El otro lugar lejano al nuestro

Versión para adultos de Historias y Fanfics. Escribe aquí las historias que por su contenido no sean aptas para todos los públicos. Exclusivamente mayores de 18 años.

El otro lugar lejano al nuestro

Notapor Javi » 09 Nov 2005, 01:32

Capítulo 1: Killion

"Siempre viviré con la desgracia", pensaba Klillion, mientras sujetaba por el pescuezo a una hembra, mitad elfa, morena, alta, con ropajes verdes como en el bosque en el que se encontraba.
Kllion era mediodemonio, mitad demonio y mitad humano. De estatura mediana, ojos rojos, pelo de color avellana. De actitud seria, nunca mostraba piedad por a la hora de descuartizar a su presa, pero todo sentimiento nunca afloraba hacia fuera,siempre hacia dentro.
En ese momento, contemplaba como la media elfa agonizaba bajo su brutal brazo. De los demonios heredó una fuerza prodigiosa y ver el mundo de una mirada diferente, podía mirar en el corazones de las personas. Dentro aquella mezcla de demonio, su lado humano lo equilibraba de tal forma que siempre era juicioso.

-¿Qué intentabas hacer dentro de mi choza?- replicó Killion mirándola con fiereza.

A la medio elfa le costaba mirar, pero pudo abrir un poco el ojo derecho.

-Cuentan que allá tienes encerrado el portal.

-¿Quién piensa en esas tonterías que yo puedo tener tal cosa?-confesó Killion casi con una risotada.

-A mi me contrataron para corroborar las sospechas de la gente

-¿Quién te contrató?- inquirió Killion.

-El rey que controla la zona de los cielos de las montañas de Gÿu, Melkor el druida negro.

-Claro piensa que tengo el portal, que al ser mitad demonio podría tener tal conocimiento. Equivocado está.

Killion soltó a la medio elfa y le contestó:

-Mira no quiero hacerte daño. Soy un mero cazador de recompensas, dile a tu rey que me contrate en vez de expiarme.

Miró en el alma de la medio elfa, no le vió atisbo de maldad, únicamente cometía su trabajo, así pues la dejo marchar.
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Notapor Himkladiel » 09 Nov 2005, 02:05

Killion intentaba calmarse andando de un lado a otro tras sentir que su choza había sido profanada, que alguien se había colado en ella mientras él, simplemente buscaba alimento. Sus pasos eran largos y ligeros. Se detuvo y respiró profundamente. Algo más calmado, entró en su choza.

- Ya puedes salir pequeña. Ya se ha ido.

De un pequeño armario de roble salió una pequeña niña humana, no tendría más de cuatro años. Su tez era blanca, muy blanca, y unas revoltosas pecas aparecían en sus mejillas. Su pelo rizado y rubio marcaban su inocencia y en sus ojos azules se reflejaba todo un mar.

Killion pasó delicadamente su mano por las mejillas de la pequeña y le secó unas lágrimas que habían salido de sus ojos.

- Tranquila Mia, no pasa nada. ¿Te ha visto esa... mujer?

- Creo que no... - Dijo entre sollozos. Mia estaba muy asustada. La mujer mitad elfa había irrumpido con violencia en la estancia y la pequeña Mia corrió a esconderse.

- Bien, entonces seguimos a salvo. Ven, vamos a comer algo. ¿Tienes hambre?

Mia asintió y agarró la enorme mano, comparada con la suya, que Killion le tendió.


Capítulo 2: La niña.

La mujer mitad elfa entró en palacio, algo desdichada.
Los soldados de la puerta, la dejaron pasar alzando sus lanzas.

- Mi señor Melkor... - hizo una reverencia.

- Pronta es tu vuelta Shira. Dime, ¿has encontrado el portal?

- No señor... estábamos equivocados con respecto a eso... Pero he visto algo que le va a agradar mucho más.

Melkor se levantó de su gran asiento. Una larga capa negra barría el suelo tras sus pasos. Se crujió sus largos dedos y con sus ojos negros miró fijamente a Shira. - ¿Qué has visto? Muéstramelo... - Dijo mientras ponía su mano sobre la cabeza gacha de la mujer mitad elfa. Los ojos del druida se pusieron en blanco y entonces comenzó la visión...

Una choza en medio de un bosque... ningún impedimento para entrar... una puerta que se abre con violencia... una niña que corre a esconderse... todo revuelto... espera... ¿una niña? ¿humana?

- ¿Qué demonios hace una niña humana en casa de Killion? - Exclamó mientras volvía en sí. - ¡Elfa! ¿Qué descubriste de esa niña? ¿Quién es y qué hace en ese lugar?

- No lo sé señor, entonces apareció Killion y me cogió por el cuello... Creí que me quitaría la vida...

- Tranquila, sabes que eso nunca lo permitiríamos. Debes averiguar quién es esa niña y por qué está con Killion. Ahora, ve.
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Notapor Javi » 09 Nov 2005, 19:00

Capítulo 3: Cosas del pasado
Una tormenta apareció de repente, no de forma natural. El viento bailoteaba la hierba en la llanura. Un poblado. Las casas de piedra hecha a pedazos, cadáveres esparcidos por doquier, y sólo uno queda para parar la amenaza. En ese poblado, en el que todos eran humanos,Killion se sentía agusto, nunca había sido rechazado por ser quien es.
Todo aquel fuego destructor lo provocó un demonio de 4 metros de alto, piel rojiza. Sus ojos negros gatunos y un morro amplio mostraban unos amplios colmillos. Un emisario enviado por Darknor, un demonio oscuro que juró vengarse, por eso ostiga a Killion.
Darknor es el padrino de él, cuando éste vivía en el Adverno, en las cavernas donde se ocultaban los demonios. Darknor siempre quiso llevarle al lado del mal, prometiéndole muchas cosas, poderes inconmensurables, bellas mujeres. Los demonios, se han distinguido por ser criaturas equilibradas.: los hay tenebrosos y los hay que ni una ni la otra, ésta última era de la forma en la que pensaba Killion.
En un fracasado intento de seducirle en la senda del mal, Darknor intentó matar a unos humanos que los definía como inferiores. Klillion lo detuvo antes de tiempo. Darknor era pertene a los demonios oscuros, muy poderoso entre los suyos, aunque Killion le hizo sudar la gota gorda. Escondía una Fuerza interior que él desconocía, como un poder y eso le salvó la vida.
El emisario de Darknor estaba preparado para emfrentarse a Killion. Extendiósu brazo derecho invocando a los relámpagos del aire. Killion comenzó a desplazarse con mucha velocidad esquivándolos y alcanzó al emisiario, propinándole un puñetazo en la cara. De la fuerza lo proyectó de tal forma, que salió despedido por lo menos diez metros destrozando casas que se interponían en su trayectoria.
Killion comenzó apartar los escombros, buscáncole pero sin darse cuenta, que detrás, apareció la mole de 4 metros y volvió a dañarle con un relámpago que esta vez impactó de lleno. Killion comenzó agonizar, los huesos y la carne parecía que se iban a chamuscar. Su muerte parecía inminente.
Del estruendo de un relámpago ,una luz etérea comenzó a emerger de entre los cadáveres haciéndolos levitar. En medio de esa luz flotaba una niña con el pelo rubio rizado y de ojos azules. Sus ojos emanaban un destello azul del mismo color que la rodeaba.
La niña lanzó un haz de energía que proyectó hacia la mole de 4 metros. El impacto fue ensordecedor, más sacudidas de tierra hubieron.
Killion debido a la explosión cayó hacia atrás.
Transcurrido un tiempo todo quedó en silencio. La criatura quedó destruida, no quedó nada de él. La niña quedó insconciente.
Ya hace unos meses que abandonaron el poblado, y Killion estirado en los territorios cercanos a su choza, miranba a través de aquel inexpugnable bosque recordando aquellos acontecimientos, como el interior de Mia guardaba una Fuerza prodigiosa, una Fuerza que pocos individuos poseían, y que de manera insconciente, surgía.
El pensamiento de Killion viajó en el momento que esa Fuerza le salvó de su padrino, Darknor.
"¿Estamos ligados por esa Fuerza?" iba pensando," Si esa Fuerza sale a la luz ambos correríamos peligro, debo proteger a Emma por ella y por nuestro secreto".
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Notapor Himkladiel » 09 Nov 2005, 23:47

Capítulo 4: En busca de un nuevo hogar.

- Estoy cansada Killion... ¿no podemos parar? - Mia se quejaba tras días sin parar de andar en busca de un nuevo lugar donde reposar y, escondidos, seguir adelante con sus vidas. Tres días hacía desde la intrusión de la elfa en la choza de Killion. Esa noche, Killion tomó la decisión de que no era seguro para la niña que ambos se quedaran allí. La curiosa elfa, con toda certeza, habría informado al druida negro de su hallazgo y éste habría ordenado su búsqueda. De ningún modo era seguro quedarse allí. La mayor parte del tiempo, Mia iba a hombros de Killion, desde esa altura divisaba con claridad el camino que había por delante. Cruzaron el bosque y caminaron durante todo un día por un camino, totalmente visibles a los posibles peligros. Killion no se sentía muy seguro andando por allí, pero era necesario, y una enorme sensación de que alguien los vigilaba aumentó en su interior. Los dos días siguientes, caminaron sobre rocas y piedras, atravesando el Desfiladero de Riuk y, por fín, al tercer día, llegaron a su destino.

- Sí, Mia. Ya podemos parar. Hemos llegado. - Dijo Killion observando lo que ante él se mostraba. Una abertura en la roca, en todo lo alto del desfiladero. En medio de piedras y más piedras.

- ¿Aquí? No me gusta este lugar... apenas da la luz del sol... Y no hay flores, ni árboles...

- Mia... Aquí estaremos seguros.

- Pero no me gusta... - Dijo la pequeña Mia sollozando.

- Ven, verás como ahora te gusta más... - Killion cogió en brazos a Mia y entraron por la abertura. Killion tuvo que agacharse para poder entrar. Todo oscuro. Killion siguió caminando a tientas, con una mano por delante para no chocar con nada, mientras con la otra sujetaba a Mia. Un poco más... Al fondo un halo de luz. Sí, ya estaban llegando.

- Ya llegamos. - Susurró Killion a Mia. Ésta notó que se le aceleraba el corazón de la emoción. Poco a poco, el halo de luz se iba haciendo más y más grande, hasta convertirse en algo resplandeciente y cegador. Lo atravesaron. Y allí estaba, Naëvylia, el último lugar libre de pecados y maldad. Mia abrió la boca de asombro y contempló ante ella maravillosas flores, de todos los colores, mariposas revoloteando, árboles infinitos y un precioso sol brillando. Unos seres extraños y pequeños con el pelo rojo y orejas picudas, les daban la bienvenida con una enorme sonrisa. Danzaban y brincaban con sus cortas piernas alrededor de los dos recién llegados. Al terminar su cántico, un ser misterioso se acercó a ellos.

- Bienvenidos a Naëvylia. Por fín has terminado tu misión, Killion.

- Así es, mi señora y dama de estas tierras. - Hizo una reverencia. - Aquí tenéis a la pequeña Mia.

- ¿Estás seguro de que es ella? ¿La que buscamos?

- Completamente seguro. Ahora es tan sólo una niña, pero el destino le enseñará quién es realmente.

- Así sea. Ahora, hermano, te encomendamos una nueva misión.

Killion contempló a Mia, jugueteando con las mariposas, corriendo tras de ellas. Sonrió. Sin despedirse de ella, se encaminó a la misión que acababan de retarle. Pronto volvería a verla y se quedaría para siempre a su lado, ayudándola a despertar su don, a controlarlo y usarlo cuando debiera. Ahora, se dirigía de nuevo a la abertura de la roca. Salió. De nuevo, el paraje desolado del Desfiladero de Riuk. Killion empezó a olisquear. Sí, allí estaba. Justamente, detrás de aquella roca.

- Otra vez tú... maldita elfa... - Volvía a repetirse la historia, Killion agarrando por el cuello a Shira. - Nos has estado siguiendo todo el tiempo... te sentía, notaba tu presencia. Debí matarte aquel día...

- ¿Por qué cuidas tan bien a esa niña, demonio? - A Shira le costaba hablar. - ¿Por qué es tan importante?

- No es de tu incumbencia...

- ¿Y dónde la escondes? ¿Qué hay tras esa abertura?

Killion permaneció callado, apretando más la mano en el pescuezo de la hembra.

- ¿No será...? - Killion seguía apretando. La elfa abrió bien los ojos. - Sí lo es. ¡El portal!
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Notapor Javi » 10 Nov 2005, 21:19

Capítulo 5: Fuerza
Killion no sabía si al hablar del portal se refería a Mia. Mientras sus pensamientos le nublaron unos segundos, tiempo que aprovechó la media elfa para clavarle en el muslo una daga que tenía escondido entre sus ropajes. Killion se deshizo de ella quejándose por unos instantes del golpe.
Shira al liberarse, acrobáticamente dió una voltera hacia atrás y se puso en guardia, aunque delante suyo no había nadie. Sus sentidos le advirtieron y dando otro salto lateral esquivó el puñetazo que iba a propinarle.

-Eres rápido eso no lo pongo en duda- sonrió Shira para tí mismo.

-Puedo serlo más si quiero elfa, pero quiero respuestas, ¿quién te envía?

Shira comienza hacer una negación con su dedo índice:

-Lo siento pero nunca doya las fuentes de quién me contratata.

-¿Y si te lo saco a la fuerza?

La medio elfa resopló y dijo:

-Podría ser una solución pero no creo que le haga mucha gracia a mis compañeros. - mientras decía eso, comenzaron a salir muchos soldados, uno a uno asomándose desde detrás de una roca. Ataviados con una armadura de plata, unos con espada en mano y los más alejados apuntando con sus ballestas- No tengo nada en contra tuya, me pareces simpático y muy guapo, pero los negocios son los negocios. Prometo que si sales de ésta tendremos una cita- Shira se alejó de ellos.

Killion se quedó observándoles, estudiando la situación. Poco a poco los soldados se acercaban y los ballesteros, conteniendo la respiración, apuntando el momento para atacar. Gotas de sudor se deslizaba entre los hombres, no podían creer como el muchacho no mostraba ningún ápice de nerviosismo. Sólo faltaba que algo rompiese el silencio. Se escuchaba la brisa de aire formar corrientes entre ellos.
Detrás se abalanzó un soldado corriendo en carga hacia él Sin nadie verlo, el solado salió despedido hacia atrás. Sus compañeros vieron su armadura con una agujero en la parte del estómago de donde sobresalía todos los órgano internos, por supuesto estaba muerto.
Los ballesteros atacaron al unísono disparando sus pivotes. Sin previo aviso vieron como Killion los esquivaba y él mismo pasó al ataque. En una carrera suicida, iba apartándose a los soldados, golpeándoles con fuerza y esquivando todos los espadazos que le salían al encuentro. Los soldados en bano lograban alcanzarle, la velocidad y la fuerza estaba fuera de toda posibilidad humana. Ni losi propios ballesteros sabían donde atacar, los cuerpos de sus compañeros saltaban por los aires dificultándoles para realizar un tiro certero.
El medio demonio ralizó un salto de longitud de al menos cinco metros alejándose de los soldados y cargo en carrera. Debía parar a la elfa, no podía dejar que cogiera a Mia.
Shira se hayaba cerca de la gruta, un paso más y estaría dentro.
Al llegar, Killion no podía creerlo, que no llegaría a tiempo. Un dolor le golpeó por dentro, parecía ver a la pobre Mia juguetear, y nunca se lo perdonaría si le hicieran daño. Dolor , sufrimiento, odio... La Fuerza se manifestó. Una marca se le apareció en la frente, la señal azulada, el contorno parecía la imagen de un dragón.
Sin previo aviso, antes que Shira lograra entrar, las rocas comenzaron a moverse. La Elfa tuvo que retroceder para no quedar aplastada.
La entrada quedó sellada.
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Notapor Himkladiel » 11 Nov 2005, 01:13

Capítulo 6: Uniendo fuerzas.

Shira miraba asustada a Killion y más que nada, su marca de la frente.

- Esa marca... la marca de Darknor... - Consiguió decir con un hilo de voz. Shira caminaba hacia atrás, con dificultad y tropezando con las piedras. Killion comenzó a calmarse y la marca fue desapareciendo.

- ¿De qué conoces a Darknor? ¿Cómo revelas su nombre? Cálmate... no te haré daño, pero cuéntame tu historia. - Killion la miraba fijamente, sentía su nerviosismo.

- Mi historia... Ese demonio destruyó mi poblado, todo lo que yo quería. Mis padres, hermanos, toda mi familia... no dejó nada con vida, arrasó con todo a su paso. Yo estaba lejos, recibiendo un duro entrenamiento de mi mentor, y cuando volví, ya no quedaba nada, tan sólo los cuerpos inhertes y mutilados de mi gente... Y ahora tú... - Shira subió el tono de voz, la ira se iba apoderando de ella - tú llevas su marca. ¿Eres uno de sus secuaces? ¿O acaso eres uno de sus apadrinados? Sí, es eso, Darknor no dotaría a cualquiera con su marca... - Cada vez estaba más enfadada, apartó su capa y Killion pudo ver la empuñadura de una espada. Shira llevó su mano a ella, pero no llegó a desenvainar.

- Así es. Soy su apadrinado. - En ese momento Shira sacó su espada y la puso en el cuello del semidemonio. Killion no hacía nada por defenderse. Seguía quieto e imperturbable. - Pero no es lo que piensas. No sigo sus pasos, ni me dejo manipular más por él. Él va detrás de mi. Nunca perdonará que lo traicionase abandonando Adverno. También destruyó el lugar donde yo era aceptado... No es fácil ser mitad hombre mitad demonio... - Shira volvió a guardar su espada y se sentó más calmada sobre una roca. Killion se volvió dándole la espalda, con los brazos cruzados, mirando el horizonte.

- Lo siento...

- ¡No busco tu compasión! ¡Ni la de nadie!

Shira se levantó y fue despacio hacia él. Le puso una mano en el hombro y le susurró - Yo puedo curarte esa herida - refiriéndose a la herida que ella misma le había provocado con una de sus dagas.

- No lo necesito.

- Vamos, no seas gruñón. Siéntate. Ahora que sabemos que ambos compartimos camino, no veo necesidad de que sigamos enfrentándonos. Siéntate... - Killion se giró. Quedaron un momento así, de pie, uno frente al otro. Se sentó y se dejó curar por la elfa. Shira arrancó un trozo de su capa y sacó unas hojas verdes que llevaba guardadas. Las machacó con una piedra y les roció un líquido amarillento que portaba en una botella. Puso el ungüento en la herida y la tapó con el trozo de capa. - Ya está.

- Dime, ¿quién te envía? - Volvió a preguntar Killion.

- Ya te lo dije. El druida negro. - Shira contestó con aire cansado. - Él cree que posees el portal.

- No sé nada de eso...

- ¿Y la niña? ¿Quién es la niña y por qué la proteges tanto?

- ¡Mia! - Killion se había olvidado por un momento de ella. Se levantó con prisa y se dirigió a donde hasta hacía un momento había estado la abertura de la roca. Ahora, tapiada con enormes piedras. - Tengo que buscar la otra entrada...

- Yo te acompaño.

- ¿Tú? No. Demasiado complicado. Me hecharía encima también la búsqueda del druida...

- Mira a tu alrededor... ¿En serio crees que el druida no creerá que he perecido entre tanto soldado abatido?

Killion se quedó pensativo un momento. La miró de arriba a abajo. Puede que le sirviera de ayuda. Y en caso de que Mia enfermara o la hirieran, ella podría sanarla como había hecho con su herida...

- De acuerdo. Vendrás conmigo. - Shira sonrió. Pero su sonrisa se desvaneció pronto cuando Killion prosiguió. - Pero si me tiendes una trampa, tendré que matarte y no seré tan benevolente como hasta ahora.
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Notapor Javi » 11 Nov 2005, 18:14

Capítulo 7: Conversaciones bajo la luna

Dos días más tarde, Shira y Killion seguían caminando, subiendo una colina rocosa que parecía no acabar, sin ningún sendero natural, todo roca. Ambos provenían de razas resistentes, por eso nunca llegaron a quejarse de la caminata. La medio elfa por eso, le asaltaban dudas en ese momento mientras deámbulaba, si existía o no esa entrada, o sobre la incógnita de la niña humana, sin mencionar ese terrible poder que la detuvo, esa señal que la vió en los sicarios de Darknor.
Kllion se detuvo y miró a la lejanía.

-El Sol está a punto de ponerse, aconsejo que repangamos fuerzas- sugirio Killion.

-Haremos un campamento aquí entonces- señaló Shira.

Killion avanzaba unos pasos, y la voz de Shira le hizo detenerse.

-¿No hemos dicho que pararemos?- interrogó la medio elfa.

-Voy a cazar, ves montando el campamento- y dicho ésto siguió caminando hasta perderse por las rocas.

-Vaya , parece que ha asumido el mando- habló para sí misma dibujando una sonrisa.

Ya al anochecer, rodeados de una fogata agradable saciaron sus estómagos con lo que Killion había cazado, unos pequeños Lúmenes, pequeñas criaturas parecidas a los conejos esparcidas por todo lo ancho del mundo. En cualquier hábitat sobreviviían y además era un manjar bien preciado.
Una vez degustados, ambos se estiraron sobre la fría roca y miraron al cielo, cada uno perdido en su pensamiento. Kllion rompió el silencio:

-¿Dices que Darknor mató a tu pueblo?

-Así es- asintió Shira mirando al cielo perpétuo- Arrasó con todo a su paso, y esa marca... Siempre que la veo me produce miedo....- se abrazó así misma.

-Esa marca es más antigua que el mismísimo Darknor, no sé mucho sobre ello. Aún recuerdo aquel momento....

Su mente viajó al pasado, como se encontraba cogido, piernas y brazos con cadenas. Llevaba el torso al aire, musculado mostrando una multitud de cicatrices que envolvían todo su cuerpo. Allá en las profundidades del Adverno se hayaba en una de las grutas subterráneas. Fosos de lava inundaban el lugar con rocas volcánicas puntiagudas
Se acercó un demonio con una gran capa rojiza, vestido con una coraza volcánica. De ojos penetrantes negros y de una melena rojiza recogida con una cola. Sus manos estaban pobladas de garras, y media por lo menos dos metros de alto, y bastante fornido.
Extendió su brazo derecho, y con su enorme garra le agarró la cara . Comenzó a brillar un azul intenso,que traspasaba al interior del muchacho, comenzando agonizar de dolor.

-La antigua señal del Dios Dragón te será transmitida...-le susurraba Darknor al oído.

Y volviendo a la realidad, Killion seguía su narración:

-Sólo recuerdo eso de aquel día. Me transmitió esa fuerza...

-El Dios Dragón... yo la conocía por la marca de Darknor pero desconocía ésto...

-Yo tampoco sé lo que es si te soy sincero, simplemente la manifiesto involuntariamente...

-No sé si finalmente esa Fuerza te controlará a ti-reflexionó Shira- Eso es algo que deberás aprender.

-Así que finalmente estamos unidos por nuestro odio a Darknor...

-No te equivoques conmigo- reía la medio elfa- Sólo quiero acabar con lo que no pudo tu ... Simplemente eso.

-Él también destrozó una parte de mi vida, aquel poblado mostró cariño hacia mí... Fue la primera vez que...

-Mira, sé que es difícil ser lo que tu eres, nacido de dos mundos y sin formar parte de ninguno... Lo sé por experiencia...

-Si pero los medio elfos no sois mal visto- dijo Killion seriamente, y se giró hacia ella dirigiéndole una mirada.- Yo soy la primera unión entre un humano y un demonio,vosotros no sois mal vistos en la sociedad.

-Si, cuando eres parte de un humano y parte de un Elfo Negro- le contestó con la misma mirada.

-Los Elfos Negros traicionaron a los Elfos por lo que parece ser, querían ser superiores...Eso he escuchado al menos...

-Si, pero no todos los Elfos Negros eran malvados, mi madre no siguió la misma senda y mi padre... la quiso por su bondad... Así salí yo...

-Tengo dones que puedo controlar, entre ellos puedo mirar en el fondo de la gente, y tú no tienes ningún atisbo de maldad.

-Y que sabrá un medio demonio- le repusó con dulzura- Creo que es hora de descansar... Duerme primero yo montaré guardia, con una hora en trance tengo más que suficiente.

-Pues coge tú el trance si quieres, los demonios nunca dormimos...

-Pero tu parte humana tendrá que descansar, tranquilo te depertaré cuando pase un par de horas, creo que tendrás suficiente- miró como se giraba dándole la espalda-Por cierto, me llamo Shira.

-Killion.
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Notapor Himkladiel » 12 Nov 2005, 00:54

Capítulo 8: La llamada.

Shira abrió un ojo, después el otro y se desperezó. Comprobó que unos tímidos rayos de sol comenzaban a salir y vestían el cielo de un azul claro. Miró hacia Killion y advirtió que estaba dormido, fue sigilosamente hasta él y lo contempló unos instantes antes de despertarlo. Sonrió.

- Con que los demonios no dormís... ¿y qué estabas haciendo? - le dijo mientras le daba golpecitos en el hombro para que se despertara.

- Y no dormimos... - dijo con dificultad Killion - sólo estaba... descansando los ojos...

- Sí, ya. Vamos, todavía nos queda camino por delante. - Shira empezó a caminar y desde atrás, Killion la observó cómo meneaba su cuerpo. Fueron caminando ascendiendo la colina. Pronto llegaron a la cima, desde allí, divisaron al otro lado un hermoso valle donde todo parecía tranquilo.

- ¿Ves aquel totem? - Preguntó Killion a Shira acercándose a ella y señalando un enorme totem que se divisaba desde allí y que ellos veían muy pequeño.

- Sí lo veo. ¿Es allí donde vamos?

- Allí es. Y desde allí, seguiremos.

Killion comenzó de nuevo la marcha, ahora el descenso de la colina. Iban por la parte de la umbría. Un paraje totalmente desolado, todo rocas y piedras y pocos rayos de sol. La esperanza de llegar a aquel valle les daba fuerza para caminar rápidamente. De pronto, Killion se detuvo, se sentía mareado.

- Killiion, ¿estás bien? - Era la primera vez que la elfa llamaba al demonio por su nombre. En ese mismo momento, Killion cayó al suelo. Shira se asustó y se arrodilló junto a él, dándole golpecitos en la cara y sin parar de llamarle.

Killion sentía que alguien lo llamaba, alguien lo necesitaba. Tras caer al suelo, despertó. Estaba allí, en Naëvylia. La dama de aquellas tierras se le acercaba, con semblante serio.

- Killion, Mia te necesita. Debes darte prisa y encontrar la entrada. Ha enfermado. Sólo sanará cuando tú estés a su lado. - La figura solemne de aquella dama, rodeada de un halo de luz blanca le avisaba de que tenía que darse prisa, aumentar la marcha y llegar a la entrada. Mia estaba en peligro y él no podía permitir que le pasara algo.

Despertó del trance. Shira lo miraba con los ojos abiertos de par en par.

- Tenemos que darnos prisa, Mia me necesita. - Y comenzó a andar a marchas forzadas. Shira, corriendo, seguía sus pasos, sin preguntar nada, sin exigir nada. Ella iría dónde sólo Killion fuese.
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Notapor Javi » 12 Nov 2005, 16:20

Capítulo 9: La tormenta

Como dos caballos veloces, comienzan el descenso con una rapidez inaudita. Saltando roca por roca, con un objetivo en las cabezas, o más bien en la cabeza de Killion.
Otro ataque vino repentinamente, y cayó de nuevo al suelo, como si algo le golpease desde dentro como un timbal. Shira preocupada se acercó hacia él, pero la retiro con un movimiento brusco de brazo, algo tenía Mia y él lo sentía.
Con rabia, flexionó las piernas y comenzó dar grandes saltos para llegar antes. Shira no se dejó impresionar y le siguió realizando los mismos movimientos, la diferencia entre ambos es sus movimientos parecían fluído y los de él, un poco más rudos, cada vez que descendía sus pies hacian crujir el suelo para posteriormente realizar otra elevación.
El cielo comenzó a cambiar, nubes negras se arremolinaban, parecía avecinarse una tormenta. Killion miró hacia arriba y exclamó:

-¡¡ Mierda !! Tenemos que ir más deprisa.

-Estamos al máximo de nuestras capacidades- le confesó Shira mientras continuaba en movimiento.

-¡¡ Maldito elfa, tenemos que correr más por supuesto o algo terrible ocurrirá!!!


Llegaron al valle del tótem. La oscuridad se acrecentaba, y los primeros sonidos trepitosos daban cábida a lo que se avecinaba.
Llegaron rápidamente al tótem que tapaba la entrada. Killion pronunció unas palabras y el tótem se movió dejando lugar a unas escaleras que descendían.
Shira lo contempló con asombro, aunque poco le duró, bruscamente Killion la empujó hacia dentro, no había tiempo que perder. Un tímido relámpago surgió en el suelo.
Naëvylia, surgió ante ellos, todo un edén lleno de flores y mariposas de muchos colores revoloteando por el lugar. Los seres pequeños que daban la bienvenida, comenzaron a cabriolotear y saltar con nerviosismo alrededor de Killion.

-Llevadme hacia donde está vuestra señora- contestó Killion severamente.

Rápidamente, las criaturas a base de saltos, les condujeron a través de un largo pasillo, decorado floralmente, muchas lámparas ornamentales lo iluminaba y muchas hadas diminutas revoloteaban el lugar con un halo de luz que dejaban en su vuelo como de una bella melodia se tratase.
El pasillo se ensanchó dando lugar a una caverna ovulada. Mia estaba hechada en un somier, mientras la Dama le daba friegas. Había muchas criaturas que traían agua y después otra fila con un cazo vacío, todo estaba revuelto en aquel lugar.

-Se puso a enfermar de golpe, ni con mis conocimientos he llegado a comprender lo que sucede-dijo tristemente la Dama.

Killion se arrodilló y puso su mano sobre la cabeza de Mia. Apartó unos cuantos mechones de su cabeza, y allá en la frente, La señal de Darknor.
Shira al verlo retrocedió asustada, siempre le venían escalofríos de miedo cuando miraba aquella señal. La Dama no comprendía bien lo que estaba sucediendo, pero Killion lo sabía perfectamente, no quedaba tiempo.
Rápidamente giró hacia Shira, y puso sus brazos encima de sus hombros.

-Shira, pase lo que pase, quiero que te quedes aquí.

-No te entiendo Killion, ¿qué sucede con Mia?- preguntó nerviosa.

-Ahora no puedo perder tiempo en explicaciones, corréis peligro si os acercáis- se aproximó un poco hacia ella, y le mostró la señal- Se está manifestando.
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Notapor Himkladiel » 14 Nov 2005, 17:01

Capítulo 10: La fuerza de Darknor.

Killion volvió a su posición anterior, arrodillado y colocando su mano sobre la frente de Mia, justo encima de la señal de Darknor, inclinó su cabeza y pronunció unas palabras en una lengua irreconocible. Repitió estas palabras varias veces, cada vez ascendiendo más el tono de su voz hasta llegar a hacer temblar la caverna. A unos metros de ellos, la Dama y Shira contemplaban con cierto miedo y recelo el espectáculo pregúntandose qué es lo que iba a a pasar a continuación. Killion seguía repitiendo las palabras, pero cada vez le costaba más pese al esfuerzo que estaba haciendo para que su mano no se separase de la frente de Mia. La marca de Darknor, en la frente de Killion cada vez brillaba con más intensidad y Killion sentía un dolor agudo en las sienes. Notaba como le iba subiendo la fiebre a Mia y como las gotas de sudor resvalaban por su blanca cara. De repente, Mia se incorporó rápidamente abriendo los ojos, mostrándolos en blanco y emitiendo un grito sordo. Volvió a caer sobre el somier, entonces su cuerpo empezó a levitar. Killion repetía las palabras, una y otra vez, una y otra vez, cada vez más fuerte. Tuvo que ponerse en pie para poder mantener su mano en la frente de la niña. Killion luchaba contra algo que se había apoderado de la niña, con todo su conociemiento luchaba para que ese algo no la poseyera del todo. La imagen era aterradora. Mia levitando, con los brazos caídos en dirección al suelo y Killion a su lado, con un brazo en alto, con esa mano en la frente de Mia, gritando, implorando. Sin aviso, comenzó a brillar un halo de luz alrededor de Mia.

- Eso es Mia, lucha conmigo contra Él... - susurró Killion. Entonces el semidemonio dejó de gritar, pero seguía manteniendo su mano en la frente de la pequeña y mirándola fijamente. De pronto, Mia alzó los brazos y agarró con sus pequeñas manos la mano de Killion, emitía unos quejidos de dolor. En ese momento, Killion temió perderla, pero Mia hizo seguir creciendo el halo de luz, cada vez más intenso y brillante. Gritó. Y una extraña luz negra salió de ella. En ese preciso instante, Mia cayó en los brazos de Killion que fue rápido para recogerla y que no cayera al suelo. La luz negra se convirtió en un ente semitransparente, con una imagen fácil reconocible para Killion.

- Darknor... No eres bienvenido aquí. - Le dijo con crueldad.

- Killion, Killion... podrás evitar que la posea, pero nunca podrás detenerme... ni destruirme... - la voz sonaba de ultratumba. La Dama y Shira observaban en silencio. Shira se había colocado tras de ella, estaba realmente asustada, como aquella primera vez que vio la marca de Darknor en Killion. Tenía los ojos aguados. Ahora, aparte de asustada, temía por la vida de dos personas...

- Quizás yo no Darknor, pero ella sí, y lo sabes, por eso quieres poseerla, pero nunca... óyeme ¡nunca la tendrás!

- Querido Killion, - un marcado tono de sarcasmo iba con estas palabras - sólo mira su frente... no seas tan ingenuo. - Killion pasó su mano por la cara de Mia, que todavía seguía en sus brazos, y miró su frente. Sabía que una vez la había tenido en su poder, pero ahora no, ahora era su responsabilidad. Era más que eso. Era su pequeña, y la iba a proteger hasta que acabara definitivamente con Darknor. Tras estas palabras, el ente se desvaneció. Y con él, las señales de la frente de Mia y Killion. Y Mia despertó, fue consciente de que estaba en brazos de Killion y lo abrazó.

- Tranquila Mia, ya ha pasado todo. Eres muy fuerte y valiente. - Le dijo con cariño y la dejó en el suelo. Se volvió hacia la Dama y Shira. - Siento que hayáis tenido que verlo... Creo que debo contaros quién es Mia, sobre todo a ti, Shira.

- A mí no tienes que darme explicaciones Killion.- Dijo dulcemente la Dama.- Lo sé todo. Os dejaremos solos. Mia, ven conmigo pequeña. - Le tendió una mano y Mia la tomó cariñosamente. Killion y Shira quedaron solos. Shira corrió hacia Killion y lo abrazó, seguía con los ojos aguados.

- He temido por ti...
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Notapor Javi » 15 Nov 2005, 00:23

Capítulo 11
Confesiones a la luz de la luna

Salieron un momento de Naëvylia. Killion necesitaba refrescarse las ideas, nunca antes se le había manifestado tantas veces la marca, algo terrible iba acontecer, pensaba, y en medio de todo se econtraban él y Mia, y ahora Shira sin querer.
Paseaban bajo la luz de la luna en un cielo bastante estrellado. Mirando al cielo Killion le preguntó a Shira:

-¿Alguna vez te has planteado que hay allá arriba?

Shira, dando unos pasos hacia él, estudió detenidamente el cielo:

-Son marcas en el firmamento, señales que muchas divinidades han dejado. Cada estrella un reino, imáginate la inmensidad de reinos que se extienden, allá dormitan los Celestiales vigilantes.

-De donde sacará las penas la luna para salir todas las noches-dijo meláncolicamente Killion.

-La luna es la belleza encarnada, mi pueblo la venera bastante. El sol más bien es para los humanos, encuentran honor y coraje en él.La luna es la belleza y el sol el guerrero.

-En cambio hay muchos demonios que veneran al dios Dragón. Controla el aire, la tierra, el fuego, incluso el agua. Es de los dioses más perfectos, aunque nunca se ha sabido hacia que lado se decanta.

Shira del golpe desenvainó la espada, rauda y veloz. Killion respondió al ataque esquivándola hechando un poco el cuerpo hacia atrás.

-¡No me digas que ahora te vas a lamentar de todo! ¡Dónde está aquel guerrero!- le provocaba Shira intencionadamente- ¡ Mia no te necesita de esta forma!

-¡Si eso crees, lánzame otro ataque!- su mirada se llenó de un rojo intenso- ¡Veremos sino quedas reducida a la nada!

Shira envainó su espada y se acercó a dos centímetros de Killion, y se fundieron en un largo y tendido beso. Abrazándose y amándose como nunca lo habían hecho.
La medio elfa, en un susurro se acercó hacia la oreja del medio demonio.

-Me fascina tu lado sentimental humano pero a la vez, sé que escondes tu lado oscuro y lo fácil que es sacártelo.

Con voz seria, se dirigió hacia ella contestándola:

-Ambos soy yo, ni humano ni demonio, sólo Killion.

-No quería ofenderte... Perdona- dijo Shira un poco compungida. Rápidamente el fuerte brazo de Killion la rodeó y le contestó con otro beso.

-No estoy ofendido, quería decirte simplemente que soy Killion, la persona de las que estás enamorada con sus virtudes y defectos.

Shira enrojeció por lo bajo, escondiendo su sonrisa, y Killion miraba fijamente hacia el tótem, temiendo meterla hacia lugares peligrosos, y sobretodo temía porque no soportaría si algo le pasara.

Con tono de preocupación le dijo a Shira:

-Tenía que contarte la verdad sobre Mia, pero eso me da miedo, temo involucrarte más de lo necesario....

-Si tiene todo que ver con Darknor, es asunto mio.

-El asunto es más grave. Mia no es una humana normal y corriente. Hace mucho tiempo, la Dama del lago se enamoró de un noble caballero. Contrajeron matrimonio, y la dama se hizo pasar por humana, viviendo una vida tranquila. El caballero siempre renegaba de la vida en castillo, así se fueron a vivir en un pueblo lejano- proseguía diciendo Killion mirando al vacío, como si recordara las imágenes del pasado- Conocí a ambos. Me acogieron en su seno y me criaron como un hijo más... Y bueno el resto... Muchos demonios me persiguieron, uno de ellos dió conmigo. Eran demonios oscuros enviados por Darknor y por hacerme sufrir, detruyó el pueblo.
De toda esa destrucción todos fallecieron... Menos Mia, resurgió y desruyó al demonio. sus poderes divinos resurgieron... pero lo raro que ví la fuerza del Dragón en ella.

-¿Estás diciendo que tiene poderes divinos?

-Tiene el poder de un dios en letargo, y Darknor quería influenciarla con su marca para que desplegase más poder, por eso la quería poseer.

- Lo mataré lo juro- dijo Shira con voz asesina.
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Notapor Himkladiel » 15 Nov 2005, 21:17

Capítulo 12: Una oración por Shira.

Unas nubes grises descargaban con furia toda el agua que llevaban. En un desolado valle, se alzaba un cementerio. Todo silencio y solemnidad. Las lápidas salían de la tierra, sombrías. Las gotas de lluvia revotaban en ellas. Había grandes charcos, la tierra estaba remolida. En un lado del cementerio, junto a un árbol desnudo de hojas, un hombre alto, con capa negra muy larga y la capucha alzada sobre su cabeza, contemplaba una fosa vacía. Dos fornidos hombres al otro lado, esperaban sus órdenes para bajar el ataúd. Otros dos, clavaban la lápida. El hombre de negro se llevó sus huesudas manos a la cara. Se lamentaba. "Debí protegerla más...", se decía, pero era tarde, ella ya no estaba con él, la Muerte, era avariciosa, y se la había llevado con ella.

- ¡Señor! ... - gritaba un hombre de estatura media que se acercaba corriendo hasta el hombre de negro, luchando contra la lluvia. - ¡Mi señor Melkor! - Su pelo moreno semilargo se le pegaba a la cara, mojado, y respiraba con dificultad. El hombre de negro, el druida negro, Melkor, se giró hacia él. - ¡Detened esta falsa!

- ¿Osas interrumpir la oración que llevo a cabo por Shira? - le gritó Melkor a la vez que lo agarraba del cuello y lo elevaba del suelo.

- No, no. Soltadme señor... Ella... ella no está muerta. - Melkor lo soltó de golpe, haciendo que cayera al suelo. El hombre siguió hablando desde allá abajo. - El Halcón me lo ha dicho... lo vio todo, en el desfiladero de Riuk... sólo murieron soldados. - Se levantó y se acercó a Melkor, casi en un susurro, dijo, - Ella se fue con el demonio.

- ¿Con él? ¿Hizo que creyera que estaba muerta para irse con él? - El druida hablaba con notable enfado y en su mente sólo rondaba la palabra venganza. - Me ha traicionado... - Comenzó a dar vueltas por el cementerio. Se detuvo ante una tumba, se puso de rodilas y extendió sus dos manos sobre ella. - ¡Álzate Conhor, hijo de Pàride! ¡Álzate con más poder del que tuviste una vez! - Con estas palabras la tierra tembló, y se abrió. De ella surgió Conhor, caballero del reino de las montañas de Gÿu, con un aspecto lamentable... Melkor se quitó su capa dejando al descubierto su vieja túnica negra, y se la pueso a Conhor. Unos instantes después, se la quitó. El aspecto de Conhor era el de un joven caballero, el aspecto que conservaba antes de morir, con el pelo negro ondulado semilargo, los ojos verdes oscuros y una frondosa barba. Respiraba agitadamente, miró al cielo, abrió los brazos en cruz y dejó que la lluvia cayera sobre él.

- Bienvenido de nuevo Conhor. - Le dijo Melkor con una media sonrisa. Se había colocado de nuevo su capa y rodeó con un brazo a Conhor, por los hombros.

- ¿Por qué me has traído de vuelta, padre? Juraste que no lo harías, en nuestro lecho, cuando madre y yo agonizábamos... ella te lo pidió.

- Os perdí por una simple enfermedad... Conhor, mi querido hijo... tú deberías haber hecho muchas cosas en este mundo, te fuiste antes de tiempo. Vuelvo a ti para que te encargues de una misión.

- No cambiarás nunca padre. - Dijo Conhor mientras se quitaba del lado de su padre. - Sólo por interés. Estoy aquí sólo por interés.

- Soy tu padre y cada vez estoy más débil. Ayúdame... por favor. - Conhor lo miraba y realmente lo veía desgastado, completamente huesudo, daba escalofríos mirarlo a la cara. Melkor hizo una señal al hombre que le había hecho la revelación de que Shira seguía viva para que se acercara.

- Conhor, necesito que vayas tras los pasos de una semielfa, me ha traicionado... nos ha traicionado... Balsec, asegúrate de contarle todo con detalle, y que se prepare para partir. Es una orden, tanto para ti Balsec, como para ti Conhor.

- De acuerdo padre, partiré en busca de esa semielfa. Obedeceré tus órdenes. - Dijo Conhor con resignación volviéndose a Balsec y haciéndole una señal para empezar a partir. Melkor les dio la orden de ir a palacio, allí se conservaba la vieja armadura de Conhor.

- Hijo, recuerda que te he dotado con ciertos... poderes.

- ¿Qué poderes?

- Ya los irás descubriendo, por el camino... - Conhor y Balsec partieron en dirección a palacio. Melkor los vio alejarse desde el cementerio.
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Notapor Javi » 17 Nov 2005, 00:59

Capítulo 13
La armadura oscura

En la armería, se encuentra una gran armadura guardada en una jaula acristalada. Negra como la noche, su casco representaba un gran demonio, cono ojos enrojecidos, colmillos cayéndoles por los laterales, y de orejas puntiguadas y alargadas. El pectoral de la armadura también estaba dotado de oscuridad, menos por el símbolo que brotaba en su pectoral, la silueta de la cabeza de un lobo, símbolo de la astucia, el cuerpo del pasado de Conhor, El guerrero de la Oscurdidad.
Los soldados comenzaron a vestirle lentamente, poniéndoles las protecciones de las piernas, después los antebrazos, posterior el pectoral y para acabar el casco. Los ojos rojizos fluyeron con una energía espantosa.
Se acercó hacia un bloque de piedra en el cuál,una gran espada oscura se hayaba clavada.
Los pasos resonaban imponentes en la sala, todo retumbaba. Los soldados expectantes, no contuvieron su miedo, así que retrocedieron lentamente.
Los brazos de Conhor, desclavaron lentamente el arma, a pesar que en un principio se resiistía a salir. Mientras toda la sala retumbaba. Aquél hombre tuvo que invocar a toda su fuerza para poder alzarla y finalmente... La espada oscura salió, una brillante y relampagueante oscuridad la envollvía. Conhor sintió el poder de nuevo, el poder de antaño y elevado, lo que prometió su padre. Alzando el arma en señal de victoria, sonó una carcajada, profunda y sonora, el despertar de un nuevo mal habia comenzado.


Mientras en otro lugar Shira sigue cobijada en Killion manteniéndose en trance, en cambio el demonio miraba al cielo meditativo . Su viaje empezaría a partir de mañana,.el descubrir de su poder y como usarlo para proteger a Mia, la senda del Dragón le espera. "Deberé exponerme al combate directo, supongo que con práctica aprenderé a usar La Señal", pensaba.
lAlgo se escondía en las tinieblas, a veces la señal de su frente se lo hacia saber de tal forma ,que siempre le comenzaba a doler la cabeza. Las fichas están puestas, sólo falta moverlas.
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Notapor Himkladiel » 17 Nov 2005, 21:07

Capítulo 14
Comienza el viaje.

Shira y Killion salieron de su ensoñación. Ambos pensaban que, de haberse conocido en otras circunstancias, podrían vivir una tranquila y apacible vida en común. Pero qué extraña pareja formaban, un hombre mitad demonio o un demonio mitad hombre y una semielfa. Tan distintos y a la vez tan parecidos, se comprendían el uno al otro, lo que sentían, lo que habían sentido, era lo mismo, sabían de qué hablaba el otro y no hacía falta nada más. Ya de pie, Shira se giró hacia él, le acarició la cara y le dio un dulce beso en los labios. Killion le correspondió abrazándola, sabiendo que de ese viaje podían volver o no. No quería que Shira pasara por aquella experiencia, la búsqueda de Darknor y su destrucción, pero compartían destino, debía ir. Se dirigieron a Naëvylia sin mediar palabra. Entraron en el paradisíaco y sagrado lugar y se dirigieron hacia donde estaba la Dama.

- Killion, protégela. ¿Seguro que es necesario que vaya? - preguntó la Dama con respecto a Mia.

- Sabes que sí. No puedo correr el riesgo de que Darknor intente poseerla otra vez y yo no esté cerca para poder ayudarla. - Tendió una mano y miró con dulzura a Mia. La pequeña se acercó a él y le cogió la mano.

- ¿Ella también viene? - preguntó Mia refiriéndose a Shira.

- Sí, también viene. Nos va a ayudar. - Mia pareció conformarse con estas palabras e hizo un gesto de aprobación.

- Llevad cuidado... mucho cuidado. - dijo la Dama y se acercó al oído y le susurró a Killion. - He visto algo oscuro en la Pila del Oráculo, una armadura negra y un lobo... no puede significar nada bueno... cuídalas y cuídate tú también. - Killion hizo una reverencia y marcharon. Salieron de Naëvylia.
Killion iba pensativo, pensando acerca de las últimas palabras que le había dicho la Dama, no entendía qué podían significar, una armadura negra y un lobo... sin duda, parecía no tener relación con Darknor. Tendría que llevar mucho cuidado, estar con todos sus sentidos alerta.

- ¿Hacia dónde vamos? - preguntó Shira.

- Vamos a Adverno.

- ¿Qué? ¿Al Adverno? Sabía que iríamos en su búsqueda, pero al centro de todo su poder... Killion, ¿le vas a llevar a Mia allí, ante él? - Shira no comprendía bien lo que Killion estaba tramando, pero era una completa locura viajar con Mia hasta Adverno.

- No, antes haremos una parada. - Respondió Killion mirando el horizonte. - Vamos, en marcha, no hay tiempo que perder.
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Notapor Javi » 17 Nov 2005, 22:49

Capítulo 15
Revanchas

Mientras en otro lugar cercano al Adverno, situado en la superfície, en un bosque frondoso y sin apenas hojas. Donde antes recorría un alegre río, en estos momentos se encuentro vacío como si estuviese abandonado. Son terrenos oscuros y silenciosos, territorios cercanos al Adverno.
Un demonio se encontraba en el lugar, de la clase oscura. Vestido con una gabardina de un tono entre verdoso y carmesí con una larga capa oscura cayéndole por atrás. En su cinto portaba una colección de dagas plateadas y a sus espaldas, una espada alargada, cuya empuñadura sobresalía en forma de cruz. Debido a su clase lo único que se dedicaba era, a cazar. De ojos oscuros, pelo corto aunque por la zona del flequillo lo llevaba más largo, tapándole su ojos derecho y de complexión atlética. Rayac, miraba a su presa, un delicioso humano cuyo fin acabo en sus fauces. Se secó la boca de sangre. Llegó a sentarse en el suelo con las piernas cruzadas y allá se quedó.
Un demonio con una gran capa rojiza, vestido con una coraza volcánica, quedaba por encima de Rayac, subido a un árbol viendo el espectáculo que había acontecido.

-¿Cuánto tiempo llevas espiándome Darknor?- dijo Rayac con torno burlón.

-Vaya veo que ni a tus amigos quieres ver ya- el tono de Darknor era siempre sereno y frío a la vez.

-Sabes que somos muy indiduales nosotros, tu aspiras a lo tuyo y yo a lo mío, nos respetamos y punto.

-Sabes, tengo algo interesante que proponerte.

Rayac le miró y no dijo nada, entonces Darknor continuó:

-Necesito que des caza a alguien por mí.

-¿Y porqué debería?

-Siempre te ha gustado cazar, y contra más cuesta la presa, más lo saboreas.

-¿Y quién es si se debe suponer?

-Uno con el poder de Dragón -afirmó Darknor.

-Dime que es tu ahijado y haré algo más que cazarle-la rabia se apoderó envolviéndole una energía tenebrosa, que hizo subirle la parte del flequillo dejando entrever la cuenca de donde se supone que tendría que estar su ojo.


Largo tiempo atrás, en una zona volcánica se hayaron Rayac y Killion, ambos mirándose desafiantes. Era un tiempo, en que Killion escapaba del atosigamiento de sus perseguidores, los demonios oscuros y entre ellos Rayac.

-Ya he dicho que no volveré a Adverno- gritaba Killion.

-Vamos, si entre nuestra hueste no eres mal recibido, nosotros los demonios oscuros te damos cobijo. Ven conmigo y te enseñaré a ser el más fuerte de todos, los demonios neutrales se subyagarán a nosotros.

-Serési hipócritas- repuso con violencia- Si lo único que os interesa es mi poder para hacerlo vuestro e investigarme como si fuera una cobaya, el primero de mi especie, demasiado alentador.

-Vamos chico, el Poder lo tienes, pero debes controlarlo. Ven a mí y derrotaremos a cualquier criatura. A mi me da igual que seas medio demonio, medio humano... lo que sea- Rayac usaba un tono amigable en este momento- Sólo quiero ayudarte.

Killion miro en el alma de Rayac, pero únicamente obtuvo codicia y puro egoísmo. Se enfadó bastante, porque en principio le creía, pero su ira fue acrecentándose. La señal apareció en su frente. El magma del interior de la tierra, salió despedido hacia fuera y le rodeó formando una columna. Se concentró en el subsuelo donde pisaba Rayac, y una columna de fuego le abrasó el ojo derecho.

Rayac recordó aquel momento, y Darknor lo sabía muy bien por eso sonrió para sí mismo.
Se levantó y desapareció del lugar... o más bien uso una velocidad vertiginosa cuya cosa en mente era matar a Killion.
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