguntó Elbe.
.- Lo ignoro. Aunque sospecho que está relacionado con las ruinas que se encuentran en lo alto de la Colina Verde, cerca de aquí. Aquel fue uno de los primeros asentamientos humanos. Cuando el mundo era joven y la comunicación con los Vigilantes era más fluida.

La joven, aún aferrada a los barrotes, apoyó la frente en ellos y cerró los ojos, tratando de digerir toda la información recibida.
.- Elbe ¿Qué es lo que más deseas en la vida?
La chica abrió los ojos y respondió con absoluta seguridad.
.- Quiero que mi familia recupere el honor que tuvo antaño y...sí, quiero llegar a ser la mejor de las hadas.
.- Yo puedo ayudarte...si tu me ayudas primero.- la mujer cisne se incorporó con dificultad y se acercó a la muchacha. Parecía como si acabara de transportar mucho peso sobre los hombros.
.- ¿Quien? ¿Yo? ¿De qué forma?.- se sorprendió Elbe.
.- Si tú consigues devolverme mi capa de cisne, yo te iniciaré en alta magia.
.- Yo, iniciada en alta magia. Yo...una hada...- los ojos de la muchacha brillaron de excitación. Pero luego bajó la vista con tristeza.
.- No puedo...- señaló.- No puedo traicionar a mi abuela.
Alpisia se mostró decepcionada Y ahora fue su turno de aferrarse a los barrotes.
.- ¿Aunque ella haga lo incorrecto? ¿Piensas qué devolverá el honor a tu familia cometiendo actos viles y malvados? ¿No comprendes que sus acciones terminarán por destruirla a ella misma y a tu familia?. Ella no tiene derecho de tenerme aquí contra mi voluntad. Elbe...
si no recupero pronto mi capa, moriré.
Elbe vio que los oscuros ojos la miraban fijamente y pestañó confundida.
.- Yo...yo...lo pensaré...-exclamó antes de huir de ahí.

Alpisia bajó la vista y se alejó de los barrotes con pesar. Desató los hilos que abrochaban el escote de su raída y sucia túnica
y se examinó el pecho. Del lado contrario del corazón nacía una ramificación de color negro que avanzaba implacable por su cuerpo y ya cubría casi todo su torso. Un leve resplandor iluminó la celda. Alpisia se volteo. El fantasma estaba junto a ella.
.- Está desorientada. Todo esto ha sido demasiado para la muchacha...-dijo. Luego le mostró su pecho.- No me queda mucho tiempo.
.- Entonces iré yo mismo por la capa.- manifestó el fantasma.
.- ¡No! Debemos esperar hasta que ella tome una resolución...Si decide no ayudarnos la habremos perdido para siempre y nuestra misión abra fracasado.
.- El mundo estará en grave peligro.- señaló el fantasma. Pero entonces, y sobre la mesita, se materializó una bandeja que contenía un plato con sopa caliente y una hogaza de pan recién horneado. La mujer cisne contempló los obsequios.
.- Aun no perdamos las esperanzas.- le dijo al fantasma con una sonrisa.

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Dentro de unos dias subo el capitulo 3 :D
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Saphira
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Notapor Saphira » 02 Sep 2007, 19:53

Hoolaaa...ahora que el foro esta de vuelta ::) ..sigo publicando mi historia..asi que aqui tienen los capitulos 3 y 4 de la historia. Disfrutenla!!.

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Capítulo III – La Decisión

Elbe corrió por los sombríos pasillos de las mazmorras hasta dar con una vieja puerta de madera maciza. Presionó con fuerza y comprobó que estaba cerrada con llave. La muchacha acercó sus manos.
- ¡Abre!.- ordenó. La puerta se abrió de inmediato y dejó a la vista una estrecha escalera caracol. Elbe subió por ellas. Elevó la vista y vio que mucho más arriba la escalera se había derrumbado y tampoco había techo. A medio camino se encontró con un arco sin puerta y accedió a una terraza llena de escombros, que alguna vez fue una pequeña sala. La chica lo cruzó corriendo y bajó por una escalinata que la llevó al exterior. Siguió corriendo, llegó hasta la cocina y no se detuvo hasta estar adentro.
- ¡Ah! Elbe. Tu madre te está buscando. No demores porque ya estamos sirviendo la cena.- dijo la jefa de cocina, que era robusta y de carácter muy fuerte.

Elbe vio un grupo de platos de sopa recién servidos y asegurándose de que no la vieran, se apresuró en colocar uno de los platos en una bandeja, con una cuchara y una hogaza de pan.
- ¡Elbe! ¿Aun estás aquí?.- la jefa de cocina la miraba con manos en cadera. La chica ocultó la bandeja con su cuerpo.
- E-es que...quería preguntarte donde me espera mi mamá.- Se justificó con una sonrisa inocente.
- ¡Ah! Bueno. Pues creo que está en el saloncito de té ¡Vete de una vez!.- La jefa de cocina se volteo y ella rápidamente invocó un hechizo que envió la bandeja hacia la celda de la mujer cisne.

Elbe llamó a la puerta y entró. En el saloncito de té se encontró a su madre, junto a su padre y a su hermano.
- ¿Reunión familiar?.- preguntó mirando la expresión severa de su madre.
- Harald me contó que fastidiaste a él y a tu primo Duffus.
A la muchacha no le afectó el tono acusatorio de su madre.
- Lo hice porque estaban molestado a Unwin.- explicó con tranquilidad.
- ¿Y qué puede importarte a ti ese mocoso consentido?
- ¿Como?.- Elbe estaba muy sorprendida por las palabras de su madre.
- Tú solo debes procurar llevarte bien con Duffus, tal como lo hace tu hermano Harald. Pensé que lo tenías claro.
- No quiero llevarme bien con él ¿Por qué tendría que hacerlo? ¡Resulta que es un patán!.- señaló la muchacha, molesta.
- ¡Oh! Elbe ¿Qué actitud es esa?- la mujer movió la cabeza en señal de reproche.- Bien. Te diré por qué. Ya que te empeñas en no entender. Como hijo varón de mi hermano mayor Jerrid, Duffus es el heredero del ducado de Thorgren y cuando se concreten los planes de mi madre, también lo será del reino de Aberán. ¿Entiendes? Algún día Duffus será rey y cuando eso ocurra, debes ser tú y no Angroda quien ocupe el privilegiado lugar de mago consejero.
- Como si Duffus fuera capaz de aceptar una idea. ¡Apenas comprende lo que es una idea! Angroda es su hermana ¡Que ella se haga cargo de él!.- exclamó Elbe con desagrado.- Además... además...-se detuvo. Súbitamente había comprendido. En su mente, las ideas de su abuela habían tomado meridiana claridad.- además...para que Duffus sea rey, tío Jerrid tendría que ¿Usurpar la corona del rey Fenrec?
- ¡Qué inteligente eres! ¡Sale humito de tu cerebro!.- comentó Harald.
-Pe-pero...yo siempre creí... que la abuela solo pensaba en recuperar el honor de nuestro ducado ante el rey.- dijo la muchacha con voz débil. Ignorando el sarcasmo de su hermano.
- Y es así, querida.- dijo su madre, conciliadora.- Pero ¿Por qué conformarnos con un poco, si lo podemos tener todo?.
- Pero de esta forma...Derrocando a nuestro rey.
- ¿Y de que otra manera conseguiremos la corona de Aberán? ¿Con un concurso de tiro al blanco? El que gane se queda con el reino...De verdad hermanita, la magia te fundió el cerebro.
- ¡Suficiente Harald!- intervino por primera vez su padre.
- Elbe...-insistió su madre.- ¿Por qué no puedes entender lo delicado de nuestra situación? Es Jerrid quien tiene todos los derechos. Y aunque por ser yo la segunda hija, sería justo que Harald lo siguiera en sucesión. El favoritismo que mi madre siente por mi hermano menor Rigmar, a puesto a su hijo Unwin por sobre mi Harald en la línea de sucesión. En estas circunstancias, lo único que nos queda para quedar bien ubicados en la corte, es tomar partido. Tomar partido por Jerrid y su hijo Duffus.
Elbe miró incómoda a su madre y luego desvió la vista hacia su padre. Un hombre muy apuesto. De quien ella heredó sus ojos verde oscuro.
- Padre ¿Tú estás de acuerdo con todo esto?.
El hombre, que estaba cerca de la ventana, se movió con exagerada y poco natural elegancia. Revelando su origen campesino.
- En esto apoyo a tu madre.- respondió, con tranquilidad.
- ¿Aunque sea incorrecto?.- insistió la muchacha.- ¿Aunque el solo pensar en realizar algo así nos deshonre aun más?
El hombre elevó el mentón con orgullo.
- ¡Te prohíbo hablar de esa forma, señorita! La nuestra es una familia de larga tradición, que ha sido tratada con injusticia producto de la envidia. ¡Solo buscamos lo que merecemos!.
Elbe se sintió muy decepcionada. Siempre había sido cercana a su padre. Pero ahora lo veía como un simple campesino con aires de grandeza, que se vanagloriaba de lograr pertenecer a una familia de alcurnia.
- Todos estamos poniendo de nuestra parte, Elbe. Esperamos lo mismo de ti.- exigió su madre. La muchacha se llenó de amargura.
- Si tan importante son las relaciones familiares ¿ Por qué no te las arreglaste para ser la favorita de la abuela? Al menos yo conseguí eso.
- ¡Oh! ¿Como puedes ser tan cruel?.-gritó su madre con exagerada afectación.- ¿Piensas que no lo intenté? Pero mi madre nunca me perdonó que no tuviera habilidades para la magia.- la mujer rompió a llorar y Harald se apuró en consolarla.
- ¡Te has comportado de manera horrible con tu madre, Elbe! Nunca lo hubiera esperado de ti.- le espetó su padre- Solo piensas en ti misma y en tus propios intereses... Márchate. Hoy no abra cena para ti.

Elbe entró en su cuarto sintiéndose malvada por herir de esa forma a su madre, pero no podía evitar sentir vergüenza por el comportamiento de su familia. Recordó las palabras que solía oírle a su abuela: "Reinar sobre Aberán"; "Gobernar sobre los aberanos". Por alguna razón, siempre pensó que su abuela se refería a gobernar sobre el cariño y respeto que obtendrían de los habitantes de Aberan. Tal como alguna vez había sido.

Sentada sobre su cama y con un cojín entre sus brazos reflexionaba sobre lo que había ocurrido ese día. Lo descubierto sobre los planes de su abuela y lo que Alpisia le había propuesto. Pensó en si misma. Todos estos años estuvo tan absorta en sus estudios de magia, que nunca puso verdadera atención en lo que ocurría a su alrededor. ¿Por qué su familia había caído en desgracia? ¿Por qué el mago Goldemar mantenía un hechizo sobre el castillo Ludendorf? ¿Se lo habían explicado alguna vez? ¿Había pedido que se lo explicaran?

Los campesinos de la zona y las personas del pueblito cercano siempre comentaban lo buen rey que era Fenrec. Preocupado por su pueblo. Procuraba que ningún súbdito pasara hambre o frío, y sus leyes eran justas. Suspiró. Soñaba con recuperar la honra de su familia; pero ahora comprendía que ya no quedaba en ellos honor que rescatar y se sintió muy triste.

Unos golpecitos en la puerta la sacaron de sus reflexiones. Después de decir "adelante", vio la carita de Unwin asomar a través de la puerta.
- ¿Puedo? .- preguntó el niño, y entró con una manzana en cada mano.- Toma .- le dijo acercándole una.
- Gracias.- susurró la muchacha, haciendo un espacio en la cama, para que su primo se acomodara junto a ella.
- Unwin ¿Sabes por qué el mago Goldemar hechizó el castillo?.- preguntó mientras comía la manzana y miraba a través de la ventana.
- Seguro.- respondió el niño, comiendo la suya. Elbe volteó la cabeza para mirarlo.
- ¿Lo sabes?
- Claro. Un antepasado nuestro...No recuerdo su nombre. Traicionó al rey Ghot... algo; un antepasado del rey Fenrec, Así que el mago Goldemar lo castigó, junto a toda la familia... El mago Goldemar debe de ser muy viejo.- Concluyó Unwin, después de pensarlo un poco.
- ¿Quién te contó todo eso?.- quiso saber Elbe.
- Oí a papá comentarlo con mamá. Ellos no están de acuerdo con los planes de la abuela. Parece que mi padre descubrió lo que la abuela pretende pero temen enfrentarla, porque parece ser que la abuela consiguió comunicarse con los Vigilantes Oscuros, y está dispuesta a hacer algo que le dará gran poder, pero dañará mucho al mundo; y pretende que tú la ayudes.
- ¿Vi-vigilantes Oscuros?...No, no puede ser...- Elbe sentía una mezcla de asombro y alarma.- No sería capaz.
- Sí que lo es. Mi papá quiere advertirte, pero no se atreve porque repentínamente mi abuela aumentó su poder. Pero yo no le tengo miedo a sí que te lo cuento. Lo que hace la abuela está mal.
- ¿De verdad lo crees Unwin?
- Seguro.- respondió el chico con tranquilidad.
Elbe miró su primo. Nunca le había prestado mucha atención porque pensaba que era parecido a Duffus y Harald; ahora comprendía que estaba equivocada.
- Eres un buen niño Unwin. Si alguien en esta familia aún tiene el poder de recuperar el prestigio del ducado de Thorgren, ese eres tú.- dijo abrazándolo. Unwin devolvió el abrazo.
Aquella noche durmio poco y pensó mucho. Pero al siguiente amanecer, ya tenía claro que camino tomar. Despues del desayuno bajó a los calabozos y selló el pacto con la mujer cisne Alpisia.

Capítulo IV – Los Vigilantes

- Debido a lo particular de la situación, empezaré por enseñarte los encantos que te serán de utilidad para recuperar mi capa.- explicó Alpisia, en su primera lección de magia avanzada.- Aún así debo tocar algunos puntos muy básicos, pero absolutamente necesarios. ¿De acuerdo?
- De acuerdo. Sin embargo, hay algo que deseo preguntarte. ¿Es verdad que mi abuela sirve a los Vigilantes Oscuros? Y si es así ¿Qué tengo que ver yo?

Alpisia miró a la joven con profundidad.
- Sería un error empezar por el final, solo provocaría miedo y confusió en tí. . Debemos partir desde el principio, necesitas comenzar desde los simientos; luego, cuando recuperemos la capa te informaré que desean los Vigilantes Oscuros de tu abuela y de tí y te aconsejaré que debes hacer.

Elbe asintió. Estaba sentada en un banquito y miraba a la mujer cisne a través de los barrotes.
- ¿Sabes quién es Nerthus o El Altísimo?
- Es nuestro creador... Es el creador.
Alpisia asintio.
- ¿Sabes algo sobre los Vigilantes?
- No mucho. Son los guardianes del mundo y procuran mantener el orden de las cosas.
- Así es. Hay mucho más, sin embargo. Ellos son los primeros hijos del Supremo y lo ayudaron a crear el mundo. Ellos son seis. Estos seis vigilantes emergieron de su padre manifestandose como polaridad. En palabras sencillas, quiero decir que tres de ellos manejan las fuerzas negativas y tres de ellos controlan las fuerzas positivas.
- Los Vigilantes Ocuros y Los Vigilantes Blancos...- comentó Elbe. Recordando algo que había leido en uno de los libros de la abuela.
- Exacto. Tambien se les conoce con otros nombres, todos similares. La energía de los Vigilantes fluye a través de toda la creación. La magia es el arte que consiste en interpretar y manifestar a traves de tu propia energía esa fuerza vital.
- ¡Oh! ¡Vaya! Mi abuela nunca me lo planteó de esa manera.
- No creo que comprenda lo que es realmente la magia; y aquí llegamos a otro punto importante. Una hada no "hechiza". Una hada "encanta", ¿Qué quiere decir esto? Una hada no obliga a los elementos y a la naturaleza. Los convence, los disuade para que trabajen con ella. ¡Nunca para ella! Es por eso que el arte del encantamiento debe refinarse hasta la máxima depuración. Por ejemplo. Elbe ¿Puedes abrir la puerta de la celda? Se que puedes hacerlo.

La muchacha se incorporó.
- Aléjate un poco.- colocó una mano cerca de la cerradura.- ¡Ofanion!.- la puerta se abrió con brusquedad.
- A eso me refiero. Cierra la puerta por favor.

Elbe obedeció.
- Ahora ábrela de nuevo, pero esta vez evoca tu encantamiento como si estuvieras utilizando las llaves.

Elbe se concentró un momento.
- Ofanion.- dijo con delicadeza .- la cerradura cedió y la puerta se abrió suavemente.
- ¡Perfecto! ¿Comprendes ahora la diferencia?
-¡Oh! ¡Sí! .- exclamó la muchacha con entusiasmo.
- Hay algo más que quiero enseñarte sobre Nerthus. El creó cuatro espacios o universos. El primero llamado Vorgantia, es el lugar donde EL mora. Luego viene Derbornia, donde habitan los Vigilantes. El Tercer mundo Abanstor, hogar del Guardián Del Umbral. Y por último el nuestro Materian.

A pesar de que los Vigilantes mantienen el equilibrio en nuestro mundo, tienen prohibido ingresar en Materian, porque su inmenso poder causaría estragos aquí. Nosotros también tenemos prohibidos ingresar en Derbornia, porque nuestra frágil constitución se desintegraría en aquel mundo. Si alguna criatura intentara transgredir estas leyes, se encontraría con la oposición del Guardián Del Umbral. Pero aún si los Vigilantes insistieran en venir a esta dimensión, podrían hacerlo, si logran ubicar al Elegido.

- ¿Quién es el Elegido?.- preguntó Elbe.
- Es un ser humano capaz de encontrar y abrir un portal que le permitirá a los Vigilantes entrar en Materian. Eso es todo lo que por el momento debes conocer.

Elbe estudiaba con la mujer cisne dos horas al día. Principalmente a la hora de la siesta, cuando se suponía que salía a recorrer los alrededores del castillo. Aunque continuaba las clases con su abuela, el tiempo de práctica individual lo utilizaba en ensayar entonación y vibración vocal, para que sus encantamientos armonizaran con la naturaleza; y también levitación y otros encantamientos enseñados por Alpisia. Por las noches anotaba en su Libro de las Sombras sus fallas, correcciones y progresos.

Las lecciones se prolongaron hasta la siguiente luna llena. Momento ideal para llevar su delicada operación mágica. Tuvo, además, un golpe de suerte; su abuela se ausentó unos días.

Para entonces la mujer cisne estaba muy débil y casi no se levantaba del camastro.
- Elbe.- le dijo con voz cansada.- Hay algo que debes saber. Esta noche, después de recuperar mi capa, tendrás que marcharte del castillo.

La chica guardó silencio. Desde un principio había supuesto que seria así. Tenia que marcharse para evitar la furia de su abuela, pero también debía seguir a Alpisia, si quería continuar su instrucción. Sin embargo, durante el último tiempo se había acercado mucho al pequeño Unwin y lamentaba separarse de él.
- Extrañaré a Unwin.- comentó.
- Lo se, querida. Pero este tiempo junto a él, has sido una influencia positiva y decisiva. Buscará el camino del bien y del honor. Siento en mi corazón que volverán a encontrarse.

Por la tarde Elbe habló con el niño y se despidió de él. Unwin lloró, la abrazó y prometió que algún día recuperaría el honor y el reconocimiento del rey. Prometieron, también, que nunca se olvidarían el uno del otro y que en cuanto el destino se los permitiera se buscarían. Después empacó un morral con lo más necesario: un poco de ropa y comida; su libro de las sombras y algo de dinero.

Dos horas antes de media noche, Elbe se dirigió al estudio privado de la abuela; el mismo donde Angroda y ella tomaban sus lecciones. No tuvo problemas para entrar porque ya conocía unos truquitos que le permitían ingresar en las horas no permitidas por Neala. Otra cosa resultó la puerta que daba al laboratorio secreto de la abuela. Elbe le había oído murmurar el hechizo que la habría, pero nunca lo escuchó del todo bien.
- Onfarde.- nada ocurrió.
- Onfrade.- tampoco.
- Anfande.
- Onfade.- al fin. La puerta cedió, y la joven bajó por unas escaleras caracol hasta lo que, ella supuso, eran los subterráneos del castillo. Estaba muy oscuro, así que encendió una esfera de luz flotante. La esfera iluminó su entorno y vio con consternación que delante suyo había otra puerta. Estaba cerrada con otro hechizo que, en esta ocasión ignoraba por completo. Intentó varios antes de rendirse.
- Debí imaginarlo. ¿Como no se me ocurrió?.- se dijo sentándose en uno de los peldaños, llena de frustración y con los ojos húmedos.-¿Qué haré ahora?
- Pues, simplemente decir Ainlufa.- dijo una voz raspada y lejana.

La muchacha levantó la cabeza sobresaltada. Junto a ella se encontraba el fantasma. Lucía tenebroso pero sonreía con bondad.
- ¿Cómo has dicho?
- Debes decir Ainlufa y la puerta se abrirá.
- ¿Cómo lo sabes?
- Un fantasma no es detectado si no lo desea. Me entero de cosas...Oí a tu abuela decirlo.- explicó con su voz lejana.

Elbe lo miró pensativa.
- ¿Quién eres tú?.- quiso saber.
- Soy Egon, sexto duque de Thorgren y...conspirador y traidor contra el rey Ghotold.
- ¡Tu eres el causante del desprestigio de la familia!.- se sorprendió la chica.- ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿Por qué no fuiste apresado, ejecutado o algo así?.- preguntó después de una rápida reflexión.
- No fui ejecutado porque hasta entonces yo era el mejor amigo del rey y pese a todo aún me apreciaba. De modo que se conformó con confiscar casi todos mis bienes y me desterró en Ludendorf. Mi vida en el castillo fue los suficientemente larga para arrepentirme de todo lo que había hecho. Mi alma no descansará hasta que uno de mis descendientes limpie con sus acciones, mi culpa.- el fantasma sonrió.- Afortunadamente ese descendiente ya nació.
- Haré todo lo que esté a mi alcance para limpiar nuestra honra.
- ¡No me refería a ti!.- dijo divertido el fantasma .
- ¡Hablas de Unwin! ¿No es así?
- ¡Vamos muchacha! El tiempo apremia.
- ¡Oh! Cierto. Ainlufa.- la puerta cedió. Elbe pidió a la esfera intensificar su luz y entró. El cuarto era amplio. Tenía figuras de distinto tamaño y material y que representaban distintos seres. Ella buscaba uno en particular. Un dragón de piedra que en sus fauces guardaba la capa de Alpisia. No fue una búsqueda fácil, porque el lugar estaba lleno de libros y artilugios extraños. Había también dos sendos espejos, empotrados en paredes opuestas; de modo que se enfrentaban el uno con el otro. Uno tenía el marco de plata y otro de oro. En el suelo, en medio de ambos, había dibujado unos misteriosos signos. Elbe se paró sobre los signos y contempló su imagen en el espejo, repetida hasta el infinito. De pronto su atención se centró en un punto. ¡Lo había encontrado! El dragón de piedra estaba sentado. Era bastante grande y feo. Entre sus fieras fauces, no muy abiertas, descansaba la capa. Era bellísima. Sus delicadas plumas eran de un blanco puro y nacarado. Elbe tuvo el impulso de pasar sus dedos por el fino plumaje, pero se contuvo. Recordaba muy bien las instrucciones de Alpisia. No debía tocar la capa antes de sacarla; y no debía permitir que la capa rozara la estatua en el proceso de rescate, porque ambos errores despertarían al dragón de piedra. La muchacha suspiró. El momento había llegado.
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Saphira
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Notapor Saphira » 04 Sep 2007, 08:50

Hoolaaaaaaa :rolf:
Para que no se aburran en estos días, aqui tienen los capitulos 5 y 6 de esta entretenida historia jijijiji :oops: . Disfrutenlos!!
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Capítulo V – La Elegida

Elbe elevó los brazos e intentó ignorar sus nervios. No debía permitir que la dominaran. Después de todo se había preparado durante las últimas semanas para esta delicada operación.
- Aufeba.- dijo, intentando que sus voz sonara dulce y convincente. La capa se elevó un poco y quedó flotando entre las fauces.
- Hiereban.- Su voz sonó insegura. Pese a que se empeñaba en lo contrario, cada vez se ponía más nerviosa.
- Hiereban.- repitió. La capa empezó a acercarse. Sabía muy bien que si tocaba alguno de los dientes, el dragón cobraría vida. Las manos de la muchacha temblaban imperceptiblemente. Calma, calma...Debía mantener la calma. En cierto momento, la capa osciló y estuvo a apunto de tocar los dientes. Elbe contuvo la respiración y logró estabilizarla. Un poco más y saldría. El último tramo de la capa abandonó las fauces del dragón. ¡Ya estaba afuera! Lo había logrado. La capa flotó hasta posarse sobre los brazos de la joven.
Eufórica, salió del lugar y corrió hacia las mazmorras. Alpisia la esperaba sentada en el camastro. Respiraba con dificultad y su cara estaba surcada por líneas negras.
-¡Alpisia! ¡Tu rostro!.- se horrorizó Elbe.
La mujer cisne sacudió la cabeza y estiró un brazo.
- La capa.
Elbe abrió la puerta de la celda y se apresuró en colocar la capa sobre los hombros de la hada. Alpisia pareció aliviarse.
- ¡Vamos!- la muchacha guió a Alpisia fuera del castillo.
- Debes llevarla a la laguna. Adiós y buena suerte.- dijo el fantasma antes de desaparecer.
Cuando llegaron a la laguna, ubicada a un kilómetro de distancia, la mujer cisne se dejó caer.
- Alpisia ¿Estás bien? Es mejor que descanses.- se preocupó la muchacha.
- ¡No! No hay tiempo...Cometí un error. Pensé que el hechizo de muerte sería más lento- Alpisia se sentó con mucha dificultad.- Necesitas... saber... algo importante. Yo fuí enviada hasta aquí para advertirte y ayudarte...Pero ahora ya no podré ir contigo.
- ¿Por qué? ¿ Qué cosa importante debes advertirme?
- Lo-los moradores de la noche rompieron... rompieron las reglas... peligro para el mundo...
- ¿Las rompieron? ¿De qué forma?
- Ingresar... Ellos intentan ingresar a este plano. Quieren gobernarlo directamente, pero el actual orden será destruido.
- Pero no pueden entrar sin que un elegido les habra... ¡Sagrado Nerthus! Han encontrado al Elegido ¿Verdad?
- Tú... tú eres...
- ¿Yo? ¡No puede ser!- se alarmó Elbe.
- Sí...
- ¡No! Imposible.
- ¡SI! Tu abuela lo sabe. Te obligará a abrirlo- Alpisia se aferro a la joven.- No...no lo permitas...¡Destruye el portal!... Debes marcharte de aquí. No tengas ningún contacto con los Oscuros y cuando ya sepas como, destruye el portal.
- ¡Destruirlo! ¿Como? ¡No se hacerlo!- Elbe sacudió la cabeza.- No entiendo ¡No entiendo nada!
Alpisia se acostó otra vez.
- Sifenia...,mi maestra...ella te ayudará. Te explicará todo lo que yo no alcancé a enseñarte... Búscala... Bosque Azúl... Nordri.- Alpisia alargó un brazo hacia la laguna, temblando por el esfuerzo. De pronto, de las oscuras aguas surgió un medallón unido a una cadena, ambas de plata, que flotó hacia las manos de Elbe.
- E-es mi libro de las sombras...lo-logre esconderlo...antes..antes de que Neala me a-atrapara...Tómalo... Abrelo
- ¡Oh, Alpisia! No puedo...
- ¡Abrelo!
Elbe obedeció. Vió que el medallón era en realidad un relicario y lo abrió. De inmediato se proyectaron paginas de luz con letras plateadas.
- Leelo...estudialo... A-Ahora toma mi... mi capa...
- Pero, Alpisia...
- ¡Tómala! Pero no la...no la uses hasta que tu poder haya... superado al mio...
- Alpisia. Hablas como si...
- Adios Elbe...No olvides lo... lo que te he enseña...enseñado...
Gruesas lagrimas corrieron por el rostro de Elbe.
- ¿Por qué no me pediste que te ayudara a romper el hechizo?
- No...tiempo... esto mas... importante...
- ¡Alpisia, no! ¡No me dejes sola!...- sollozó la muchacha.- ¡No, ahora!
- No estás ss... que-erida...Lss Vigilanntess Blan-nco...os-s accpañan-n...c-cuidan...
- ¡Pero no se que hacer!.- señaló Elbe, sin dejar de llorar.
- B-bsca Sif...a ella te a... ... ...
Alpisia se quedó en silencio. Con los ojos abiertos mirando hacia el cielo. Elbe lloró largo rato. En el poco tiempo que había compartido con ella se había ganado su respeto, admiración y cariño. Siempre había pensado que ella sería su maestra en alta magia y se irían juntas. Pero ahora no solo debía buscar una maestra de la que solo sabia el nombre y donde vivía, sino que además se enteraba de que era la supuesta elegida para abrir el portal, pero que debía destruirlo.
Elbe se secó las lágrimas cuando vio que el cuerpo de la mujer cisne se transformó en cientos de pequeñas plumas que se elevaron y se esparcieron con el viento. Con un gran suspiro la chica cogió la capa y la guardo en su morral. Bajó el sendero hacia el camino principal y caminó por la carretera hasta que torcía hacia la derecha; entonces volteo y miró la negra silueta del castillo por última vez. Su corazón se llenó de pesar e inseguridad. Tuvo la tentación de regresar, devolver la capa, acostarse y olvidar todo el asunto. Sin embargo, algo dentro de ella le dijo que ese era su destino y aunque tuviera miedo, debía continuar.
Los árboles tapaban ya la visión del castillo. Elbe caminaba rápidamente. Tenía la impresión de que su abuela aparecería detrás suyo. Caminó hasta el amanecer; entonces, cansada y con sueño se alejó del camino para buscar un lugar seguro donde dormir. Se acurrucó bajo dos arbustos grandes, que juntos formaban una pequeña cueva y se acurrucó envolviéndose en la única manta que había llevado.
El suelo estaba húmedo y la brisa primaveral muy fría. Elbe se sentía incómoda y deprimida y le costó quedarse dormida. Pensó una vez más en su familia, durmiendo en sus camas cómodas y calentitas y nuevamente se preguntó por qué estaba haciendo todo esto. Se sentía sola y las lágrimas volvieron a brotar.
- Moradores de la luz. Ayúdenme, por favor...-Pidió. Esto logró tranquilizarla y al fin se durmió.
El frío y la dureza del suelo la despertaron cuatro horas después. Cuando faltaban dos para el medio día. Comió un poco de pan con queso, una fruta y continuo el viaje.
El cielo estaba límpido y azul, pero la brisa seguía siendo muy fría. Elbe se sentía afectada por las emociones vividas y por la falta de sueño, pero mantenía un paso regular. seguía temiendo ser alcanzada por su abuela o alguno de los suyos y esperaba fervientemente toparse con alguien que le prestara ayuda o, al menos, le diera un poco de compañía.
Después de una hora de viaje, sintió de súbito una extraña sensación. Algo así como un alerta de peligro. Todo pareció congelarse a su alrededor. Elbe miró hacia atrás y , con un escalofrío, echó a correr con todas sus fuerzas; porque mas detrás, una forma negra e informe avanzaba hacia ella a toda velocidad.
Cuando la sombra alcanzó a Elbe, se dividió en muchas pequeñas partes que por momentos tomaban forma de pájaros, y luego volvían a desfigurarse. Las sombras pájaro atacaron con furia, intentando atraparla con sus garras.
- ¡AY! ¡NO! ¡SIEFAN MAIN KORPIA!- Elbe levantó una mano y alejó a las criaturas con golpes de magia.
Las sombras pájaro se desmoronaban momentáneamente, pero se recuperaban pronto y volvían al ataque.
- ¡SIEFAN MAIN KORPIA!.- Elbe se defendía con magia, brazos y piernas.
Aunque sin dejar heridas visibles, las sombras pájaro le provocaban gran dolor al intentar agarrarla. De pronto Elbe sintió que se elevaba. Desesperada y furiosa, descargó de sí toda la energía que pudo.
- ¡BARODIAN!
Una aura de luz la envolvió y luego explotó en un haz blanco y reluciente que desintegró todas las sombras pájaro. Elbe sintió una oleada de nauseas y vértigo y se desplomó en medio del camino.


Capítulo VI – Una Compañía en el Camino

Semidormida, Elbe sintió que levantaban su cabeza.
- Vamos pequeña. Bebe un poco, te hará bien...Eso es.- la voz masculina, era cálida, profunda y reconfortante. Elbe bebió el líquido tibio y dulzón y volvió a caer en la inconciencia.

Elbe abrió los ojos y se encontró con el rostro de un joven que la miraba con curiosidad. Era muy apuesto.
- Ya se despertó.- dijo y se alejó. Luego se acercó otro joven. Tenia muchas pecas; una nariz gordita y sus ojos vivaces brillaban con entusiasmo.
- ¡Hola! Que bueno que te despertaste ¿Cómo estás?
- Creo... que estoy bien...- respondió Elbe, incorporándose.- ¿Qué me pasó?
- Pues... Cuando pasábamos por aquí, estabas durmiendo en medio del camino. Un hábito peligroso, si me permites decirlo. Verás, algún viajero puede tener la mala ocurrencia de pasar sobre ti.- filosofó el desconocido.
- ¡Ah! Sí...Supongo que me desmayé... E-es que no desayuné muy bien.- mintió Elbe. No quería revelar quien era y en qué situación se encontraba.
- Entonces, otro poco de mi jugo especial te hará bien.- dijo el joven apuesto, ofreciéndole un jarro.
- Gracias.- Elbe bebió. Reconoció el líquido algo dulzón que recibió estando semiinconsciente; pero no logró asociar las voces despreocupada de los desconocidos a aquella dulce y amable que le infundió ánimo.
- Además, ya está casi lista mi famosa sopa de verduras. Degustada solo por los más finos paladares.- añadió el joven pecoso.
- ¿Te refieres a los miembros de la corte?.- quiso saber Elbe.
- Me refiero a mi compañero aquí presente, a mi primo Uri que vive en el Valle Escondido, por supuesto yo y ahora tú... No es necesario que me lo agradezcas.- señaló el joven pecoso con una sonrisa.

Elbe los miró sorprendida. ¿Le estarían tomando el pelo?
- Creo que está impresionada.- susurró el joven apuesto a su amigo.
- Es natural. No todos los días tiene el honor de probar mi sopa.- respondió el aludido.
- Es verdad.- convino el joven apuesto.
- ¡Por cierto!.- exclamó el joven pecoso, dirigiéndose a Elbe.- Yo soy Ingi y este .- el joven pecoso le dio un manotazo a su compañero.- es Gálar.

El joven apuesto se inclinó con elegancia.
- Encantado.
- Me llamo Elbe.- dijo la muchacha algo incómoda. Empezaba a preguntarse si sus rescatadores estarían bien de la cabeza.

Después del almuerzo, en verdad la sopa de verduras resultó buenísima, los jóvenes levantaron su campamento. Entonces Ingi se dirigió a la muchacha.
- ¿Puedo preguntar hacia donde te diriges?

Elbe dudó unos instantes.
- Voy al Bosque Azul; en la región de Nórdri.- dijo al fin.
- ¡Nórdri! ¡Pero qué casualidad! Nosotros también vamos a Nordri. Podríamos ir todos juntos. Te dejaríamos en los lindes del Bosque Azul.
- ¿Conoces el camino?
- Al menos más que tú...- señaló Ingi, rascándose su melena castaña.- Nordri queda hacia el lado contrario.
- ¡Oh!- Elbe se llevó las manos a la boca.- ¿Como no me di cuenta?.- pensó
- Gálar y yo debemos alimentar a Día y Noche. Mientras tanto puedes pensarlo.- Ingi sonrió amable y se alejó.

Con aire casual, como si estuviera reflexionando sobre algo, Elbe se colocó detrás de unos arbustos y conjuró un encantó que volvía invisible su energía. Dificultando la tarea de cualquier captor. Era algo que tendría que haber hecho en un principio, pero que simplemente olvidó. Elbe salió de su escondite; esta vez de verdad analizando la situación. Los jóvenes tenían un carro cerrado tirado por dos caballos, Día y Noche, lo que apresuraría el viaje. Además, parecían conocer el camino. Cierto que estaban un poco chiflados; pero siempre podía utilizar la magia si se volvían peligrosos. Elbe se acomodó un mechón detrás de la oreja y se acercó a los jóvenes con decisión.
- Voy con ustedes.- informó. Los jóvenes sonrieron alegres.


Neala se paró sobre los símbolos y entre los dos espejos, mirando al de marco dorado. Llevaba puesta una tiara donde destacaba el Ojo de Dragón.
- ¡Oh! Poderosos Señores de la Sombra, atiendan los llamados de su sierva.

La difusa silueta de tres figuras oscuras surgió del espejo de marco dorado.
- Neala. Esperamos que tus noticias sean positivas..- la voz masculina se escuchó profunda y levemente gutural en la mente de la mujer.
- Bueno... Mis señores... Yo...
- ¿Capturaste a la Elegida?.- la urgió la voz.
- Temo que no... Ella fue capaz de enfrentar nuestro hechizo.
- Tiene el poder y fue bien instruida por la mujer cisne... Debiste obedecernos cuando te ordenamos destruirla.- reprochó una gélida y distorsionada voz femenina.
- Solo intentaba obtener... alguno de sus beneficios.- respondió Neala , algo inquieta.
- La negación de tus propias limitaciones solo ha entorpecido nuestros planes.- espetó una chirriante tercera voz. también masculina.
- Lo lamento. No volverá a ocurrir...
- De eso estamos seguros.- señaló la voz femenina.
- ¿Has traído a tu nieta Angroda?.- preguntó la primera voz masculina.
- Espera fuera del cuarto. Pero no creo necesario incluirla en...
- Sigues contraviniendo nuestras órdenes.- dijo la voz chirriante.
- Lo lamento... Voy por ella.

Neala hizo entrar a Angroda y la ubicó entre los dos espejos.
- ¿Por qué tengo que mirar el marco dorado y no al revés?.- Preguntó la muchacha.
- Los moradores de la oscuridad se presentan en el espejo con marco de plata. Sin embargo, su poder es demasiado nocivo para contemplarlos directamente. Por lo tanto solo miras su reflejo en el espejo dorado.- explicó Neala con solemnidad.
- ¿Cómo puedo ver su reflejo? Me interpongo entre los dos. Mi cuerpo estorba el refl....
- Son espejos mágicos, querida. Pensé que sería obvio para ti.- la amabilidad de la mujer no ocultó su sarcasmo.

Reticente; Neala se quitó la tiara y se la colocó a su nieta.
- ¿Qué haces?
- ¿Qué crees tú?.- Neala hizo un gesto de impaciencia.
- ¿Ellos quieren hablar conmigo? - rápidamente Angroda se acomodó la tiara y se concentró en el espejo. Al principio su cuerpo se mostró rígido y su rostro reflejó espanto. Neala sonrió. Nadie se paraba ante los vigilantes y quedaba incólume. Claro que Angroda se sobrepuso con rapidez, lo que alertó a la mujer.

Luego de una inclinación, Angroda se acercó a su abuela. La miraba con expresión soñadora.
- ¿Qué ocurre? ¿Qué te dijeron?.- preguntó la mujer, expectante.
- Me dijeron que si les obedecía, me convertirían en la hechicera mas poderosa del reino... y del mundo.
- Qué curioso. Lo mismo me prometieron a mí.- comentó Neala, con frialdad.
- Me dijeron algo más abuela...- Angroda la miró con una sonrisa enigmática.- Me dijeron que yo soy más poderosa que tú y que... ya no te necesitarán más.

Neala solo alcanzó a abrir la boca con horror, antes que su nieta le lanzara un hechizo que fundió todos sus órganos internos, dejando intacta su apariencia exterior. La mujer se desplomó en el suelo. De sus oídos, boca y fosas nasales, surgió un humillo negrusco y pestilente.

Angroda miró a su abuela con indiferencia y volvió a posarse sobre los símbolos.
- He cumplido, mis amos.
- Bien hecho Angroda. Ahora debes procurar traer de vuelta a tu prima.- señaló la voz chirriante.
- Con todo respeto, Oscuros. No veo la necesidad de buscar a Elbe. Soy lo suficientemente poderosa para abrir el portal.
- Puede que seas poderosa; pero no eres la elegida.- aclaró la voz gutural.
- Prepárate, porque potenciaremos tus habilidades.- dijo la voz femenina.

Angroda cerró los ojos y se concentró. Sintió como una descarga de energía recorría su cuerpo y sonrió.
- ¡Ahora seré invencible!.- susurró.

El carro viajaba relativamente rápido. Elbe permanecía en silencio, respondiendo de vez en cuando alguna pregunta de Ingi, quién, sentado junto a ella, dirigía las riendas. Por su parte, Gálar permanecía dentro del carro; que era completamente cerrado, salvo por una puerta, y que se adornaba con bellas ilustraciones de plantas y flores.

Al atardecer Ingi se apartó del camino y le ordenó a los caballos detenerse. Gálar salió del carro agarrotado y con aire cansado. Se estiró gatunamente y pasó las manos por su negro y liso cabello, que brillante y sedoso, se deslizaba sobre los hombros. Elbe arrugó la nariz.
- Su cabello es mas lindo que el mío.- pensó con cierta envidia.
- ¿Vamos a pasar la noche aquí?- preguntó Gálar. Con las manos en las caderas y mirando los alrededores.
- Es un buen lugar.- respondió el joven pecoso.
-¡Sí que lo es!- estuvo de acuerdo Gálar. Los jóvenes prepararon el campamento y como Elbe no llevaba saco de dormir, le pasaron uno que tenían de repuesto. Estaba confeccionado con una tela (cortesía de los duendes, según explicaron) pardusca de textura sedosa, pero impermeable y resistente a las inclemencias del tiempo. Su interior estaba acolchado por un tejido (cortesía de los elfos) esponjoso y que retenía el calor.
- ¡Una verdadera maravilla!.- exclamó Elbe después de examinarlo.

Luego de comer un exquisito guiso de verduras, preparado por Ingi. Ambos jóvenes hicieron una lista de las cosas que escaseaban.
- No estamos tan mal, después de todo. Solo nos falta queso y leche.- dijo Gálar, estudiando la lista.
- ¡Leche! No puedo vivir sin ella... ¡La necesito mas aún que el hidromiel!.- se lamentó Ingi.
- El próximo pueblo está aún muy lejos.- comentó Gálar, con preocupación.
- Sin leche moriré...Lo sé. ¡Lo siento!.- lloriqueó Ingi.
- Ya, ya... Tal vez encontremos alguna granja por aquí cerca.- Gálar le dio unas palmaditas en la espalda.
- ¡Cierto! Mañana iré a explorar.- señaló Ingi animado otra vez.

Ingi se incorporó seguido de Gálar, que dio de comer a los caballos. Elbe se sintió un poco aislada. De pronto los jóvenes se comportaban como si ella no existiera ¿Se abrían arrepentido de llevarla con ellos?
- ¿Por qué van a Nordri?.- preguntó para entablar conversación con ellos.
- Para asistir a la celebración del Árbol Sagrado. Esperamos vender casi todos nuestro productos en la feria.- respondió Gálar.
- ¿Son comerciantes? ¿De qué?- se interesó Elbe.
- Productos naturales: Medicina y belleza; herbología en general.- señaló Gálar.
- ¿Los preparan ustedes?.- preguntó Elbe, mirando el carro pintado con hierbas.
- Ingi me ayuda un poco, pero básicamente los hago yo.- explicó Gálar.

Elbe guardó silencio y contempló a Ingi que, susurrando muy bajito unas palabras, terminaba un círculo de sal alrededor del campamento.
- ¡Un círculo de protección! ¿Donde lo aprendiste?.- quiso saber.
- Lo aprendí hace mucho tiempo.- respondió Ingi encogiéndose de hombros.- Nos permite dormir sin la necesidad de hacer guardia.- concluyó con una sonrisa.

Poco después todos se retiraron a sus respectivos sacos de dormir. Elbe se acurrucó en el suyo. En verdad se estaba calentita y confortable dentro de él. Aun así pasó largo rato antes de que lograra dormirse.
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Que esten super!! [wave]
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Saphira
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Notapor Saphira » 08 Sep 2007, 06:33

Hooolaaaaaaaaaaa amigos :mrgreen:
Para que no se aburran, aqui tienen los capitulos 7 y 8!!! :rolf: . Que se entretengan!! :love2:
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Capítulo VII – El Pozo

Elbe abrió los ojos. Ya había amanecido. Sus acompañantes aún dormían. Elbe se incorporó y decidió dar una vuelta por los alrededores. Se alejó del campamento. No le importó romper el círculo de protección, ellos pronto despertarían. Caminó entre los árboles hasta llegar a un pequeño claro, en cuyo centro había un pozo. Por simple curiosidad se apoyó en el borde y miró dentro. Entonces lo vio, un niño se aferraba a las paredes para evitar caer. El niño elevó el rostro y consternada descubrió que se trataba de Unwin.
- Elbe...Elbe ayúdame. Me voy a caer.- la llamó angustiado.
-¡Unwin! ¿Cómo has llegado hasta ahí?
- ¡AYUDAME ELBE!.- suplicó el niño.
- ¡Toma mi mano!.- inclinó el cuerpo dentro del pozo, pero el chico no la alcanzaba. Elbe se inclinó aún más, sin embargo perdió el equilibrio y se precipitó dentro del pozo con un grito.

Demoró un tiempo en llegar al fondo pero el impacto fue menor porque abajo era pantanoso y también oscuro.
-¡Unwin! ¡Unwin! ¿Estás bien?.- el chico no respondió. Tal vez estaba inconciente. Elbe lo buscó en la oscuridad con las manos. Una fría ráfaga cruzó súbitamente el pozo.
- ¡Aquí hay túneles!.- se dijo tocando las paredes en busca de alguna abertura. Cuando la encontró llamó a Unwin con todas sus fuerzas. Pero en lugar del niño, lo que respondió fue un lejano rugido. Otra ráfaga cruzó el lugar, pero esta vez olía a rancio. El escalofriante rugido se escuchó más cerca. Entonces Elbe comprendió la situación y buscó frenéticamente otra salida. La encontró del lado contrario y huyó por ahí.

El túnel era bajo y tenía que avanzar gateando. Los rugidos y chapoteos tras de sí demostraban que había más de una criatura.

La cavidad se fue elevando hasta que Elbe pudo correr erguida. Las criaturas se estaban acercando, porque el hedor ahora era constante. Cuando el túnel era mucho mas grande que ella, se atrevió a mirar atrás y su corazón saltó de miedo cuando vio las repugnantes y horrendas criaturas que la perseguían. Se esforzó en correr mas rápido; pero si no encontraba pronto una salida tarde o temprano le darían alcance. De pronto vio una luz allá adelante, que mediante avanzaba, le reveló la salida del túnel. Con renovada energía corrió hasta ella. Cuando la alcanzó, sin embargo, se encontró ante un espacio de arena circular, rodeado de altísimas paredes de piedra.

Llena de angustia buscó alguna salida o algo por donde trepar. Entre gemidos y lagrimas corrió registrando las paredes, en una infructuosa búsqueda.

Una despectiva carcajada se escuchó desde arriba. Elbe elevó la vista y vio a Angroda, vestida lujosamente como una reina, y que de pie al borde del foso, la miraba con ojos brillantes de malicioso triunfo.
- ¡Angroda, AYUDAME!.- gritó.

Por toda respuesta Angroda soltó una risita.
- ¡Angroda, por favor! ¡YA VIENEN!.- insistió trémula.
- Si...ya vienen.- señaló con tranquilidad.- y están hambrientos. Espero que llenes sus barrigas más que ella. Angroda indicó un punto cerca de Elbe. Los restos de un ser humano se hundían poco a poco en el lodoso fango. Elbe ahogó un grito, pues en una mano destrozada y semi roída, reconoció el anillo de Neala.
- ¡Guardianes De La Luz, ayúdenme por favor!.- gimió desesperada.
- Es demasiado tarde, querida prima. Los Señores De Las Sombras ya están aquí y me han hecho poderosa. Tus Guardianes De La Luz ya no pueden hacer nada. Ahora no hay fuerza capaz de destruirme. ¡EL MUNDO ES MIO!.-Angroda abrió los brazos y comenzó a reír.- ¡MIO!.- repitió entre enloquecidas carcajadas.
- ¡NO LO PERMITIRE! ¡YO LO IMPEDIRÉ!

Elbe despertó con un gemido. Ingi y Gálar roncaban harmoniosamente; como si interpretaran una melodía. Elbe demoró un poco en reponerse de la pesadilla. ¿Qué significaba? Comprendió que algo malo le había ocurrido a su abuela y que Angroda era su verdadera enemiga. Los Vigilantes Oscuros debían estar apoyándola. ¿Eso significaba que había una posibilidad de que Angroda pudiera abrir el portal? Con mucho sigilo saco de su pecho el relicario y abrió el Libro de las Sombras de Alpisia. Buscó entre las páginas hasta que encontró una alusión al elegido y leyó:

" Hoy Sifenia me habló nuevamente del elegido. Me explicó que el Guardián del Umbral fue creado por Nérthus para impedir a los Vigilantes la entrada al mundo material. Por tanto su naturaleza iguala o aún, supera la de ellos.
El elegido tiene el poder de doblegar la voluntad del guardián.
- ¿Como puede un simple ser humano lograr lo que ni los vigilantes son capaces de hacer?- pregunté.
- Porque ese poder se lo otorga Nérthus mismo. ¿Comprendes Alpisia? El Elegido es en realidad el elegido de Nérthus.
- No entiendo Sifenia ¿Por qué Nérthus arriesga la estabilidad del mundo?- reflexioné.
- No lo sé Alpisia. Los caminos de Nérthus son insondables aún para los Vigilantes. Tal vez sea un ejercicio de autocontrol para ellos y para nosotros. ¿Como saberlo?"

Elbe dejó de leer, guardó el libro y se acurrucó una vez más. Se durmió pensando en El Guardián Del Umbral.

Después del desayuno, la mañana siguiente, Ingi se marchó a recorrer los alrededores. Regresó cuatro minutos mas tarde.
- ¡LA ENCONTRE! Hay una granja a dos kilómetros hacia el oeste.- exclamó exultante.
- ¡Magnífico! ¿Qué esperamos? Levantemos el campamento.- dijo Gálar con entusiasmo.

Aunque no dijo nada, Elbe se preguntó como pudo Ingi recorrer cuatro kilómetros ida y vuelta, en tan poco tiempo.
- ¿Hay leche?- preguntó Gálar, mientras se dirigían hacia la granja.
- Mucha. Mucha, sí. También queso.- respondió Ingi con ensoñación.
- ¿Qué hay de los duendes?

Ingi sacudió la cabeza.
- Nada. No hay.
- ¿Duendes? ¿Tiene alguna importancia?- preguntó Elbe. Pero sus compañeros se limitaron a sonreír enigmáticamente.

Poco después llegaron a la granja. Entonces abrieron un pequeño compartimiento en uno de los costados del carro, que dejó a la vista varios productos con etiquetas pintadas con hierbas, similares a las que decoraban el carro.

Ungüento para el reuma; jarabe para la tos; pomada para los calambres; jalea para las quemaduras. Nada de esto quisieron el anciano matrimonio que ahí vivía. Pese a que tanto Gálar como Ingi hicieron gala de su más encantadora persuasión. Después de un rato y evidentemente incómodos ante la insistencia, la pareja de ancianos se excusó para regresar a sus quehaceres.

Los comerciantes se alejaron cerca de un kilómetro entre los árboles y se detuvieron.
- ¿Qué haremos ahora?- preguntó Elbe.
- Pues, pasar al plan B.- respondió Ingi con tranquilidad.
- ¿Plan B?- preguntó Elbe levantando la cejas.
- Sí. Expulsaré el duende que perturba su granja. Te aseguro que en cuanto los libere de él, no dudaran en facilitarnos leche y queso.- explicó Gálar.
- Pero, si mal no recuerdo, el propio Ingi dijo que no hay ningún duende.- señaló Elbe.
- No hay.- corroboró Ingi sonriente.- Pero ahora lo abra.- acto seguido un remolino lo envolvió por completo, poco después surgía de el con la mitad de su tamaño.
- ¡Eres un duende!- exclamó Elbe muy asombrada.
- ¿Verdad que nunca lo sospechaste? Imitando la apariencia humana soy el mejor.- señaló radiante.
- ¿Cuanto tiempo necesitas?- preguntó Gálar.
- Son ancianos; con media hora bastará.- respondió Ingi.
- En media hora, entonces.- dijo Gálar.

Ingi se envolvió nuevamente en el remolino de viento y se marchó rumbo a la granja. Elbe lo vio alejarse y luego se volteó a mirar fijamente a Gálar para preguntarle si pretendían hacer lo que ella sospechaba, pero antes de que dijera nada, el joven le pidió que alimentara a los caballos y rápidamente desapareció dentro del carro.


Capítulo VIII – El Falso Mago

Media hora más tarde se encontraban una vez más de vuelta en la granja y durante el camino, el joven comerciante habló tanto que no le dio ninguna oportunidad a Elbe para que replicara. Cuando Gálar detuvo el carro giró para decirle algo a la muchacha, pero se lo pensó mejor cuando vio la expresión hosca de ella, y prefirió descender en silencio. Se acercó a la casita, que era hogar de los ancianos y llamó a la puerta.
- ¡Disculpe! ¡Algún noble habitante de este cálido hogar, sería tan amable en convidar un poco de agua a este humilde viajero!- dijo, mientras desde adentro se escuchaban gritos y ruidos de cosas que se arrastraban y se caían.

De pronto la puerta se abrió y la pareja surgió, huyendo todo lo rápido que sus viejos pies se lo permitían.
- ¡AYUDENOS, JOVEN! ¡POR PIEDAD!- suplicaron temblando, los ancianos.
- Pero ¡Que les ha pasado, buena gente! ¿Qué pudo perturbar la paz de su vida? -preguntó Gálar, con aire de inocencia.
-¡UN DUENDE! ¡UN TRASGO! ¡ALGUN ESPIRITU MALIGNO ESTA DESTRUYENDO NUESTRA CASA!- gritó la mujer.
- POR AMOR A LOS RESPLANDECIENTES ¡AYUDENOOOOS!- lloriqueo el anciano.
- Calma, buen hombre. Da la casualidad de que además de honrado comerciante, soy también un desinteresado mago.- señaló Gálar, ignorando el resoplido desdeñoso que lanzó Elbe.
- ¿Nos ayudará?.- preguntaron los afectados, como si fueran dos pequeños niños.
- No faltaba más amables personas. Yo me haré cargo.- el joven entró afectadamente a la casa y cerró la puerta.- ¿DONDE ESTAS TRASGO DE SEGUNDA?.- se escuchó desde adentro.- ¿POR QUE NO TE METES CON ALGUIEN DE TU TAMAÑO?

Se escuchó una aguda y siniestra risa, que asustó mucho a los ancianos. Luego vinieron unos fuertes ruidos, seguidos de gritos del mago diciendo cosas como:
- ¡SAMBOMBAS CURUMU. DESAPARECE DE AQUI...TUUU!
O también:
- ¡CHIQUITIBUM CHIQUITIBA, SI NO TE MARCHAS TE PESARAAA!

Después vinieron más ruidos, un alarido y finalmente apareció por una ventana abierta un pequeño remolino que se alejó a toda velocidad hacia el bosque. Poco después salía de la casa Gálar, luciendo como si hubiera tenido una feroz lucha de poderes.
- ¡Nos ha liberado joven! ¿Como podremos agradecérselo?.- exclamó la anciana.
- No es nada, no es nada. Verlos tranquilos es suficiente recompensa, noble señora.
- ¡Pero arriesgó su vida por nosotros! Por favor pídanos lo que quiera.- insistió el anciano.
- Pues...ya que insisten...La verdad es que necesitamos algo de leche y queso.
- ¡Como no! Venga por acá.- dijo el anciano, feliz de poder recompensar a su salvador.
- Elbe, busca los productos que esta mañana le ofrecimos a estos granjeros.- pidió Ingi pasando al lado del carro con su apariencia humana.
- ¿Para qué?.- preguntó Elbe molesta.
- Tú solo tráelas.- ordenó Ingi y siguió a Gálar.

Después de cargar el carro con la mercancía, incluido una tarta de manzana que la amable anciana les regaló, Gálar le entregó al matrimonio todos los productos que antes habían intentado venderles.
- Un regalo para que nos recuerden. Las instrucciones están en la etiqueta. Síganlas al pie de la letra y verán como se alivian sus malestares.- dijo con amabilidad. Los ancianos agradecieron felices y regresaron a su casa.

Cuando los comerciantes armaron nuevamente el campamento, tres kilómetros más al norte, Ingi se decidió a enfrentar a la joven.
- Has estado muy callada Elbe ¿Estás enojada por algo?
- ¿Si estoy enojada por algo? ¡CLARO QUE ESTOY ENOJADA! Estoy molesta conmigo misma, por haber participado de una vil estafa a una pobre e ignorante pareja de ancianos.- bufó furiosa.
- ¿Estafa? ¿Cual estafa?.- preguntó Ingi genuinamente sorprendido.
- ¿Como llamas a lo que ocurrió en la granja?- preguntó Elbe mirándolo fijamente.
- Vender.- intervino Gálar con tranquilidad.
- Exac...¿Vender?.- Elbe se volteo a mirar a Gálar. Ahora era su turno de sorprenderse.
- Claro. Le vendimos a esos simpáticos ancianitos productos medicinales que, te aseguro, necesitaban con urgencia.- explicó Gálar.
- ¿Vender?.- volvió a preguntar, confundida.
- Vender, querida Elbe.- insistió Ingi.- Es verdad que en medio hubo algunos, digamos...rodeos, pero lo cierto es que ellos nos entregaron leche y queso a cambio de productos medicinales que necesitaban mucho.

Elbe permaneció en silencio unos segundos, no sabía que pensar, para despejarse un poco decidió ir a buscar agua a un pequeño riachuelo que fluía cerca de ahí. Al regresar escuchó a los comerciantes decir su nombre y se escondió en los arbustos para oír lo que hablaban.
- Me siento mal por dejarle a Elbe una porción tan pequeña de tarta.- decía Ingi.
- ¿De verdad?.- preguntó Gálar, antes de llevarse a la boca un gran pedazo.
- Sí, pero me aguanto.

Elbe surgió de entre la maleza con una mirada asesina.
- ¡Elbe! Teníamos tanta hambre que ya nos repartimos la tarta, espero que no te moleste. ¡Pero te dejamos el pedazo más grande!- señaló Ingi, colorado como un tomate y sin mucha convicción.
- ¡Oh! Pero no debieron molestarse por mí. ¡Dejándome ese pedazote!.- replicó ella con sarcasmo.
- Si no te lo comes todo, todavía puedes dármelo a mí ¡Auch!...- Gálar sacó con disimulo el codo de Ingi de su propia costilla - Era broma, jeje .- agregó mirando a la muchacha con expresión estúpida.

Elbe se preguntó como un hombre tan apuesto, como Gálar, podía ser un verdadero patán.
- Voy a buscar leña.- anunció molesta.
- Pero ya tenemos mucha.- dijo Ingi.
- ¡No es cierto!.- cortó la muchacha alejándose de ahí.
- No los soporto más, en cuanto lleguemos a un poblado donde pueda pedir ayuda me apartaré de ellos.- se decía mientras caminaba entre los árboles, por supuesto sin recoger ni una sola ramita. De pronto se detuvo con un escalofrío recorriéndole el cuerpo. Porque había llegado a un claro, en medio del cual se levantaba un pozo. Un pozo que en todo era igual al de su pesadilla, salvo que este estaba tapiado. Elbe se acercó despacio, a pesar de estar tapado emanaba de él una energía incognoscible y seductora. Con cuidado a largó un brazo para tocarlo.
- ¡Elbe! ¡Elbe, no!

La joven se detuvo y miró hacia atrás. Ingi y Gálar la observaban con preocupación.
- ¡Elbe, aléjate de ahí!.- insistió Ingi.
Elbe los miró desorientada, sin saber que hacer. La energía que emanaba del pozo confundía sus sentidos. Gálar hizo ademán de acercarse a ella, pero Ingi lo detuvo.
- Vamos Elbe, pequeña. Ven con nosotros.- le dijo con dulzura el duende.- Nos vamos a acampar a otro lado, este no es un buen lugar. Ven, querida.- Ingi alargó un brazo hacia ella, poco a poco Elbe empezó a caminar hasta que tomó la mano de Ingi. De inmediato Gálar la aferró y la alejó del pozo.
- Vámonos de aquí , muchacha. Este lugar es un mal lugar.- dijo Gálar sosteniéndola por los hombros. Rápidamente Ingi desarmó el campamento, mientras Elbe, que seguía sintiendo el llamado del pozo, era sostenida por Gálar. Cuando Ingi tuvo todo listo, partieron a toda velocidad de ahí.
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Saphira
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Notapor Saphira » 18 Sep 2007, 06:04

Hooolaaa queridos amigos :rolf:
Despues de estar un tiempo ocupadisima, aqui tienen el capitulo 9 de esta interesante historia jijijiji :oops: . Ojala que la disfruten ::)
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Capítulo IX – La Sombra

Solo hasta la mañana siguiente, Elbe se atrevió a hablar de lo ocurrido en el pozo.
- ¿Qué me ocurrió ahí, Ingi?

Ingi bebió un poco de humeante leche y suspiró, parecía meditar su respuesta.
- En épocas remotas.-empezó a contar.- los seres de este mundo tenían una comunicación más directa con los Vigilantes. Con el tiempo, sin embargo, la pérdida de inocencia del hombre volvió peligrosas esas comunicaciones. Sobre todo cuando los contactados eran los Vigilantes Negros. Hombres sabios; ayudados por magos y hadas, destruyeron la mayoría de estos medios de comunicación, y los pocos que quedaron se protegieron para que solo los que prueben ser dignos puedan utilizarlos.- concluyó.
- Entonces, el pozo era uno de...
- El pozo fue una vez un oráculo.- explicó Ingi.
- Pero la energía que me atrapó...
- No sé si atrapar es la palabra Elbe. La energía de los Vigilantes fluye por todo los seres vivos. En estos lugares dicha energía se intensifica; y en personas sensibles y no preparadas les provoca confusión, desconcierto.- señaló Ingi.
- Ustedes los duendes conocen muchos misterios de la vida y la naturaleza ¿Verdad?.- dijo Elbe. Ingi se limitó a sonreír.

Gálar regresó de recorrer los alrededores. Venía emocionado y exultante.
- ¡Un morral! Necesito un morral.- exclamó buscando entre sus pertenencias.
- ¿Qué pasa compañero?.- preguntó Ingi.
- Un poco más allá hay un claro. ¿Y qué crees? Hay hierbas, setas, flores...Muchas, muchísimas.- dijo Gálar con expresión radiante.
- Sabía que este era un buen lugar para acampar.- apuntó Ingi.
- ¿Alguien quiere acompañarme? Hay mucho que hacer.- preguntó Gálar.
- ¡Yo voy contigo!- se ofreció Elbe con entusiasmo.

Poco después, ambos recogían flores y hiervas en el claro.
- La mayoría de las personas piensa que la Lavanda sirve solo para aromatizar y como para perfume, pero esa es solo una propiedad...-comentó Gálar, cortando algunas.
- Lo sé. Si colocas un puñado en baúles donde guardas ropa, además de aromatizar, cuida y protege las prendas de las polillas.- dijo Elbe.
- Así es. Pero aún hay más. Como infusión alivia el dolor de cabeza y estómago, entre otras cosas.- agregó el joven.

Elbe lo miró con atención. ¿De verdad era un experto en herbología?
- Mira. Allá hay algunos cardos. Si machacas su flor y la pasas por piel y ojos diciendo la palabra Shezain Felia causa una dolorosa irritación. Y en grandes cantidades puedes crear una pócima que provoca molestias estomacales y vómitos.- dijo para demostrar que ella también sabía de hierbas.
- Pero si hierves sus tallos, hojas y flores y humedeces compresas en el líquido que resulta, sirve como cicatrizante y desinfectante.- señaló Gálar.

Elbe guardó silencio. Luego vio un pequeño hongo negro.
- Con este se hacen poderosos venenos.
- Cierto, pero ¿Te cuento un secreto? Si preparas un jarabe con un poquito; solo un poquito de este hongo, obtendrás un potente antibiótico.
- ¡Ah! ¿Sí?... ¡Oye! ¿Conoces esta flor? Se llama Meliatina. Con ella creas una pócima que se llama Sueño Encantado, porque te hace dormir por días y días; y si la das a beber en grandes cantidades puede provocar la... muerte.- concluyó débilmente.

Gálar miró a la muchacha con las cejas alzadas.
- Conoces mucho de hierbas ¿Verdad?... – le dijo con un leve sarcasmo - Si solo preparas una infusión, la Meliatina tiene una suave propiedad sedante, ideal para combatir el insomnio y el nerviosismo. Además de otras cosas.

Elbe bajó la vista un segundo, pero de inmediato buscó mas hierbas y flores.
- ¡Mira!- indicó recuperando su entusiasmo.- Este hongo es llamado por la gente Piedra De Bruja, porque puede petrificar a las personas. Primero pulverizas el hongo entre tus dedos...así...y después tocas a la persona haciendo un círculo y diciendo Stien Wasian y...
- ¡Pero no me vayas a...! - Gálar no alcanzó a terminar la frase; porque en cuanto Elbe dibujó un círculo en su brazo, quedó petrificado con una expresión de asombro en el rostro.

Elbe se llevó las manos a la boca.
- ¡Por los Resplandecientes! ¿Qué hago ahora?.- Elbe conocía el encantamiento porque había leído uno de los libros prohibidos por su abuela y tuvo que cerrarlo cuando ella entró a la habitación, por lo que nunca supo como romper el hechizo.

A toda prisa, la joven corrió al campamento y contó lo ocurrido al duende.
- ¡No me digas!- dijo divertido.
- No es para reírse. ¡Tienes que ayudarme!.- Elbe lo tomó de la mano y lo arrastró con ella. Pero cuando Ingi vio a su amigo se desarmó de risa.
- ¡BUAAAJAJAJAJA! ¡MIRALE LA CARA! JAAJAAAJAAA ¡NO, SI ES DE LEYENDA! - Ingi se reía con tantas ganas que le salieron lagrimitas de los ojos.
- Pero Ingi...¿Puedes ayudarlo?
- JAJAJAJA ¡ESTO TENGO QUE DIBUJARLO!.- en las manos del duende surgieron una pluma y un frasco de tinta y rápidamente hizo un retrato del joven petrificado.- ¡Mira! Me quedó igual ¿No?
- ¡Igualito!.- exclamó Elbe y soltó una risita. Pero se esforzó en ponerse seria.
- ¡Ingi. Has algo por Gálar! ¡Se que puedes hacerlo!
- Jajaja..¡Ay! ¡Ay! Me duele el estómago...Uff...De acuerdo, de acuerdo.- Ingi se inclinó junto a Gálar y después de pronunciar una palabra que Elbe no entendió, sopló sobre su cara. Gálar se incorporó echando chispas por los ojos.
- ¡TU! ¡NO VUELVAS A HACER ESO! ¡TU! ¡ENTREGAME ESE DIBUJO!- ordenó a una y a otro.

Ingi soltó una risita y convertido en remolino escapó seguido de un iracundo Gálar. Elbe rió otra vez y, de muy buen humor, recogió las hierbas y setas seleccionada y se encaminó al campamento.

Ya en la tarde, Elbe nadó hacia la orilla y salió del agua. No temía que sus compañeros la espiaran. Gálar fue tajante cuando ella se los advirtió.
- No necesitamos espiar si queremos ver a una mujer desnuda.- había dicho despectivo.

Estrujó sus cabellos, ahora sedosos y brillantes desde que usaba los productos de Gálar, con toda tranquilidad. Luego se secó con un paño y se vistió.

Cuando llegó al campamento la esperaba una noticia. Gálar la invitó a trabajar con él. Invitación que ella aceptó encantada.

Así pues, día a día Gálar se abocó a enseñarle todas las propiedades de las hierbas, hongos, flores y árboles. También la instruyó en la elaboración de los productos. Por su parte, Elbe lo asesoró en la experimentación, recomendándole las cantidades de los ingredientes más tóxicos y propuso, además, crear y vender antídotos para envenenamientos. Debido a todo este trabajo, Elbe pasaba mucho tiempo junto a Gálar y descubrió que sus payasadas eran solo parte de su capa más superficial. Gálar era un joven sensible y reservado; perfeccionista y quisquilloso en su trabajo, tanto como la propia Elbe. Su visión del mundo y la vida era muy similar al de ella y Elbe empezó a sentir algo más profundo por el mercader.

Elbe empezó a sentirse muy a gusto con sus compañeros. Ingi era alegre, ingenioso y divertido. Gálar...¡Uf! Galae era misterio, carismático y atrayente. En fin, Elbe casi olvidó el motivo de su viaje.

Aquella noche, acurrucada en su saco, se preguntaba si no sería una buena idea quedarse para siempre con los comerciantes. Llevando una vida simple, recorriendo los caminos y vendiendo su mercancía. ¿No sería eso lo mejor? Se olvidaría del Portal y de los que moran en la oscuridad. Ellos tendrían que buscar otro elegido y probablemente este demorará mucho tiempo en aparecer. Con esos pensamientos se durmió. En medio de una agradable noche primaveral que poco a poco fue volviéndose silenciosa. En algún momento sin embargo, ese silencio se volvió gélido y amenazador. Elbe abrió los ojos y se incorporó alerta. Miró a sus dormidos compañeros y luego escrutó la noche. No vio nada pero la sintió. Una presencia poderosa y maligna que buscaba, buscaba desesperadamente. La buscaba a ella; Elbe lo sabía bien. Si la descubría pondría en peligro a sus amigos. Tenía que alejarse y entonces enfrentar aquello. Empezó a caminar pero, cuando ya iba a cruzar el límite del círculo, dos manos la sostuvieron con firmeza.
- ¡No! ¡No rompas el círculo!- le dijo Gálar muy cerca de su oído y Elbe reconoció la voz calida y protectora que la había animado después de luchar con los pájaros sombra.
- ¡Pero está buscando!- señaló Elbe.
- Si, pero no nos encontrará. Este es un círculo poderoso...No nos encontrará.- la tranquilizó.

Elbe miró hacia atrás y vio a Ingi acariciando a los caballos, mientras le murmuraba palabras cariñosas.

La presencia invisible estaba furiosa. Elbe sentía todo su odio y frustración. Después de rastrear infructuosamente un rato más, la presencia se marchó rumbo al norte.
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Saphira
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Notapor Saphira » 03 Oct 2007, 07:13

Hoolaaaa ::)
He vuelto con otro par de capitulos, 10 y 11. La historia comienza a complicarse para Elbe. No siempre ser la elegida trae buenas nuevas pero incluso en tales circumstancia el amor es un balsamo ::) .
Disfrutenlas!! :rolf:
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Capítulo X – El Desafío

Elbe se sentó temblando junto al fuego.
- Vino por mí.- murmuró.
- ¿Por qué lo dices?.- preguntó Gálar mientras repartía infusión a base de jazmín.
- Me buscan para llevarme de vuelta a casa. Verás, ocurre que me fugué.- explicó la joven.

Ingi, sentado junto a ella, tomó un sorbo de la infusión y la miró.
- Y tu vives en...
- El castillo Ludendorf. Mi tío es el duque de Thorgren.
- ¡No me digas que tienes algo que ver con la bruja Neala!- exclamó Ingi.

Elbe asintió.
- Es mi abuela.

Ingi volteó hacia Gálar.
- Me debes tres monedas... ¡Vamos, vamos!.- dijo apurando con la mano.

Gálar, haciendo una mueca, buscó una bolsita entre sus cosas y sacó tres monedas que entregó a sus compañero.
- ¿Y eso?.- preguntó Elbe.
- Una apuesta. Yo dije que estabas emparentada con la bruja Neala y él no.- explicó Ingi con una sonrisa.
Gálar se encogió de hombros con resignación.
- Entonces, fue ella quién te inició en la magia.- dijo después, con indiferencia.

Elbe se puso colorada por la sorpresa.
- ¿Lo...lo sabían?- preguntó con timidez.
- Te vimos luchando con esas sombras con forma de pájaro.- señaló Ingi.
- Supusimos que estabas en algún problema y te ofrecimos venir con nosotros. Pero no quisimos presionar para que nos contaras hasta que estuvieras lista.- explicó Gálar.
- Mi abuela quería convertirme en la mas grande de las hechiceras, pero yo quiero ser una hada. Por eso voy al Bosque Azul.- contó la muchacha. Una vez más ocultando su condición de Elegida y su misión con el Portal.
- Gracias por ayudarme a cambio de nada...- dijo Elbe con humildad. Después dio un gran suspiro.- Y ¿Bien? ¿Quién va ser el primero en contarme sobre su vida?
- Bueno. Soy un duende de la familia de los Hierbabuena que viven en el Valle Escondido, en la región de Vestri.- respondió Ingi.
- Yo también vengo de Vestri. Mi familia es leñadora y trabaja para el conde Klingman. Yo estaba más interesado en las propiedades de los árboles que en córtalos y un vecino que era herbólogo me enseñó todo lo que sé. A los quince años me peleé con mi padre así que me fui de la casa. Anduve sin rumbo hasta que me topé con Ingi y me propuso que fuéramos socios.-dijo Gálar.
- De eso ya hace trece años.-murmuró Ingi con nostalgia.
- ¡Trece años!- exclamó Elbe.- Pero...pero eso significa que Gálar tiene...
-Veintiocho adorables primaveras. O debería decir otoños...- señaló el aludido con aire divertido.- Sí, soy todo un viejo y ahora señorita, será mejor que te acuestes luego o tendré que darte unas palmadas.

Aunque guiaba las riendas del carro, Elbe no prestaba atención en el camino. Se lamentaba de lo poco que había durado su ilusión de llevar una vida tranquila como comerciante. Lo sucedido la noche anterior le hizo comprender que no tenía mas remedio que cumplir sus misión y debía prepararse para ello.
-¡...DIRECTO AL RIO!
- ¿Qué?- preguntó Elbe, saliendo de sus reflexiones.
- ¡QUE VAMOS DIRECTO AL RIO! ¡DAME LAS RIENDAS!.- gritó Gálar, quitándoselas de las manos.
- ¡Oh! ¡Lo siento! ¡No me di cuenta!.- se disculpó ella.
- ¡Vamos Día! ¡Vamos Noche! De nuevo al camino...Así... Buenos chicos...eso es...
- Puedes devolverme las riendas, no volveré a descuidarme.- dijo Elbe.
- Prefiero llevarlas yo, al menos mientras viajemos cerca de los pantanos.- señaló Gálar.
- ¿Temes que me desvié hacia ellos?.- Preguntó Elbe.
- Es por la bruja. La bruja Helga, quién vive en los pantanos. Nosotros conocemos mejor sus artimañas.- intervino Ingi.
- ¿Y es muy peligrosa esa bruja?.- se interesó la chica.
- Claro que no. Es solo una bruja de segunda. Pero no estamos de ánimo para presenciar una pelea entre tú y ella.- dijo Ingi.
- ¿Por qué habría de pelear con ella? No es mi enemiga. Ni siquiera la conozco.- se extrañó Elbe.
- Pues, por lo del desafío. ¿Por qué mas?.- respondió Ingi mirándola.
- ¿Cual desafío?.- Elbe frunció el ceño.
- ¿En verdad no lo sabes? Las brujas se desafían las una a las otras para demostrar su poderío. Por supuesto que es una soberana estupidez y además sus duelos son muy aburridos. Lo cierto es que cuando sienta tu presencia, la bruja Helga intentará atraerte para desafiarte.- explicó Gálar.
- Pero yo no soy una bruja. Soy una aprendiz de hada.- apuntó Elbe altiva.
- Mientras una hada no te admita formalmente como su discípula, en rigor aún eres una bruja.
- ¡Oh! ¡No! ¡Me cago sobre el troll! ¿Como rayos lo hizo?.- exclamó Gálar furioso.

Elbe lo miró sorprendida.
- ¡Mira a tu alrededor!.- insistió él.

El paisaje campestre había dado paso a un lugar lúgubre y pantanoso. Con árboles semiputrefactos, un fuerte hedor y fuegos fatuos que titilaban a cierta distancia.
- ¿Cómo llegamos aquí? preguntó la muchacha tapándose la nariz.
- ¡Pues con magia! ¡Esa vieja asquerosa, hedionda, con cara de goblin, tiene que haberse hecho con algún artilugio que aumenta su patético poder! Se los digo. Algún día, esos cacharros terminarán matándola.- refunfuñó Ingi.
- Ni modo. Parece que no tenemos opción. Tu eres mas fuerte que ella así que haznos un favor y véncela rápido ¿Sí?.- pidió Gálar.

Detuvieron el carro a cierta distancia de una choza sucia y cuyas paredes estaban algo inclinadas.
- Es costumbre que la bruja ganadora se quede con algo de la bruja perdedora.- le explico Ingi.- Ella te pedirá algo antes de empezar la contienda. Tú debes hacer lo mismo.

Elbe asintió y se acercó a la choza. En una de las ventanuchas había una jaula de fino oro, que guardaba en su interior una pequeña criatura, semejante a un dragoncito. Sus diminutas escamas eran de un blanco nacarado. Sus plegadas alas tenían unas delicadas membranas, también blancas, y de la parte superior de su cabeza nacían dos simpáticos cachitos. Miró a Elbe con grandes ojos azules llenos de tristeza.
- Un Drakia ¡Qué bello es! Es una maldad mantenerlo enjaulado. ¡No estés triste, yo te liberaré!- dijo la muchacha. El Drakia movió el rostro con expresión esperanzadora.

Elbe estaba ansiosa por empezar. En el pasado había ganado todos los enfrentamientos que clandestinamente había tenido con su prima Angroda. Ni siquiera se le ocurrió pensar en que esta bruja tenía más experiencias y mañas. Lo único que le interesaba era rescatar a ese pobre Drakia.

Una mujer salió de la choza. Era ya mayor. Su cuerpo era rollizo; el enmarañado pelo era gris y su vestido sucio y andrajoso. Pero en su feo rostro brillaban un par de ojillos desafiantes y maliciosos.
- ¡Bruja Helga! Quiero ese Drakia que está ahí.- dijo la joven, impaciente por empezar.

La mujer asintió con una sonrisa torcida, que dejó ver su boca casi por completo desdentada.
- De acuerdo...- respondió con una voz aguda y raspada.- yo me quedaré con tu cuerpo.

Elbe pestañeó por lo extraño de su petición, no importaba, de todas maneras iba a ganar.
- Bien, acepto...empecemos. ¡Stobiar!- Elbe lanzó un encanto de potencia media que hizo trastabillar a la mujer y la botó de espaldas.
Sin embargo la mujer se incorporó con sorprendente rapidez.
- ¡Tralsturmia!.- de las manos de la anciana salieron rayos semejantes a relámpagos que envolvieron a la muchacha, en una fuerte descarga eléctrica.

Elbe lanzó un grito y calló al suelo temblando. Se suponía que era una bruja menor ¿De adonde salía tanto poder? Trató de incorporarse pero los temblores se lo dificultaron. Antes de que estuviera completamente de pie, la bruja lanzó otro hechizo.
- ¡Asfaxia!.- gritó.

Elbe se desplomó por segunda vez. Sintiendo que su pecho era aplastado violentamente, impidiéndole respirar. En su desesperado forcejeo, vio a Ingi reteniendo a Gálar que intentaba descender del carro. ¡No! si intervenía saldría lastimado. Tenía que revertir la situación. ¡No podía perder! A pesar de que sentía que pronto se desmayaría, Elbe se esforzó en reunir su energía y mentalmente dio una orden.
- ¡Zustalem!- de inmediato la presión cedió y la bruja, que estaba riendo, salió expelida atrás con un grito de asombro. Sin perder tiempo, Elbe atacó otra vez.
- ¡Wirbesturmia!.- con gran rapidez se formó un pequeño tornado que atrapó a la bruja que gritó aterrada. Giraba tan velozmente que pronto su estómago devolvió todo lo que tenía. La mujer gritaba desgarradoramente. Elbe consideró que ya era suficiente y con un movimiento de brazos detuvo el tornado.

El cuerpo de la mujer se desplomó en el suelo gimiendo débilmente. Elbe empezó a acercarse para ayudarla cuando algo ocurrió. De el cuerpo de la bruja surgió un ser similar a una sombra, que miró a Elbe con infinito odio. Emitió un chillido aterrador, pero se marchó, volando tambaleante hacia el norte.



Capítulo XI - La casa de Sifenia.

- ¿Estás bién?.- preguntó Gálar llegando junto a ella.
- Un poco adolorida ¡Ay!.- se quejó cuando él le tocó el brazo.
- Lleva unos días muerta.- comentó Ingi, inclinado junto al cuerpo de la bruja.- Sabía que terminaría así, pero no deja de ser lamentable.
- La sombra que salió de ella es la misma que aquella noche me buscaba.- comentó Elbe pensativa.
- Ninguna de ustedes dos utilizó el máximo de poder, pero ella terminó debilitada. Pienso que eres más fuerte que ella.- indicó Ingi.
- Sin embargo, ahora me doy cuenta que he sido perezosa en mis prácticas mágicas. Debo corregir mi error...- también pensó que tenía que impedir que su prima la atrapara antes de que lograra destruir el portal. Pero de esto nada dijo.
- Debes intensificar tu encanto protector y prepararte, porque este no será el último enfrentamiento. Otra cosa. No intentes escabullirte de nosotros con el fin de protegernos, porque nos hemos enfrentado a cosas peores. ¿No es cierto compañero?- dijo Gálar.
- Cierto. Como aquella vez, en que esa odalisca con el rostro cubierto con un velo y cuerpo espectacular te cautivo. ¿Lo recuerdas? La que resultó ser más fea que un troll.- agregó Ingi.
- ¡Recordarlo! ¡Aún tengo pesadillas con ella!- exclamó Gálar.
- Después no podía quitarsela de encima. ¡Tendrías que haberlo visto arrancando de ella por todo el pueblito!.- le dijo Ingi entre risas.
- ¡Oh, hermano! Pensé que de esa no me salvaba. ¡Fué terrible! ¡Terrible!.- recordó Gálar con un estremecimiento.

Elbe sonrió pero no pudo evitar sentir una punzada de celos al imaginarse a Gálar mirando a otras mujeres. ¡Pero qué tontería! ¿Qué le pasaba? Sacudió la cabeza y miró hacia la choza y entonces vió al Drakia y se apresuró en sacarlo de la jaula.
- Ven. Ven, querido. Ahora eres libre.- le dijo.
- Gracias. Te lo agradezco de verdad, pero ¿Sabes? en realidad soy querida. Mi nombre es Runi.- dijo la Drakia con coquetería.
- ¡Oh! Que lindo nombre tienes.- comentó Elbe.

Runi salió de la jaula, y luego de dar una elegante vuelta en el aire, regresó al hombro de Elbe y anunció que pretendía quedarse con ellos. Lo que alegró mucho a todos.

Después de darle sepultura a la malograda bruja. Se marcharon rápidamente de ahí.

Durante las semanas siguientes, los mercaderes vendieron varios de sus productos en algunas granjas y pueblitos, así que debían ir reponiendo constantemente su mercadería. Por su parte, Elbe practicaba todos los días encantos, guiandose por El Libro de las Sombras de Alpisia y también por Ingi, que aportaba lo suyo. Debido a estos dos motivos, Elbe no se dió cuenta cuan rápido se acercaba al Bosque Azul, hasta que estubo ya en sus lindes.
- ¿Sabes en qué parte del Bosque Azul vive Sifenia?.- preguntó Ingi, cuando ya el bosque se erguía ante ellos.
Elbe negó con la cabeza.
- Ni idea.
- Ah. No importa. Este bosque no es muy extenso, la encontraré pronto.- señaló Ingi y se perdió entre los árboles, convertido en un pequeño remolino.

Elbe lo vió partir. Aunque comprendía perfectamente la importancia de su misión, sentía pesar en su corazón. Extrañaría a sus dos compañeros y a esta alturas debía reconocer que sentía por Gálar algo mas que cariño fraternal.
- ¿Donde se celebra la fiesta del Arbol Sagrado?.- le preguntó a Gálar.
- En la ciudad de Badean, cerca de aquí, al oeste... Eh...Elbe ¿Sabías que estarás mucho tiempo aquí en el Bosque Azul? Tu formación durará alrededor de cinco años.- dijo Gálar.

Elbe negó con la cabeza. Gálar continuó.
- Eh... Después del festival, Ingi y yo iremos a buscar a mi hermana menor Níbel, que se encuentra un tanto lejos de aquí. ¿Sabes? Después me gustaría volver aquí y construir una casita y...
- ¡Qué bién! ¿Y podremos vivir contigo?.- preguntó Runi, que había estado durmiendo sobre el carro y acababa de despertarse.
- ¡Runi! ¿Qué pensará Gálar?.- la reprendió Elbe, avergonzada.
Gálar río.
- ¡Pués, claro que pueden vivir conmigo y con Níbel! Esa era mi idea desde un principio. Aunque Ingi y yo nos ausentaríamos de vez en cuando, después de todo somos mercaderes. ¿Qué dices Elbe?- preguntó Gálar mirádola a los ojos.
- ¡Aceptamos! ¡Aceptamos!.- intervino Runi.
Los humanos rieron.
-Volveré en un año. Solo un año ¿Estás de acuerdo?.- preguntó Gálar tomándole las manos.
Elbe asintió. En un año habría concluido sus propios deberes.
- Un año está bién; siempre y cuando vuelvas.
- Lo haré. Te lo prometo.

En esos instantes Ingi regresó, complétamente consternado.
- ¿Qué pasa? ¿Encontraste la casa de Sifenia?.- preguntó Elbe.
- Sí. ¡Pero sucedió algo terrible! Tenemos que ir de inmediato.

Rápidamente treparon al carro y se adentraron en el bosque. Cuando llegaron al lugar donde Sifenia vivía, en un pequeño claro, todo lo que encontraron fue una casita destruida y aún humeante y los árboles de los alrededores carbonizados y deformados.
- ¿Que pudo haber ocurrido?.- preguntó Elbe descendiendo del carro.
- ¿Estás seguro que esta es la casa de Sifenia, Ingi?.- preguntó Gálar.
- Si no lo es, entonces ella no vive en este bosque, porque no hay ninguna vivienda más.- señaló Ingi.

Runi recorrió el lugar, pero de pronto emitió un sonido semejante a un silbido y regresó a refugiarse en los brazos de Elbe.
- Detrás de la casa.- dijo con voz temblorosa.

Se apresuraron a la parte trasera de la casa y se encontraron con un cuerpo femenino completamente seco, momificado. Tenía los brazos en actitud de protección y la mandíbula grotéscamente abierta, como si hubiera lanzado un alarído.
- ¡Es Sifenia! Debe ser ella ¿Quién pudo hacer algo así? ¡Esto es horrible!.- clamó Elbe con ansiedad.- ¡Pobre Sifenia! ¿Y qué haré yo ahora?
- Volver a casa como buena chica.- desde los árboles que circundaban el claro, surgió una figura oscura, similar a una sombra, pero que poco a poco fué iluminandose hasta descubrir la figura delgada de una mujer joven y rubia, que sonreía con arrogante malicia.
Toda la angustia e incertidumbre se esfumaron de Elbe, como una brisa. Dando paso a una fría rabia.
- ¡Angroda!.
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Saludos!! Me retiro a seguir escribiendo más capítulos
:rock-out:
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Saphira
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Notapor Saphira » 05 Oct 2007, 18:13

Hoolaaaaaa :rolf:
Aqui tienen otro y entretenido jijiji :oops: capítulo de esta serie. Espero que la disfruten.
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Capítulo XII: Frente a Frente

- ¿Tú estás detrás de todo esto, Angroda? ¿De estas muertes? - preguntó Elbe, conteniendo la rabia.
- La culpa es tuya, primita - respondió Angroda con expresión burlona - Si no hubieras tenido la infantil idea de fugarte...¿Piensas que huyendo evitarás tu destino?
- ¿Quién dijo que estoy huyendo? Tu visión sigue siendo tan estrecha como siempre - señaló Elbe con indiferencia.
- ¿Me vas a decir que buscas el portal por tu propia voluntad? - se sorprendió Angroda.

Gálar lanzó una exclamación, pero Elbe no lo notó.
- Lo que haga no es de tu incumbencia. ¡Ahora vete y déjame en paz!

El rostro de Angroda se agrió.
- Siempre te has creído superior a mí - siseó Angroda - Neala también lo pensaba; pero yo le demostré lo equivocada que estaba. ¡AHORA TE LO DEMOSTRARE A TI! ¡FILTATE SHIALAF! - Angroda abrió los brazos y de ella surgieron luces similares a flechas que volaron hacia Elbe.
- ¡Utzian! - se defendió Elbe, y las flechas chocaron contra un campo de protección, donde se desvanecieron en el acto.

Angroda soltó una risita.
- Tienes suerte de que no se me permita matarte con mis nuevos poderes.
- Tu fanfarronería es algo que tampoco a cambiado. No te temo a tí ni a tus nuevos poderes - señaló Elbe con seguridad.
- ¡SAISHLENGA! - al instante aparecieron cuerdas con cabezas de serpiente que se precipitaron hacia Elbe, con la intención de atraparla.

Elbe retrocedió, elevando los brazos.
- ¡Astia Werdinus! - las seperpientes se convirtieron en simples ramas que se desplomaron al suelo - Esto se está volviendo aburrido Angroda ¿Por qué no me dejas en paz?- apostilló Elbe con hastío.

Angroda sonrió. Sus ojos hecharon chispas.
- Tienes razón; ya me estoy cansando de ti. Finiquitemos esto de una vez. ¡FLAMAIS! - flameantes llamas azules brotaron de sus manos y viajaron veloces hacia Elbe, pero estaba preparada.
- ¡ABPRIALAS! - Gritó. Las llamas pasaron al lado de ella, rodeándola y regresaron con gran rapidez directo hacia Angroda, quién no reaccionó a tiempo y las llamas la envolvieron por completo.

Lanzado un chillido, Angroda se retorció intentando liberarse de su propio hechizo. Evitando que eso ocurriera, Elbe envió un último ataque.
- ¡Bergan Blias! - una burbuja de luz envolvió a Angroda.
- ¡Wentarkia! - Elbe invocó una fuerte ráfaga de viento que arrastró la burbuja sobre los árboles, alejándola de ahí.
- Volverá. Hará todo lo posible por doblegarme - dijo Elbe, caminado nerviosamente de un lado a otro - ¿Pero qué hacer? Era a Sifenia a quién yo iba a pedir consejo y orientación.
- ¿Quién es esa bruja y de qué portal estaba hablando? - inquirió Ingi con los ojos muy abiertos. Gálar, detrás de él, se mostraba temeroso.

Elbe suspiró. Había intentado proteger a sus amigos, ocultando su condición de elegida y la misión encomendada por Alpisia y que ella aceptó. Hasta ahora había confiado en que llevaría a cabo su empresa con discreción, para después tener la libertad de escoger su propio destino y compañía. Ahora, sin embargo, contarles todo no solo era inevitable, sino que también necesario.
- Esa bruja es mi prima Angroda y quiere forzarme a volver a casa para someterme porque yo... verás... Bueno yo... soy la Elegida.... La Elegida que puede abrir el Portal que... permitirá a Los Vigilantes Oscuros entrar a este plano.

Gálar ahogó un grito. Sus ojos reflejaban horror.
- ¿Permitirás que los Vigilantes Oscuros ingresen a este mundo? - preguntó Ingi con aflicción.
- ¡No! ¡No! - se apuró en explicar - ¡Todo lo contrario! Mi intención es destruirlo. Quiero destruir el Portal.
- ¡PIENSAS DESTRUIR EL PORTAL! - clamó Gálar con espanto. Su cuerpo temblaba consternado. Llevó las manos a la boca, como si intentara detener los gritos que amenazaban prorrumpir.
- ¡Oh! ¡Gran Nerthus! - gimoteó alejandose de allí.
- No... No te preocupes, estará bién - dijo Ingi y corrió tras su amigo.

Elbe sacudió la cabeza.
- ¡Oh, Runi! ¿Te das cuenta? ¡Pobre Gálar! Sabía que esto pasaría. Ellos son gente sencilla y despreocupada; no tendrían por qué verse enredados en hechos que son demasiado grandes y difíciles de comprender.. Debí alejarme de ellos hace tiempo, pero...¡Era tan agradable compartir con ellos! Nunca me había sentido tan cómoda y tranquila hasta que empecé a viajar en su compañía - Elbe se sentó en una roca abrazando a Runi; con lágrimas rodando por el rostro.
- No estés triste Elbe. A pesar de todo; aunque por el momento estén conmocionados, los chicos son valientes. Ya verás como pronto recuperan la calma y se animan a ayudarte - la alentó Runi.

Elbe se limpió las lágrimas.
- ¡No, Runi! No quiero seguir involucrarlos... Esta es mí misión.
- ¡Los amigos verdaderos no se abandonan! - adujo Runi - Yo no lo haré y estoy segura de que ellos tampoco. Ahora deja de llorar y vamos a ver como se encuentra Gálar.

La joven miró los grandes y dulces ojos de la drakia y no pudo menos que reír.
- Talvez tienes razón, vamos en busca de los muchachos.
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Abrazos y besos :plas: . Nos vemos!
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Notapor Saphira » 10 Oct 2007, 18:56

Hoolaaa amigos :rolf:
Les entrego el capitulo 13 :oops: . Espero que lo disfruten!!. :love2:
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Capítulo XIII: El Temor De Gálar

Elbe, con Runi en los hombros, se acercó despacio. Gálar parecía tener un ataque de pánico. Gruesas lágrimas rodaban por su rostro.
- Es m-mi culpa... m-mi culpa...- se lamentaba con voz plañidera.
- Cálmate Gálar. No te mortifiques más. No vale la pena - Ingi partió por la mitad algo que tenía en las manos y se lo metió en la boca a Gálar - Come un pedacito de seta, te hará bien.
- ¿Q-qué voy a ha-acer ahora? - preguntó Gálar, después de comerse la seta.
- Recuperaremos a Níbel y luego ayudaremos a Elbe a destruir el Portal - respondió Ingi colocándole las manos en los hombros - Todo saldrá bién Gálar, ya verás.
- ¿Qué pasa? - preguntó Elbe con preocupación - ¿Gálar está bién?
- ¿Eh? ¡Oh! Sí, sí... Solo está un poco preocupado por su hermana pequeña - respondió Ingi, acercándose.
- ¿Por qué? ¿Está ella en peligro? ¿Donde está?
- Ese es el problema - explicó Ingi, bajando la voz - No sabemos donde está. Pero ahora no es conveniente seguir con el tema - el duende hizo un gesto hacia Gálar, quien gracias a la seta, empezaba a recuperarse.

Cuando Gálar estuvo bien del todo, Elbe, con un pequeño ritual que había aprendido del Libro de las Sombras de Alpisia, despidió a Sifenia, cuyo cuerpo se transformó en muchas pequeñas hojas que se esparcieron en el bosque.
Después regresaron al carro para comer algo.
- Elbe ¿Qué harás ahora? ¿Cómo piensas descubrir qué hacer para destruir el Portal?

Elbe suspiró.
- No lo sé Ingi. La verdad es que no lo sé - respondió pesarosa.
- Bueno... Gálar y yo iremos hacia el este. Más allá del lago Olrun; en las estepas que miran al bosque de Nar, se encuentra el último oráculo. Al menos en estas tierras. En él consultaremos a los Vigilantes Blancos por Níbel. Si vienes con nosotros también podrás consultarlo - propuso Ingi.
-¡Oh! Ingi. ¿Es cierto lo que dices? De verdad muchachos. ¡No saben cuanto se los agradezco! Pero... - Elbe recordó algo - la celebración de Arbol Sagrado. ¿Se perderán la feria?
- No, no. Eso nunca fue verdad. No te dijimos la verdad, porque no queríamos que abandonaras tu formación como hada - señaló Gálar - Claro que no sabíamos lo de tu misión con el Portal. En fin. El oráculo solo se consulta una vez al año. La noche del solsticio de verano, así que nos queda el tiempo justo. Tenemos que partir mañana.

Ingi se alejó para alimentar a Día y Noche. Runi revoloteó alrededor de Gálar y se posó en su hombro.
- Gálar ¿Cuanto tiempo lleva extraviada tu hermana?
- Diez años... fue mi culpa - los azules ojos de Gálar se entristecieron nuevamente.

Elbe movió negativamente la cabeza, para indicarle a Runi que no continuara con las preguntas.
- Encontraremos a Níbel. Ya verás Gálar - Elbe, emocionada, tomó la mano del joven - Entonces construirás esa hermosa casita para ella.
- Y nosotras viviremos con ustedes, no lo olvides - intervino Runi, con determinación.

Gálar rió. Acarició la cabeza de la drakkia.
- Del todo cierto, pequeña Runi - el joven colocó la otra mano en el rostro de Elbe y la acarició con el pulgar - Muy cierto.

Elbe sonrió feliz mientras su corazón latía con fuerza.


Ya liberada, Angroda regresó a la oscura cueva donde se refugiaba. Encendió una pequeña fogata. Cuando alumbró, le tiró un puñado de polvillo negro que levantó una gris humareda. Colocó un espejo mediano detrás del humo, como una manera de evitar contemplar directamente su reflejo.
- Señores Negros ¡Yo os invoco!

Un rostro, desdibujado por las volutas grises, apareció en el espejo.
- ¿ Nos has traído a la Elegida? - preguntó la gutural voz masculina.
- Hice todo lo posible pero ella... ¡No lo entiendo! Ustedes potenciaron mis poderes. ¿Cómo es posible que ella aún logre vencerme? - preguntó Angroda con una mezcla de ansiedad y frustración.
- La Elegida es privilegiada por el propio Nerthus, ya te lo habíamos dicho. Si no eres capaz tu sola, entonces busca otra forma - la difusa imagen desapareció. Angroda apagó la fogata.
- Otra forma... - susurró, pensativa.


Poco después de partir rumbo al oráculo, Elbe empezó a tener algunos sueños extraños y sombríos. Ella pensaba que debían provocarlos los Vigilantes Negros, tratando de controlarla o por lo menos, de perturbarla.
- ¿Piensas que destruir el Portal sea peligroso? - le preguntó a Ingi cuando ya se acercaban al lago Orlun.
- Lo ignoro, Elbe. Hasta donde alcanza mi conocimiento y mi recuerdo, eso nunca ha ocurrido antes. Me parece - agregó después de una pequeña reflexión - que esta es la primera vez que en verdad los Oscuros tratan de desafiar el orden de Nerthus.

Elbe guardó silenció, meditando sobre la respuesta de Ingi, pero entonces se distrajo, porque delante de ellos, entre los árboles, se escuchó un barullo y pronto surgieron aves y animales que corrían enloquecidamente hacia ellos.
- ¡Burbuja Protectora! - se apresuró a decir Ingi, y de inmediato una pompa gelatinosa envolvió el carro, que los protegió de las desbandadas criaturas.
- ¿Qué fue eso? - preguntó la muchacha sorprendida, cuando los animales se perdían a lo lejos.

Ingi estudió el entorno.
- Los árboles también están asustados - murmuró.
- Será mejor que descubramos que ocurre - sugirió Gálar.

Sus compañeros estuvieron de acuerdo. Ingi reventó la burbuja y continuaron su camino, con todos los sentidos alerta.
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Un gran abrazo a todos!!!!
:plas:
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Notapor Saphira » 19 Oct 2007, 03:36

Hoolaaaaaaaaa queridos amigos ::) . Aqui tienen el capítulo 14 de mi historia. Cada vez se saben más cosas de Gálar 8) . Espero que les guste.

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Capítulo XIV - El Hechicero.

Poco antes de llegar al lago, se escuchó un sonido profundo, como si surgiera de las propias entrañas de la tierra, seguido de fuerte golpes.

Ingi palideció.
- ¡Oh! Espero que no sea lo que estoy temiendo - rogó.
- ¿Qué cosa? - quiso saber Elbe, pero no fue necesario que el duende le respondiera, porque ya divisaban el lago y en sus aguas se erguía la criatura más sorprendente que jamás hubiera visto. Era enorme. Parecía hecha de roca, tierra, raíces, e incluso, pequeñas cascadas de agua escurrían en algunas zonas de su cuerpo. Uno de sus ojos era semejante a lagos, ríos y vertientes. El otro reflejaba bosques alegres y soleados, y también bosques viejos, oscuros y sombríos. La criatura dejaba caer sus potentes brazos en la tierra, una y otra vez, tratando de impactar a una persona que a duras penas esquivaba los golpes.
- ¡En nombre de Nerthus! - exclamó Elbe - ¿Qué es eso?.
- Un ertanio. Uno de los primeros - Respondió Gálar.
- ¿Un ertanio?
- Los ertanios son los primeros seres que crearon los Vigilantes. Están hecho de lo mismo que la tierra - dijo Ingi - Los árboles más longevos nos han contado a nosotros los duende que, aunque eran pocos; los Vigilantes tenían muchos inconvenientes tratando de controlarlos, así que decidieron dormirlos.

El ertanio estaba a punto de derribar al infortunado, lo que saco a Elbe de su letargo.
- ¡VA A APLASTARLO! - gritó corriendo hacia él.
- ¡ELBE, NO! - clamó Ingi - ¡NO PUEDES ATACARLO!
- ¡ELBE NO LO ATAQUES! - insistió Gálar.

Elbe estaba tan preocupada por salvar al desconocido, que no prestó atención.
- ¡Yo te ayudaré! - le informó al joven, levantando las manos hacia la criatura.
- ¡NO! - trató este de detenerla, pero Elbe ya lanzaba el conjuro.
- ¡STOBIAR TURMIA! - gritó. De sus manos surgió una nube negra que lanzaba rayos, y que dio de lleno en el pecho del ertanio.

La criatura trastabilló y cayó de bruces hacia atrás.
- ¿Estás bien? - preguntó acercándose al joven.
- ¡Vámonos de aquí!- fue lo que respondió el desconocido, tomándole la mano y echando a correr.

El ertanio se incorporó. Sus dedos, semejante a gruesas raíces, se alargaron como tentáculos para atrapar a Elbe y al desconocido. Horrorizada la joven sintió que las raíces apretaban su cuerpo. Intentó liberarse sin éxito; ni siquiera lograba moverse.
- ¡Moriré! - pensó impactada - ¡Voy a morir!

Entonces sucedió algo sorprendente. Algo que jamás esperó ver. Gálar flotaba delante de ellos. Sus brazos abiertos; su cabello ondeando, como si el viento jugará con el. Elbe percibió que de él emanaba mucho poder.
- ¡Detente ertanio! ¡Aslafian! ¡Eislafian! - dijo con voz tranquila pero firme - ¡Aslafian! ¡Eislafian! Los Vigilantes lo ordenan. ¡Aslafian! ¡Eislafian!

El ertanio se quedó quieto. Sus dedos dejaron de presionar a sus víctimas.
- Descansa ertanio. ¡Aslafian! ¡Eislafian! - la voz de Gálar se suavizó; como si arrullara a un bebé - Olvida al mundo y regresa a tu descanso. ¡Aslafian! ¡Eislafian! Así lo desean los Vigilantes.

La primigenia criatura soltó a sus prisioneros, que cayeron en el agua. El ertanio empezó a moverse lánguidamente, mientras se sumergía en el agua.
- Eso es. ¡Aslafian! ¡Eislafian!

La criatura se hundió por completo en las aguas y Gálar regresó junto a Ingi, que ya atendía a los jóvenes.
- Están bien. No hay daños; solo están algo adoloridos.- el duende miró Gálar - El chico resultó ser un elfo - agregó.

Gálar asintió y se inclinó cerca del desconocido para hablarle, pero Elbe lo detuvo.
- ¿Por qué no me dijiste que eras mago?- preguntó con ansiedad.

Sin responder, Gálar se incorporó y se alejó del lugar. Elbe lo siguió.
- Gálar ¿Por qué no me dijiste que eras mago? - repitió.

Gálar volteó la cabeza un instante, sin dejar de caminar. No había emoción en su rostro.
- Porque no soy mago.
- ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Y ese poder que emanó de ti?
- No soy mago, Elbe- insistió Gálar, sin detenerse.

Elbe dejó de caminar. Abrió los brazos en un gesto que expresaba confusión y fastidio.
- ¡Gálar, te acabo de ver! ¿Cómo puedes seguir diciendo que no eres mago? ¿Qué eres si no?

Gálar también se detuvo y regresó algunos pasos. Miró a Elbe con expresión pétrea.
- Un hechicero... Soy un hechicero - Gálar reanudó la marcha y se introdujo en el bosque.

Elbe, presa de asombro, permaneció unos instantes en el mismo lugar. Después regresó junto a Ingi y al elfo. Que descansaban sentados sobre un tronco. Elbe se sentó junto a él.
- ¿Por qué no me dijeron nada, Ingi?
- Al igual que tú y tu condición de Elegida, intentamos mantener la información en reserva, hasta que fuera absolutamente imposible seguir ocultándola. Sabíamos que la noticia te afectaría - explicó en duende con expresión triste.

Elbe permaneció en silencio.
- ¿Entonces es verdad? ¿Gálar es seguidor de la magia negra? - preguntó después.
- No, no. Claro que no. Es decir... - Ingi dudó - Lo era cuando lo conocí...- lanzó un suspiro - Bueno. En honor a la verdad, aún lo sería si no fuera por mí...
- Talvez preferirían estar solos. Para conversar - interrumpió el elfo.
- ¡Tú no te atrevas a salir de mi campo visual! Solo eres un peligro para ti
mismo - ordenó Ingi.
- ¡Pero...! - trató de protestar el elfo.
- ¡Después, después chico! - Ingi hizo un ademán con la mano, para silenciar al
elfo - ¿Te cuento algo curioso? - preguntó mirando a Elbe.
- Este elfo no solo parece joven, "es" joven ¡Muy joven! Solo tiene cien años. Los elfos suelen hacer "su viaje" cumplido los quinientos años, por eso no es común ver a un elfo que es casi un niño. Así que he decidido adoptarlo.
- ¿Ah, sí? - Elbe miró hacia otro lado con aire distraído.
- Todavía no he aceptado seguir contigo, duende - afirmó el elfo.
- ¡Tonterías! Vendrás con nosotros si no quieres morir antes de los ciento cincuenta o... ¡Después, después chico!- Ingi repitió el gesto con la mano y se concentró en la muchacha.
- Elbe... - el duende meditó brevemente - Es mejor que empiece por el principio.

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Un Beso a todos!! Cuidense!! :[:
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Notapor Saphira » 26 Oct 2007, 18:25

Hooolaaaa amigos :rolf:

Despues de esta larga espera ::) , aqui va el capítulo 15 de esta historia, en donde Gálar relata su 'oscuro' pasado :twisted: . Espero que les agrade y les digo que ya quedan pocos capítulos para terminar :angel: .

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Capítulo XV - La Historia De Gálar.


Como bien te dijo Gálar, su madre está casada con un leñador. Pero este leñador, a quién él llamó padre, en realidad no lo es. Su padre es el duque de Klingnman.

La joven lo miró sorprendida. Ingi continuó.
- Cuando aún era soltera, la madre de Gálar, una mujer muy bella debo decir, trabajó en el castillo. El joven duque se interesó en ella y Gálar fue concebido. Sin embargo, como suele suceder, cuando el duque se enteró de que ella estaba en cinta...
- La echó del castillo.- concluyó Elbe, con fastidio. Conocía muy bien el comportamiento de algunos nobles.

Ingi asintió.
- Cuando Gálar contaba con dos años, su madre se casó con su enamorado de infancia, el leñador, y tuvo tres hijos con él. Pero desde un principio, la mujer le hizo saber a su hijo mayor quién era su verdadero padre y le hizo sentir que él era especial. Comprenderás que eso no ayudó a la armonía familiar. Gálar era un chico consentido y altanero que menospreciaba a su familia y construía castillos en el aire.
A los once años, Gálar se peleó con su padre adoptivo y se marchó al castillo, pero por supuesto, el duque le cerró las puertas del castillo en las narices. Todos los sueños del chico se desmoronaron. Se sintió humillado y lleno de rencor contra su familia y el mundo. Entonces apareció un hechicero que se ofreció en enseñarle todo lo que sabía de magia.
-Y claro, el muy tonto aceptó, porque quería darle una lección a todos los que lo despreciaron.- intervino Runi. Que se había instalado en el hombro del elfo y se dejaba acariciar por él.
- Cierto. Pero no fue casualidad que se acercara a él - señaló Ingi .- Ni tampoco lo fue por su evidente talento. Lo hizo porque Gálar era el Elegido.
- ¡El elegido! Tal como yo. O tal vez... – Elbe se mostró confundida.- Tal vez ¿Yo realmente no lo sea?
- Pienso que sí lo eres, aunque no me explico por qué apareció tan pronto otro Elegido. No recuerdo haber oído algo así antes.- dijo Ingi frunciendo el entrecejo.
- Pero ese tal Gálar no abrió el Portal. ¿Verdad? Eso está claro.- señaló el Elfo, con interés.
- Los Vigilantes Blancos lo impidieron.- sentenció Runi.

Ingi negó con tristeza.
- Los Blancos no creyeron en realidad que sus hermanos Negros llegaran tan lejos.
- ¡Qué gran error! - exclamó Elbe.
-Yo lo llamaría debilidad – opinó Ingi.- Las fuerzas tenebrosas tienen debilidades. La arrogancia, por ejemplo. Las fuerzas luminosas también las tienen; no esperar nunca lo peor del otro en ocasiones es una debilidad - el duende demostró una leve alarma.- Pero me estoy refiriendo a los Vigilantes con osadía, porque dudo que algún habitante de Materian logre comprender sus misterios.
- Lo importante es que Gálar no abrió el Portal.- reflexionó Elbe.
- Te equivocas. Sí lo abrió, o al menos empezó a abrirlo.- Ingi vio que sus compañeros daban un respingo.
- ¿Qué? - exclamaron los tres al unísono.

El rostro de Ingi se ensombreció.
- Dime Elbe. ¿Sabes de qué manera el Guardián del Portal permitirá el tránsito de los Vigilantes desde su mundo al nuestro?

Elbe frunció el ceño, intentando recordar.
- Pues... el Elegido negocia con el Guardián. Ofrece algo a cambio.
- Así es. El Elegido ofrece una vida. Gálar le entregó al Guardián una vida.- la voz del duende reflejaba mucho pesar.

Elbe lo contempló en silencio. Un escalofrío la estremeció cuando comprendió la verdad.
- ¡Níbel! ¡Gálar entregó a su pequeña hermana Níbel!

Ingi asintió.
- Gálar ofreció la vida de su pequeña hermana Níbel... No fue difícil convencerla de que lo acompañara, porque Níbel lo adoraba. Gálar estaba tan cegado por el despecho, por el deseo de demostrarles a todos lo especial que él era, que no dimensionó lo que hizo hasta que era ya muy tarde.
- No puedo creerlo. No puedo creer que Gálar fue capaz de hacer algo semejante - murmuró Elbe.

Ingi miró a Elbe en silencio un instante, luego continuó.
- Gálar me contó que cuando Níbel, ya en posesión del Guardián, gritó su nombre él reaccionó y horrorizado de si mismo por lo que acababa de hacer, intentó inútilmente recuperar a su pequeña hermana. Entonces, desesperado, decidió detener el ritual y cerrar el Portal antes de que los Vigilantes ingresaran a nuestro plano. Desde ese momento se abocó a la búsqueda de una forma que le permitiera traer de regreso a Níbel. Por algún tiempo anduvo pululando por la magia negra, hasta que me crucé en su camino y conmovido por su situación, le sugerí que en vista de que no había obtenido resultados con la magia negra, pues, no perdía nada probando con la magia blanca. Durante todo este tiempo Gálar ha estudiado en muchas fuentes de magia blanca y por fin hace poco tiempo, él y yo descubrimos la ubicación del último oráculo de estas tierras y que ha estado oculto a la gran mayoría de las personas e incluso de muchos practicantes de magia.

Ingi puso una mano en el hombro de Elbe.
- Gálar cometió un terrible error en su juventud, pero es un buen hombre Elbe. En su camino hacia la liberación de la pequeña Níbel ha ayudado a muchas personas.
- Lo sé, Ingi... Yo lo sé.- Elbe respiró hondo.- Es mejor que vaya a hablar con Gálar.

Ingi estuvo de acuerdo.

Elbe caminó entre los árboles hasta dar con él. Estaba apoyado en un árbol torcido y jugueteaba, distraído, con una ramita seca. Cuando sintió los pasos de Elbe la miró un instante pero desvió la vista de inmediato.
- Supongo que ya hablaste con Ingi.- dijo.
- Sí.
- Y... ¿Qué piensas? - Gálar la miró con expresión resignada.

Elbe meditó su respuesta.
- Pienso que lo que hiciste fue horroroso pero, lo importante es que has intentado, y sigues intentando por todos los medios, reparar ese error... - Elbe hizo una pausa. Gálar miraba el suelo con aflicción.- Supongo... Supongo que todos estos años han sido difíciles para ti.

Gálar elevó la vista. Un profundo dolor se reflejaba en su bello rostro.
- El remordimiento, Elbe, ha sido mi compañero durante todos estos años. Aprisiona mi corazón; lo estruja provocándome tanto dolor que en ocasiones, pienso que voy a enloquecer.- se detuvo, tratando de controlar la voz que empezaba a quebrarse. Silenciosas lágrimas rodaban por su rostro. Luego continuó.- Por las noches, cuando me acuesto, me parece oír la dulce y triste vocecita de Níbel llamándome. Si logro dormir por las noches, es gracias a la pócima que bebo y que Ingi me enseñó hace tiempo.

Elbe se acercó al joven y secó sus lágrimas con la mano.
- Gálar, encontraremos a Níbel, construiremos una hermosa casita y ella correrá feliz por el bosque, si aún es niña, o paseará entre los árboles si ya se ha convertido en una joven - dijo con amorosa determinación.
Gálar se mostró sorprendido, pero su rostro se había animado un poco.
- ¡Por las pantuflas de Ingi! ¡Nunca se me había ocurrido que Níbel podría haber seguido creciendo!
- Si así fuera, ¿Qué edad tendría hoy?
-Pues, Níbel tenía entonces seis años y esto ocurrió hace once años, así que ahora tiene... tu edad.- Gálar sonrió.
Elbe le devolvió la sonrisa.
- Debe ser muy linda.
- ¡Oh! Sin duda. Estoy seguro de eso... - Gálar miró intensamente a la joven.- Tú también eres hermosa, mi encantadora Elbe.- Poco a poco fue acercando su rostro al de la joven y la beso; con dulce suavidad al principio, y profundo sentimiento después.
- Mi querida Elbe. ¡Eres tan joven!.- murmuró Gálar acariciando el rostro femenino.
- Bueno. Eso es algo que por el momento no puedo remediar, pero si me das unos cuantos añitos... - Ambos se abrazaron y rieron.
- A veces me pregunto como habrá pasado Níbel todos estos años. ¿El guardián será amable con ella o cruel?
- No tiene sentido preguntarse eso, Gálar. Lo importante es que la recuperaremos y la ayudaremos a seguir adelante y a ser feliz.

Gálar tardó en responder.
- Sí... sí. – dijo al fin.
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Saludos y un gran besito a todoooos!!!! :plas:
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Notapor Saphira » 06 Nov 2007, 07:19

Hoooolaaaaaa amigos de Mangaes ::)
Despues de una larga jornada, aqui les traigo 2 capítulos más de mi historia. Faltan muy pocos para terminarla [scared] .Espero que los disfruten!! :love2:

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Capítulo XVI - Los Señores Oscuros.


Elbe y Gálar regresaron junto a los demás. Ingi los recibió con una sonrisa y Runi se posó en el hombro de Gálar.
- Te perdono.- le dijo con dulce picardía.- por no decirnos que eras mago.
Gálar sonrió y acarició a la drakia.

- Gracias Runi. ¿Aún quieres vivir conmigo?
- Por supuesto.- respondió muy digna.
- Por cierto.- dijo Ingi.- el chico se llama Aelwin y viene del Bosque Brumoso, al oeste de Nordri.

Los recién llegados lo saludaron sonrientes. Gálar se sentó frente al elfo y lo miró con detenimiento.
- ¿Qué sucedió, Aelwin?

El elfo se encogió de hombros.
- No me lo puedo explicar. Estaba yo descansando junto al lago, contemplando sus verdes y calmas aguas, cuando de súbito surgió de ellas el ertanio y comenzó a atacarme. Intenté huir pero la criatura me lo impedía, como si estuviera jugando conmigo al gato y al ratón. No se si me entiendes.

Gálar asintió; miró al duende y luego a Elbe.
- Es claro que el ertanio fue despertado por los Vigilantes Oscuros, pues solo ellos y los blancos tienen esa facultad, pero con qué fin, no logro verlo.
- Creo tener una idea.- dijo Ingi.- Lo único que se me ocurre es que su intención era atrapar a Elbe.

Gálar asintió.
- Pero yo no me encontraba en el lugar cuando el ertanio despertó. Además, estaba del todo interesado en Aelwin. A mí me notó cuando lo ataqué.
.- Lo que demuestra que las leyendas son ciertas, y al parecer, los Vigilantes tienen problemas para controlar a los ertanios.- comentó Gálar cruzando los brazos.
- ¿Aunque se trate solo de uno? - insistió Elbe, no muy convencida.

Gálar encogió los hombros y enarcó las cejas.
- Tal vez. Recuerda que no hablamos de los seis Vigilantes; solo de tres. ¡A propósito! - exclamó, mostrándose enojado.- Cuando te indiquemos que no hagas algo, por favor obedécenos, te aseguro que es por tu propio bien.
- ¿Lo dices porque ataqué al ertanio? ¿Pero qué hice mal? - preguntó Elbe, curiosa.
- No se puede atacar a un ertanio, Elbe. Te dije que están hechos de lo mismo que la propia tierra.- explico Ingi, con paciente sonrisa.- Solo debes tratar de dormirlos. ¡Hasta este chiquillo lo sabía!
- ¡No me llames chiquillo! ¡No soy un chiquillo! - se molestó Aelwin.- Después de todo, no pareces ser mucho mayor que yo.
- ¡Pues, te informo que tengo seiscientos años más que tú! Y si no fueras un jovencito inexperto, lo habrías descubierto casi de inmediato.- espetó Ingi, ceñudo.
Aelwin desvió la vista, enfurruñado.
- Presumido.- murmuró, muy despacito, para que el duende no lo oyera.

Aquella tarde acamparon junto al lago, y al día siguiente reanudaron la marcha.

Elbe se agachó para recoger las setas y colocarlas en el canastito. El resto se había quedado en el campamento realizando distintas tareas. No prestaba mucha atención a lo que hacía. Su mente divagaba entre un montón de preguntas e interrogantes. ¿Qué hubiera pasado con el mundo si Gálar no se hubiera arrepentido de abrir el Portal en último momento? ¿Por qué los Vigilantes Blancos le permitieron llegar tan lejos? ¿Es posible que los Señores Blancos sean menos poderosos que los negros? ¿Estaba ella capacitada para cumplir su misión? Todas estas preguntas se agolpaban en la mente de la joven una tras de otra. Pero un ruido cercano llamó su atención, distrayéndola. Rodeó unos arbustos que tapaban su visión y quedó paralizada cuando se encontró con Ivar, que con expresión ansiosa miraba a un lado y a otro, buscando algo.
- Ivar.- llamó incrédula.

El niño la miró con los ojos muy abiertos.
- Elbe… Elbe ¿Eres tú? ¿No es un truco de Angroda?
- Ivar ¿Qué haces aquí? ¿Dónde están los demás?
- ¡No te acerques! - exclamó el niño con desconfianza.

Elbe se detuvo, pero luego siguió avanzando despacio. Sonrió para tranquilizarlo.
- No temas Ivar. Soy yo, Elbe.
- ¿Es... cierto? - preguntó esperanzado.

Elbe asintió y le tendió los brazos. Ivar dudó un instante pero también extendió los suyos. Sin embargo cuando se fundieron en un abrazo, Ivar se diluyo en una negra voluta de humo. El suelo bajo sus pies desapareció y Elbe calló en un negro vacío con un grito de espanto.

El fondo de la fosa era oscuro y pantanoso. Con un escalofrío de horror, reconoció el mismo espantoso lugar que soñara tiempo atrás, en aquella pesadilla. Salvo que ahora lo estaba viviendo de verdad.

Tratando de controlar el pánico, Elbe recordando las salidas del pozo en su sueño, buscó la abertura que le permitiría escapar y empezó a arrastrarse por ahí. Aunque hasta ahora, a diferencia de la pesadilla, no había oído ningún rugido ni le había llegado ningún hedor pestilente, el miedo carcomía cada parte de su ser.
Tal como en la pesadilla, la abertura fue elevándose hasta que pudo correr erguida; entonces llegó al espacio circular. Elbe elevó la vista y tal como suponía, desde lo alto la observaba Angroda. Tocaba su frente con una tiara que se adornaba con el Ojo de Dragón. Su expresión era gélida cuando habló.
- Me has causado muchos problemas, primita, pero por fortuna eso se acabó.

El corazón de Elbe latía con violencia, pero su voz sonó desafiante.
- Aún no aceptas tu derrota, Angroda. No te perdonaré que hayas manipulado mi cariño por Ivar para engañarme. Esta vez me aseguraré de una vez por todas de que me dejes en paz.

Angroda rió entre dientes.
- Siempre tan arrogante. Pero no es a mí a quién has de enfrentar, si no que a los Señores Oscuros.
- ¿Qué? No es posible - musitó Elbe. Miró en rededor y descubrió sorprendida que las paredes que la circundaban a cierta distancia, estaban tapizadas de sendos espejos; de cuyos reflejos empezó a supurar una siniestra negrura, que fue envolviéndola en un abismo de desesperanza y horror.

Elbe sintió el más paralizante escalofrío, cuando percibió juntó a ella la presencia de tres criaturas nebulosas, dos masculinos y una femenina; semejantes a espectros blasfemos. Con infame regocijo, los Vigilantes Negros la torturaron con la visión de la más horrenda condena para ella y los suyos, de no acceder a sus demandas. Como si de un río de aguas demenciales se tratara, el alma de la joven fluyó a través de visiones y sensaciones de caótico dolor, que desgarró perversamente su esencia, y la hizo gritar con el más repugnante horror.

Sin embargo, en ese instante de abandono hacia la negrura, una luz brilló. Intensa; pletórica de paz y dulzura. Recorrió el cuerpo de la joven y rescató su alma de las tinieblas. Dos entidades femeninas y una masculina; Los Vigilantes Blancos la cubrieron de su amor puro y eterno.
- No te rindas, Elbe. Nosotros estamos siempre contigo.

En ese momento, los espejos se quebraron.



Capítulo XVII - Aclarando dudas.


Elbe quedó tirada ahí, en medio del espacio circular. Sentía mucha pena; una pena que no tenía fin y sollozaba. Ya no le quedaban fuerzas para luchar, y no le importó que Angroda ordenara a un grupo de goblins que la atrapara.

De todas maneras eso no ocurrió; porque cuando las maliciosas criaturas se acercaban a la joven, fueron atravesados por finas flechas. Angroda lanzó un grito. De inmediato se dio la alarma y cientos de goblins aparecieron por distintas partes; pero ya Aelwin había ingresado por el túnel y disparaba flechas a diestra y siniestra. Lo seguía de cerca Ingi, que convertido en remolino, lanzaba hojas que se incrustaban en la piel de los goblins como si de navajas se tratara. Runi no se quedaba atrás. Con su hálito blanco congelaba rostros, piernas y también el suelo, haciendo que los pequeños demonios patinaran y se dieran de bruces.
Llena de ira, Angroda levantó los brazos para atacar a Elbe, pero Gálar desvió el hechizo y corrió hacia la joven.
- ¡Elbe! - exclamó tomándole la cabeza.- ¿Estás bien?

Angroda aprovechó el descuido para volver a atacar, pero Gálar fue nuevamente más rápido. Furioso, elevó un brazo hacia la bruja, obligándola a levitar.
- ¡ESTOY HARTO DE TI! ¡RODIAN! - Gálar levantó la mano libre hacia la bruja, con un movimiento circular. De inmediato se escuchó como se rompían casi todos los huesos de Angroda.

La bruja lanzó un horripilante alarido.
- Gálar, no.- suplicó Elbe con voz débil, pero Gálar no la escuchó.
- ¡Dile a los Negros que dejen en paz a Elbe y a nosotros! ¡Diles que no les temo y que si dañan a Elbe, buscaré hasta en lo más recóndito de la creación como hacerles pagar! Aunque signifique mi propia perdición. A ti te digo que no tengo ni un tercio de la piedad de Elbe. ¡Si vuelves a intervenir en nuestras vidas te haré algo peor que lo que te acabo de hacer!
¡SONEN! - Gálar repitió el movimiento con el brazo libre y se escuchó el sonido de los huesos regresando a su lugar. Angroda gimió. Gálar bajó el brazo y la bruja se desplomó en el suelo, inconciente.

Con suma delicadeza, Gálar tomo a Elbe entre sus brazos y todos se marcharon de ahí.
Ya en el campamento, Gálar dio de beber a Elbe una infusión calmante que la relajó y la hizo dormir por el resto del día. Runi se acurrucó junto a ella y lamió su frente con su helada lengua, despejando sus pensamientos. Aelwin cantó una bella canción élfica, que apaciguó su alma y le reconfortó su corazón.

Cuando despertó, al medio día siguiente, tenía mucha hambre y preguntas que hacer.
- Somos todo oídos. - dijo Ingi después de pasarle un tazón de humeante sopa de verduras y un pedazo de recién horneado pan.
- Lo primero es... Gálar ¿Por qué le provocaste tanto dolor a Angroda? Aunque ella se lo mereciera.- terminó en un susurró.

Gálar desvió la vista. Su expresión era inescrutable.
- Elbe. La dulce y buena Elbe. ¿Sabes que tu nombre significa aguas claras y puras? - preguntó con aire pensativo. Vio que la muchacha negaba.- Sí... Bueno... En realidad no le rompí los huesos, solo le hice creer que lo había hecho.
- Pero el dolor es el mismo.- argumentó Elbe, con aire acongojado.
- ¡Oh! No lo es, te lo aseguro. Una parte de su mente siempre supo la verdad. Si hubiera tenido la suficiente experiencia habría anulado mi hechizo.

Elbe permaneció en silencio. La inseguridad y la angustia reflejada en el rostro.
- Elbe ¿Qué es lo que te molesta? - Gálar la miraba fijamente, pero su voz era amable.
Elbe dudó, pero por fin se decidió a hablar.
- Gálar. Usaste magia negra ¿Verdad?

Gálar, que estaba sentado y con ambos brazos descansando sobre los muslos, se llevó ambas manos a la cara; en actitud reflexiva.
- Tal vez sería bueno corregir ciertos conceptos sobre Los Vigilantes y la magia. Has avanzado lo suficiente en tu aprendizaje para que no te confunda.
Elbe pestañeó expectante.
- Verás. No existe en realidad la magia blanca o la magia negra. La magia es magia, la intención al usarla es la que marca una u otra tendencia.– explicó Gálar.

Elbe volvió a pestañar.
- No creo entenderlo del todo. Se supone que la energía esta dividida en positiva y negativa, debido a que la misma emana de los Vigilantes, que a su vez están polarizados.
- Si y no - intervino Ingi – Porque la energía de los Vigilantes, aunque opuestas, en la creación conviven armoniosamente la una y la otra. Observa el paisaje con detenimiento y encontrarás tanto la presencia de los Vigilantes Negros como la de los Vigilantes Blancos.
- No es difícil de entender si piensas que los Vigilantes viven todos juntos en Derbornia, su mundo.- dijo Runi - Cuando era pequeña un viejo y sabio drakia me dijo que los Vigilantes Blancos eran consortes de los Vigilantes Negros. ¿No les parece romántico? - suspiró la drakia con ensoñación.
- Supongo que lo importante de todo esto, es que el uso de la magia implica riesgo, responsabilidad y consecuencia; no importa si es blanca o negra.- señaló Aelwin.
- ¡Bien dicho chico! - exclamó Ingi, logrando una gran sonrisa del elfo.
- Pero respondiendo tu pregunta,- Gálar cruzó los brazos sobre el pecho.- Es verdad que mi energía personal sincroniza mejor con la energía negativa. Esa es mi respuesta Elbe.- Gálar miró a la joven con aire resignado.

- Eso explicaría por qué hay dos Elegidos. Gálar es el Elegido Negro y Elbe la Elegida Blanca.- Aelwin sonrió cuando todos lo miraron interrogante.- ¡Polaridad! Como en toda la creación de Nerthus. Seguramente siempre ha sido así, solo que no nos habíamos dado cuenta.
.- ¡BRILLANTE, CHICO! ¡Este muchacho llegará lejos, se los digo yo! - sentenció Ingi. El elfo se ruborizó de pura satisfacción.

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Notapor Saphira » 02 Dic 2007, 19:04

Hoolaaaaaaa amigos!! ::) Tantas lunas que han pasado pero aquí vengo con dos capítulos más... quedan super pocos para terminar esta historia [scared] Espero que lo disfruten :rolf:
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Capítulo XVIII - El Oráculo.

Se acercaba ya el mediodía cuando el grupo alcanzó las estepas. Elbe las contempló con detenimiento y luego, estrechando los ojos, apreció las sombras que se vislumbraban más allá de ellas, y que conformaban el bosque de Nar. Frunció en ceño.
- ¿Dónde está el oráculo? No veo nada.

Gálar pasó un brazo por sus hombros. Miró las estepas con ojos luminosos.
- ¡Ah! Pero está ahí... Está ahí. Oculto para el ojo común y no iniciado. Después de mucho buscar e investigar, hace algún tiempo descubrimos como hacerlo visible para nosotros.- se agachó para dar un rápido beso a al joven y se volteó a mirar a Ingi. Su sonrisa demostraba emoción.
- Esta noche se celebra el solsticio de verano. Lo logramos Ingi. Al fin... – susurró.

Ingi devolvió la sonrisa. Sus rostros reflejaron todas las emociones que los embargaban. Después de tantos años buscando; de avances y retrocesos, habían llegado a la meta. Pronto conocerían la forma de recuperar a la pequeña
Níbel
- ¡Por fin lo logramos! - Gálar alzó en brazos a Elbe y bailó con ella en medio de risas y felicidad. La idea de que la respuesta del oráculo fuera desfavorable, no cabía en ninguno de los presentes. El resto del día transcurrió tranquilo, alegre y expectante.
Durante el crepúsculo, Galar purificó su cuerpo, bañándose en un estero que fluía cerca de ahí. Cuando el sol se ocultó por completo, el encanto comenzó. Ingi pintó en la frente de Gálar “El Ojo De Nérthus”. Un símbolo en forma de ojo, con los colores negro y blanco, que representaba a los seis Vigilantes y a Nérthus mismo. Después le dio de beber una poción basada en menta, rosa y otras hierbas, para activar su psiquis. Gálar encendió la vela y el incienso que sostenía Elbe. Luego pasó un dedo por el aceite de menta que le ofrecía Aelwin en un pocillo y se untó El Ojo de Nérthus con él.
- Aelwin, sería bueno para este encantamiento, si entonas algo alegre, para crear un ambiente animoso.- pidió suavemente Gálar.

Aelwin accedió y cantó una risueña canción.

Gálar se concentró. Invocó en su interior el poder de los Vigilantes. Luego recitó el encanto:

Por la luna, en la noche de los bosques.
Por el silencio de los lugares antiguos.
Por los secretos de los ritos arcanos.
Por el parpadeo del ojo de Nérthus.
Abran nuestros ojos, Vigilantes.
Ayúdennos a contemplar lo invisible.
Permítannos ver lo nunca antes visto.
Por el poder de la luna,
Por el poder de la visión clara.
¡Que el oráculo se muestre ante nosotros!

Terminado Gálar de pronunciar el encanto, pasaron unos instantes de ansiosa expectación y de pronto, ante la maravilla de todos, el oráculo se hizo visible.

En medio de las estepas, a medio kilómetro de ellos, se materializó una plaza empedrada de forma cuadrada. Dentro de la misma se erguían seis elevadas piedras; menhires para ser más exactos, que formaban un círculo. En el centro de la plaza se ubicaba el oráculo.

El oráculo consistía en un pozo hecho de piedra, no muy alto y cuyas aguas reflejaban el cielo nocturno.
- Los seis menhires representan a los seis Vigilantes.- dijo Ingi.
- ¿Eso quiere decir que también podemos consultar a los Vigilantes Negros? - Elbe vio que Ingi asentía.
- Así que un hechicero también puede consultar este oráculo.- comentó.
- Si descubre cual es el encanto que hace visible el Oráculo, por supuesto.- aclaró el duende.


- Elbe - dijo Gálar de pronto.- yo tengo muy claro que pregunta hacer y es solo una, de modo que puedes aprovechar las otras dos. ¡Ah! Y no preguntes dónde queda el Portal, recuerda que yo lo sé.

- La luna llena está sobre nosotros. Pronto será media noche.- anunció Aelwin, mirando el cielo.
- Tú primero, Elbe-. Ofreció Gálar.
- ¿Estás seguro?
Gálar asintió con una sonrisa.
- He esperado once años, puedo esperar unos minutos más.
Elbe sonrió y se acercó al pozo.
- ¿Debo primero invocar a los Vigilantes Blancos?
- Solo haz la pregunta a los Vigilante Blancos.- respondió Gálar.

Elbe asintió.
- ¿Ahora?
- Solo puedes preguntar mientras la luna se refleje por completo en el pozo.- indicó Gálar.

Elbe esperó a que eso ocurriera y formuló su primera pregunta.
- Vigilantes Blancos ¿Cómo puedo destruir el Portal?
Sobre el blanco reflejo de la luna, se dibujaron unas letras.
- Con la energía de Nérthus.- se pudo leer.

La respuesta confundió a la joven.
- ¿Dónde la encuentro?
- En la creación.- respondió el oráculo.
- ¿Cómo lo hago?
- Une la energía de los Vigilantes Blancos y Negros.
- ¿Qué sig...
- ¡ELBE NO PUEDES HACER MAS DE TRES PREGUNTAS! Va contra las reglas.- la detuvo Ingi.

Elbe, concentrada en las preguntas y respuestas que le daba el oráculo, no comprendió al principio.
- ¿Mas de tres preguntas?
Miró las aguas del oráculo una vez más y vio que el reflejo de la luna ya abandonaba sus aguas. Después miró a Gálar, su rostro estaba desencajado de horror. Entonces comprendió lo que acababa de suceder. Había ocupado las tres preguntas.
- ¡Gálar! – musitó - ¡Gálar, lo siento!

El oráculo empezó a hacerse invisible. Ocultándose otra vez para el mundo, y solo podría invocarse en un año más, para el próximo solsticio de verano.

Con rostro acerado, Gálar contempló a la joven unos segundos y luego giró en redondo y se alejó del lugar.

Cuando había avanzado ya unos metros se detuvo. Entonces un sonido salió de él. Un grito, que fue creciendo y ampliándose hasta convertirse en un rugido invadido de rabia, amargura y frustración.

Gritó varias veces, como si de esa manera lograra expulsar el lacerante dolor de su alma.
- ¡Gálar lo siento! ¡De verdad lo lamento! - lloró Elbe acercándose a él.

Gálar se volteó para encararla. Su rostro estaba anegado de furiosas lágrimas.
- ¡Once años, Elbe! ¡ONCE AÑOS DURANTE LOS QUE LUCHE PARA LLEGAR A ESTE MOMENTO Y TU ME LO HAS ROBADO! Me lo has robado.- repitió con voz quebrada.
Elbe ahogó un gemido.
- Solucionaremos esto Gálar. Recuperaremos a Níbel. ¡Encontraremos la forma!- intentó consolarlo Elbe, con voz temblorosa.
- ¡¿Cómo, Elbe?! La única forma es consultando al oráculo. ¿Esperarás tú un año para destruir el Portal? Yo no.- Gálar tomó a la joven por los hombros.- ¡Por los más sagrado, muchacha! Te dije como me sentía. ¡Te expliqué todo lo que he sufrido!
- ¡Basta Gálar! En realidad la culpa de todo esto no es de ella- intervino Ingi con angustia

Gálar la soltó. Miró al duende con expresión desgarrada.
- Claro que no es su culpa, Ingi. ¿Crees que no lo sé? ¡Y es precisamente eso lo que me está matando! - Gálar giró una vez más y se alejó rápidamente.
- Gálar. ¿A donde vas? ¡No te vayas! - rogó Elbe.

Runi revoloteó nerviosamente y se apresuró hacia el joven.
- Gálar no te vayas. No nos dejes ¡Somos una familia!- suplicó la drakia.
- Déjame en paz, Runi... Solo déjenme en paz todos ustedes.- Gálar caminó hasta salir de las estepas, pasó junto a Día y Noche sin mirarlos y se perdió entre las sombras.

Elbe cayó de rodillas llorando desconsoladamente. Ingi la abrazó tratando de reconfortarla.

Runi regresó a toda prisa y se refugió en los brazos de Aelwin, que observaba la situación con tristeza.
- Ingi ¿Volverá, Gálar? - preguntó el elfo.
- No lo sé, Aelwin... - el duende suspiró con pesar.- No lo sé.


Capítulo XIX - La Propuesta.

Gálar hundió la cabeza en las frías aguas del río, después se incorporó sin prisa.
No se volteó, pero sintió la presencia de Angroda detrás de él.
- Eres muy valiente o bien muy tonta, para venir a importunarme- dijo con indiferencia.
- Vengo a hacerte una propuesta.- explicó ella con suavidad.

Gálar la miró con las cejas alzadas, en un gesto de incredulidad.
- Te aseguro que ninguna propuesta tuya me puede interesar.- señaló alejándose.
- Escúchame Gálar, mi propuesta nos ayudará a los dos.
- Márchate Angroda.- la voz de Gálar reflejó un leve hastío.
- ¡Se como puedes recuperar a tu hermana Níbel!

Gálar se detuvo en seco.
- Mientes.- dijo inseguro.

Una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de la bruja.
- Te digo la verdad. Los Vigilantes Negros me lo revelaron.

Gálar frunció el ceño.
- Y me lo dirás a cambio de que te ayude. No traicionaré a Elbe...
- Sé que no lo deseas pero ¿Qué es lo más importante para ti en este momento?
- No comprendes, yo la...
- Muy tierno Gálar- interrumpió Angroda.- pero en verdad ese sentimiento en nada te ha ayudado para recuperar a tu hermana. ¿Piensas que Elbe arriesgará su misión, esperando a que tú encuentres otra forma de rescatar a Níbel? El oráculo no se abrirá hasta un año más y si buscas otro oráculo en tierras lejanas ¿Cuánto tiempo crees que demorarás en encontrarlo? ¿Cuánto tiempo más tardarás en descubrir como hacerlo visible? La pequeña Níbel está bien, yo lo sé.

Gálar la miró ansioso.
- ¿Níbel está bien? ¿Cómo lo sabes?
- Los Vigilantes Negros me lo dijeron. Gálar, ella está esperando por ti.
Te ha esperado por años. ¿Cuanto más la vas a mantener en ese lugar?
¿No comprendes que ella te llama para que la rescates? Lo has sentido
¿No? Has oído su voz llamándote.

Gálar cerró los ojos con dolor y asintió en silencio.
- Unete a mí Gálar. Abre el Portal, recupera a Níbel y vive con ella feliz. Te aseguro que Elbe estará bien; ella es fuerte.

Gálar miró el suelo por unos interminables segundos. Después levantó la vista y miró fijamente a Angroda. En su rostro no se reflejaba ninguna emoción.

En forma de remolino, Ingui buscó incansablemente a Gálar durante tres días, después de los cuales y ya resignados, el grupo reinició la marcha. Guiados por el duende, ingresaron a la región de Austri y ahora viajaban hacia el sur de la misma, rumbo al Portal.

Elbe contempló el paisaje con aire distraído.
- Ya han pasado tres semanas desde que Gálar se fue. No volverá ¿Verdad?- preguntó con voz apagada.

El duende miró a la joven con tristeza.
- No lo sé Elbe.
- No lo hará. De lo contrario se habría dejado encontrar por ti, cuando durante los primeros días, lo buscaste por todos lados. Seguramente usó un encanto de invisibilidad.- aseguró ella, con desazón.

Ingi no supo qué responder, así que guardó silencio.
- Después de que destruya este Portal, buscaré otro oráculo y averiguaré donde hay otro Portal, averiguaré como y rescataré a Níbel; después destruiré ese Portal y luego llevaré a Níbel junto a su hermano.- el rostro de Elbe reflejaba congoja pero también determinación.

Una vez más Ingi guardó silencio. Elbe continuó.
- No importa cuanto tiempo me tome hacerlo, yo lo haré. Se lo debo a...
- ¡GALAR!

Cuando escuchó el grito de Runi, Elbe se interrumpió y miró ansiosamente hacia todos lados, entonces vio que la drakia volaba rauda hacia una solitaria figura que se acercaba por el camino.
- Gálar... –susurró, incrédula al principio. Pero luego, ya segura, gritó su nombre y corrió hacia él con los brazos abiertos.

Gálar se había detenido para saludar a Runi, que revoloteó alegre alrededor de él. Luego vio a Elbe y abrió los brazos para recibirla. Se estrecharon en un fuerte abrazo. Elbe apoyó su mejilla en el pecho del joven, lagrimas de felicidad rodaron por sus mejillas.
- Has vuelto... – susurró.

Gálar inclinó la cabeza y la apoyó sobre la de ella, sin embargo su expresión era inescrutable.

Elbe se apartó un poco y lo miró seria.
- Gálar, después de destruir este Portal iremos en busca de otro oráculo y...

Gálar la silenció colocando un dedo sobre su boca. Luego secó sus lágrimas.
- Elbe. Haremos lo que debamos... Tan simple como eso.- sonrió con suavidad, aunque su mirada seguía siendo indescifrable. Pero Elbe, feliz como estaba, no lo notó.

Gálar pasó un brazo por los hombros de la joven.
- Ahora vamos a ver a ese viejo zorro de Ingi y al listillo de Aelwin.

Gálar regresó, pero ya no era el mismo. Sonreía muy poco y casi siempre estaba pensativo y taciturno. Elbe comprendía el motivo, e intentó en varias ocasiones hablarle de Níbel, para asegurarle que no descansaría hasta recuperarla, pero en todas las ocasiones Gálar dejó en claro que no quería tocar el tema.
- ¡Hey! ¡Chicos! - llamó animoso Ingi una tarde. Cuando solo faltaban días para alcanzar el Portal.- Aelwin y yo compusimos una canción.
- Pues, queremos oírla.- dijo Runi, acomodándose en la rama de un árbol.

Ingi y el elfo sacaron sus instrumentos (un laúd y una flauta) y la canción empezó.

Tenía un ritmo pegajoso y una letra muy divertida. Runi reía a mandíbula batiente; lo mismo que Elbe, que sentada en las piernas del joven mago, reía sin parar. Incluso Gálar pareció recobrar su antiguo buen humor, soltando varias carcajadas. En un punto de la canción, que era solo instrumental, el elfo y el duende se pusieron a bailar y sus movimientos resultaban tan cómicos, que las risas de los espectadores aumentaron en intensidad.

De pronto, sin embargo, Gálar se puso tenso y escrutó los árboles. Apartó a Elbe y se encaminó a los mismos.
- ¿Qué pasa? - preguntó la joven.

Galar alzó las cejas en actitud casual.
- Nada.
- Como te paraste tan de repente.
- ¡Ah! Es que necesito... Tú sabes, este cuerpo traicionero... – Galar sonrió con aire de disculpa.
- ¡Oh! ¡Desde luego! - murmuró Elbe poniéndose colorada.
Gálar se perdió entre los árboles. Ingi y Aelwin seguían tocando y bailando, pero perdían el ritmo. Sus rostros se mostraban concentrados, como si trataran de oír algo. Por fin los dos se detuvieron y miraron hacia los árboles. El duende hizo ademán de acercarse a ellos, pero entonces Gálar regresó.
- ¿Todo bien hermano? - preguntó Ingin.

Gálar sonrió. Sus ojos brillaban con expresión indefinible.
- Sí, sí.- respondió - De perlas.
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Notapor Saphira » 06 Dic 2007, 03:15

Hoolaaaaaaaaaaaaaaaaa amigos :rolf:
Aqui tienen el penúltimo capítulo de mi historia. Las cosas ya llegan a su fin pero los personajes aún no lo saben jejejeje . Espero que disfruten este capítulo y si lo desean pueden comentarlo u opinar :mrgreen: .

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Capítulo XX - El Portal

Elbe cerró el libro. Era un volumen muy antiguo, que Gálar le había facilitado. El libro era parte de la extensa biblioteca que, bajo un encanto de miniatura, el joven guardaba en el carro.

Ella y Gálar habían estudiado por tres días un encanto que descubrieron en el libro y que unía la energía de los Vigilantes Blancos y Negros.
- Lista.- dijo ella.
- ¿Segura de que lo has interiorizado bien? - preguntó Gálar.

Elbe asintió.
- Bien. En marcha, entonces. Estaremos frente al Portal al medio día.
- No puedo creer que estemos tan cerca.- murmuró la joven, y se incorporó para levantar el campamento.

Cuando el sol brillaba en lo alto, el grupo se detuvo ante una elevación de roca. La piedra estaba pulida y lisa, pero maltratada por el tiempo y la intemperie. Sobresalía, además, un arco tallado pero seguramente muy antiguo, porque apenas se notaba.
- Este no es el Portal en sí.- aclaró Gálar.- Es solo la entrada a la cueva que esconde el verdadero Portal.
- ¿Cómo entraremos? Veo un arco pero no una entrada.- preguntó Elbe.
- ¡Ah! Es fácil.- respondió Gálar.- Si hubieras tenido una formación formal lo sabrías.

El joven mago sacó un frasquito con aceite de menta y después de untar un dedo en él, dibujó un ojo de Nérthus dentro del arco. De inmediato la piedra dentro del arco se definió como puerta y giró dejando ver un oscuro pasillo, iluminado solo por la tenue luz de antorchas empotradas en las paredes.
- Les he dicho a los muchachos que es mejor que te esperemos aquí.
- ¡No vendrán conmigo! - se sobresaltó la joven.
- Esta es tú misión, Elbe. Nosotros te hemos acompañado tan lejos como es posible.- explicó Gálar.

La joven dudó.
- Animo Elbe. Todo saldrá bien.- dijo Ingi. Aelwin y Runi también la alentaron.
Elbe respiró hondo.
- ¡No fallaré, muchachos!- aseguró.
- ¡Esa es mi chica! - Gálar abrazó y besó a la joven.

Elbe entró en el túnel. Las paredes eran lisas y sin ningún dibujo. A cierta distancia de la entrada, el túnel torcía hacia la izquierda. Elbe dobló y ahogó una exclamación. El túnel se había convertido en una cámara. Pero lo que la asombró fue que, en el lado opuesto de la misma, se erguían seis enormes estatuas. Tres estaban esculpidas en la más negra y brillante amatista. Dos hombres y una mujer. Frente a ellos, tres esculturas realizadas en el mas puro, blanco y nacarado mármol. Dos mujeres y un hombre. Eran los Vigilantes. Estaban alineados de tal manera, que un hombre siempre enfrentaba a una mujer. Tenían los brazos levantados y los dedos de los Vigilantes Negros se entrelazaban con los dedos de los Vigilantes Blancos. Demostrando la armonía entre ambas fuerzas complementarías.

Elbe notó que, pese a que los rostros de los Vigilantes Negros demostraban crueldad, así como las expresiones de los Blancos reflejaban bondad, se miraban los unos a los otros con infinito amor. Recordó las palabras de Runi, acerca de que los Vigilantes Blancos y Negros eran consortes entre sí y se preguntó si sería verdad.

Los Vigilantes con sus brazos levantados y sus dedos entrecruzados, formaban algo semejante a un corredor, al final del cual se llegaba al Portal.

El Portal era una amplia abertura, cuya parte superior tenía forma ojival, y estaba enmarcada con sencillez. En lugar de puerta había agua, como si de un estanque de aguas azules se tratara, solo que se erguía en forma vertical. A Elbe le sorprendió mucho que aquellas aguas no se derramaran.

Elbe no sabía como abrir el Portal, pero eso no importaba, porque su intención era destruirlo.

Cerró los ojos para preparar su estado de ánimo y llevar a cabo el encanto, pero sintió unos pasos que se acercaban y volteó para encontrarse con Gálar, que la miraba con seriedad.
- ¿Vienes a asegurarte que lo haga bien? - le preguntó.
Gálar no respondió; entonces Angroda apareció detrás de él.

Elbe se sobresaltó.
- ¿Qué significa esto? ¿Qué hace Angroda aquí?

La expresión de Gálar era sombría.
- Tengo que recuperar a Níbel... Elbe, debo hacerlo.

El corazón de Elbe empezó a latir con fuerza.
- ¿Recuperarla? No entiendo. ¿Dónde están Ingi, Aelwin y Runi?
- Tus amigos sintieron de pronto la imperiosa necesidad de dormir.- explicó Angroda con una maliciosa sonrisa.

Elbe se concentró en Gálar.
- ¿Qué es todo esto? Gálar, tengo que destruir el Portal. Lo sabes. ¿No es así? ¿Entonces qué pretendes?

Los ojos de Gálar brillaban de manera extraña.
- Ya te lo dije. Tengo que recuperar a Níbel y lo haré ahora. Angroda me dijo como hacerlo, a cambio yo abriré el Portal.
- ¿Y por recuperar a tú hermana, condenarás al mundo al caos?.- Elbe temblaba por la rabia y la decepción.
- Angroda me aseguró que el mundo no será destruido.
- ¡Tienes razón, Gálar! ¡Talvez Los Negros solo pretenden esclavizarnos!
- ¡Elbe! Voy a recuperar a mi hermana y ni tú ni nadie podrá impedírmelo.

Elbe lo miró ¿Quién era aquel personaje que se plantaba delante de ella? ¿Que había sido de su amado Gálar? Se sintió completamente vacía.
- Te equivocas, Gálar.- aseguró.- En eso te equivocas. ¡STOBLAMIAN!- una descarga de energía salió de sus manos y atacó al mago, pero él la desvió con un encanto.
- No me hagas perder el tiempo Elbe. Como Elegida eres poderosa, pero aún eres principiante y té falta mucho para alcanzar mi nivel.

Elbe lanzó un gruñido cargado de desengaño y frustración.
- ¡TURSNIA! - gritó y una ráfaga de viento y nieve envolvió a Gálar.
-¡EIFAR! - dijo él y en el acto la tormenta de nieve desapareció.- ¡Ya es suficiente! ¡NIDERLIA! - exclamó después y Elbe salió expelida con violencia hacia atrás, dando de lleno contra la pared.

Se golpeó con fuerza la espalda y la cabeza. Gimió de dolor, mientras Angroda soltaba una risita.

Elbe miró a Gálar, lágrimas rodaron por su rostro.
- ¿Por qué Gálar? - sollozó.- ¡Habíamos hecho tantos planes!

El rostro de Gálar se contrajo de amargura.
- ¡Te atreves de hablar de planes! ¿Fui yo quién rompió nuestros sueños, como si fueran una burbuja de cristal? Nunca te perdonaré que me hayas llevado a hacer esto.- siseó, acercándose a ella.- ¡Todo pudo ser tan distinto! Pero tú lo echaste a perder.

Elbe estaba paralizada por el odio que emanaba del mago.
- Gálar... – suplicó.
- Angroda me reveló como recuperar a Níbel.- explicó con frialdad.- ¿Sabes? Es tan sencillo que al recordar todos los pasados años de inútil búsqueda me dan ganas de llorar... Una vida, Elbe. Solo debo canjear a mi Níbel por otra vida.

La joven comprendió la situación con meridiana claridad. Gálar iba a cambiarla a ella, Elbe, por la vida de su hermana.

Elbe sonrió con tristeza; parecía justo. Después de todo ella privó al mago de descubrir como traer de regreso a la pequeña hermana.

De pronto tuvo una idea. Tal vez no estaba todo perdido para el mundo.
- Gálar.- susurró, para que Angroda no la oyera.- después de entregarme a cambio de Níbel, destruye el Portal. ¡Aún podemos salvar al mundo! ¡Por favor!

Gálar observó a la joven fijamente, no había emoción en su rostro, luego se alejó de ella hacia el Portal.
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Un gran abrazo para todos!!! No estamos leyendo.. bye [wave]
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Saphira
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Notapor Saphira » 16 Dic 2007, 19:03

Hoolaaa amigos de Mangaes :rolf:
Por fin hoy les traigo el último capítulo de mi historia. Espero que encuentre el final entretenido jijijiji :jejeje: . Muuchas gracias a todos los lectores, que desde las sombras leyeron mi cuento ::) . Despues de estas navidades volveré con otro cuentito. Como este fue mi primer cuento, terminado y publicado en la red, me quedó gustando la idea de compartir mis escritos jajaja [drunk] . Muuuchas gracias a todos!! . Aprovecharé de leer lo que ustedes han estado escribiendo y comentaré al respecto [bigeyes] .
Disfrutenlo!!
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Capítulo XXI - El Intercambio.

Después de concentrarse, Gálar inició el encanto que abre el Portal.

Guardianes del norte,
Poderes de la tierra,
Abrid el Portal.

Guardianes del este,
Poderes del aire,
Abrid el Portal.

Guardianes del sur,
Poderes del fuego,
Abrid el Portal.

Guardianes del oeste,
Poderes del agua.
Nérthus lo ordena.
¡Abrid el Portal!

Las azules aguas del Portal se derramaron y un ser, resplandeciente y majestuoso apareció en su lugar. Lo rodeaba un haz de luz azul y todo a su alrededor vibraba.
Elbe estaba tan maravillada, que por un momento se olvidó de lo demás. Angroda también estaba impresionada.
- No puedes pasar.- dijo el Guardián con voz profunda y calma.

Gálar habló sin titubeos.
- Guardián, hace años yo te ofrecí una pequeña vida a cambio de que permitieras el paso de Los Vigilantes en mi mundo.
- La transacción no se concretó.- fue lo que contestó el Guardián.
- Pero ahora yo te ofrezco otra vida a cambio de aquella. Una vida que tiene manejo sobre la magia. ¿Aceptas?
El Guardián pareció sopesarlo unos instantes.
- Acepto.- dijo al fin.

Gálar reprimió una sonrisa. Sacó una cinta de alguna parte de su cuerpo y la lanzó al aire. Angroda reía triunfante.
- ¡AMBIDEN! - la cinta creció en tamaño y firmeza y se abalanzó sobre Angroda, que gritó sorprendida cuando la cinta la amarró con fuerza.

Gálar hizo un movimiento con la mano y de inmediato Angroda se adelantó hacia el Portal.
- Aquí está mi ofrenda.
- ¡NOO! ¡NOO! ¡MALDITO TRAIDOR! - el rostro de Angroda estaba desencajado de pánico.
- Angroda es tu culpa. Eres solo una primeriza arrogante que pensó que podía jugar conmigo y ganar.- dijo Gálar con seriedad.- En verdad esto no me agrada, pero como dije a Elbe, tengo que recuperar a mi hermana. Ahora ve con el Guardián.
El Guardián extendió los brazos y en el acto se materializó una niña dormida. El Guardián envió la niña hacia Gálar flotando con suavidad; luego, con la misma delicadeza atrajo hacia él a la bruja, sin prestar atención a los gritos de ella.
- Los Vigilantes pueden pasar.- dijo y luego desapareció con Angroda en los brazos, mientras los últimos gritos de ella desaparecían con él.

Gálar se arrodilló con la pequeña Níbel en los brazos. Luego miró a la joven.
- ¡Elbe destruye el Portal!

Elbe, confundida, sintió que todo giraba a su alrededor. ¿Qué había ocurrido?
- Por el amor de Nérthus, muchacha. ¡Destruye el Portal! - insistió Gálar.

La joven salió de su letargo y se apresuró en obedecer.

De súbito un pequeño remolino ingresó a toda velocidad y se detuvo ante Gálar.
- ¡Dame un motivo para no cortarte en trocitos y venderte como bocadillos, en la feria anual de los trolls! - exigió un furioso Ingi.

Gálar lo miró con aire de disculpas.
- Angroda cometió el error de revelarme muy pronto como podía recuperar a Níbel, de modo que de inmediato organicé mi plan.
- Creo que untaré tus trocitos en una salsa de especias y ají. ¡Muy picante! - señaló Ingi con una sardónica y maligna sonrisa.
- ¡De acuerdo, de acuerdo! - se apresuró Gálar en explicar.- La idea era hacerle creer a Angroda que los traicionaba a ustedes, cuando en realidad era a ella a quién pretendía utilizar.
- Pues, fuiste muy convincente. Puede que demasiado.- aseguró Aelwin con el ceño fruncido.

Gálar se encogió de hombros.
- Ingi siempre me dice que lo de actuar se me da bien.
- ¡SON ELLOS! ¡SON ELLOS! - Runi revoloteó espantada por el lugar y después se refugió en los brazos del elfo.

Gálar miró hacia el Portal y su rostro se desencajó por el horror. Al otro lado del Portal, aun muy lejos y envueltos en espesa y negrusca niebla, se acercaban tres seres negros y de los que emanaba una fría sensación de maldad.
- ¡ELBE!
- ¡No puedo! Lo intento una y otra vez pero no logro destruirlo.
Gálar se reprochó a sí mismo, en su alegría por recuperar a Níbel había descuidado a Elbe y su misión.
- ¿Estás segura de que efectúas el encanto correctamente?
- Sí... ¡Oh! Gálar. ¡No sé que más hacer!
- Si Elbe es la Elegida de los Vigilantes Blancos y Gálar el Elegido de los Vigilantes Negros, tal vez deberían realizar juntos el encantamiento. A lo mejor a eso se refería el oráculo, juntos logran la energía de Nérthus. O algo así ¿No? - propuso Aelwin.

- Pueda que el muchacho tenga razón. ¡Decidan de prisa! Los oscuros están cada vez más cerca – los apremió Ingi.
- No perdemos nada intentándolo.- Gálar le entregó la niña dormida al duende y se paró junto a la joven.
- ¿Lista?
- Contigo siempre.- respondió Elbe.

Gálar sonrió.
- ¡Ahora!

Por el poder de Nérthus,
Vigilantes Blancos.
Por el poder de Nérthus,
Vigilantes Negros.
Cumplan nuestro deseo.
Hoy y para siempre.
Por el poder de Nérthus.
¡Que se derrumbe el Portal!

Terminado de pronunciar el encantamiento, un rayo de luz blanca surgió de la joven y uno negro del mago. Ambos rayos, primero se trenzaron y luego se fundieron formando un color indefinible que chocó contra el Portal. Entonces todo empezó a temblar y el Portal se derrumbó, con un escalofriante y furibundo chillido de los Vigilantes Negros, que se habían apresurado, en un intento de cruzar antes de que la entrada se destruyera. Un vapor fétido y verdusco en forma de garra logró cruzar, y trató de alcanzar a los presentes antes de desvanecerse. El techo y las paredes empezaron a vibrar. Con suma urgencia el grupo salió del lugar y ya afuera, contempló como la elevación de roca se desmoronaba hasta convertirse en escombros y luego en polvo que se esparció con el viento, borrando todo vestigio de la presencia de algún montículo o algo parecido.
- Por fin. Todo terminó. Destruimos el Portal y recuperamos a la pequeña Níbel.- Elbe sonrió, sus ojos se iluminaron por el alivio y la felicidad.

Gálar la miró con aire culpable. Le tomó el rostro entre sus manos y la besó.
- ¡Ay! Elbe. ¿Me perdonarás alguna vez? - dijo compungido, abrazándola.- Te dije cosas horribles allá adentro. Te traté en forma muy cruel. Has sufrido mucho por mi culpa. Sin mencionar que envié a tu prima hacia ese lugar.

Elbe se apartó un poco y acarició el rostro masculino.
- Debo reconocer que en verdad creí que me habías traicionado. Pero ahora entiendo por qué lo hiciste. En cuanto a Angroda, cada quién tiene lo que merece. Tanto ella, como tú. Y te advierto que tu sentencia es compensarme y hacerme feliz por el resto de nuestras vidas.

Gálar rió y volvió a besarla.
- Casi me descubro, cuando tan generosamente te ofreciste para reemplazar a Níbel y aun entonces pensar en el bien del mundo ¡Fuiste tan noble! Que estuve a punto de abrazarte, pero Angroda habría reaccionado y todo se habría perdido.

De pronto Níbel se quejó y empezó a moverse.
- Está despertando.- anunció Ingi.

Gálar se acercó. La niña abrió sus hermosos ojos y pestañeando, miró detenidamente a su hermano mayor.
- ¡Gálar! Eres tú. ¡Pero qué viejo te ves!

El mago rió, con el rostro humedecido por las lágrimas. Los demás trataron de contener sus ahogados sollozos.
- ¡Níbel! ¡Mi querida y dulce hermanita! - murmuró estrechándola entre sus brazos.
- ¿Por qué lloras? ¡No estés triste, Gálar! Yo estoy bien. Estaba en... - Níbel trató de recordar, por unos instantes su vista se nubló, como si su espíritu vagara lejos de ahí.- ¡Tengo hambre! - dijo de pronto.- ¿Me puedes dar de comer, por favor?
- Por supuesto, hermanita. Puedes comer todo lo que quieras.
- ¿Quiénes son ellos? - preguntó mientras se tomaba un tazón de tibia leche.
- Somos amigos de tu hermano, Níbel y ahora somos tus amigos también.- dijo Elbe acariciando los oscuros cabellos.
- Somos una familia ¿Sabes?- aclaró Runi posándose junto a ella.
- ¿Y viviremos juntos para siempre?

Gálar la miró con un nudo en la garganta. Debía hacer las cosas en forma correcta.
- Iremos a ver a papá y mamá, Níbel. Ellos te necesitan.
Níbel lo miró.
- Ellos se alegrarán de verme, igual que mis otros hermanos. Pero eres tú quién me necesita. A papá y a mamá los visité con frecuencia en sus sueños. También traté de visitarte a ti pero tú me lo impedías.- la pequeña colocó su manita en el rostro de su hermano.- Siempre juntos.
-Siempre.- prometió. Jurándose así mismo que cumpliría.


Epílogo:

Diez años después...

Elbe contempló el castillo Ludendorf con creciente emoción. Ya nada quedaba del ruinoso edificio que la viera crecer. En su lugar se elevaba una construcción sobria y bella y cuyas paredes se adornaban con enredaderas y flores trepadoras. El castillo se rodeaba de rosales de distintos colores y frondosos árboles frutales.

El carro se detuvo frente al castillo. Un joven rubio, alto y de porte aguerrido; el nuevo duque de Thorgren, los esperaba a la entrada. Elbe descendió del carro y corrió hacia el joven duque.
- ¡Ivar! Mi pequeño Ivar.- exclamó abrazándolo.
El joven, que era por lo menos veinte centímetros más alto que ella, le devolvió el abrazo con una sonrisa.
- ¡Oh! Elbe. Ya no soy un niño, soy el Duque de Thorgren, y he arriesgado mi vida por el rey Fenrec en más de una ocasión.
- ¡Tonterías! Solo tienes diecisiete años, aun eres mi pequeño Ivar.
Gálar, que había entregado las riendas del carro a unos sirvientes, se acercó acompañado de Ingi, Aelwin y Runi. Níbel se quedó unos pasos atrás.
Ivar les dio la bienvenida a todos y manifestó su alegría por tenerlos de visita en el castillo una vez más.
Cuando Ivar vio a Níbel sus ojos brillaron de admiración. Se adelantó y tomó ambas manos de la muchacha entre las suyas.
- ¡Que hermo... ¡ Quiero decir ¡Qué gusto verte otra vez, Níbel!
A modo de respuesta la joven le regaló una dulce sonrisa y el joven duque la miró arrobado.
Elbe entró en el castillo y saludó al resto de la familia; o a lo que quedaba de ella. Los orgullosos padres de Ivar; los padres de Elbe, que habían perdido toda arrogancia y saludaban con alegre timidez. También estaba la viuda del anterior duque de Thorgren y madre de Angroda y Duffus, pero que sin embargo, no lamentaba la pérdida de sus hijos y marido, que para ella solo habían sido motivo de preocupación y vergüenza.
¿Los ausentes? Harald, el hermano de Elbe, que fue muerto por Angroda poco después de que ella asesinara a Neala. Duffus murió a causa de una herida gangrenada, que recibió en una trifulca de taberna, cinco años atrás. Por su parte, Jerrid, el anterior Duque de Thorgren, había muerto hacía un año, de un ataque al corazón.
¿Cómo recuperó Ivar el honor familiar? Cuando contaba quince, mientras compraba cerveza para su tío Jerrid en una taberna, escuchó como se urdía un complot para asesinar al único hijo del rey Fenrec, llamado Thorvard. Ivar se las arregló para llegar hasta el príncipe, informarle del complot y participar activamente en desenmascarar a los traidores. Thorvard no solo le ofreció su gratitud sino que también su amistad y convenció a su padre para restituir el buen nombre del ducado de Thorgren.
- ¿Otra vez se irán? ¿A donde y por cuanto tiempo esta vez? - preguntó Ivar a su prima.
- Hemos recibido noticias de que se ha descubierto un Portal en el reino de Olrun. Como siempre, debemos encontrarlo antes de que aparezca algún Elegido.
- ¡Olrun! Pero eso queda demasiado lejos. Tardarán mucho tiempo en regresar.- se lamentó Ivar.

Elbe miró a su primo y sonrió.
- ¿A quién extrañarás más?
Ivar no respondió, caminó hacia el balcón y miró el paisaje. Abajo, en el jardín, Gálar hablaba con Níbel. Su expresión era acongojada.
Ivar frunció el ceño.
- ¿Qué le pasa a Gálar? Se ve muy triste.
- Ah. Seguramente está tratando de convencer a Níbel de que nos acompañe.
El rostro de Ivar se animó.
- ¿No va a ir con ustedes?
Elbe negó con una sonrisa.
- Precisamente iba a preguntarte si puede quedarse en Ludendorf durante nuestra ausencia.
- ¿Bromeas? ¡Me encantaría! ¿Por qué no va?
- ¡Oh! Bien. Ocurre que se enamoró.
Ivar palideció. Su ceño volvió a fruncirse.
- ¿De quién?
La sonrisa de Elbe era enigmática.
- Pues de un joven Duque, amigo del príncipe Thorvard y que le salvó la vida en una ocasión.
El rostro de Ivar se encendió de felicidad. Sin querer perder más tiempo, bajó por el balcón, corrió hacia los hermanos y tomó las manos de la muchacha con devoción.
- ¡Con tu permiso Gálar! Níbel ¿Quieres venir a pasear conmigo por el Jardín?
Níbel sonrió radiante.
- Claro.
Los jóvenes se alejaron, dejando a un desolado Gálar.
Elbe descendió suavemente desde el balcón y se acercó a su marido.
- Mi Níbel quiere dejarme.- gimoteó.- tu malvado primo me la quiere quitar.
Elbe palmeó consoladora el brazo de Gálar.
- Es la ley de la vida, mi querido esposo... Ven, vamos con los demás.

En uno de los cercanos árboles, Runi se encontraba con otro drakia, cuyas brillantes escamas eran de un azul claro.
- Soy Runi ¿Quién eres tú?
- Soy Bívir. Bívir, el viajero, me llaman.
- ¿Quieres ser mi amigo, Bívir? - preguntó la drakia con dulzura.
- Me encantaría, pero solo estoy de paso.
- ¿A donde vas?
- Pues... No sé. Verás, viajo por el gusto de viajar.
- Nosotros partiremos pronto hacia Olrun. Si quieres, puedes venir con nosotros.
- ¿De verás? Pues me gustaría, sí.
- ¡Fantástico! - se alegró Runi.- Ven, te presentaré a mis amigos. Son como mi familia ¿Sabes?
Runi y Bívir se alejaron charlando animadamente.

Sobre los cielos de Ludendorf un blanco y solitario cisne va al encuentro del fantasma. Egon, sexto duque de Thorgren, esta ahora libre de la maldición, y junto al cisne marchará por fin a descansar en paz.


FIN
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Saphira
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