Lagrima De Invierno

Versión para adultos de Historias y Fanfics. Escribe aquí las historias que por su contenido no sean aptas para todos los públicos. Exclusivamente mayores de 18 años.

Lagrima De Invierno

Notapor Saphira » 21 Jun 2006, 18:40

Hooolaaaaaaaaa :love2:

Este es mi primer fanfic original Yaoi, espero que les guste y ojala comenten y me den sus opiniones :love:
Graaaaaaaacias a tooodoooooos!!

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“LAGRIMAS DE INVIERNO”

I


Matías Kramer estaba ardiendo. Su cuerpo temblaba y gemía descontroladamente.
.-¡Oh, Marco! ¡Tómame! ¡Tómame ahora o enloqueceré!.- suplicó Matías consumido por la pasión. Marco Santander introdujo su miembro dentro de Matías y empezó a moverse; rítmicamente al principio, salvajemente después. Hasta que sus sudorosos cuerpos se sacudieron en un delicioso éxtasis.
Matías Kramer observó el rostro plácidamente dormido de su amante y sonrió, iluminando sus delicadas y hermosas facciones. A sus dieciocho años, Matías nunca tuvo la necesidad de hacer el mínimo esfuerzo por ganar los afectos de otro. Hombres y mujeres se le ofrecían por igual y en varias oportunidades le juraron amarlo. Incluso algunos llegaban al extremo de llorar y humillarse ante él. Pero Matías sabía muy bien lo falsas que eran esas palabras y esas demostraciones, a menudo obsesivas, y se reía de ellas. ¿No le había asegurado su madre lo mismo tantas veces? Y sin embargo, se cazó con su padrastro y desde entonces él no fue mas que un extraño; un estorbo para ella y la perfecta vida que había armado con su marido. Por eso decidió estudiar arquitectura en una universidad que se ubicara tan lejos de donde ellos vivían; así no tendría que escuchar sus constantes recriminaciones. Además el lugar le gustaba, el ambiente era agradable y podía pasear por la playa cuando lo deseara. Por supuesto que desde que llegó a la ciudad muchos pretendieron su amor, pero él nunca fue realmente promiscuo y solo tuvo una corta relación con una muchacha llamada Mariela, antes de que Marco Santander se le acercara en una fiesta de la universidad. A Matías le agradó desde el primer instante. Tal vez porque era diez años mayor o porque era uno de sus profesores, pero la actitud de Marco estaba libre de melodrama efectista y de palabras que parecían inventadas por poetas de segunda. La verdad es que Matías se sentía muy a gusto con él.
.-¿Cuánto tiempo dormí?.- preguntó Marco somnoliento.
.-Mmm. Como media hora, supongo.- respondió Matías mirándolo con dulzura.
.-¡Media hora! ¿Por qué no me despertaste? Alguien podría venir.-dijo Marco mirando al muchacho.
.-¿Quién podría venir?
.-Tu compañero de cuarto, por ejemplo, o la dueña de la pensión.- señaló Marco.
.- La señora Ramírez visita a sus hijos los sábados y en cuanto a Danielín; iba a estudiar en la casa de un compañero para un examen durante todo el fin de semana... no se para qué. De todas maneras se lo pasa estudiando.- dijo Matías con una mueca. Marco notó el tono burlón de Matías.
.-¿No te llevas bien con tu compañero de cuarto?
.-No sé... No es que me desagrade por completo. Tampoco se trata de que tiene un gusto horrible para vestirse. Pero es tan... raro. Tan neurasténico. Siempre retorciéndo sus manos sudorosas; y ese pelo grasoso que parece que no lavara nunca, aunque se bañe todos los días... Además, esa forma que tiene de mirarme...
.-¿Cómo te mira?.- se interesó Marco.
.-Fijamente y con cara de bobo; pero si le dirijo la palabra se pone colorado como tomate y mantiene la vista en el suelo.
.-Tal vez le gustas.- propuso Marco, haciendo que Matías se encogiera de hombros con desagrado.
.-Pero no quiero seguir hablando de Danielín.-dijo el joven con voz sugerente, mientras besaba y lamía el pecho de su profesor.
Marco lo besó con pasión y fue descendiendo con una mano por el vientre hacia el miembro anhelante de Matías. Entonces sucedió.
La puerta se abrió y en el umbral apareció Daniel Parra con un montón de libros en los brazos. Cuando vio la escena su rostro enrojeció de golpe, y luego palideció intensamente, dejando caer todos los libros al suelo. Visiblemente perturbado, se agachó para recogerlos.
.-¿No ibas a estudiar con tus compañeros toda el fin de semana?.- le preguntó Matías sorprendido.
.-Ssi, si... sso-olo venía a-aa dejar unos l-libros que ya no... ya no necesito.- explicó intentando inútilmente tomar los libros con sus temblorosas manos. Marco, que ya se había colocado los boxer y viendo al joven complicado, se acercó a ayudarlo. Se arrodilló junto a él y recogió un par de libros.
.-¡No!-exclamó Daniel mirándolo a la cara. Marco lo miró a su vez. El chico no debía tener más de veinte años; en verdad su ropa estaba muy mal combinada; y debajo de su gorro de lana sobresalían largos y negros cabellos grasosos; pero su enjuto rostro tenía bellas facciones. Sin embargo, lo que realmente impresionó a Marco fueron los castaños ojos del joven. Cuya mirada estaba llena de un inmenso dolor. Un dolor desgarrador que proviene de un amor profundo y desesperado. Un amor con la absoluta seguridad deque nunca será correspondido. Impactado por la fuerza de los sentimientos del muchacho, Marco se alejó un poco de él. Daniel terminó de recoger los libros y después de colocarlos sobre su escritorio, se apresuró en retirarse de la habitación; no sin antes lanzarle una fugaz pero intensa mirada a Matías, quién lo observaba impaciente.
Cuando Daniel se hubo marchado, Marco comenzó a vestirse.
.-¿Por qué te estás vistiendo? ¿Es que te vas?.- preguntó Matías.
.-¿No es obvio?.- Marco habló con cierta frialdad.
.-¿Por qué?.- La voz de Matías sonó muy decepcionada. Marco lo miró y vio que en los azules ojos del joven había inseguridad; y también pena. ¡Oh, Dios. Qué frágil y hermoso lucía! Marco abrazó al muchacho.
.-Mati... En este lugar nunca tendremos privacidad. Sería bueno que arrendaras un departamento. Tus padres pueden costearlo ¿Qué te parece?.- sugirió Marco.
.-Si, tienes razón... Ya estoy aburrido de esta pensión.- dijo Matías.
.-Daniel Parra, lo siento mucho por ti... - pensó Marco.- pero Matías me gusta de verdad y tu amor por él es tan grande que eventualmente serás un peligro para mí... lo siento en verdad.

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Capítulo II


La lluvia empezó a caer copiosamente y en pocos segundos empapó por completo a Matias; empeorando su mal humor. Había discutido fuertemente con Marco; quién lo trató con mucha frialdad y le dijo que no era más que un niño caprichoso y mal criado. Matías sentía una mezcla de angustia y rabia. Estaba muy afectado y veía todo negro. Ni siquiera el haber encontrado un departamentito muy en onda y con vista al mar lograba apaciguar en algo su irritación. Cuando llegó a su habitación en la pensión, prendió la radio y se paró en la ventana a mirar el exterior.
.- Matías... ¡Matías!.- sobresaltado, el joven volteó y vio a Daniel sentado frente a su escritorio con un libro abierto en cima. - ¡Ha! Estabas aquí. No me di cuenta.-dijo sin emoción.- ¿Qué quieres?
.- L-La radio.- respondió el joven débilmente.
.- ¡¿Qué?!.- preguntó Matías secamente. Daniel suspiró inseguro.. - La-a la radio... ¿Puee-ddes ap-pagarla? E-eestoy intentando es-estudiar.- señaló el muchacho con mucha timidez.
.- ¡Ah! ya, ya. Disculpa si te importuno.- dijo Matías con hastío.- En todo caso, no será por mucho tiempo más.
.- ¿Qué quieres decir?.- preguntó Daniel sorprendido.
.- Que me voy.- respondió Matías con indiferencia, mientras volvía a mirar el exterior.
.-Ojalá se ponga a estudiar luego y me deje en paz.- Se dijo. Empezaba a sentirse deprimido.
.-Pe-pero ¿Por... qué? ¡¿Por qué?!- Preguntó Daniel angustiado. Con fastidio, Matías miró nuevamente a su compañero de cuarto.
.-¡Bueno, porque sí! Porque me voy y punto.- Respondió enojado. Daniel permaneció en silencio unos segundos con sus facciones desencajadas por el miedo y la ansiedad. De pronto se acercó Matías.
.- No. Por favor no te vayas. ¡Por favor! Si hay algo que te molesta de mí dímelo y yo procuraré corregirlo, pero por favor no te vayas... no me dejes... Necesito respirarte cada día.- Daniel se acercaba más y más y Matías retrocedió hasta que su espalda tocó la ventana.
.- Oye, hermano ¿Pero de qué demonios estás hablando? .- Matías levantó los brazos en un intento de alejar a Daniel, pero este lo abrazó con tal ímpetu, que descoló al joven.
.- ¡Hablo de que ya no aguanto más! Todos estos meses he sufrido demasiado ¡Te amo, Matías! ¡Te amo con toda mi alma! No soportaría estar alejado de ti, te amo. Sorpresivamente, Daniel acercó sus labios a los de Matías y lo besó apasionadamente, con
un beso infinitamente inexperto y torpe. Matías se liberó con furia.
.- ¡¿PERO QUE DEMONIOS ESTAS HACIENDO?!- gritó mientras se limpiaba los labios con desagrado.
.- Yo... yo lo la-lamento... ¡No-no sé que me pasó!...Yo... no debí hacerlo.- se disculpó Daniel con el rostro encendido y visiblemente avergonzado.
.-¡POR SUPUESTO QUE NO DEBISTE HACERLO!.- gritó Matías nuevamente. Descargando toda su frustración y rabia contra su compañero de cuarto.- ¿Cómo pudiste imaginar siquiera que yo podría fijarme en alguien como tú?...¡Mírate! Mira tu pelo ¿Te lo lavas alguna vez?...- El rostro de Matías reflejaba desprecio.- Ni con veinte botellas de cerveza me enredo contigo... ¿Sabes? Debería estar enojado, pero la verdad es que me das pena ¡Eres patético Daniel! ¡Patético!.- Matías buscó su chaqueta y con tres zancadas llegó
a la puerta.
.- ¡Matías, espera!.- gritó Daniel. Pero Matías lo ignoró y se marchó dando un portazo. Daniel Parra ahogó un grito y cayó de rodillas, con su cuerpo sacudido por fuertes y desgarradores sollozos.
Aquella noche Matías se reconcilió con Marco; pasó el fin de semana con él y todo estuvo bien otra vez. Entonces recordó a Daniel y pensó que había sido muy duro; decidió que hablaría con él para zanjar en forma pacífica las cosas. El lunes después de clases regresó a la pensión, pero al entrar al cuarto descubrió que en el lugar donde debían estar las cosas de su compañero había libros y ropas extrañas. De pronto se abrió la puerta y un chico desconocido entró en la habitación.
.-¡Ah! ¡Hola! Tu debes ser Matías. Soy Francisco. Seremos compañeros de cuarto al menos por un tiempo, tengo entendido que te marchas pronto.- dijo el muchacho con una sonrisa.
.-¿Sabes que pasó con el chico que compartía pieza conmigo?.-preguntó Matías, aún sorprendido.
.-¡Oh! Se fue el sábado. Justo el día que vine a preguntar si había cupo... ¡Tuve suerte!
.-Sí... Mucha suerte.-susurró Matías sintiendo un extraño pesar en el corazón.

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Capitulo III


La tarde estaba nubosa y fría. Matías caminaba con paso firme hacía el restauran que él y una amiga habían abierto, exitosamente, hacía ya un año. El joven consultó su reloj; un magnífico reloj que le regaló su madre el año en que murió. En aquella época, ella y su marido sufrieron un terrible accidente automovilístico. Su madre estuvo grave alrededor de un mes, tiempo en que Matías y ella lograron reencontrarse y pudieron hablar de ellos y la vida. Durante aquel mes Matías supo que su madre lo amaba de verdad, pero sobretodo entendió que él la amaba a ella con todo su corazón y comprendió que de eso se trataba el amor, de dar y no de preocuparse por recibir. Después de morir su madre, él y su padrastro se unieron mucho, llegando a sentir un gran afecto el uno por el otro. Su padrastro, sin embargo, nunca se repuso de la pérdida de su esposa y ocho meses después falleció de un ataque cardiaco. Fue durante aquel tiempo de luto cuando Matías decidió dejar la universidad definitivamente y aceptar la propuesta de su amiga Francisca de abrir un restauran, y desde entonces se dedicó por completo al mismo.
Matías entró al restauran, saludó al personal y pasó gran parte de la mañana en la oficina. Poco después del medio día fue a ver como iba todo con los clientes. Recorrió con la vista todas las mesas donde animadas personas almorzaban, cuando su atención se centró en una en particular, donde se encontraban un hombre y una mujer. El hombre era joven, muy varonil y atractivo. A Matías le gustó de inmediato, algo que ocurría muy rara vez De pronto el desconocido volteó la cabeza y lo miró fijamente, Matías lo miró a su vez y sonrió con naturalidad. El hombre le devolvió una suave sonrisa y se concentró en su compañera otra vez. Entonces Matías pensó que aquel hombre le resultaba familiar, y trató, en vano, de recordar donde lo había conocido. Matías y el hombre se miraron en varias ocasiones y cuando fue evidente que él y su compañera pretendían marcharse, Matías se acercó disimuladamente hacia la puerta.
.-Espero que hayan disfrutado su almuerzo.- les dijo cuando pasaron junto a él.
.-¡Oh, sí! Gracias, todo estuvo delicioso y la atención es muy buena.- respondió la mujer, mirándolo con una sonrisa radiante.
.-Me alegro de que sea así... eh.-Matías miró al hombre.-¿Sabes? estoy seguro de que nos conocemos, pero no logro recordar de donde.
.-¿No es una forma algo desgastada de abordar a alguien?.-comentó la mujer, sintiéndose algo despechada al comprobar que la atención no iba dirigida a ella.
.-Tienes razón querida; pero en este caso en verdad es así.-respondió el hombre con una sonrisa. Después el desconocido se dirigió a Matías.
.- ¿Tal vez recuerdes la pensión de la señora Ramírez, hace seis años?.- Matías asintió.
.-Fui tu compañero de cuarto, Daniel Parra.
El rostro de Matías se iluminó y con una gran sonrisa se acercó a Daniel Parra para abrazarlo.
.- ¡Daniel Parra! No puedo creerlo ¡Después de tanto tiempo! ¡Pero cuéntame que ha sido de ti!.- Pidió con entusiasmo. Daniel consultó su reloj.
.- En este momento estoy un poco atrasado pero ¿Qué te parece si nos juntamos esta noche para cenar?
.- ¡Me parece una excelente idea!
.- ¿A las nueve p.m.? En el restauran Saltarello.- Dijo Daniel despidiéndose con un apretón de manos.
.- A las nueve.- repitió Matías con una inmensa sensación de alegría.

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Capitulo IV


Matías llegó (algo raro en él) puntual a la cita de esa noche. Durante toda la tarde la imagen de Daniel Parra había permanecido tercamente en su mente, provocándole una leve moción. Lo cierto es que tomó más tiempo de lo acostumbrado en arreglarse para la reunión con su ex compañero de pensión.
Diez minutos después apareció Daniel y muchos rostros femeninos voltearon a su paso. Pero él solo prestó atención al joven de ojos azules y pelo castaño, que lo miraba con su bello rostro iluminado.
.- Lamento llegar tarde.- se excusó mientras se sentaba.
.- No hay problema.- respondió Matías con una sonrisa. La conversación fluyó fácil y amena. Daniel seguía siendo pasivo en sus gestos, pero ahora emanaba de él un aire de misterio, autosuficiencia y sensualidad. Matías sintió que la leve emoción que lo había acompañado durante la tarde, aumentaba considerablemente.
.- ¿Así que te titulaste? ¿Te dedicas a la pedagogía, tal como lo deseabas?.- preguntó Matías. Daniel negó con la cabeza mientras bebía un sorbo de vino.
.- No. En realidad me dedico a escribir.- Respondió.
.- ¿De veras? ¿Prosa o poesía?.- se interesó Matías, puesto que leer era uno de sus mayores gustos.
.- Poesía, pero ahora estoy preparando mi primera novela.- señaló Daniel.
.- Yo suelo leer mucha poesía ¡Qué extraño que no haya visto alguno de tus libros!. Reflexionó en voz alta Matías.
.- Eso es porque utilizo un seudónimo, Arturo Illanes.
El rostro de Matías reflejó la impresión que las palabras de Daniel habían provocado en él.
.- ¿Arturo Illanes? ¿Te das cuenta de lo que me dices? Arturo Illanes es mi autor favorito. Matías rió feliz.- ¡No, puedo creerlo! Aquí estoy yo; cenando con el escritor de mayor proyección del país y quién resultó ser mi antiguo compañero de pensión.
.- ¡Salud por eso!.- exclamó Daniel.
.- ¡Salud!.-repitió Matías alegre, sin notar que a pesar de la sonrisa, los ojos de Daniel brillaban con frialdad.
.- ¿Qué hay de tu profesor... Cual era su nombre? ¿Sigues con él?.- preguntó de pronto Daniel.
.-¿Te refieres a Marco? Estuvimos juntos durante tres años. Luego a él se le presentó la posibilidad de hacer un doctorado en Estados Unidos... - dijo Matías.
.- ¿Y?.- Insistió Daniel. Matías se encogió de hombros.
.- Nada. El se fue y yo lo dejé ir... Para entonces la relación era simple rutina.- explicó.
.- Ya veo... - Daniel bajó la vista pensativo. Matías lo observó, no recordaba lo guapo que era y se sorprendió de la fuerza de su atracción. Daniel elevó la vista y sonrió.
.- Aún tienes ese aire de niño consentido que tan atractivo le resultaba a las mujeres.- dijo.
.- Y a los hombres también... – la insinuación de Matías fue clara. Daniel lo miró fijamente; luego se inclinó hacia él con una sonrisa sugerente.
.- ¿Vez a esas dos chicas que están ahí?.- Daniel señaló con un gesto a dos mujeres sentadas en una mesa cercana, Matías asintió.
.- ¿Son bellas, verdad? Nos han estado mirando y sonriendo durante todo este tiempo...
.- ¿Ah, sí?.- comentó Matías bajando la vista decepcionado. No esperaba esa reacción de Daniel.
.- Podríamos invitarlas a un trago ¿no?
.- Sí, claro... - respondió Matías sin ningún entusiasmo.
.- O... Podríamos ir tú y yo a mi apartamento, que se encuentra cerca de aquí, y seguir conversando en un lugar más cómodo e íntimo ¿Qué piensas?.
.- Prefiero lo segundo, por supuesto.- Señaló Matías con entusiasmo. Así que pagaron la cuenta y se marcharon, dejando a las dos mujeres muy decepcionadas.
El departamento de Daniel tenía un ambiente minimalista, pero Matías alcanzó a vislumbrar a través de una puerta muchos libros apilados.
.- ¿ Qué pasó después de Marco? ¿Estás con alguien ahora?.- preguntó Daniel mientras preparaba unos tragos.
.- Tuve una corta relación con mi socia cuando nos reencontramos, que evolucionó en una sólida amistad.
.- Entiendo.- dijo Daniel entregándole una de las copas.
.- Y tú... ¿Qué cuentas?.- preguntó, a su vez Matías, sin disimular su interés.
.- Nada importante... - respondió Daniel mientras seleccionaba un CD.- ¿Todavía te gusta la música de los años ochenta?.- preguntó mirando a Matías, quién asintió con una suave sonrisa.
El departamento se llenó de los acordes acompañando la voz de Gino Vanelli cantando “Hurts”. Matías permitió que la romántica melodía inundara sus sentidos. Daniel se acercó a él y le acarició suavemente el rostro con sus dedos. Matías los retuvo y empezó a lamerlos sensualmente. Los castaños ojos de Daniel se oscurecieron.
.- ¿Es esto lo que quieres?.- preguntó.
.- Más que nada en este mundo.- respondió Matías, sorprendido por la intensidad de sus sentimientos. Daniel lo miró unos segundos más y luego cogió el rostro del joven entre sus manos y lo besó con pasión. En el suelo, se esparcía el líquido derramando de las copas.
Los jóvenes se dirigieron al cuarto desvistiéndose y devorándose a besos. Daniel lanzó a Matías sobre la cama y lo miró unos instantes, jadeando de deseo. Matías lo observó a su vez y pensó en que el flaco y pálido cuerpo de su antiguo compañero de pensión, en nada se asemejaba al atlético y bronceado cuerpo del hombre que estaba ante sí. Matías elevó una mano en una muda invitación. Daniel cogió la mano ofrecida con firmeza y se inclinó despacio. Entonces, ayudado con sus dedos y su lengua, fue recorriendo, con infinita dulzura y delicadeza, el cuerpo anhelante de Matías; acariciando cada centímetro de su piel. Matías ardía de pasión.
.- ¡Por... favor!.- suplicó, sintiendo una erección espantosa.
.- No... no, aún no estás listo... -susurró Daniel, mientras lamía su cuello.- Quiero llevarte al borde de la locura; desde donde sea imposible regresar.- Daniel descendió por el pecho y vientre hasta el miembro palpitante; Matías sintió que todo daba vueltas a su alrededor y solo pudo emitir un gemido a modo de súplica, mientras su cuerpo temblaba incontroladamente. Daniel se ubicó entre las piernas del joven y lo tomó con furia; haciendo que Matías gritara, en una mezcla de dolor y deleite. Daniel entraba y salía sin compasión; hasta que Matías, ebrio de placer, alcanzó un desesperado éxtasis.
Aquella noche Matías le entregó a Daniel su cuerpo... y también su corazón.

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Capitulo V

Los siguientes meses fueron simplemente maravillosos para Matías. Daniel era infinitamente dulce, y que parecía adivinar todos los detalles que lo emocionaban. Matías encontró en Daniel al amor de su vida.
.- Veamos. Hoy llega Daniel de un viaje de dos semanas. Mmm... ¿No deberías estar contento?.- preguntó Francisca, una nubosa mañana en la oficina del restauran.
.- Lo estaría, si efectivamente nos viéramos hoy. Pero Daniel llega directo a una especie de seminario que aborda las artes en toda sudamérica y después de un viaje tan largo... en fin, no nos veremos hasta mañana.- explicó Matías con desánimo.
.- ¡Oh Mati ¡Me extraña! El seminario es público ¿Por qué no vas?.
.- Por que había que inscribirse con anticipación.- señaló Matías.
.- Mmm ¿ De casualidad el seminario se impartirá en el centro de eventos Castillo Medieval?.- preguntó Francisca pensativa.
.- Sí ¿Por qué?.- Matías se volteó a mirarla.
.- Porque conozco al administrador.. - Francisca miró a su socio con una amplia sonrisa.
.-Dime Mati ¿Te gustaría darle una sorpresa a Daniel?.
Siete horas después, una vez terminado el seminario, Matías pululaba entre los numerosos asistentes en busca de esos ojos castaños que tanto amaba.
.- ¿Matías? ¿Matías Kramer?.- el joven giró la cabeza al oír su nombre y con gran sorpresa se encontró frente a frente con Marco Santander.
.-¡Marco! ¿En verdad eres tú? .- ambos se dieron un afectuoso abrazo.- ¿Cuando llegaste? ¿Por cuanto tiempo vienes?.- preguntó Matías con entusiasmo.
.- Llegué hace una semana y bueno, por el momento no tengo planes para marcharme. Respondió Marco con una sonrisa.- ¡Pero déjame mirarte!.- dijo después.- ¡Dios, estás mas apuesto que nunca!
.- ¿Y qué me dices de ti? Sigues igual de guapo que la última vez que te vi.- señaló Matías. Ambos rieron. De pronto Marco pareció recordar algo.
.- ¿Sabes quién fue uno de los expositores hoy?...- comenzó a decir cuando alguien lo interrumpió.
.- ¡Pero si es Marco Santander! Angela, querida, es una vergüenza que no hallas incluido a este gran artista, tan renombrado en el exterior, como uno de los expositores en el seminario.-Daniel Parra se había acercado junto a una mujer.
.- Te aseguro que lo intenté Daniel, pero él se excusó ¿Verdad Marco?.- dijo la mujer mirándolo
.- ¡Ah! Sí. Temo que fue culpa mía... Daniel Parra ¿Verdad?.- Daniel y Marco se dieron la mano. Marco percibió claramente la frialdad detrás de la sonrisa de Daniel.
.- Seguramente recordarás a Matías Kramer.- dijo Marco. Daniel miró a Matías con expresión férrea.
.- Claro. No sabía que te gustaban estos seminarios.- comentó con indiferencia y luego volteó hacia la mujer.- Vamos querida, creo que después de todo aceptaré tu invitación, parece divertida.
.-¡Magnífico!.- respondió ella, y después de despedirse, ambos se alejaron charlando animadamente.
Matías, que estaba congelado por la impresión, los vio irse y después bajó la vista.
.- Matías... Matías ¿Estás bien? ¿Pasa algo?.- preguntó Marco.
.- N-no... pero debo irme... - dijo girando para marcharse.
.- Pero ¿Cómo me comunicaré contigo?
.- ¡Ubícame en, el restauran Brocenlinde!- respondió sin emoción.
Matías llegó a su departamento y se lanzó sobre el mullido sofá. Sentía el corazón angustiado y lleno de duda. ¿Por qué Daniel se había comportado de esa forma? Como si no lo conociera; como si no le importara. Por otro lado, si por celular le había dicho que después del seminario seguramente estaría demasiado cansado, y que era mejor verse al día siguiente ¿Por qué había aceptado la invitación de esa mujer?. Matías pasó horas en el mismo lugar, buscando inútilmente una explicación que le trajera consuelo a su corazón. Cuando ya era noche cerrada el sonido del timbre de la puerta lo sacó de sus cavilaciones, descubriéndose en penumbras. El joven se incorporó perezosamente y prendió una pequeña lámpara. Aunque el timbre sonaba exigente una y otra vez, no se molestó en mirar por el ojo mágico, no le importaba quién era. Abrió la puerta y se encontró cara a cara con Daniel. Dudó unos instantes, pero al fin lo dejó entrar. Ahora que tenía a Daniel frente a sí, no estaba seguro de sentir pena, alegría o rabia.
.- ¿Qué haces aquí? Imaginaba que estarías divirtiéndote con tu amiga.- dijo aparentando tranquilidad. Por toda réplica, Daniel, se abalanzó sobre él y lo besó con torva pasión. Desnudándolo y acariciándolo posesivamente. Furioso consigo mismo por responder con tanta urgencia a sus caricias, Matías intentó protestar, pero Daniel lo hizo callar, poseyéndolo hasta que ya solo fue conciente del salvaje placer que recorría su cuerpo. Aún después, en la calma, Daniel seguía acariciándolo con ternura; susurrándole palabras dulces y Matías aceptó sus disculpas.

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Capitulo VI


Después de desvestirse, Matías se metió bajo la ducha, permaneciendo ahí largo tiempo, como si tratara de que el agua tibia se llevara la ansiedad que embargaba su cuerpo. Hoy era su cumpleaños y había recibido saludos de todos menos de Daniel. Habían acordado salir, sin embargo ya eran las nueve de la noche y no había señales de él. Daniel había cambiado mucho durante el último mes. A veces era frío y distante, incluso había ocasiones en que demostraba una especie de rabia contenida; como cuando, comentando una película, Matías dijo que a él no le importaba la apariencia física, Daniel se molestó mucho y le dijo que su falsedad le daba nauseas.
Matías empezaba ya a vestirse cuando sonó el celular, lo cogió con cierto nerviosismo, pero al chequear el número vio decepcionado que se trataba de Marco.
.- ¿Aló? .- saludó con voz apagada.
.- Me doy cuenta, por tu voz, que lo estás pasando de maravilla.- dijo Marco del otro lado del auricular.
.- Sí, imagínate... - Matías trató de animarse pero no lo logró.
.- Aún no tienes noticias de Daniel... -más que una pregunta, Marco hizo una afirmación.
.- No... - Susurró Matías. Se produjo un silencio que Marco finalmente rompió.
.- Matías... Rodrigo y yo planeamos ir a tomarnos un trago por ahí y nos gustaría que nos acompa...
.- Gracias Marco, pero pronto llegará Daniel. Además solo les estorbaría a ustedes dos.- le interrumpió Matías. Marco suspiró.
.- Mira, Matías. Se que este no es el mejor momento para decirlo pero... ¿No notas nada raro en Daniel?.
.- ¿A qué te refieres?.
.- No sé... frialdad. Su mirada es acerada... Como si en él hubiera mucha rabia, mucho despecho. Se comporta como alguien que ha sido dañado y que lo único que desea es...
.- ¿Vengarse?.- preguntó Matías bruscamente. Las palabras de Marco le molestaron, de alguna manera.
.-¡ No, no!...Yo solo... quiero decir... - Marco volvió a suspirar. - Mejor olvídalo. Si cambias de opinión llámame o a Rodrigo ¿De acuerdo? Nos vemos.
Matías colgó. Las palabras de Marco le daban vueltas en la cabeza. Era absurdo, claro ¿Por qué y de quién querría vengarse Daniel? Matías se desplomó en el sillón ¡Rayos! ¿Donde demonios se había metido Daniel?. Para colmo de males, afuera llovía a cántaros. Cuando el reloj indicó las diez p.m. se decidió a llamarlo.
.- ¿Aló? .- Para sorpresa de Matías, la voz de Daniel se escuchaba rodeada de música y alboroto.
.- ¿Daniel? ¿Por qué no me has llamado?.
.- ¿Quién es?.- preguntó indiferente Daniel. El joven se descolocó, Daniel sabía perfectamente quién era; debió ver el número antes de contestar.
.- Matías.- respondió secamente.- ¿Donde estás? ¿Qué es todo ese ruido?
.- Estoy en el bar Mandoble, Angela Valdivieso ofrece una recepción. Tuve que venir...
.- ¡TUVISTE QUE IR! ¿Y qué hay de nuestra cita?.- se alteró Matías.
.- Mira... Iba a llamarte pero todo esto surgió tan sorpresivamente; la verdad no tuve tiempo.
.- ¡NO TUVISTE TIEMPO! ¿EN VERDAD PIENSAS QUE VOY A CREER ESO? ¡TE HE ESPERADO TODA LA TARDE COMO UN TONTO¡- Los sentimientos de Matías oscilaban entre la impotencia y la decepción.
.- ¡Si estás tan desesperado por salir, llama a uno de tus amigotes!.- se exasperó Daniel. Entonces y súbitamente, toda la rabia de Matías se convirtió en una profunda desolación.
.- ¡Pero yo quiero salir contigo! Daniel... hoy es mi cumpleaños... ¿Eso no significa nada para ti?.- dijo, mientras gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
.- ¡Claro que sí! Pero en esta reunión hay editores. Personas que podrían ser vitales para mi carrera... ¡Podrían publicarme en el exterior!.
.- Entonces... Tal vez yo podría acompañarte ¿Qué te parece?.- propuso Matías, esperanzado.
.- ¡No, no! Necesito estar libre para relacionarme con ellos. Tú solo me distraerías.
.- ¿Qué tal después de la reunión? Podrias venir y...
.- No lo creo...
.- ¡Por favor Daniel!...Por favor, no me dejes solo esta noche... -suplicó el joven llorando nuevamente.
.- ¡Matías Kramer suplicando!..-señaló Daniel tranquilamente.- Recuerdo un tiempo en que las súplicas no significaban nada para ti. ¿Cuantas personas rogaron tu afecto inútilmente? Supongo que ellos encontrarían muy irónica esta situación... Bueno, ahora debo cortar... Feliz cumpleaños.
Matías permaneció mucho tiempo de pié en el mismo lugar. Se sentía completamente vació. Marco tenía razón; Daniel solo estaba desquitándose. Desde un recóndito lugar de su mente afloró un antiguo recuerdo, donde él rechazaba con dureza los avances de un muy inseguro Daniel. ¡Necesitaba salir!... Despejarse. El joven cogió su chaqueta, las llaves y salió. Afuera la lluvia había cesado y corría un viento tibio. Matías caminó sin rumbo, sumido en sus pensamientos. Daniel tenía razón, en aquella época nunca imaginó que su felicidad dependiera tanto de su apocado compañero de cuarto. Es verdad que en ese tiempo era un muchachito caprichoso y egoísta y en ocasiones, cruel... ¡Pero había pasado tanto tiempo! Daniel no podía enjuiciarlo ahora por su, inconciencia juvenil... ¡No era justo!... ¡Maldito Daniel! ¡No tenía ningún derecho a romper su corazón!... A arruinar su vida... ¿Así se sintió Daniel cuando él lo rechazó?... Tanto dolor... ¡Tanto! Pero a diferencia de él, Daniel le provocó conciente y premeditadamente sufrimiento. Por eso nunca lo perdonaría... nunca. Mientras continuaba con sus cavilaciones, Matías llegó hasta una plaza y se sentó en uno de los columpios, sin importarle que estuviera mojado. Resultaba irónico, se dijo, porque había perdido al amor de su vida mucho antes de que lo supiera reconocer. Era así, de pronto tomaba plena conciencia de que nunca amaría a nadie más. Y Matías lloró; lloró mucho, largo rato, hasta que sintió no solo su cara, sino todo su cuerpo mojado y comprendió que llovía copiosamente otra vez. Regresó rápidamente, forjando en su mente, con dolorosa claridad, lo que tendría que hacer al día siguiente. Llegó al edificio y subió los cinco pisos por las escaleras, torció la esquina del pasillo y la impresión lo paró en seco, porque sentado en el suelo y apoyando la espalda en la puerta de su apartamento, se encontraba Daniel Parra.


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Capitulo VII


Daniel giró la cabeza y lo vio.
.- ¡Matías!...-exclamó incorporándose. Ambos se miraron por unos instantes.- Yo... te llamé a tu celular y como no contestabas...
.- Se... se me quedó... - el joven se tocó los bolsillos distraídamente. No pensaba con claridad.
.- El conserje me dijo que habías salido... ¡Pero estás todo empapado! Mira como tiemblas... debes estar congelado ¿Tienes las llaves?.- el rostro de Daniel reflejaba preocupación. Matías buscó con torpeza las llaves y se las entregó.
.- ¿Qué pasó con tu reunión tan importante?.- le preguntó con voz apagada.
.- Ya habrá otras reuniones... Ven, entra... quítate esa ropa mojada y métete a la ducha. ¿Está prendido el calefont?
Matías obedeció como un autómata. El agua calentó sus entumecidos músculos, pero no reconfortó su espíritu. No entendía nada. ¿Qué hacía Daniel ahí? Mostrándose tan preocupado por él. ¿No le bastaba todo el sufrimiento que le había ocasionado? ¿Quería ilusionarlo una vez más para luego lastimarlo otra vez? El joven salió de la ducha. Afuera Daniel lo envolvió en una mullida toalla.
.- Acuéstate. Toma esta limonada caliente que te preparé.- Matías bebió dos sorbos, que calentaron su cuerpo por dentro, pero rechazó en silencio el resto. No era capaz de hablar ni de mirar a Daniel.
.- ¿No quieres más? Iré a dejar la taza a la cocina... Ya vuelvo.
¡No! ¡No! ¡No quería que regresara! ¿Por qué lo trataba con tanta dulzura? ¿Por qué destrozaba así su alma? Matías se cubrió el rostro y rompió en silenciosos sollozos.
.- Cuando te vi por primera vez, el día que llegaste a la pensión de la señora Ramírez. Pensé que no había criatura en el mundo más hermosa que tú.- la profunda voz de Daniel se escuchó llena de pesar.- Me enamoré de ti profundamente, locamente, desesperadamente. Pero era yo tan tímido ¡Tan inseguro! No sabía como abordarte, como acercarme a ti. El hecho de que fueras tan popular solo empeoraba las cosas para mí.- Daniel se sentó en el borde de la cama. Matías seguía llorando en silencio.
.-Yo sabía, por supuesto, que no tenía ninguna posibilidad contigo... -continuó Daniel.- Me conformaba solo con mirarte; saber que te vería todos los días, y un simple gesto amable de tu parte me hacía completamente feliz. Pero... cuando te encontré aquella tarde con Marco Santander... la impresión que sufrí... - Daniel cerró los ojos, como si el recuerdo aún le provocara dolor.- Enloquecí de celos y mi espíritu se sumergió en las tinieblas... Me decía, una y otra vez, que debía confesar mis sentimientos, y me enredaba buscando fórmulas para hacerlo. Pero cuando me informaste que te marchabas de la pensión, mis emociones, tan desesperadas por salir, simplemente se desbordaron. Por eso... - Daniel se incorporó, caminó hacia la ventana y escrutó el paisaje nocturno. Afuera llovía torrencialmente.- Por eso, mi alma se desgarró hasta casi desintegrarse cuando tú me despreciaste y por un tiempo anduve a la deriva. Me mudé a cualquier pensión, el rendimiento de mis estudios bajó sin que me importara un comino... Pero una noche, una muchacha de la pensión intentó suicidarse porque su novio la había abandonado. Una de las chicas que la atendió y le otorgó consuelo, Mariela, le habló de su propia experiencia y mencionó tu nombre. En ese momento yo desperté de mi letargo y, después de pasada la conmoción hablé con ella... - Daniel hizo una pausa, estaba sumergido en sus recuerdos. Matías ya no lloraba, aunque permanecía con el rostro oculto.- Entonces me enteré de que no solo ella y yo, si no que muchos habían sufrido por tu causa...
.- En ese tiempo yo no creía en el amor... - Matías se incorporó y se sentó apoyando la espalda en los cojines. Su voz sonaba temblorosa.- En mi opinión, lo que tú u otros pudieran decirme solo eran palabras bonitas para impresionarme. Algunos ni siquiera me conocían ¿Cómo podían amarme de verdad?. Solo les gustaba mi apariencia.- Daniel miró a Matías pensativamente.
.- Nunca te había visto tan frágil... Incluso con el rostro bañado en lágrimas luces hermoso. Señaló. Matías desvió la vista molesto ¿Por qué desviaba el tema así?. Daniel se metió las manos en los bolsillos.
.- Después de hablar con Mariela, mi corazón se enfrió hasta que se volvió semejante a un témpano de hielo. Y me dije que había una moraleja en todo esto, el amor no existe...
.- ¡Pero sí existe! ¡YO TE AMO!.- exclamó Matías ansiosamente. Daniel suspiró pesadamente, esta vez fue él quién desvió la vista.
.- En aquel momento comprendí... que tú... ya no... significabas nada para mí.- Matías sintió que su corazón se encogía hasta convertirse en un punzante y feroz dolor en el pecho. Se abrazó las piernas flectadas y escondió su rostro. Sentía en su garganta un angustiante nudo que le impedía dejar salir su llanto. Daniel se llevó una mano al cabello y caminó por la habitación.
.- Retomé el interés en mis estudios. Me preocupé en cultivar mi físico... hice cuanto tratamiento descubrí para embellecer mi pelo... en encontrar un estilo en el vestir y como me importaba un bledo lo que pensaran de mí, perdí el miedo y me atreví a abordar a hombres y mujeres ¿Y quién lo diría? Tuve éxito. Salí con muchos, sin que ninguno dejara huella en mí. Comencé una carrera como escritor y todo parecía estar bien en mi vida... Daniel avanzó hasta quedar junto a Matías.- Cierto día me topé con un antiguo compañero de universidad y me comentó de tu restauran, entonces quise conocerlo; sentía curiosidad de saber como estabas. Luego te interesaste en mí y pensé ¿Por qué no? Después de todo tú solo serías uno más... - Matías elevó el rostro. Decidió que quería ver la cara de Daniel, mientras le decía esas cosas horribles. A través de sus abundantes lágrimas, vio que los ojos de Daniel ardían y que su cuerpo temblaba levemente.- Pero tú nunca serás uno más ¿Verdad, Matías? Lo supe cuando te vi en el seminario, junto a Marco Santander... Mi físico, mi cabello... mis poemas. Todo ha sido por ti ¡Siempre ha sido por ti!- Daniel cayó de rodillas y se aferró al cubrecama con desesperación.- Hombres, mujeres ¡Nadie importa más que tú! Traté de negarlo por años, incluso creí lograrlo, pero ya no puedo más. Ahora mi corazón me quema aquí adentro y siento que mi amor por ti es tan grande que mi cuerpo no lo puede soportar ¡No sé que hacer! ¡NO SE QUE HACER!- gritó entre sollozos.
.- Siento que las tinieblas me envuelven una vez más... - Daniel lloró sin pudor, dejando que años de dolor se desbordaran como un manantial. Matías también lloró en silencio, pero luego, en su rostro se dibujó una sonrisa. Daniel lo amaba. Alargó una mano y acarició los cabellos sombríos del escritor. Daniel alzó lentamente el rostro y lo miró. Matías vio en sus ojos la mirada asustadiza de su antiguo compañero de pensión. Sonrió levemente y lo besó en los labios con infinita ternura.
.- Matías te amo, no quiero perderte... - suplicó Daniel.
.- No me perderás.- dijo Matías abrazándolo. Daniel lo abrazó a su vez y se besaron nuevamente. Permanecieron así mucho rato, llorando esta vez de alivio y felicidad.
.- ¡Matías, tu regalo! Lo traje conmigo, voy a buscarlo.- Daniel hizo ademán de alejarse, pero Matías se lo impidió.
.- El único regalo que quiero de ti, es que me prometas que desde mañana mismo compartiremos nuestra vida juntos.
.- Te prometo que mañana a primera hora me pondré en contacto con una corredora de propiedades para buscar un departamento que... - Daniel se interrumpió al ver que Matías negaba.
.- Quiero vivir en tu departamento.
.- ¡Pero mi departamento está bastante desorganizado con todos esos libros y... ! - Matías abrazó a Daniel una vez más.- ¿Es que aún no entiendes que, yo amo todo lo tuyo, tal como es?...Ahora quítate esa ropa y acuéstate aquí. Quiero sentirte junto a mí esta noche y todas las demás.- con una sonrisa llena de ternura, Daniel empezó a desvestirse.

FIN


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Saphira
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